lunes, 24 de julio de 2017

Seis ideas para vivir mejor

Hace un tiempo escribí este artículo y me parece oportuno compartirlo hoy contigo ya que hemos estado hablando de enfocarnos y aprovechar sabiamente los días que Dios nos regala. ¡Espero sea de bendición!

Por alguna razón cada vez que pensaba en el artículo para hoy estas palabras venían a mi mente: “... maneras de vivir mejor tu semana”. Y aunque todavía no me explicó por qué, decidí pensar un poco en el asunto y esto fue lo que salió. 

Al final de cada punto incluí un proverbio porque ese libro de la Biblia está lleno de sabiduría. Mi deseo es, como siempre, que te sea de bendición y que este blog de hoy aunque muy breve sirva para ayudarte a vivir la vida un poco más cerca de la manera en que Dios la diseñó: abundante y plena.
  • Sustituyamos la queja con una acción de gracias. Es decir, cada vez que nos veamos tentadas a quejarnos por algo, pensemos en algo por lo que podamos dar gracias. Verás cómo la queja palidece. 
"Es mejor vivir solo en el desierto que con una esposa que se queja y busca pleitos", Proverbios 21:19. 
  • Cuando comencemos a ver los defectos en una persona y estemos prontas a criticarle, pensemos en alguna virtud que tiene y algo de nosotras mismas que quisiéramos cambiar. 
"Los labios del justo destilan bondad", Proverbios 10:32.
  • Busca la oportunidad de mostrarle a alguien el amor de Dios, de dar ánimo a quien pueda estar triste o desanimado.  
"La lengua que brinda consuelo es árbol de vida", Proverbios 15:4.
  • Si te es posible [¡y si cocinas!],  dedica hoy unos minutos a planificar el menú que tu familia comerá esta semana. Te ahorrarás tiempo decidiendo qué hacer cada día y cuando vayas al mercado no comprarás cosas innecesarias. "
"Prepara primero tus faenas de cultivo y ten listos tus campos para la siembra; después de eso, construye tu casa", Proverbios 24:27
  • Haz listas para que puedas dar prioridad a lo más importante y organizar mejor tu tiempo. Verás la satisfacción al final de la semana cuando veas cosas tachadas. 
"Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!", Proverbios 21:5.
  • Por último, pero no por eso menos importante, no faltes a tu cita diaria con Dios. Eso marcará toda la diferencia del mundo en la manera en que enfrentes tu día. No significa que todo saldrá “a pedir de boca”, pero sí cambiará nuestra actitud, y sobre todo,  nuestro corazón. 
"Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán", Proverbios 16:3.

En mi libro "Una mujer sabia" profundizamos en algunos de estos temas y añadimos otros, todos enfocados en aprender a vivir como Dios lo diseñó. {Disponible aquí}

Bendiciones,

Wendy

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martes, 18 de julio de 2017

¡Se vale decir "no"!

“Me encantaría ayudarte, pero de veras no puedo añadir más cosas a mi vida en este momento”.
Esa fue la respuesta que tuve que dar no hace mucho a alguien que me pidió ayuda, quería que fuera parte de un determinado comité.  E hice algo que por muchos años no había podido hacer. Decir “no”.
Supongo que toma  muchas horas de cansancio, estrés, y sobre todo análisis y reflexión para llegar a entender que decir “no” no es pecado ni tampoco el fin del mundo.

Antes de que pienses que es egoísta, cómodo y hasta poco espiritual decir que no, permíteme ahondar un poco más en el tema.


A mí siempre me ha gustado participar en muchas cosas. Creo que es algo intrínseco a mi personalidad. Desde niña ha sido así. Sin embargo, a medida que la vida avanza nuestro nivel de responsabilidad también aumenta y vale mucho que aprendamos el secreto de la gente verdaderamente exitosa: prioridades

Somos responsables de nuestro tiempo. Muchas cosas pueden demandar nuestra atención, pero no todas pueden tener prioridad en nuestra lista. Muchas necesidades pueden reclamar tu tiempo, pero no has sido llamada a suplirlas todas. Lee eso otra vez.

Por alguna razón que todavía no he podido determinar bien, no sé si es cultural, social, un factor de crianza, etc., la tendencia general entre las mujeres es sentirse culpables cuando dicen “no” a una petición para asumir un rol más, participar de otro comité, asumir otro liderazgo, encargarse de cierta tarea, etc.

Libérate de esa carga. Decide, junto con Dios, qué cosas son prioritarias en tu vida y cuáles no. Aunque quizá alguien pueda decirte que tú eres la persona ideal para determinado cargo o ministerio, solo tú y Dios pueden decidirlo.  Y además te digo que si no es algo a lo que Dios te está llamando, él no tiene ningún problema con que digas “no”.  ¡Hasta Jesús tuvo momentos de escoger sus prioridades y decir “no”!

