lunes, 15 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... ¡es hora de renovar!

Pasaje para leer: Efesios 4:17-32
 
¡Feliz lunes, mi querida lectora! A partir de ahora el estudio de Efesios comienza a llevarnos por el camino de enseñanzas muy prácticas para la vida cotidiana. Ya han quedado establecidos ciertos principios teológicos sin los cuales es imposible entender la vida que Dios diseñó. Hoy comenzamos con el versículo 17 del capítulo 4. ¿Lista?

1. Llamado a vivir con una mente renovada. Pablo empieza por decir a los efesios cómo no deben vivir: “no vivan ya como la gente sin Dios, que vive de acuerdo a su mente vacía” (v. 17, RVC). Esa frase, mente vacía, se traduce en otras versiones como “pensamientos frívolos” o “la vanidad de su mente” y viene de una palabra griega que se translitera como mataiotes.  Si estudiamos su raíz, esto es lo que indica: falta de rumbo debido a que carece de propósito o de cualquier fin significativo. ¿Verdad que nuestra mente se aclara cuando buscamos los significados originales? De manera que Pablo les está diciendo, en otras palabras: “no sigan viviendo con una mente que carece de rumbo ni propósito, como los que no conocen a Dios”. ¿Cuál es el resultado de vivir con una mente así? La respuesta la tienes en el versículo 19. ¿Y cuál es la contrapartida? Una mente renovada, como dice el versículo 23. 

El hecho de ser cristianos no nos hace un trasplante de cerebro, automáticamente. Tenemos que someternos a un proceso de renovación que solo lo puede ejecutar el Espíritu Santo. Y ese proceso incluye la renovación de los pensamientos y las actitudes. Renovar quiere decir llevar algo a su estado original, hacerlo nuevo. Por más que lo intentemos, es imposible lograrlo por esfuerzo propio. Cualquier doctrina que diga lo contrario es humanista y dista mucho de tener a Cristo como centro. La renovación de la mente solo puede hacerla Dios mediante la obra del Espíritu Santo en nuestra vida y con su Palabra.

2. Llamado a cambiarse el vestuario. A partir del versículo 24 Pablo les establece una nueva manera de “vestir”, de acuerdo a esa mente renovada.

Dejar de decir mentiras (v. 25). Tenemos que entender de una vez y por todas que en el pueblo de Dios no hay espacio para la mentira, ni pequeñas, ni blancas, ni nada semejante. La mentira es un rasgo de la oscuridad, no de la luz.

No dejarse controlar por el enojo (v. 26). ¿Alguna vez te ha pasado, y luego te dueles porque dijiste mucho más de lo que debías, heriste, dañaste la relación? Eso es lo que pasa cuando el enojo nos controla. Cuando dejamos que el enojo nos controle estamos dejando que el diablo gane terreno, eso es lo que quiere decir el versículo 27. Él se va a aprovechar de la mínima rendija que abras en la puerta de tu vida, y el enojo es una rendija segura.

¡A trabajar y compartir! (v. 28). Es evidente que en la iglesia de Éfeso estaban teniendo problemas de vagancia y Pablo decidió recordarles que los hijos de la luz no roban, trabajan. Y quizá a veces no nos damos cuenta de que robar es también no cumplir con la jornada de trabajo por la que nos están pagando y usamos el tiempo en asuntos personales, navegando en la Internet o hablando por teléfono. Pero no solo se queda Pablo en el tema de trabajar sino que añade que cuando tengas el fruto de tu trabajo, lo compartas.  De hecho lo ratifica en el versículo 32 cuando les anima a ser bondadosos.

Un lenguaje diferente (v. 29). Parte del nuevo vestuario que Pablo nos muestra es una manera de hablar donde no hay cabida para palabras groseras u obscenas.  Además nos indica que si vamos a hablar, nuestras palabras deben tener un objetivo claro: ser de bendición y edificación para quienes las escuchen.

