miércoles, 23 de julio de 2014

Cuando la vida nos presenta desvíos

Qué molesto nos resulta ir manejando, sobre todo en horario pico, y encontrarnos un letrero que dice:


Desvío. Me pasó el otro día y resultó que el desvío me obligaba a regresar, por otra calle, a mi punto de partida. Realmente frustrante, pero así es cuando están haciendo arreglos.

Y lo mismo pasa en la vida... pero los desvíos nos preparan para lo que vendrá después.

{TE INVITO A SEGUIR LEYENDO, SIGUE ESTE ENLACE}

Si te gustan las redes sociales, me encantaría conectarme contigo. Podemos hacerlo a través de  Facebook y/o Twitter. ¡Te espero!

Bendiciones,

Wendy




lunes, 21 de julio de 2014

Mamá imperfecta... y está bien

Estoy segura de que cuando pasen los años y mire hacia atrás, habrá muchas cosas que quisiera haber hecho diferente como madre. ¿Será porque no puse todo mi empeño, o porque no di prioridad a este rol, o porque no leí suficientes libros sobre la maternidad a la manera de Dios? Creo que no. La respuesta es mucho más sencilla: simplemente porque soy humana y por mucho que me esfuerce nunca seré perfecta. Por lo tanto, en mi función de mamá, como en todas las demás, cometeré errores.

No hay manera de ser la súper mamá que tú y yo quisiéramos. Si brillamos en una cosa, es muy probable que fallemos en otra. Necesitamos aferrarnos cada día a la gracia de Dios si no queremos ser madres frustradas. Necesitamos entender la misericordia que el Padre nos muestra, incondicional, para no flagelarnos constantemente por los errores que a veces nos hacen quedarnos despiertas en medio de la noche.

Sí, es bueno que aprendamos de los errores, es excelente prepararnos hasta donde sea posible y maravilloso escuchar el consejo de otras madres que nos han precedido. Pero, incluso con todo esto, no seremos mamás perfectas. ¿Y sabes qué? ¡Está bien! Dios no quiere ni espera mamás perfectas. Él nos ha llamado a este rol consciente de que muchas veces tendremos que venir a su presencia pidiendo auxilio, con preguntas para las que no tenemos respuesta, con lágrimas, con preocupaciones, con temores. ¡Pero eso es justamente lo que tu Padre celestial desea! Él quiere que seamos mamás dependientes de su sabiduría, de su gracia, de su misericordia y de su amor. Y que confiemos en que la vida de nuestros hijos está, más que nada, en sus manos.

Ayer meditaba en algo que a la vez me hizo pensar en mi rol de mamá. ¡Cuántos sueños tenemos cuando nuestros hijos nacen! Anhelamos para ellos un futuro brillante, victorias, premios. Deseamos de todo corazón que tomen decisiones acertadas, que no se desvíen ni a derecha ni a izquierda. Quisiéramos evitarle todo dolor. Que pudieran pasar por la vida sin magulladuras. Que los errores que plagaron nuestra juventud no sean los de ellos… Y soñamos muchas otras cosas. Sin embargo, mientras meditaba en todo esto y pensaba en las mamás que batallan con todo lo anterior, un pensamiento se apoderó de mi mente: la mejor oración que tú y yo podemos hacer por nuestros hijos es que el plan de Dios se cumpla en su vida.

No siempre es fácil orar de esa manera, porque los planes de Dios, aunque siempre son los mejores y tienen como meta nuestro bien, muchas veces requieren situaciones que preferiríamos evitar según nuestros criterios humanos.

No creo que José hubiera escogido ser vendido como esclavo ni estar en la cárcel de Egipto. Pero Dios tuvo que hacerlo pasar por todo aquello para que luego pudiera ocupar el lugar que le dio. Quizá Ester hubiera escogido otra cosa y no ser parte del harén del rey de Persia, pero su decisión valiente salvó a toda una nación. Y por supuesto, Jesús hubiera preferido pasar la copa de la muerte, pero si lo hubiera hecho, yo no estaría escribiendo este blog ni tú estuvieras leyéndolo. Y los tres, José, Ester y Jesús, tuvieron madres humanas como nosotras que de seguro nunca hubieran escogido el camino que sus hijos tuvieron que recorrer… ¡pero el plan de Dios siempre es mejor!

Mi amiga lectora, con estas palabras quiero animarte. Primero,  deja de anhelar ser perfecta y vive en la gracia de Dios. Depende de él para ser mamá. Y no olvides que la mejor oración que puedes hacer por tus hijos, el mejor anhelo que puedes albergar, es que los planes de Dios se cumplan en su vida. Ellos necesitan tener un encuentro con él y depositar sus vidas en las manos del Autor. Nuestra función es mostrarles el camino y confiar en Jesús para el resto. 

Vive esta semana como Dios lo diseñó,

Wendy



Muchas gracias por visitarme. Podemos contectarnos también en Facebook y en Twitter.

Si deseas suscribirte, puedes usar la casilla que aparece a la derecha de esta página. Como agradecimiento recibirás una copia electrónica de mi libro "Limonada para el alma". 

viernes, 18 de julio de 2014

Reflexiones de verano {súper luna}

Era de madrugada y me levanté a mirar por entre las persianas. Ahí estaba, la súper luna. De no haber sido por algo que leí en FB de casualidad, no hubiera sabido que se vería esa noche pues estando de vacaciones, menos todavía me ocupo de las noticias.

