miércoles, 28 de enero de 2015

Decepciones, ¿qué hacemos con ellas?

Decepciones. Todos las sufrimos. Todos las causamos. A todo nos afectan. Pero tres en una semana me parecía mucho… demasiado. Las emociones todas mezcladas. Enojo. Frustración. Tristeza. Y todas luchando por abrirse paso y salir gritando. Cada una más fuerte que la otra.

Quizá tú también has estado ahí. O estás ahora mismo. ¿Qué hacemos con las decepciones? ¿Cómo las procesamos?

De nada vale esconderlas o tratar de disfrazarlas porque en algún momento sacarán las narices. Podemos conversarlas y eso suele mejorarnos. Es necesario si hay seres queridos involucrados. Pero no es suficiente. A veces el dolor de la decepción sigue ahí. En ocasiones yo las escribo, como ya seguro te diste cuenta. Me ayuda. Pero tampoco es suficiente. ¿Sabes lo único que ha sido suficiente para mí? Procesarlas con Jesús...

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Si ya no lo sabes, comenzando el próximo lunes, una nueva serie: "Amor con diseño divino". Es febrero y lo dedicaremos a hablar del amor, en sus diferentes facetas, etapas y circunstancias para aprender a amar como Dios lo diseñó. Tendremos varias invitadas: Karla de "Soy mujer de valor", Edurne de "El viaje de una mujer", Jéssica de "Con visión de hogar" y Silvia de "Women's Empowerment Services". ¡Será un banquete! Así que si todavía no estás estás suscrita a esta página, te invito a hacerlo y así no te perderás nada

Bendiciones,

Wendy

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lunes, 26 de enero de 2015

De la vida y un sándwich quemado

Llegué a la casa luego de un largo día, en zapatos altos. Si estás leyendo esto y no eres mujer, o nunca te has pasado un día entero con zapatos altos…es agotador, por no decir más. En fin, tenía hambre pero era tarde y no quería comer mucho, así que decidí prepararme un sándwich sencillo con queso y ponerlo en el horno. 

Di dos o tres vueltas y cuando miré… ¡se estaba quemando! Abrí la puerta del horno y lo saqué lo más rápido que pude, pero el pan ya no tenía su color original, ahora estaba demasiado tostado. Lo miré y luego tomé un cuchillo y empecé a raspar lo quemado.

Mientras lo hacía me vino a la mente cómo a veces la vida se parece a mi sándwich quemado. 

Hacemos planes, nos ilusionamos…pero las cosas no salen como habíamos pensado. En lugar de un delicioso sándwich de queso al horno, tenemos un pan quemado, con queso demasiado derretido y un sabor no tan agradable.  Sin embargo, Dios usa todas esas oportunidades para enseñarnos algo, y en este caso ese algo es nuestra actitud. (Por cierto, que esa fue mi palabra para el año 2011, y aquí puedes leer el artículo original.) 

Ante mi sándwich quemado yo tenía solo dos alternativas: botarlo y prepararme otro, o hacer lo que hice, quitar lo quemado y comérmelo así mismo. ¿Por qué decidí lo segundo? Bueno, no tenía deseos de preparar otro y además (y lo digo con toda honestidad), no pude evitar pensar en cuánta gente se contentaría con un sándwich aunque fuera así.

Es igual con la vida, podemos echar a un lado las oportunidades difíciles y no aprovecharlas, o podemos dejar que Dios las use para hacernos crecer. Podemos dejar que él tome un “cuchillo y raspe” todo lo quemado para que al final podamos ver el producto como él lo diseñó originalmente.

Mientras yo raspaba el pan con mi cuchillo, mi hija me preguntó:
—Mami, ¿cómo vas a comerte eso?
—Igual que siempre —le contesté yo.

Podía comérmelo a regañadientes y refunfuñando o podía simplemente comerlo dándole gracias a Dios por mi sándwich extra horneado.

Regresando a nuestra analogía con la vida. Podemos aceptar los momentos difíciles a regañadientes y refunfuñando, lo cual no cambiará para nada la situación y lo único que producirá es amargura en nosotros. O podemos aceptarlos con gratitud de corazón, porque a fin de cuentas, a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Quizá deba contarte que aquel día, hace ya tres años, justo mientras empezaba a preparar ese sándwich le pedí a Dios que me mostrara sobre qué debía escribir… ¡y en eso se quemó el pan! 

Empieza una nueva semana y es probable que nos encontremos con muchas situaciones con las que no contábamos. La actitud con la que las enfrentemos marcará toda la diferencia. ¿Dejaremos que Dios las use o desperdiciaremos la oportunidad de crecer? Recuerda, no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor pero sí cómo reaccionamos. Dios nos ha dado la oportunidad de escoger. 