3. Llamado de alerta. El versículo 30 hace un llamado de alerta a la iglesia: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven”. Primero quiero destacar que en esa frase hay una revelación teológica grande: el Espíritu de Dios es una “persona”, no es algo etéreo, impersonal, es una persona, parte de la Trinidad;  solo las personas se entristecen y experimentan dolor. Es importante tener clara esta verdad. No es una influencia, no es una fuerza, es una persona.

Ahora bien, este versículo, ubicado justo aquí, es una especie de pausa, algo que nos lleva a reflexionar en lo dicho y en lo que viene después. 

Para entenderlo mejor, regresemos a lo que el apóstol ha venido diciendo: si viven con una mente frívola, vana; si dicen mentiras; si el enojo los controla; si son vagos y no comparten; si hablan con groserías y con palabras vanas… esta manera de vivir de vivir entristece al Espíritu de Dios.

Luego les menciona otras conductas de las cuales también tienen que deshacerse… para no entristecer al Espíritu de Dios (v. 31). Y no voy a detenerme mucho en explicaciones porque creo que queda bien claro.

4. Llamado a las buenas relaciones. Pablo concluye este fragmento exhortando a sus hermanos efesios a tener buenas relaciones entre sí. ¿Cómo? Siendo amables, de buen corazón y practicando el perdón. Dicho así parece fácil, pero tú y yo sabemos muy bien que no lo es. No nos “nace” perdonar, ni ser amables ni tener buen corazón, para eso es necesario tener una mente renovada… y volvemos al versículo 23. Actuar así solo se hará realidad cuando dejemos al Espíritu Santo obrar, cada día, en nuestra mente y corazón.

Resumen
Vivir en la luz implica una renovación de mente a través del Espíritu Santo.
Vivir en la luz implica un cambio de “vestuario” al escoger actitudes que honren a Dios.
Vivir en la luz implica desechar todo lo que pueda entristecer al Espíritu de Dios en mi vida.
Vivir en la luz es tener buenas relaciones con los demás.

Preguntas para el estudio personal
1. Lee Romanos 8:6 y 12:2. ¿Cómo podemos tener una mente renovada?

2. Al estudiar los versículos del 25 al 29 del cap. 4 de Efesios, ¿cuál de esas piezas del nuevo vestuario te resulta más difícil cambiar? En oración, confiésalo a Dios y pídele que te ayude a escoger “piezas” nuevas, que te muestre los momentos en que estás regresando a lo viejo.

3. ¿Has identificado actitudes o conductas que pudieran estar entristeciendo al Espíritu de Dios en tu vida ahora mismo? Si no está segura, pídele al Señor que lo muestre.

4. Las buenas relaciones cuestan trabajo, tiempo, pero las relaciones que agrandan a Dios requieren lo que Pablo indica en el versículo 23. Solo una dependencia del Espíritu Santo puede ayudarnos a tener relaciones así. Quizá estás batallando con eso. ¿Qué tal si haces una lista de las relaciones difíciles en tu vida y comienzas a orar para que el Señor te ayude a cambiarlas, en lo que dependa de ti?  

Gracias por acompañarme. ¡Te espero el miércoles!

Bendiciones,

Wendy

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Vivir en la luz...¡en grupo!

Pasaje para leer: Efesios 4:1-16 

Cuando leo Efesios me da la impresión de que Pablo fue organizando las ideas en su mente de modo que primero quedaran establecidos principios teológicos, luego les habla como iglesia, como grupo, y por último se dedica a asuntos de la vida cotidiana. Hoy vamos a tocar el segundo punto: la vida en grupo, incluyendo la iglesia.

Pablo comienza por recordarles que tienen un llamamiento (v. 1) y como tal deben vivir. ¿Qué debe caracterizarles?

Primero, humildes y amables. Ambas son parte del fruto del Espíritu en nuestra vida y no es algo opcional. Tampoco es natural, lo entiendo. El orgullo y la falta de amabilidad son más afines con nuestra naturaleza caída. Pero porque hemos sido llamados por Dios, esto debe ser una marca que llevemos.