Otro punto importante, Dios no quiere soldados en su ejército que estén a punto de quemarse.  

Moisés fue un gran líder pero su agenda estaba demasiado llena. Qué bendición que tuvo un suegro sabio que le dio un excelente consejo: delega, reparte, dale la oportunidad a otros. La historia puedes leerla en el capítulo 18 de Éxodo. Esto es algo más que debemos aprender. Cuando tenemos una responsabilidad y podemos compartirla con otros, hagámoslo. Desde lo más sencillo como las tareas hogareñas (que a veces creemos que nadie las puede hacer tan bien como nosotras), hasta el ministerio o el trabajo. Delegar es una marca de los buenos líderes. Cuando creemos que solo nosotros podemos hacer bien las cosas, tenemos un problema. Se llama perfeccionismo, muy emparentado con el orgullo. Vigilemos a esta zorra pequeña que lucha por infiltrarse.

Hace poco escuché esto: lo mejor que el diablo hace para que no hagamos lo que realmente Dios quiere que hagamos es mantenernos ocupados. ¡Muy cierto! A veces llenamos tanto nuestras agendas de actividad que no queda espacio para lo verdaderamente importante. El orden de prioridades en la Palabra de Dios es este: Dios, familia y ministerio/iglesia. Cuando ese orden se altera, más atrás vienen los problemas. Busquemos seguir ese orden y hacerlo con equilibrio.

Así que, independientemente de lo que otros digan, ¡se vale decir "no"!

Vivamos como Dios lo diseñó,


Wendy

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jueves, 13 de julio de 2017

Cuando luchamos con los deseos de nuestro corazón

Los deseos de mi corazón…. ¡son tantos! Algunos son viejos ya, otros han ido cambiando de color y forma con los años. A veces son buenos y a veces…


Hace un tiempo, mientras repasábamos con nuestros hijos este versículo, otra vez me puse a meditar en los deseos de mi corazón.
“Confía en el Señor y haz el bien; entonces vivirás seguro en la tierra y prosperarás. Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón.” Salmos 37:3-4
Recuerdo cuando era una adolescente y leía este versículo, pensaba que si hacía todo lo que le agradaba a Dios, él —cual genio de la lámpara—, me daría todo lo que yo anhelara en mi corazón.

Lo triste es que los años pasan y muchas veces seguimos pensando de la misma manera. Dios como el genio de la lámpara maravillosa que me dará todas “las peticiones de mi corazón”.

¿Y acaso no es eso lo que tanto escuchamos ahora? “Confiésalo y será tuyo…el carro, la casa, el trabajo, los millones”, y quién sabe cuántas cosas más. Pero… ¿hasta qué punto es eso lo que promete Dios?

Spurgeon dijo en su libro The Treasury of David: “Los hombres que se deleitan en Dios desean o piden solo aquello que agrade a Dios; por tanto es seguro darles carta blanca. Su voluntad está sometida a la voluntad de Dios y por tanto reciben lo que quieren. Aquí se habla de nuestros deseos más íntimos, no deseos casuales; hay muchas cosas que la naturaleza pudiera desear que la gracia nunca nos permitiría pedir; es para estos deseos profundos, cargados de oración, que se hace la promesa”.

Deléitate… ¿qué quiere decir eso? En el hebreo original la palabra nos remite a una raíz que indica “disfrutar mucho algo, saborearlo”. ¿Y cómo puedo yo “saborear” a Dios? La misma Palabra nos contesta: 
"¡Qué dulces son a mi paladar tus palabras!  Son más dulces que la miel." Salmos 119:103
Conocemos a Dios en su Palabra al punto de que esta nos resulta dulce como la miel. La saboreamos, nos deleitamos en ella, y así llegamos a conocer a Dios. Él se nos revela allí de una manera viva. Y al conocerlo de tal modo, mi relación con él pasa de mero conocimiento a experiencia profunda. 

Deleitarme en Dios, conocerlo tan bien, al punto de que mi corazón y el de él estén alineados, y mis deseos sean los de él. Nada más y nada menos.

Y es que tenemos una lucha, como bien lo dice Pablo: “Por eso les digo: dejen que el Espíritu Santo los guíe en la vida. Entonces no se dejarán llevar por los impulsos de la naturaleza pecaminosa” (Gálatas 5:16).  

