viernes, 30 de enero de 2015

Hay un plan para llegar a las alturas

Al principio de este año te comenté que iba a leer y estudiar el libro de los Salmos. Y así lo he estado haciendo. Tengo una pequeña libreta de notas donde anoto lo que un versículo me dice a nivel personal pues creo, porque la Biblia lo dice, que el Espíritu Santo nos hace entender lo que Dios revela en su Palabra. Además decidí que usaría dos colores para marcar, rosado y verde (sin ningún motivo específico). Con el verde marco lo que el Salmista dice sobre Dios y con rosado lo que dice sobre su sentir, sus emociones, etc.

Mi Biblia con subrayados en verde y rosado

Hoy quiero compartirte algo que habló a mi vida hace unos días, en el salmo 18. Y en mi libreta le llamé: el plan estratégico de Dios”. El versículo 30 es el primero que quiero destacar:

“El camino de Dios es perfecto”.

Tú y yo necesitamos creer con nuestra mente y corazón esa verdad. Cuando ponemos nuestras vidas en manos de Dios tenemos que confiar en que su camino es perfecto. Perfecto no significa fácil, no significa que siempre me guste, no significa que todo saldrá a mi antojo. Significa que, bajo la soberanía de Dios, el camino que él ha trazado es perfecto dentro de su plan y para que mi vida le dé gloria. No podemos olvidar que fuimos creadas para alabanza de su gloria. Nuestro paso por este planeta no es para hacernos de un nombre grande, es para engrandecer el nombre de Dios. Por tanto, el camino que él nos trace será perfecto para ese propósito. Y, como un producto de esta rendición a él, nos hará vivir una vida abundante y plena.

¿Cómo podemos entonces vivirlo? Veamos los versículo del 32 al 35:

“Dios me arma de fuerza y hace perfecto mi camino.
Me hace andar tan seguro como un ciervo, 
para que pueda pararme en las alturas de las montañas.
Entrena mis manos para la batalla; 
fortalece mi brazo para tensar un arco de bronce.
Me has dado tu escudo de victoria.
Tu mano derecha me sostiene; 
tu ayuda me ha engrandecido.”

Primero que nada, la fuerza viene de Dios. Ese es su plan. Dios no pretende que vayamos por el mundo con fortaleza propia, ejerciendo alguna clase de poder mental. No, su estrategia es mucho más simple: él nos dará la fuerza. No necesitamos preocuparnos por trazar un camino perfecto para nuestra vida. Él lo hace.

Dios tiene un plan ascendente para nuestra vida. Un plan de llevarnos a las alturas, de gloria en gloria, como dice Pablo. Sin embargo, para poder estar en las alturas necesitamos que sea él quien afirme nuestros pasos. No es cuestión de seguir estrategias humanas. Sí, podemos leer buenos libros que nos enseñan, asistir a conferencias y demás, pero si quieres estar en la verdadera altura, tienes que ponerte en manos de Dios y dejar que él te lleve, escalón por escalón.

Eso sí, recuerda que llegar hasta allí será una batalla, y Dios te hará pasar por un entrenamiento. Si quieres lanzar flechas que lleguen lejos, es decir, proyectos, sueños, ministerios, una familia floreciente, etc., tienes que estar dispuesta a que el Señor entrene tus manos para la batalla y fortalezca tus brazos.   

Ese entrenamiento no luce del mismo modo para todos. Cada uno de nosotros necesita un adiestramiento diferente en dependencia del camino que Dios haya trazado; pero no lo dudes, llegar a esa altura implicará un entrenamiento fuerte.

Sé que Dios está haciendo eso conmigo, en distintos aspectos de mi vida. Y algo he aprendido, no desaprovechemos esas oportunidades de entrenamiento. Si él nos hace pasar por ellas, es porque sabe que lo necesitamos. Y, como dice el versículo 35, tenemos la victoria, él nos sostiene y su ayuda nos engrandece.

El plan estratégico de Dios es bueno, es seguro. Mira lo que nos dice el versículo 36: “Has trazado un camino ancho para mis pies a fin de evitar que resbalen”.

¿Estás hoy batallando porque no sabes qué camino seguir? Quiero invitarte a hacer lo mismo que hizo el rey David, autor de este salmo, en el versículo 6:

“Pero en mi angustia, clamé al Señor;
sí, oré a mi Dios para pedirle ayuda.
Él me oyó desde su santuario;
mi clamor llegó a sus oídos.”

Clama a Dios para que te muestre el camino. Acepta someterte a su plan estratégico, y verás que él escucha, verás que llegas a las alturas. Podrás decir, como David: “Enciendes una lámpara para mí. El Señor, mi Dios, ilumina mi oscuridad. Con tu fuerza puedo aplastar a un ejército; con mi Dios puedo escalar cualquier muro” (v. 28-29).

