miércoles, 20 de julio de 2016

La agenda de Dios en mi viaje a Ecuador

Mi querida lectora,mientras escribo esta breve publicación  estoy entre las montañas de los Andes ecuatorianos, viviendo experiencias completamente nuevas y sirviendo a Dios.

Estuve visitando Cuenca y llevando hasta allí  el mensaje de “Una mujer sabia”. Fue precioso compartir y ministrar a las vidas de ese grupo de mujeres.

También tuve la oportunidad de predicar en el Centro Cristiano de Cuenca, una iglesia que desarrolla un lindo trabajo en su ciudad para alcanzar a las familias para Cristo.


En medio de todo no he dejado de orar al Señor y pedirle que me muestre su propósito con esta visita cada día y sobre todo que me permita escuchar su voz y ver cómo puedo servirle.  Déjame decirte que ya me ha ido dando varias lecciones. La agenda de Dios siempre tiene puntos inesperados pero necesarios para crezcamos y podamos ser mejores instrumentos  en sus manos.

El Señor me recordó hace unos dias, mientras viajaba por la que luego supe es una de las carreteras más peligrosas de aquí, que puedo confiar en él  y descansar en su protección siempre, y especialmente  cuando a nivel humano estoy fuera de terrerno conocido, lejos de mi familia y hasta sin un GPS que funcione para marcar el rumbo. Dios no pierde la ruta, no pasa por alto nuestras súplicas y nos sostiene, incluso cuando creemos que la tarea que tenemos por delante es demasiado  grande o difícil para vencer.

Cuando le decimos sí  a Dios casi nunca las cosas serán como imaginamos o esperamos. Y ten por seguro que en el camino descubrirás que todavía  tenemos mucho que aprender y mucho que entregar a Dios para que él lo cambie. Mucho también que rendir  para que nuestro carácter  en verdad refleje a Cristo.

Así  que vine a Ecuador a servir y también a continuar en la escuela de Dios. Agradezco tu apoyo en oración por  todo el equipo junto al que estoy sirviendo y que juntos podamos dar gloria a su nombre y seguir  llevando adelante el Reino.

Muchas bendiciones,

Wendy 


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viernes, 15 de julio de 2016

Para cuando perdemos la esperanza... o estamos por perderla

Por la manera en que van las cosas muchas veces uno quisiera esconderse debajo de una mesa y no salir nunca más. Las malas noticias no son esporádicas, son una constante. El desaliento pareciera ir ganando terreno en todas partes. Las personas pierden la esperanza. Y hasta cierto punto es entendible porque la mirada puesta en sentido horizontal no alcanza a producir otra cosa.


Hace unos días me sentí un poco así. Y no por gusto. Tiroteos inesperados acaban con vidas inocentes. Gobiernos que echan cada vez más por tierra los valores bíblicos de la familia y la moral en sentido general. Leyes que socavan la seguridad de nuestros niños, incluso en sus escuelas. Cristianos que pierden las libertades por las que tanto lucharon y otros mueren asesinados. Enfermedades que terminan vidas sin importan la edad. Niñas arrastradas a la peor de las esclavitudes. La oscuridad se expande como lo que es, una agenda perversa.

¿Qué futuro aguarda a mis hijos, Señor? ¿A qué mundo los trajimos? ¿Cuánto más para vengas?, esas preguntas fueron parte de mi diálogo con Dios.

Entonces el Espíritu Santo hizo su tarea y me recordó esta Palabra vivificante: “Les he dicho todo lo anterior para que en mí tengan paz. Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Mi querida lectora, si creemos ilusamente que podremos encontrar paz en algo, estamos erradas y nos aguardan tristes sorpresas. La paz es alguien, Jesús. En medio de todo el caos que antes te describí y que de seguro conoces muy bien, solo podemos experimentar tranquilidad cuando dejamos que Jesús, mediante su Espíritu, produzca la paz en nosotras.

En nuestro paso por la Tierra no hay garantías de trayectorias fáciles. Jesús lo dijo claro, tendremos pruebas, habrá tristezas pero… ¡ánimo! Aunque aparentemente la batalla parece perdida y tenemos deseos de salir corriendo y escapar, ¡él ya venció! Sabemos cuál es el final que nos espera. ¿Qué hacemos mientras tanto? Primero que nada, nos aferramos a la esperanza. ¿Cómo? Con la Palabra de Dios. Sus promesas son seguras. Deja que ellas sean el antídoto contra el desaliento y la angustia.

Si como hijas de Dios permitimos que las circunstancias determinen nuestra perspectiva, viviremos en total derrota. Nuestra mirada no puede ser horizontal, tiene que ser vertical, hacia arriba, con los ojos puestos en Jesús.

Necesitamos vivir cada día recordando que creemos en el Dios de toda esperanza, como dice en Romanos 15; y en espera de la esperanza, Jesús.

Por otro lado, ¡clamemos, juntas! Dios escuchó la oración de Abraham cuando le suplicó misericordia (Génesis 18). Dios escuchó el clamor de Daniel intercediendo por su pueblo (cap. 9). No podemos seguir dormidas, ¡tenemos que despertar! Lo que estamos viendo es una batalla espiritual. No se gana en los círculos políticos, ni sociales, ni legales. Esta batalla se pelea en lugares celestiales y tú y yo tenemos el grandioso privilegio de poder tocar a las puertas del cielo, traspasar las cortinas y llegar a la presencia de Dios porque Jesús lo hizo posible. ¿Qué nos detiene?

Sí, este mundo asusta con toda su maldad, pero el pueblo de Dios no puede vivir aterrorizado. El pueblo de Dios se reviste de valor y fuerza por medio de la sangre de Cristo.