Foto de Jon Nazca/Reuters
Y quizá te preguntes por qué estoy hablando aquí de la luna. Bueno, al otro día me levanté pensando en cómo me gustaría parecerme a la luna… me explico antes de que creas que el calor del verano me está afectando la cabeza. J

Primero pensé en la belleza de su luz… ¡que no es propia! Recuerdo que esa es una de las primeras cosas que nos enseñan en la escuela cuando comenzamos a estudiar ciencias. “La luna no brilla con luz propia, es un reflejo del sol.” Y así se supone que sea mi vida también. No que busque brillar con mi propia luz, porque en realidad, la luz humana no es lo suficientemente fuerte como para iluminar la noche de este mundo. Mi vida, y la tuya, deben ser un reflejo de Aquel que en el principio creó la luna y el sol. Somos hijos de la Luz, que es Jesús.

En su evangelio Juan, el apóstol, lo dice de manera muy clara hablando de Juan el Bautista: “Juan no era la luz; era sólo un testigo para hablar de la luz.  Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo” (Jn 1:8-9).

En el Nuevo Testamento, en la NTV, la palabra luz aparece 97 veces. Y aunque los contextos son variados, un gran parte está dedicada a recordarnos que Dios nos ha puesto para ser luz porque tenemos la luz del Señor.

El problema viene cuando queremos robarnos la luz y nos olvidamos de que, como la luna, necesitamos que el sol, Jesús, nos ilumine para entonces poder brillar. Si no es así, no lograremos penetrar la oscuridad y si lo hacemos, será solo por un efímero instante.

Durante nuestras vacaciones estuvimos en la playa y junto al lugar donde nos quedábamos pasaba un canal que con los días descubrimos estaba conectado al mar. ¿Cómo lo supimos? Bueno, además de estar bien cerca y ver que se unía a la ensenada que es parte de la bahía, nos percatamos de que el nivel del agua subía y bajaba en los diferentes momentos del día. La marea. ¿Y quién determina la marea? ¡La luna!

¿Sabías que las mareas tienen funciones súper importantes para la vida en la Tierra?

Las mareas limpian las orillas del océano, y ayudan a mantener 
las corrientes oceánicas que circulan, evitando que el océano se estanque. 
Benefician al hombre al limpiar los canales de embarque 
y diluir los vertidos de aguas residuales. En algunos lugares, 
la gente explota la enorme energía de las mareas para generar electricidad1.

Bueno, no quiero darte una clase de ciencias pero, ¿te percataste de nuestra analogía? La luna genera las mareas… y las mareas limpian las orillas del océano. Tú y yo estamos aquí también para que este mundo pueda limpiarse de la basura que el pecado se ha encargado de propagar. Tenemos que generar “mareas” de cambio y eso solo se logra cuando compartimos el evangelio de Jesús. Cuando la marea de las Buenas Nuevas invade, las vidas se transforman; y si la marea es lo suficientemente alta, el cambio alcanza ciudades e incluso países. ¡Las mareas generan energía! ¿Y qué energía más potente que la del Espíritu Santo que llevamos en nosotros? Pero tiene que haber movimiento. Las mareas ayudan a evitar que el océano se estanque. Agua estancada es agua muerta. Dios nos puso para llevar la vida a otros. ¡Sí, para eso estamos tú y yo aquí, para generar mareas de vida y cambio! Pero tenemos que movernos, tenemos que actuar.

Nunca antes lo había pensado. Me encanta observar la luna, admirar su esplendor en la noche. De hecho no hace mucho también salimos de madrugada, todos en la casa, para ver “la luna roja”. ¡Qué espectáculo tan hermoso! Sin embargo, no fue hasta hace unos días que pensé en querer ser como ella. Y quién sabe, tal vez después de leer esto, tú también te animes. 

Brillar con la luz de Jesús, generar mareas, difundir el cambio, llevar vida… 

Así fue como Dios lo diseñó.

Bendiciones,

Wendy


Muchas gracias por visitarme. Podemos contectarnos también en Facebook y en Twitter.

Si deseas suscribirte, puedes usar la casilla que aparece a la derecha de esta página. Como agradecimiento recibirás una copia electrónica de mi libro "Limonada para el alma".

miércoles, 16 de julio de 2014

¿Cuánto falta?

Ya llegamos?” “¿Cuánto falta?” “¿Está muy lejos?” Este diálogo se repitió en nuestro auto tantas veces durante un corto viaje que yo ya tenía deseos de bajarme e ir caminando o de salir volando por una ventana. Todo el que ha viajado con niños sabe a lo que me refiero. Las preguntas del principio se repiten interminablemente.


Pero me pregunto cuánto cambiamos en realidad al volvernos adultos. ¿Cuántas veces en nuestra vida de adultos nos hacemos esas mismas preguntas, pero con otros destinos en mente? Ya no se trata de llegar a un punto geográfico, se trata de las metas, de los sueños, de los lugares a los que queremos llegar y nos hacemos esas mismas preguntas. ¿No es cierto? Y si tenemos a Dios por Padre, entonces lo agobiamos a él con las mismas. “¿Cuánto falta, Señor, para _____________? ¿Está muy lejos de mí esta meta? ¿Cuándo se realizará ese sueño que he acariciado durante tantos años?”

Hablemos hoy del viaje de la vida... 

TE INVITO A SEGUIR LEYENDO. SIGUE ESTE ENLACE...

Bendiciones en tu día,

Wendy


Para conectarnos en Facebook  y Twitter. 

¿Te quieres suscribir? Usa la casilla de la derecha.