Para vivir la vida como Dios la diseñó necesitamos estar dispuestas a seguir su plan. Ni más, ni menos.

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy


Acabas de leer Hay un plan para llegar a las alturas, ¡te invito a dejar tu comentario!

¡No olvides! El lunes comenzamos la serie "Amor, con diseño divino". Invita a otras a participar junto contigo. Comparte este mensaje. ¡Gracias! 

miércoles, 28 de enero de 2015

Decepciones, ¿qué hacemos con ellas?

Decepciones. Todos las sufrimos. Todos las causamos. A todo nos afectan. Pero tres en una semana me parecía mucho… demasiado. Las emociones todas mezcladas. Enojo. Frustración. Tristeza. Y todas luchando por abrirse paso y salir gritando. Cada una más fuerte que la otra.

Quizá tú también has estado ahí. O estás ahora mismo. ¿Qué hacemos con las decepciones? ¿Cómo las procesamos?

De nada vale esconderlas o tratar de disfrazarlas porque en algún momento sacarán las narices. Podemos conversarlas y eso suele mejorarnos. Es necesario si hay seres queridos involucrados. Pero no es suficiente. A veces el dolor de la decepción sigue ahí. En ocasiones yo las escribo, como ya seguro te diste cuenta. Me ayuda. Pero tampoco es suficiente. ¿Sabes lo único que ha sido suficiente para mí? Procesarlas con Jesús...

TE INVITO A SEGUIR LEYENDO EN ESTE ENLACE. Hoy estoy en Bibliavida.com y en crosswalk.com

Además quiero hacer un anuncio:


Si ya no lo sabes, comenzando el próximo lunes, una nueva serie: "Amor con diseño divino". Es febrero y lo dedicaremos a hablar del amor, en sus diferentes facetas, etapas y circunstancias para aprender a amar como Dios lo diseñó. Tendremos varias invitadas: Karla de "Soy mujer de valor", Edurne de "El viaje de una mujer", Jéssica de "Con visión de hogar" y Silvia de "Women's Empowerment Services". ¡Será un banquete! Así que si todavía no estás estás suscrita a esta página, te invito a hacerlo y así no te perderás nada

Bendiciones,

Wendy

Acabas de leer Decepciones, ¿qué hacemos con ellas?, ¡te invito a dejar tu comentario!

lunes, 26 de enero de 2015

De la vida y un sándwich quemado

Llegué a la casa luego de un largo día, en zapatos altos. Si estás leyendo esto y no eres mujer, o nunca te has pasado un día entero con zapatos altos…es agotador, por no decir más. En fin, tenía hambre pero era tarde y no quería comer mucho, así que decidí prepararme un sándwich sencillo con queso y ponerlo en el horno. 

Di dos o tres vueltas y cuando miré… ¡se estaba quemando! Abrí la puerta del horno y lo saqué lo más rápido que pude, pero el pan ya no tenía su color original, ahora estaba demasiado tostado. Lo miré y luego tomé un cuchillo y empecé a raspar lo quemado.

Mientras lo hacía me vino a la mente cómo a veces la vida se parece a mi sándwich quemado. 

Hacemos planes, nos ilusionamos…pero las cosas no salen como habíamos pensado. En lugar de un delicioso sándwich de queso al horno, tenemos un pan quemado, con queso demasiado derretido y un sabor no tan agradable.  Sin embargo, Dios usa todas esas oportunidades para enseñarnos algo, y en este caso ese algo es nuestra actitud. (Por cierto, que esa fue mi palabra para el año 2011, y aquí puedes leer el artículo original.) 

Ante mi sándwich quemado yo tenía solo dos alternativas: botarlo y prepararme otro, o hacer lo que hice, quitar lo quemado y comérmelo así mismo. ¿Por qué decidí lo segundo? Bueno, no tenía deseos de preparar otro y además (y lo digo con toda honestidad), no pude evitar pensar en cuánta gente se contentaría con un sándwich aunque fuera así.

Es igual con la vida, podemos echar a un lado las oportunidades difíciles y no aprovecharlas, o podemos dejar que Dios las use para hacernos crecer. Podemos dejar que él tome un “cuchillo y raspe” todo lo quemado para que al final podamos ver el producto como él lo diseñó originalmente.

Mientras yo raspaba el pan con mi cuchillo, mi hija me preguntó:
—Mami, ¿cómo vas a comerte eso?
—Igual que siempre —le contesté yo.

Podía comérmelo a regañadientes y refunfuñando o podía simplemente comerlo dándole gracias a Dios por mi sándwich extra horneado.

Regresando a nuestra analogía con la vida. Podemos aceptar los momentos difíciles a regañadientes y refunfuñando, lo cual no cambiará para nada la situación y lo único que producirá es amargura en nosotros. O podemos aceptarlos con gratitud de corazón, porque a fin de cuentas, a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien (Romanos 8:28).