Bendiciones,

Wendy

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viernes, 23 de enero de 2015

A ti, que anhelas encontrar al "príncipe azul"

Hoy escribo para ti, que quizá todavía no llegas a los 20, o ya los pasaste, o tienes una hija de esa edad, una sobrina, una amiga, escribo lo que le diría a mi propia hija si estuviera ya ahí. Y todo empezó porque estaba en una tienda y la canción que estaban poniendo me dejó perpleja. Decía así:

“Yo no quiero que me des tu amor
ni una seria relación
yo no quiero robarte el corazón… tan sólo quiero tu calor
Cuando brille el sol te recordaré si no estás aquí
Cuando brille el sol olvídate de mí           
Cuando brille el sol te recordaré si no estás aquí
Cuando brille el sol olvídate de mí…”

Quizá la has escuchado… a lo mejor hasta la has cantado manejando o en la ducha, ¡quién sabe! Pero quiero pedirte que leas detenidamente lo que dice y luego te hagas una pregunta, nadie tiene que saberlo, queda entre tú y yo.

¿Realmente quieres un hombre así, que no te dé una relación seria y que al otro día te diga que te olvides de él, que en realidad no quiere tu amor, tan solo tu calor? Yo también tuve tu edad, ¿sabes? Y también escuché canciones parecidas, las canté y en ocasiones ¡hasta me las creí! 

Pero hoy, todos estos años después, puedo decirte algo con toda la seguridad del mundo: SON UNA GRAN MENTIRA.  Tú vales mucho más que una noche de diversión, y sin lugar a dudas tienes que aspirar a mucho más que un hombre que solo quiera tu calor. Para empezar, ¡no eres una cobija ni una manta eléctrica! Eres una mujer, hecha a imagen de tu Creador. 

Mi querida lectora, ¡cuidado! La cultura que nos rodea, a pesar de querernos hacer creer lo contrario, devalúa mucho a la mujer. Tu confianza no puede estar en tu belleza, ni en la talla de tu sostén o vestido. Las portadas de las revistas mienten porque muestran imágenes retocadas por una computadora. Y las películas muestran un mundo irreal. Aún cuando consigas toda esa “imagen” soñada, solo te producirá satisfacción momentánea. 

La palabra de Dios dice que a sus ojos eres “preciosa y digna de honra”. Párate frente al espejo, y repítelo una y otra vez: soy preciosa y digna de honra a los ojos de Dios. Tú tienes valor dado por el Rey de reyes, y eso nadie puede echarlo por el suelo. 

Si eres una joven soltera que una y otra vez se pregunta cuándo llegará el príncipe, o que cansada de esperarlo está buscando en los lugares equivocados, ¡detente! Dios tiene para ti algo mucho mejor. No cambies algo hermoso y con diseño divino por una relación barata, donde solo quieran “tu calor” y al otro día, ni de ti se acuerden. Lo que Dios concibió, el matrimonio, es una relación para toda la vida. No para que cuando salga el sol, después de una noche desenfrenada, la persona que tantas cosas bonitas te dijo ya no se acuerde de ti.

Esa es la agenda del enemigo. El plan de Dios es diferente. Es una relación de “para siempre”, una relación seria, de compromiso. Y sí, puede que suene anticuado, pero te comparto algo (y puedes buscar la estadística): las personas casadas son más felices. No te conformes con menos, no te sumes a la corriente porque te arrastrará y luego te dejará tirada en la orilla. 

Esperar no es fácil, lo entiendo. Pero peor es lamentarse después porque la decisión fue desacertada. Si realmente confías en que Dios tiene planes para tu vida que son de bien y no de mal, si te has rendido a él y le consideras tu Señor y Salvador, entonces espera. Confía y espera. Honra a tu Creador con tus decisiones, con tus relaciones, incluso con tu vestuario. 

Tú eres “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”, por lo tanto, vive a esa altura. Y reserva “tu calor y tu corazón” para un hombre que esté dentro de esa misma categoría. Nunca menos.

Así fue como Dios lo diseñó.

Wendy

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miércoles, 21 de enero de 2015

Lecciones de una libélula

Era temprano en la mañana, todo en silencio a mi alrededor excepto el goteo del café que colaba para comenzar el día.

“Tac, tac, tac”, escuché el ruido como de algo que chocaba contra un cristal. “Tac, tac, tac”, se repitió. Salí de la cocina y fui a revisar la puerta de cristal que sale al patio. Ahí estaba la causa del ruido. Una libélula que volaba contra la puerta, literalmente. Insistía en seguir su trayectoria a pesar de que una y otra vez se daba contra la enorme masa de cristal.

En ese momento, mientras pensaba en por qué la libélula no desistía al ver que no avanzaba, que el camino no llegaba a ninguna parte y porque de seguro debía dolerle estar golpeándose contra la puerta, pensé en mí…y también en ti. ¡Tantas y tantas veces somos como esa libélula!...


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Bendiciones,

Wendy 

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