lunes, 2 de marzo de 2015

Lo que no puedo dejar de controlar esta semana, ni nunca

Dicen las estadísticas que las mujeres nos preocupamos mucho más que los hombres. Y nuestras
preocupaciones van de un extremo a otro en el espectro, desde la estabilidad económica, la salud de la familia, hasta lo que escuchamos en el supermercado sobre la crisis en el distrito escolar.  La verdad es que hay muy poco que podemos hacer para controlar alguna de esas cosas. Sin embargo, hay algo que sí podemos controlar para que ellas no nos controlen a nosotros. [Espero no te haya enredado con este trabalenguas de control.] Ese algo son nuestros pensamientos.

Por años yo he luchado con los pensamientos negativos. Otra manera de decirlo sería, con cruzar el puente antes de llegar al río. Aquellas cosas que ni siquiera han ocurrido, pero que en mi mente se alzan como posibilidades muy reales, prácticamente hechos. Quizá tú también te identificas con esto.

A veces creemos que al decirle sí a Jesús para que sea el Señor de nuestra vida, todo cambiará mágicamente, sin que nosotros tengamos que hacer nada. Bueno, lamento decirte que aunque yo también quisiera que así fuera, no lo es. A pesar de que el Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros, es un trabajo en equipo.  Voy a explicarme.

En esto de los pensamientos, por ejemplo, tú y yo jugamos un papel crucial. Mira lo que dice este versículo de la Biblia: “y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo” (2 Corintios 10:5, énfasis mío). ¿Te das cuenta? Es un verbo en primera persona, nosotros llevamos cautivo todo pensamiento…a Cristo. Dicho con otras palabras, tenemos que controlar lo que pensamos y ponerlo en obediencia a Cristo.

¿Cómo se hace? Tengo que comparar mis pensamientos con la Palabra de Dios. ¿Se corresponden o se contraponen? Si mi tendencia natural es preocuparme, ¿qué dice la Biblia de la preocupación? Si mi tendencia natural es criticar a otros, ¿qué me enseña Dios con respecto a juzgar? Soy dada al temor, ¿qué dice la Palabra con relación a una actitud de temor? Esa es la única manera de llevar los pensamientos cautivos a Cristo; pero es un acto de la voluntad. Tengo que decirle a mi cerebro: “Estás yendo por un rumbo equivocado. No estás alineado con lo que Dios dice y por lo tanto, tengo que enderezarte para que recuperes el rumbo correcto.”

Déjame decirte que es un ejercicio del día a día. Yo tengo que practicarlo constantemente.  Nuestros cerebros son muy rápidos, demasiado a veces diría yo. Se adelantan a sacar conclusiones sin tener todos los elementos. Ven montañas donde solo hay espejismos.

Pablo el apóstol nos exhorta en Romanos 12:2 a someternos a un proceso de cambio:  “sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta”. La mente humana necesita vivir en constante transformación, y solo de esa manera podremos entender que lo que a la vista parece negativo, nos causa temor o nos preocupa, es solo una percepción, porque la voluntad de Dios es buena y perfecta.

¿Quiero decir que vivamos enajenadas de la realidad? ¡Claro que no! Cuando un hijo se enferma, un esposo se va de la casa, perdemos el trabajo, una amiga nos traiciona, etc., estamos viviendo momentos difíciles. Pero si no tomamos el control de nuestros pensamientos en esos momentos, y los llevamos cautivos a Cristo, ellos nos controlarán a nosotros y perderemos la perspectiva correcta en la situación. ¿Cuál es? Que Dios es bueno y su voluntad es perfecta, incluso cuando yo no la entienda. A fin de cuentas, él es Dios y yo no.

Conclusión: Comienza una nueva semana que no sabemos qué traerá, no lo podemos controlar. Pero te animo a que te esfuerces para controlar tu mente. Cuando vengan pensamientos negativos, de derrota, desánimo, de juicio, crítica, etc., o como dice la NTV,  los “pensamientos rebeldes”, vamos a llevarlos a Cristo y pasarlos por el tamiz de su presencia y su Palabra.

Bendiciones,

Wendy 

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viernes, 27 de febrero de 2015

¿Y qué hacemos en los conflictos?

Hoy cerramos la serie "Amor, con diseño divino". Hemos tratado varios temas a lo largo de este mes que espero hayan sido de bendición para tu vida. También tuvimos varias invitadas y quiero agradecer a cada una de ellas por haber compartido con nosotras. También quiero darte las gracias a ti, lectora o lector, por dejarme llegar a tu buzón con estos mensajes.


Para terminar quiero presentarte un video-blog donde tratamos el tema de los conflictos... porque ninguna relación está exenta de problemas. ¿Qué hacemos cuando lleguen? Aquí te comparto la perspectiva bíblica, la manera en que Dios diseñó que los tratemos.



Si te gustan los video-blogs, aquí puedes encontrar otros.