Quizá deba contarte que aquel día, hace ya tres años, justo mientras empezaba a preparar ese sándwich le pedí a Dios que me mostrara sobre qué debía escribir… ¡y en eso se quemó el pan! 

Empieza una nueva semana y es probable que nos encontremos con muchas situaciones con las que no contábamos. La actitud con la que las enfrentemos marcará toda la diferencia. ¿Dejaremos que Dios las use o desperdiciaremos la oportunidad de crecer? Recuerda, no podemos controlar todo lo que sucede a nuestro alrededor pero sí cómo reaccionamos. Dios nos ha dado la oportunidad de escoger. 

Bendiciones,

Wendy

Acabas de leer De la vida y un sándwich quemado, ¡te invito a dejar tu comentario!

viernes, 23 de enero de 2015

A ti, que anhelas encontrar al "príncipe azul"

Hoy escribo para ti, que quizá todavía no llegas a los 20, o ya los pasaste, o tienes una hija de esa edad, una sobrina, una amiga, escribo lo que le diría a mi propia hija si estuviera ya ahí. Y todo empezó porque estaba en una tienda y la canción que estaban poniendo me dejó perpleja. Decía así:

“Yo no quiero que me des tu amor
ni una seria relación
yo no quiero robarte el corazón… tan sólo quiero tu calor
Cuando brille el sol te recordaré si no estás aquí
Cuando brille el sol olvídate de mí           
Cuando brille el sol te recordaré si no estás aquí
Cuando brille el sol olvídate de mí…”

Quizá la has escuchado… a lo mejor hasta la has cantado manejando o en la ducha, ¡quién sabe! Pero quiero pedirte que leas detenidamente lo que dice y luego te hagas una pregunta, nadie tiene que saberlo, queda entre tú y yo.

¿Realmente quieres un hombre así, que no te dé una relación seria y que al otro día te diga que te olvides de él, que en realidad no quiere tu amor, tan solo tu calor? Yo también tuve tu edad, ¿sabes? Y también escuché canciones parecidas, las canté y en ocasiones ¡hasta me las creí! 

Pero hoy, todos estos años después, puedo decirte algo con toda la seguridad del mundo: SON UNA GRAN MENTIRA.  Tú vales mucho más que una noche de diversión, y sin lugar a dudas tienes que aspirar a mucho más que un hombre que solo quiera tu calor. Para empezar, ¡no eres una cobija ni una manta eléctrica! Eres una mujer, hecha a imagen de tu Creador. 

Mi querida lectora, ¡cuidado! La cultura que nos rodea, a pesar de querernos hacer creer lo contrario, devalúa mucho a la mujer. Tu confianza no puede estar en tu belleza, ni en la talla de tu sostén o vestido. Las portadas de las revistas mienten porque muestran imágenes retocadas por una computadora. Y las películas muestran un mundo irreal. Aún cuando consigas toda esa “imagen” soñada, solo te producirá satisfacción momentánea. 

La palabra de Dios dice que a sus ojos eres “preciosa y digna de honra”. Párate frente al espejo, y repítelo una y otra vez: soy preciosa y digna de honra a los ojos de Dios. Tú tienes valor dado por el Rey de reyes, y eso nadie puede echarlo por el suelo. 

Si eres una joven soltera que una y otra vez se pregunta cuándo llegará el príncipe, o que cansada de esperarlo está buscando en los lugares equivocados, ¡detente! Dios tiene para ti algo mucho mejor. No cambies algo hermoso y con diseño divino por una relación barata, donde solo quieran “tu calor” y al otro día, ni de ti se acuerden. Lo que Dios concibió, el matrimonio, es una relación para toda la vida. No para que cuando salga el sol, después de una noche desenfrenada, la persona que tantas cosas bonitas te dijo ya no se acuerde de ti.

Esa es la agenda del enemigo. El plan de Dios es diferente. Es una relación de “para siempre”, una relación seria, de compromiso. Y sí, puede que suene anticuado, pero te comparto algo (y puedes buscar la estadística): las personas casadas son más felices. No te conformes con menos, no te sumes a la corriente porque te arrastrará y luego te dejará tirada en la orilla. 

Esperar no es fácil, lo entiendo. Pero peor es lamentarse después porque la decisión fue desacertada. Si realmente confías en que Dios tiene planes para tu vida que son de bien y no de mal, si te has rendido a él y le consideras tu Señor y Salvador, entonces espera. Confía y espera. Honra a tu Creador con tus decisiones, con tus relaciones, incluso con tu vestuario. 

Tú eres “real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios”, por lo tanto, vive a esa altura. Y reserva “tu calor y tu corazón” para un hombre que esté dentro de esa misma categoría. Nunca menos.

Así fue como Dios lo diseñó.

Wendy

Acabas de leer A ti, que anhelas encontrar al "príncipe azul", ¡te invito a dejar tu comentario!