Cuando Jesús habló de la venida del Espíritu Santo les dijo a los discípulos que recibirían poder y que testificarían. Mi amiga lectora, si has creído en Jesús, ese mismo poder vive en ti para clamar, para pelear la batalla, para llenarte de esperanza ¡y para compartir la esperanza!

Estamos en el equipo ganador. Vamos adelante. Sigamos instruyendo en verdad a nuestros hijos, clamando por sus vidas;  clamando por nuestras familias, nuestros países. Levantando la bandera de la esperanza que tenemos en Jesús.   

  Wendy 

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miércoles, 13 de julio de 2016

Lecciones de la Cordillera Azul

¡Hola, mi querida lectora! Regreso a la casa virtual luego de varios días de descanso. Realmente este es un verano bastante ocupado para nuestra familia, con compromisos personales y por supuesto, con los niños en casa de vacaciones. Entendí también que necesitaba tiempo para reponer mis baterías de escritora. Así que ¡gracias por tu paciencia! Y gracias también a aquellas que me enviaron mensajes preguntando sobre el blog.


El viernes salgo de viaje para llevar el mensaje de “Una mujer sabia” a Ecuador. Y luego estaré sirviendo como parte de un equipo misionero allí. Quisiera pedir tu apoyo en oración. En la medida de las posibilidades compartiré fotos de la experiencia. Así que si no lo has hecho todavía, te invito a sumarte a la comunidad de esta página en Facebook e Instagram {@blogdwendybello}.

Y bien, como parte de nuestro tiempo de vacaciones visitamos la llamada Cordillera Azul. Estas montañas son parte de los montes Apalaches. La experiencia fue maravillosa, por diversas razones, pero sobre todo por la oportunidad de ver la mano de Dios manifestada en su creación con increíble majestuosidad.

¿Sabes? Siempre trato de aprender alguna lección cuando salgo de viaje y ahora, al reflexionar en esos días, quiero compartir contigo lo que traje en mi corazón en esta ocasión.

Necesitamos aprender a ser como los autores de los Proverbios y como los Salmistas, que se detenían a observar la vida y maravillarse ante el mundo que les rodea. Nuestra cultura del siglo 21 es la cultura del “apuro”. ¿Lo has notado? Todo lo hacemos rápido, todo lo queremos rápido. Manejando entre las montañas me di cuenta de que es necesario bajar la marcha, respirar hondo, hacer paradas, dejar que la mirada se pierda en el horizonte,  y hacerlo con tiempo suficiente como para que lo que observamos se convierta en un recuerdo indeleble.

Estas vacaciones de verano me recordaron que la vida puede ser mucho más sencilla de lo que pensamos. No se trata de las cosas, sino de las experiencias, de los momentos que tenemos el privilegio de compartir junto a quienes amamos. La verdad es que no tenemos nada garantizado cuando de largura de vida se trata. Solo Dios lo sabe. De modo que cada día que tengamos es un regalo de su parte, y hay sabiduría en vivirlos bien, con contentamiento y gratitud. No solo en la cima de la montaña, cuando estoy de vacaciones, sino también en el valle cotidiano. ¡Y valga la analogía porque donde vivo es una llanura geográfica total!  

Mi amiga lectora, no dejemos que la premura nos domine al punto de perdernos los momentos que el Señor nos permite vivir. Es muy probable que si ya pasas de los 30 te hayas percatado de que los años en realidad vuelan. No por gusto la Palabra de Dios dice que aprovechemos bien el tiempo, que aprendamos a hacer que los días cuenten.

Quiero hoy hacerte una pregunta, ¿cómo puedes simplificar tu vida? ¿Qué puedes hacer para aminorar la marcha y darle prioridad a lo que en verdad importa? Sí, no pretendo que ignoremos nuestras responsabilidades, ni que dejemos a un lado todo y nos vayamos en eternas vacaciones a algún lugar. No se trata de eso. Se trata de, una vez más, ponernos en orden. Preguntar a Dios si estamos pasando por alto lo importante para dar paso a lo urgente.

Fue por eso que decidí tomar más días de los que pensaba en el blog. De hecho, todo lo que recibiste en junio ya estaba programado desde antes. ¿Por qué? Para “desconectarme” un poco. Para tener tiempo de compartir juegos con mis hijos, conversar, compartir con la familia, con los amigos.

Todavía me quedaba bastante por aprender en esto de “desconectarnos”, pero prosigo a la meta. Quiero vivir con propósito y con prioridades, ser responsable del tiempo que Dios me regala. Y también quiero aprender a hacer espacio para tener más momentos como los que viví en la Cordillera Azul, incluso aquí en el llano de la Florida. ¿Y tú?

¡Aprendamos a vivir como Dios lo diseñó!

Muchas bendiciones,

 Wendy 

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viernes, 24 de junio de 2016

Estudio de Filipenses {resumen semana 5, final, recurso para descargar}

¡Feliz viernes, mi querida lectora!

Hoy llegamos al final de nuestro estudio de la carta de Pablo a los Filipenses. Mi deseo y oración es que al habernos sumergido en este precioso libro de la Biblia hayamos crecido no solo en conocimiento sino en sabiduría de lo alto y que nuestros corazones hayan sido transformados en la medida en que Dios entienda necesaria. 


Comparto contigo el último resumen, con los pasajes clave y preguntas de reflexión. Me encantaría escuchar tus comentarios y experiencias en este recorrido. ¡Muchas gracias por haberme acompañado! 

Descargar resumen

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¡Que tengas un excelente fin de semana!

Bendiciones,
Wendy 

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