Mañana estaré compartiendo la Palabra de Dios en el evento Bella 2015 aquí en Miami y te agradezco mucho si nos apoyas en oración.

Te dejó también el enlace al artículo "El amor es para siempre" que estoy comaprtiendo esta semana en "Con diseño divino" de Biblia.com y Crosswalk.com

Muchas bendiciones en tu fin de semana,

Wendy 

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miércoles, 25 de febrero de 2015

Amar al esposo

Hoy te presento a Jéssica Jiménez, mi última invitada para la serie "Amor, con diseño divino". Ella es mexicana y nos conocimos en el mundo del blog; Jéssica escribe en "Con visión de hogar". Aunque es una profesional univesitaria, ahora se considera a sí misma una profesional del hogar y hoy nos comparte sus experiencias en amar al esposo, sobre todo cuando cambian las circunstancias después de ser mamás. ¡Que lo disfrutes!



Durante siete años tuve la oportunidad de amar y atender de mi marido, creo yo, lo mejor que pude, pues no teníamos hijos.

Cocinaba platillos nuevos; horneaba postres regularmente; íbamos de viaje muy seguido;  salíamos a cualquier hora, lugar y tipo de clima; casi siempre podíamos andar juntos a todos lados; nos sentábamos calmadamente a platicar horas sobre lo que Dios tenía para nuestras vidas y en el ministerio; podíamos discutir las diferencias en el momento que se necesitara; disfrutábamos dormir la siesta; teníamos una noche especial en la semana… y bueno, para no hacerla larga, podía hacerme cargo de todos los detalles, ¡tenía tiempo hasta de lustrar sus zapatos!

Hace 5 años, Dios decidió por fin enviar a nuestro deseado y precioso hijo.

La vida organizada, aun cuando yo también trabajaba fuera de casa en aquéllos tiempos, se volvió caótica para mí, pues quedé muy débil y delicada de salud, me dieron de alta de la cesárea casi un año y medio después del nacimiento. Por su parte, el bebé prematuro demandaba cuidados y atención especial.

Años antes habíamos acordado que si podíamos tener un hijo, yo me dedicaría tiempo completo al hogar.

Lo lindo del matrimonio y lo expectante de ser ama de casa y tener un hijo, dio lugar a tensión,  falta de conversación sobre nosotros, descuido, depresión, distanciamiento, irritabilidad, cambios en los tonos de voz y agotamiento físico y emocional.

Nadie nos cuenta que eso sucederá y que hay que estar en alerta cuando se vaya empezando a fragmentar. Cuánto hubiera agradecido tener a alguien que de forma práctica, sincera y transparente me lo hubiera dicho y/o me hubiera brindado acompañamiento para que no pasara, a no dar lugar a las zorras pequeñas minando mi relación.

Tratando de estudiar sobre el tema para recuperar mi amor a mi marido, me di cuenta de que el mundo está lleno de hogares sin vida, con relaciones rotas y sin gozo por dejarse llevar por la marea de las circunstancias que han cambiado y se quedan así.

Las relaciones se hacen duraderas con diligencia y perseverancia en todo momento, hay que planear 
una estrategia para que sea llevadero y dañe lo menos posible.

Para seguir amando al esposo aun siendo padres, hay que sentarse a platicar sobre las nuevas “limitaciones” que se viven, sin dejar de ver las nuevas bendiciones. No se puede tener todo en esta vida.

Hay que disfrutar el tiempo que tengamos a nuestros hijos porque en un abrir y cerrar de ojos se van a ir. He conocido varias parejas que esperan que los “críos” se casen para poderse divorciar.

El amor es una decisión y compromiso que hay que regar y cuidar todos los días. Si quiero ser amada debo amar yo primero, como Dios mostró Su amor hacia nosotros.

Hay que esforzarse y empezar por cosas realmente sencillas. Aquí van algunas ideas:
  • Cuidar mi relación con Dios, pedirle fortaleza y perseverancia para dar amor a mi esposo.
  • Recordar la necesidad de abrazar. El abrazo da seguridad, amor, tranquilidad, quita el estrés y recupera el apego.
  • Según los expertos “hay que dar cuatro abrazos al día para sobrevivir, 8 como mantenimiento y12 para el crecimiento personal.” Así que ahí calcúlale.
  • Pregunta a tu esposo cómo se siente amado y anota sus respuestas. Luego haz papelitos con ellas y guárdalas en cápsulas vacías que puedes conseguir en las farmacias. Busca un frasco y decóralo con listones y corazones y coloca ahí las cápsulas para que cada día tengas una acción de amor para tu amado ;)
  • Compra una docena de tarjetas de San Valentín y regálale una cada mes durante tooooddooo el año!
  • Míralo y sonríe. ¡Eso llegará a su corazón!
  • Escribe una nota que diga “Te amo” junto con sus golosinas preferidas en su sillón.
  • Administra tu energía durante el día, deja para después lo que no es prioritario y prepara todo para dedicar un tiempo para conversar acompañados de un rico postre.
  • “El que tiene el estómago lleno rechaza la miel; pero al hambriento, hasta la comida amarga le sabe dulce” (Proverbios 27.7, NTV). Mímalo mucho, él tiene gran necesidad de sentirse tangiblemente amado, dale afecto, cariño y compañerismo.

