viernes, 24 de octubre de 2014

Estoy completa, y tú también {del archivo}

A veces leemos la Biblia y estamos tan familiarizadas con lo que estamos leyendo que pasamos por alto los detalles o las implicaciones de lo que dice. Por ejemplo, lee detenidamente este pasaje, como si fuera la primera vez:

“Así que Dios creó a los seres humanos a su propia imagen.
A imagen de Dios los creó;
hombre y mujer los creó.”
Génesis 1:27, NTV

¿Conocido, verdad? Sin embargo, regresa y fíjate en la frase que puse en cursivas. Tú y yo hemos sido creadas a imagen de Dios. Esa frase implica muchas cosas, pero hoy quiero concentrarme en una. Si yo fui hecha a imagen de Dios, tengo que admitir que él hizo algo bueno conmigo, porque si sigues leyendo, al final de ese capítulo dice:

“Entonces Dios miró todo lo que había hecho, ¡y vio que era muy bueno!”

Tú y yo somos hechas a imagen de Dios, y él considera que todo lo creado por su mano es bueno. Ese es el primer paso que tenemos que dar para entender todo lo que implica ser hechos a imagen de Dios. Cuando Dios creó al ser humano le concedió algo que ninguna otra cosa creada tiene, y eso es su sello personal, puso en nosotros su imagen.

¿Adónde quiero llegar con esto? Pues te digo. Muchas veces nos miramos al espejo, ya sea al espejo físico o al del alma, cuando nos examinamos por dentro, y solo vemos los defectos que a nuestros ojos humanos tenemos. Es verdad que hoy distamos mucho de aquel modelo original porque el pecado entró al mundo, pero para Dios su creación es algo valioso. No puedo decirle al Creador: “hiciste algo que no sirve”. Dios hizo algo bueno.

Por otro lado, tengo que recordar que Cristo soy hecha NUEVA y estoy COMPLETA.  Dice Colosenses 2:10: “De modo que ustedes también están completos mediante la unión con Cristo”. Estamos “completas”, todo lo que Dios quería que yo fuera o tuviera, ya lo tengo, porque estoy completa en Cristo.

¿Por qué no concentrarme en lo que soy y no en lo que no soy… en lo que tengo y no en lo que no tengo? Tengo el sello de Dios, porque fui hecha a su imagen y soy algo que él considera bueno. Cuando a veces me pongo a dudar, cuando pienso si realmente tengo lo que se necesita para ser una esposa virtuosa, una mamá que agrade a Dios, alguien que le sirva para su gloria, tengo que recordar estas palabras: estoy completa en Cristo. Cuando yo me estaba formando dentro de mi mamá, Dios me vio, tal y como dijo el Salmista, y puso allí lo que él sabía que sería necesario para ser la persona que él quiere que sea. Él sabía que yo fallaría, que me equivocaría pero aún así me hizo completa mediante mi unión con Cristo. ¡Ahí está el secreto! Para ser la esposa, la mamá y la sierva de Dios que dije arriba, tengo que estar unida a Cristo y es en esa unión con él que podré ser todo lo que Dios quiere que sea.

¿Por qué nos cuesta tanto aceptar esta verdad? Porque el enemigo sabe que si nos concentramos en lo que nos falta, en lo que no somos, en lo que no tenemos, quitaremos la mirada de Jesús y dejaremos de ser un peligro para él.

Amiga, lectora, hermana en la fe, no pierdas tiempo mirando al espejo de la vida y pensando en lo que no eres o no tienes, y mucho menos te dejes atrapar por la comparación. Brilla hoy para Dios, tú eres algo bueno que él hizo, y en Cristo ya estás completa.

El Creador del universo te diseñó. Vive hoy confiada en esa verdad y verás la diferencia. ¡Esa es la vida que Dios diseñó!

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy


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miércoles, 22 de octubre de 2014

En busca del tesoro

Mientras estaba de vacaciones hace poco salí temprano una mañana con mi hija a recoger caracoles por la playa. El sol ya calentaba y las olas tranquilas llegaban a la orilla y nos regalaban ese sonido que tanto me gusta. Junto a nosotras había algunos pocos bañistas, y mientras nos inclinábamos a recoger las conchas, por nuestro lado pasaban otros que prefieren esa hora del día para correr y hacer ejercicios. Recogimos varios caracoles, los enjuagamos, nos mojamos los pies en el agua tibia del Golfo y regresamos a nuestra casa temporal.