No hay manera de “hacernos” humildes. Necesitamos pedirle al Señor que produzca en nosotros la humildad, que nos muestre las actitudes contrarias y cuando lo haga, tenemos que arrepentirnos de inmediato… si no estaremos dando lugar al orgullo. Y el orgullo, claro está, es el antónimo de la humildad.

La amabilidad en este versículo (mansedumbre en otras versiones) viene de la palabra griega prautes cuyo significado es suavidad en la disposición, mansedumbre de espíritu. Nos es fácil si las personas también lo muestran o si estamos contentas y tranquilas. Pero háblame de amabilidad a las 6:30 pm cuando todo el mundo tiene hambre, las tareas de la escuela no han terminado, la comida no está lista… ya tienes la idea. Ah, ¡eso sí que es un reto para ser amable! Sin embargo, es en esos momentos donde Cristo realmente espera que la mostremos.   

Luego les exhorta a la paciencia, a tolerarse los errores… por amor. A todos nos gusta que nos tengan paciencia, que nos toleren nuestras faltas, pero nos cuesta más cuando se trata de extenderlo a otros. Estuve en el museo de Billy Graham en Charlotte, North Carolina. En el jardín están los restos de su querida esposa Ruth y el epitafio de su tumba dice algo que no he podido olvidar: “Fin de la construcción… gracias por su paciencia”. Hemos visto ese letrero antes, en las construcciones de las carreteras o cuando están reparando un edificio. Cada uno de nosotros es eso mismo, una obra en construcción, necesitamos paciencia de parte de los demás, hasta que lleguemos al fin. Y necesitamos recordar que los demás también están en construcción.  El hecho de que seamos parte de una iglesia no nos da el calificativo de perfectos, solo de redimidos. ¡Paciencia!

Y claro, les exhorta a la unidad, mediante la paz. El propio Jesús oró por esto, allí en Juan 17 está. La unión en el cuerpo de Cristo dice mucho al mundo que nos rodea. Y por favor, entendamos que unidad no es uniformidad. Podemos discrepar en ciertas cosas, pero al final del día, como dice el propio Pablo aquí, lo que debe unirnos es lo siguiente: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”. Por lo que leo en la Biblia, no habrá departamentos ni territorios en el cielo. Solo un gran multitud de redimidos que adorarán a Dios. Sí, hay ciertos asuntos que no son negociables porque están claramente establecidos en la Palabra pero si alzamos las manos o no, o si cantamos solo himnos y no canciones modernas no debiera ser motivo de división y mucho menos enojo en el cuerpo de Cristo.

Luego el apóstol pasa a aclarar que aunque somos un grupo, tenemos variedad (v. 7). ¿Qué nos da la variedad? Los dones. Cada uno ha recibido un don especial.  Los versículos 11 y 12 hablan de algunos de esos dones. Por falta de tiempo y espacio no puedo detenerme mucho en el asunto, por eso te remito a este artículo donde puedes encontrar más sobre el tema. Sin embargo, sí quiero destacar algo en cuanto a la función de los dones.

La intención de Dios con los dones nunca fue el engrandecimiento personal. El título de apóstol, profeta o maestro, por solo mencionar algunos, no constituye una casta ni élite espiritual. Mira lo que dice el versículo 12:

“Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que 
lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.”

Ahí está la verdadera función: preparar al pueblo de Dios para que haga la obra y edifique la iglesia. Si este no es el móvil de alguien al ejercer su don, entonces no ha entendido bien el propósito para el cual lo recibió. ¡Seamos  cuidadosas! Al tener un ministerio, por decirlo de alguna manera, corremos el peligro de creer que se trata de nosotras. ¡No! Hemos recibido un regalo de Dios para ponerlo al servicio de otros.  De hecho, Pablo lo reitera en el versículo 16:

“Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás 
se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor”.

Todos somos necesarios en el cuerpo de Cristo y cuando cada quien contribuye con su función, el resto del cuerpo se desarrolla de manera sana. ¡Qué perfecto diseño!