Los dardos del maligno van contra la familia. La entrega se basa en lo que puedo dar, no recibir. Hay que mantener el deseo vivo de ser la mejor esposa y recordar que somos más efectivos juntos que separados.

“Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros…” (Efesios 5.2, NTV).

Cuidemos que el corazón no deje de latir por nuestro amado y seamos decididas en derramar amor hacia el complemento perfecto que Dios diseñó especialmente para nosotras.

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martes, 24 de febrero de 2015

Lo que el amor no es

La envida pone fin a las relaciones. La jactancia crea distancia. El orgullo hiere. Y todas estas cosas son atributos que no describen al amor pero que lamentablemente muchas veces caracterizan las relaciones humanas.

Decidí unirlos en un mismo artículo porque estos tres aparecen juntos en el versículo 4 de 1 Corintios 13, y de cierto modo, están emparentados.


El amor no es envidioso.

Se le atribuye a Shakespeare haber hecho célebre la frase que une a la envidia con un monstruo verde. De cualquier manera, con algo sí estaré siempre de acuerdo: la envidia es un monstruo que destruye y carcome, que termina las relaciones y enferma a sus víctimas.

La palabra original en el griego que al español se tradujo como envidioso en ese pasaje es zeloo y puede significar varias cosas, entre ellas:

Hervir de envidia, odio, ira
Envidiar
Rivalidad polémica y envidiosa, celos

Es por eso que algunas versiones dicen en lugar de “el amor no es envidioso”, “el amor no es celoso”. En realidad, las dos cosas pueden manifestarse en una relación: la envidia y los celos. La envidia separa a los esposos que anhelan los triunfos del otro, crea rivalidad. Lo que muchas veces nos presenta Hollywood con la villana y el villano que aparentemente se aman pero en realidad aman más aquello que persiguen obtener, no es pura película, sucede. Y sí, pueden existir relaciones de ese tipo, pero no es amor.

Los celos son todavía más comunes. Causan tragedias incomparables. Ahogan el gozo y claro, matan al amor. Los celos no tienen espacio en la pareja que desee amar como Dios lo diseñó. ¿Por qué? Porque la raíz de los celos está en la desconfianza, y la verdad y la desconfianza no pueden coexistir. 

Mujer, si eres hija de Dios, tienes que pedirle que te libere de la desconfianza. Si tu esposo te ha dado motivos para desconfiar, hay que resolver el problema. Pero si tu desconfianza, y por ende tus celos, vienen porque así te criaron, diciéndote que “no se puede confiar en ningún hombre” o porque has visto la traición muy de cerca y ahora no quieres confiar ni en tu sombra, ¡Cristo también vino para liberarte de eso! No hay amor donde se vive presa de los celos.

El amor no es jactancioso ni orgulloso.

“Si él no me pide perdón, yo tampoco”
“Si él me responde mal, yo también”
“Si no me habla, yo no le hablo”

La lista de ejemplos pudiera seguir, pero creo que ya captamos la idea. Estos son pensamientos que cualquiera de nosotros pudiera tener en algún momento dado y que describen algo que Dios detesta, y que no es amor. Se llama orgullo.

Estamos citando del griego para tratar de entender el sentido verdadero de las palabras de este pasaje. ¿Sabes qué quiere decir jactancioso en el original? “Uno mismo en exceso”. Yo misma en exceso. Tú misma en exceso. Es decir, demasiado de uno mismo en la relación. El amor no es así. ¡Al contrario! El amor prioriza al otro. El amor se quita para dejar que el otro brille. Se alegra con el triunfo y el bien de los demás.

De modo que, como hemos hecho con los anteriores, podríamos describirlo así: El amor no es desconfiado, no busca rivalidad, no sospecha. El amor es modesto y sencillo. El amor es humilde.


Sí, amar de esta manera es  un desafío y tal vez se pueda amar de otra, y sea más fácil. Pero entonces tendremos que inventar una palabra que la describa, pero no podemos llamarle amor, porque el verdadero amor es el que Dios diseñó.

Padre, gracias por enseñarnos el modelo del amor verdadero. Perdónanos cuando nos aferramos a otro concepto de amor. Señor, haz crecer en nosotros la humildad como fruto del Espíritu. Que podamos amar así, con un corazón sencillo, humilde, que destierre la envidia y  renuncie al orgullo. Gracias porque así nos amas tú, al punto de llegar a la cruz. En el nombre de Jesús te lo pedimos, amén.

Bendiciones en tu semana, ¡vive como Dios lo diseñó!

Wendy 

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