Fue por eso que Juan escribió:  Pues el mundo solo ofrece un intenso deseo por el placer físico, un deseo insaciable por todo lo que vemos, y el orgullo de nuestros logros y posesiones. Nada de eso proviene del Padre, sino que viene del mundo” (1 Juan 2:16).  

¿Cuáles son hoy los deseos de mi corazón, de tu corazón? ¿Deseos para darle gloria a Dios o deseos para satisfacer mi naturaleza humana, los deseos que pone delante de mí este mundo?

¿Estoy deleitándome en Dios, saboreando mi relación con él… o trato, en vano, de manipularla para que se convierta en una relación como la de Aladino con el genio?

Amiga, hermana, lectora o lector, si algo he aprendido es que no hay bien fuera de Dios. Mis deseos incluso pudieran ser muy buenos, pero si no son los de Dios, ¿para qué buscarlos? 

¿Quieres vivir una vida abundante y plena, de verdad; una que no dependa de nuestras cuentas de banco, nuestras posesiones o nuestros logros? Aprendamos a deleitarnos en Dios, a saborear nuestra relación con él…y él nos concederá los deseos que realmente satisfacen a nuestro corazón, porque él sabe lo que es mejor para ti y para mí

Bendiciones,


Wendy

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lunes, 10 de julio de 2017

Para cuando la vida duele y nos parece que Dios no entiende

Oucrrió hace varios años ya. Su corazoncito tan joven estaba deshecho ante las palabras duras de una amiguita. Y yo trataba de secar las lágrimas y de mitigar el dolor…pero en realidad, dentro de mí, tenía deseos de salir corriendo porque sé que hay dolores que no podemos mitigar. Y quería también, como dicen por ahí, “cantarle las 40” a esa niña que había herido el corazón de mi primogénita. Pero, ¿acaso no lo he hecho yo también?

Mi corazón de mujer adulta también se duele a veces, quizá no tanto por las palabras dichas como por las no dichas. Cuando la amiga de la cual esperamos quizá no nos da las palabras de ánimo o el apoyo. ¿Y cuando no las he ofrecido yo?

Dolores que no podemos mitigar.

Con todas esas cargas me senté delante de Dios, más bien a quejarme. Y él, como todo un caballero paciente escuchó mi letanía y después susurró a mi corazón: “Yo lo sé, yo entiendo. Yo soy Padre y vi a mi hijo sufrir, traicionado por amigos, burlado, abandonado…lo vi morir. Yo te entiendo.”

A veces se nos olvida que Dios sí entiende. Él no es una entidad atmosférica que mira desde arriba a los humanos, como si fueran piezas de ajedrez. Él sabe, él entiende.

Su creación, donde puso lo mejor de sí, se rebela constantemente.

Su hijo, el único, vino a morir por esos mismos —tú y yo—, que constantemente le dan la espalda, se quejan, se hieren unos a otros.

Jesús, con toda su divinidad, caminó por este mundo y de los pocos amigos que tuvo sufrió traición, abandono, dudas. ¿Para qué? Pues para hoy poder decirte: 
“Nuestro Sumo Sacerdote [Cristo] comprende nuestras debilidades, porque enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, sin embargo él nunca pecó.  Así que acerquémonos con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos” (Hebreos 4:15-16).
Dios sí te entiende. No tienes que temer el contarle cómo te sientes, qué te frustra, qué te entristece, qué te asusta. Cristo enfrentó todas y cada una de las pruebas que enfrentamos nosotros, y ahora nos da acceso, está sentado en su trono, siempre dispuesto a escuchar, a entender, a darnos misericordia (librarnos del mal que merecemos) y gracia (darnos el bien que no merecemos). 

El enemigo de nuestras almas, Satanás, nos tienta a pensar que Dios está tan distante y ocupado que no nos entiende. Esa es otra de sus mentiras para que quitemos los ojos de Jesús. No le escuches. 

Hoy empieza una nueva semana y quizá mientras lees esto ya hay cargas en tu corazón, preocupaciones,  decepciones, y quién sabe qué otras cosas. Recuerda, él te entiende. Dios es tu Padre que te espera con los brazos abiertos para secar tus lágrimas, mitigar tu dolor. Si tiene que hacernos cambiar la perspectiva, lo hará. Si tiene que regañarnos lo hará también porque un buen padre disciplina. Pero no lo dudes, él te entiende y por sobre todas las cosas, te ama. Su Hijo murió por ti, y por mí. Cuando parezca que Dios no entiende, recuerda eso, su Hijo estuvo en nuestro lugar. ¿Qué más podemos pedir?

Bendiciones, 

Wendy

Nota: Por error, este mensaje puede haber llegado a tu buzón el viernes. Si fue así, mis disculpas. 

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