Resumen

  • El cuerpo de Cristo debe estar compuesto por gente humilde, amable, paciente, que busca la unidad entre sí.
  • Los dones son para el beneficio de los demás. No es cuestión de grandeza personal.

Preguntas para el estudio personal
1. Lee Mateo 11:29. ¿Qué dice Jesús? ¿Qué resultado inesperado tiene la humildad?  
2. Colosenses 3:12 nos habla de un vestido nuevo que debemos ponernos. ¿Qué es?
3. ¿Qué dice 1 Corintios 14:12 sobre los dones espirituales? ¿Qué te motiva al usar los dones que Dios te ha dado? 

¿Cómo vas con el estudio?¿Te animas a comentarnos? ¡Gracias!

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy
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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Vivir en la luz...abre la puerta

Pasaje para leer: Efesios 3:14-21
 
No cabe duda de cuánto amaba Pablo a los cristianos de las diferentes iglesias con las que tuvo contacto. Sus cartas están llenas de oraciones a favor de ellos, de agradecimiento, de exhortación. Y en el final del capítulo 3 de Efesios encontramos una oración del apóstol encarcelado.

En el versículo 16 Pablo pide a Dios fortaleza para sus hermanos. Pero observemos, no pide cualquier tipo de fortaleza, Pablo pide fortaleza en su ser interior, por medio del Espíritu. No sé tú pero muchos de los días de mi vida se caracterizan por esa misma oración:

Padre, dame fortaleza porque estoy cansada físicamente. Señor dame fuerzas porque no sé cómo voy a llegar al final de este día con tantas cosas por hacer. Dame fuerzas para no deshonrar tu nombre con mis actitudes o mis pensamientos. Señor, fortaléceme para amar como tú amas y no como quisiera hacerlo yo

Y no te hablo de algo que pasó hace meses o años, no, eso lo vivo en el día a día. Y Pablo sabía que estos hermanos suyos también necesitaban fortaleza de parte de Dios. ¿Para qué? No nos dice, pero ya sabemos que la fortaleza está en nuestra lista de necesidades básicas. Ahora bien, la fortaleza a la que Pablo se refiere viene del Espíritu Santo. La presencia del Espíritu en nosotros es algo así como una batería, una fuerza que nos recarga a nosotros pero que nunca se agota. ¡Si tan solo la reconociéramos y nos apoyáramos en ella lo suficiente! Creo que el problema está en que muchas veces creemos que podemos solas, que ya tenemos experiencia, que sabemos cómo enfrentar lo que viene. Y entonces puede que te pase como a mí, hace poco, cuando la vida llegó como un huracán con toda clase de aguaceros inesperados y el viento golpeando por todas partes, y por un buen rato me derrumbó.

Necesitamos hacer nuestra esta oración, cada día. Que el Señor fortalezca nuestro ser interior, porque incluso cuando nuestro cuerpo pueda estar en óptima forma física, si el ser interior está débil, nos caeremos. Es un engaño de Satanás creer que podemos bandearnos solas o que al menos en ciertas cosas podemos darle un “descanso” a Dios. ¡Imposible! Clamemos cada día para que nos fortalezca con poder por medio de su Espíritu.

Veamos ahora el versículo 17 porque al estudiarlo Dios me reveló algo que de veras tocó mi corazón:

“Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes”

Este versículo comienza con una palabra que indica consecuencia o fin al que se encamina algo: “entonces” (en la NTV) o “para” (en otras versiones).  La presencia y acción del Espíritu Santo en nosotros es la presencia de Cristo mismo. Pero, sin ponernos demasiado exegéticas, esto fue lo que vino a mi mente mientras lo leía: el Espíritu Santo nos fortalece pero a medida que confiamos en Cristo, y entonces él habitará en nuestro corazón. Permíteme explicarme. Hay una gran diferencia en tener a alguien como huésped o visitante y alguien que habita en nuestra casa. La persona que habita se establece, goza de los mismos derechos que el resto de sus habitantes. 