Durante el día yo pensé varias veces en otras personas que también vi en la playa esa mañana. Caminaban despacio, de un lado a otro, buscando en la arena algo de valor con un detector de metales. Pensé en ellos y también en nosotras, mi hija y yo, caminando muy temprano, un día de vacaciones, en busca de lindos caracoles o algún otro regalo que el mar hubiera traído. Y pensé en mi vida cotidiana, en cuántas veces lucho para salir de la cama en busca de un tesoro, algo de mucho valor que Dios nos prepara cada día si tan solo hacemos el tiempo de buscarlo.

Para seguir leyendo, sigue este enlace. Hoy estoy en Bibliavida.com y en Crosswalk.com. ¡Muchas gracias por acompañarme!

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Bendiciones,

Wendy

lunes, 20 de octubre de 2014

En busca del amor eterno {tomado de archivo}

Como te comenté al comienzo de este mes, debido a muchos compromisos de trabajo y ministerio, estaré usando artículos del archivo. Espero que sean de bendición para tu vida, ya sea que los leas por primera vez o si estás por segunda vuelta. 


Mis abuelos maternos se divorciaron cuando mi mamá era muy pequeña. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 6 años. Al principio de mi matrimonio yo solía preguntarle a mi esposo: “¿El divorcio no será parte de nuestra historia nunca, verdad?” Sin embargo, era yo la que a veces, en esos primeros tiempos, mencionaba la tan temida palabra que empieza con “d….” 

Supongo que el haber crecido con eso como parte de mi vida tuvo algo que ver con la inseguridad que sentía y también con cuestionarme si realmente era posible tener un matrimonio exitoso que sobreviviera las buenas y las malas. Experimentar un amor que fuera eterno, como el que a veces nos dibujan en las novelas y en los cuentos de hadas.

Hoy, cuando ya han pasado 16 años, veo las cosas diferentes. A pesar de que sé que mi esposo me ama con todas sus fuerzas, y yo también a él, no hay amor humano perfecto. Y si así lo esperamos, terminaremos desilusionadas. Mi mamá y su esposo celebran hoy 30 años de matrimonio; han pasado tormentas, huracanes quizá sea una mejor definición, pero ahí están, para la gloria de Dios.

Quizá la famosa palabra “d” ha marcado tu vida de alguna manera, y con muchas probabilidades no formaba parte de tus planes. Tal vez creciste pensando que nadie podría amarte nunca realmente, déjame en este espacio pequeñito escribirte las palabras que Dios tiene para ti en este día, y donde está el espacio en blanco, pon tu nombre:

Yo te he amado, pueblo mío, con un amor eterno.
   Con amor inagotable te acerqué a mí.
Yo te reedificaré, [         ].
   Volverás a ser feliz
   y con alegría danzarás…
{Jeremías 31:3-4}

Ya sea que tus padres se divorciaron, que tú misma has vivido el divorcio o alguna otra experiencia triste que te lleva a pensar que no podrás disfrutar nunca el amor eterno, haz tuya estas palabras. Dios te ama con amor eterno, inagotable. Y él puede reedificar tu vida. Lo que para nosotros parece un final, es solo un principio para Dios, si estamos dispuestas a poner nuestras vidas en sus manos con toda confianza.

Mujer, tú puedes volver a ser feliz, al punto de danzar con alegría, primero porque Dios, el Rey del universo, el creador de todas las cosas, promete amarte incondicionalmente: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados”.

Segundo, porque ese mismo Dios es especialista en reconstruir donde antes hubo ruinas, pregúntale a una famosa mujer de la Biblia, no sabemos su nombre, solo que la palabra “d…” la marcó al menos ¡5 veces! Su historia está en el evangelio de Juan en el capítulo 4. ¿Cómo reconstruyó Dios sus ruinas? Ella se convirtió en la primera evangelista de Samaria pues fue y contó a todo el mundo lo que aquel hombre que encontró en el pozo había hecho en su vida. Y te garantizo que a partir de ese día, nunca más fue la misma.