Muchas veces, aunque somos cristianas y decimos que Cristo vive en nuestro corazón, lo tenemos más bien como un huésped pero no le dejamos habitar, establecerse. ¿Por qué? Varias razones pero esta que Pablo revela aquí me llegó mucho: por falta de confianza, o falta de fe. Cristo se establece, se adueña de nuestro corazón, cuando voluntariamente lo dejamos al mostrar que confiamos en él. Normalmente no abrimos la puerta a extraños, y si lo hacemos, solo les dejamos llegar hasta la sala. Algunas amistades tienen acceso a nuestro comedor y cocina. Pero solo los más íntimos han estado en nuestra recámara, ¿cierto? Igual pasa con el Señor. Le limitamos el acceso a áreas de nuestra vida porque, la verdad sea dicha, no confiamos plenamente, incluso cuando lo digamos de labios para afuera.

Te confieso que esta palabra que te comparto me confrontó a mí. Solo la confianza en Cristo, confianza real, hará que él pueda establecerse, habitar en nuestros corazones. Confianza real es confiar cuando no entiendo, cuando llegan los huracanes, cuando el viento sopla, me quedo sin trabajo, llega la enfermedad, se rompen las cosas en casa y hay que reemplazarlas, la muerte ronda, las relaciones se rompen, y aun así poder decir: confío en que él tiene mi vida en sus manos, voy a estar bien.

Ahora mira, el resultado de confiar así es que nos arraigamos en el amor de Dios y eso nos mantiene fuertes. ¡Tremendo! ¿Te percataste? Cuando vienen los embates normales de esta frágil vida terrenal, lo que nos mantiene fuertes es tener raíces en el amor de Dios.  Eso fue justo lo que el Espíritu Santo me hizo notar. Los vientos me estaban derribando porque en el fondo mi corazón dudaba del amor de Dios.

El mismo Pablo nos enseña en Romanos que nada nos puede separar del amor de Dios. Dios nos dice que nos ama con amor eterno. Nos dice que nos ama con amor inagotable. Pero nos toca a nosotros decidir aceptar y creer en ese amor.  Justo por eso Pablo les dice en el versículo 18 que espera que ellos puedan comprender la medida del amor de Dios, y que puedan experimentarlo (v. 19), a pesar de lo incomprensible que es para nuestra mente humana.

Mi amiga lectora, si logramos aunque sea captar esta simple verdad, los embates de la vida no nos derribarán tan fácilmente: DIOS NOS AMA Y SU AMOR GARANTIZA QUE TODO LO QUE NOS SUCEDE TIENE COMO FIN NUESTRO BIEN. Es difícil entender un amor así, lo sé, pero es ahí donde entra la confianza de la que hablábamos antes, la fe.

Vamos a abrir el corazón, con plena confianza, y dejar que Cristo se convierta en residente no huésped. Y, confiando en él, agarrarnos con uñas y dientes al amor de Dios y allí encontrar la fuerza.

Resumen
  • La fortaleza que verdaderamente necesitamos solo podemos encontrarla en Dios a través del Espíritu Santo que mora en nosotros.
  • Cristo no se impone, él espera que confiemos y al confiar estemos dispuestas a abrir la puerta de nuestro corazón y dejarle entrar a todas las habitaciones.
  • El amor de Dios es incomprensible, pero real, y lo único que nos mantendrá firmes, incluso cuando el suelo parezca desaparecer bajo nuestros pies.

Preguntas para estudio personal
1. Cuando te sientes desfallecer, ¿dónde buscas fortaleza? Lee Colosenses 3:3:12-13, otra oración de Pablo.
2. Apocalipsis 3:20 es un pasaje conocido que muchas veces consideramos evangelístico, pero está dirigido a la iglesia. Léelo nuevamente. ¿Qué dice con respecto a Cristo y nuestro corazón? ¿Qué nos toca hacer a nosotras?
3. Lee los siguientes pasajes y anota qué dicen sobre el amor de Dios:
  • Jeremías 31:3
  • Romanos 8:38-39
  • 1 Juan 3:1
  • 1 Corintios 13:4-7

¡Abre la puerta al diseño de Dios y caminarás en la luz!

Wendy


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lunes, 8 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... porque sin conocimiento, perecemos

Pasaje para leer: Efesios 2:11-22 y 3:1-13

El viernes estuvimos examinando parte del capítulo dos de Efesios. Si lees con detenimiento los versículos del 11 al 20 verás que Pablo enfoca su atención en dejar claro que la separación que antes había entre judíos y gentiles ha dejado de existir gracias a la obra de Cristo en la cruz (vv. 13 y 14).
El muro desapareció porque la ley ya no tiene cabida en el pueblo de Dios (vv. 15 y 16). 

Este capítulo concluye dejando claro que ahora tenemos un nuevo cimiento, que es Cristo Jesús. Él es la piedra angular o principal de nuestra fe, y de la iglesia (v.20). Cada una de nuestras vidas es una especie de ladrillo en este nuevo edificio que se está constituyendo y donde ahora habita Dios. No importa si estás en un templo o fuera de él, sola o acompañada, la presencia de Dios va contigo y está en ti porque en nosotros vive Dios mediante su espíritu (v. 22).

La enseñanza acerca de la unión de los dos pueblos en uno y su derecho a gozar de los tesoros que tiene a su disposición continúa en los primeros 13 versículos del capítulo 3. Claro, vale recordar que aunque ahora nosotros tenemos todas estas cartas y libros divididos en capítulos, no fue así como se escribieron originalmente. Por eso hay temas que pasan de un capítulo a otro.

En los versículos 8 y 9 del capítulo 3 Pablo establece su llamado y el propósito para el cual Dios lo estableció como parte de los apóstoles. ¿Cuál era el misterioso plan de Dios que estuvo oculto desde el comienzo y que él tenía la misión de explicar? El plan de la salvación y salvación para todos. Y la manifestación gloriosa de ese plan mediante la iglesia (v. 10)

Y la última verdad que quiero añadir al estudio de estos pasajes se encuentra en el versículo 12 del capítulo 3.
“Gracias a Cristo y a nuestra fe en él, podemos entrar en la presencia de Dios 
con toda libertad y confianza”.

Llegar a la presencia de Dios no requiere intermediarios. Ya Cristo te dio la “visa” para pasar y hacerlo en completa libertad. No necesitas orar a nadie más, ni pedir a nadie más. Ningún ser humano tiene “más” acceso a Dios que otro. Todos tenemos el mismo acceso, gracias a Cristo. Y eso es suficiente para Dios.

No soy teóloga ni pretendo hacer de este estudio un manual de teología pero mi corazón se entristece al ver cuánta confusión hay hoy entre los cristianos y todo debido a falta de conocimiento bíblico. Tú y yo necesitamos conocer y estudiar nuestra Biblia. No podemos conformarnos con la porción que recibimos el domingo en la iglesia. ¡Nadie vive con una comida semanal! Nuestro espíritu necesita alimento diario.

“La gente no vive sólo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios”. 
Mateo 4:4

La Palabra de Dios es un alimento que tú y yo necesitamos a diario. Y ¿sabes? En el Espíritu Santo tienes un maestro que puede abrir tus ojos y hacerte entender aquellas verdades que puedan resultarte confusas o difíciles (Juan 14:26).

En esto artículos puedes encontrar un poco más acerca de la Palabra de Dios, cuando nos resulta difícil leerla, lo que puede hacer en nuestras vidas, etc. 

GRATIS PARA IMPRIMIR, un estudio de Salmos 119 (el salmo que más nos habla sobre la Palabra)

El miércoles vamos a hablar de crecimiento espiritual, con el resto del capítulo 3. Aquí te espero. 

Bendiciones,

Wendy

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