No tienes que seguir anhelando el amor eterno y perfecto, está al alcance de tu mano, si tan solo das el paso y aceptas su invitación. No esperes más. No tienes que seguir llorando cuando nadie te ve, ni buscando en el lugar equivocado, ni cubriendo con maquillaje la tristeza. Hay una opción mejor que hoy te dice: “…te amo y eres ante mis ojos precios[a] y dign[a] de honra” {Isaías 43:4}, firmada por Dios.

Bendiciones en tu nueva semana,

Wendy

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viernes, 17 de octubre de 2014

¡Fuego! {de los archivos}

Foto tomada del sitio de CBSLocal

Venía manejando luego de recorrer a los niños de la escuela y lo que vi en el horizonte no me gusto para nada. Una nube de humo se alzaba cada vez mayor, humo blanco y humo negro. Como no es la primera vez, ya sé lo que significa: un incendio forestal en la zona boscosa que está cerca de nuestra casa.

Traté de calmar a mis hijos porque ellos lo vieron enseguida y se asustaron. Créeme, no es el tipo de paisaje que alguien pueda disfrutar. Gracias a Dios los bomberos pudieron contenerlo rápido y no pasó de 24 horas. Pero el humo todavía persiste y se quemaron unos 240 acres de árboles.

Al día siguiente, mientras regresaba otra vez la escuela manejando, observé algo que me llamó la atención. Ese bosque tiene dos tipos de árboles fundamentalmente, pinos y  melaleucas. Estos últimos arden fácilmente, por lo que ahora, luego del incendio, hay muchos claros en el bosque. Sin embargo, lo que llamó mi atención fue que la mayoría de los pinos sobrevivió y ahí están verdes todavía. Cuando lo vi no pude evitar pensar en este pasaje de la Escritura: 

Cuando cruces las aguas,
yo estaré contigo;
cuando cruces los ríos,
no te cubrirán sus aguas;
cuando camines por el fuego,
no te quemarás ni te abrasarán las llamas. (Isaías 43:2, NVI)

Evidentemente el fuego ardió alrededor de esos pinos, pero las llamas no los abrasaron.
¿Y en nuestro caso? Este versículo tiene una palabra que se repite y que no podemos pasar por alto, y es “cuando”.  En este caso cuando es una conjunción y dice la Real Academia:

1. conj. t. En el tiempo, en el punto, en la ocasión en que.

Es decir, en un momento dado. ¿Qué quiero decir? Es un hecho que habrá momentos en que pasaremos por el fuego de la vida. Qué interesante que Dios no promete en ninguna parte que no nos pasaran cosas malas o que no enfrentaremos dificultades, PERO sí nos promete acompañarnos.

Mira, si el Señor nos librara de cuanto fuego aparezca en el horizonte de nuestra existencia humana, nunca creceríamos espiritualmente y nos creeríamos que ciertamente podemos vivir sin Dios. El horno de fuego es una parte necesaria de nuestra vida cristiana si realmente Dios va a transformar nuestras vidas. Los amigos de Daniel (lee la historia completa aquí) experimentaron un horno literal, calentado siete veces más de lo normal. Dios no los libró de llegar hasta el horno pero la Biblia nos relata que estuvo con ellos allí dentro. Y cuando salieron, ¡ni a humo olían!

Tal vez a ti y a mí no nos toque un horno literal, pero puedes estar más que segura que el fuego viene. A veces me asusta pensar en situaciones que son o pudieran ser “fuego” para mi vida. No obstante, le pido al Señor que yo pueda decir como aquellos tres jóvenes hebreos: “Si nos arrojan al horno ardiente, el Dios a quien servimos es capaz de salvarnos. Él nos rescatará de su poder, su Majestad [aquí puedes poner cualquier situación que parezca tenerte agarrada y no te deja ir];  pero aunque no lo hiciera, deseamos dejar en claro ante usted que jamás serviremos a sus dioses ni rendiremos culto a la estatua de oro que usted ha levantado [no me rendiré, no deshonraré a Dios] (Daniel 3:17-18).

Creo en las promesas de Dios. Si él ha prometido estar conmigo en el fuego, lo va a estar. Él no es hombre para que mienta, ni tampoco cambia de parecer.

Los  melaleucas se quemaron en pocas horas. Los pinos todavía exhiben sus verdes ramas. ¿En cuál de los dos grupos quieres estar? Yo escojo el segundo. 

Bendiciones en tu fin de semana,
Wendy 


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