viernes, 26 de agosto de 2016

Una oración que todos necesitamos

En los últimos tiempo esta se ha convertido en mi oración: “Señor, dame un corazón puro y limpio; un corazón conforme al tuyo”. ¿Sabes lo que la ha motivado? Varias cosas, entre ellas saber que la Biblia dice que los que tienen un corazón puro verán a Dios.


Así que me puse a buscar qué encierra la palabra puro en ese versículo de Mateo, parte del llamado Sermón del Monte. Esto fue lo que encontré en un léxico del griego en el Nuevo Testamento:
Del griego katharos: limpio, puro; purificado por fuego; por semejanza, como una vid que se limpia al podarla y queda sana para llevar fruto.

¡Tremendo! De manera que cuando yo oro pidiéndole a Dios un corazón puro, primero estoy pidiéndole que lo limpie. Y ¿sabes?, cuando Dios limpia no lo hace solo, él recluta nuestra ayuda. Comienza a mostrarnos dónde está la basura que es necesario sacar. En el caso del corazón, los sentimientos negativos, la amargura, la envidia, los celos, y mucho más… sentimientos que luego se convierten en hábitos y actitudes, y hacen del corazón un basurero que nos impide ser un vaso de honra para nuestro Señor. 

Necesitamos que Dios nos limpie cada día. Igual que con nuestras casas, aunque quisiéramos, la limpieza no durará mucho. En el corazón es igual, la naturaleza pecaminosa que hemos heredado lucha por establecerse nuevamente. Por eso necesitamos la intervención de Dios mediante su Espíritu Santo.

Después habla de purificado por fuego. En la vida el fuego puede venir de muchas maneras, y casi siempre lo asociamos con tiempos de prueba. Cuando esas etapas llegan, nuestras reacciones y actitudes nos revelan quiénes somos realmente, cómo está el corazón. Si todo marcha sobre ruedas, como dicen, es relativamente fácil tener un corazón puro. Pero cuando el panorama cambia y las cosas no son como quisiéramos o pensamos que debieran ser, llegó el fuego que purificará el corazón. 

Te confieso que hace un par de años viví una de esas etapas, que duran meses; y no pasé con sobresaliente todas las pruebas, fueron varias. Pero el Señor lo usó para sacar de mi corazón muchos contaminantes y me ayudó a ver que aunque no me gustara “el fuego”, era necesario.

Y la última definición me resulta fascinante: “como una vid que se limpia al podarla y queda sana para llevar fruto”. Dios es el jardinero por excelencia y a menudo llega con sus tijeras para podar las ramas de nuestra vida. No siempre nos gusta el proceso. A veces duele porque nos quita cosas que nos gustan, otras a las que nos hemos acostumbrado y otras que sencillamente están robándole vida a nuestro árbol porque no aportan nada, incluso en forma de relaciones con otras personas. El secreto, sin embargo, está en la última frase: para llevar fruto. Un corazón puro hace latir una vida fructífera

Pero no hay planta que rinda una amplia cosecha si primero no se somete a la poda necesaria. Así que cuando oro por un corazón puro también estoy diciéndole a Dios que pode las ramas de mi vida y logre el fruto que él desea.

Quizá has leído este versículo infinidad de veces en tu Biblia pero, como a mí, nunca se te ocurrió que esa pequeña palabra, “puro”, encerrara tantas cosas. Te pregunto hoy, ¿estás dispuesta a orar por un corazón puro? El proceso será largo y a veces doloroso; pero el resultado es más que prometedor: ver a Dios.

El rey David lo entendió bien, y por eso a pesar de sus muchos errores, llegó a ser un hombre conforme al corazón de Dios. Lee sus palabras:
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpioy renueva un espíritu fiel dentro de mí.Salmos 51:10

Te invito a hacer de esta tu oración también, mi querida lectora. Los que buscan un corazón puro cuentan con la bendición de Dios.

Que tengas un excelente fin de semana. ¡Vive como Dios lo diseñó!


Wendy

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miércoles, 24 de agosto de 2016

Seis ideas para vivir mejor

Hace un tiempo escribí este artículo y me parece oportuno compartirlo hoy contigo ya que hemos estado hablando de enfocarnos y aprovechar sabiamente los días que Dios nos regala. ¡Espero sea de bendición!

Por alguna razón cada vez que pensaba en el artículo para hoy estas palabras venían a mi mente: “... maneras de vivir mejor tu semana”. Y aunque todavía no me explicó por qué, decidí pensar un poco en el asunto y esto fue lo que salió. 

Al final de cada punto incluí un proverbio porque ese libro de la Biblia está lleno de sabiduría. Mi deseo es, como siempre, que te sea de bendición y que este blog de hoy aunque muy breve sirva para ayudarte a vivir la vida un poco más cerca de la manera en que Dios la diseñó: abundante y plena.
  • Sustituyamos la queja con una acción de gracias. Es decir, cada vez que nos veamos tentadas a quejarnos por algo, pensemos en algo por lo que podamos dar gracias. Verás cómo la queja palidece. 
"Es mejor vivir solo en el desierto que con una esposa que se queja y busca pleitos", Proverbios 21:19. 
  • Cuando comencemos a ver los defectos en una persona y estemos prontas a criticarle, pensemos en alguna virtud que tiene y algo de nosotras mismas que quisiéramos cambiar. 
"Los labios del justo destilan bondad", Proverbios 10:32.
  • Busca la oportunidad de mostrarle a alguien el amor de Dios, de dar ánimo a quien pueda estar triste o desanimado.  
"La lengua que brinda consuelo es árbol de vida", Proverbios 15:4.
  • Si te es posible [¡y si cocinas!],  dedica hoy unos minutos a planificar el menú que tu familia comerá esta semana. Te ahorrarás tiempo decidiendo qué hacer cada día y cuando vayas al mercado no comprarás cosas innecesarias. "
"Prepara primero tus faenas de cultivo y ten listos tus campos para la siembra; después de eso, construye tu casa", Proverbios 24:27
  • Haz listas para que puedas dar prioridad a lo más importante y organizar mejor tu tiempo. Verás la satisfacción al final de la semana cuando veas cosas tachadas. 
"Los planes bien pensados: ¡pura ganancia! Los planes apresurados: ¡puro fracaso!", Proverbios 21:5.
  • Por último, pero no por eso menos importante, no faltes a tu cita diaria con Dios. Eso marcará toda la diferencia del mundo en la manera en que enfrentes tu día. No significa que todo saldrá “a pedir de boca”, pero sí cambiará nuestra actitud, y sobre todo,  nuestro corazón. 
"Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán", Proverbios 16:3.

En mi libro "Una mujer sabia" profundizamos en algunos de estos temas y añadimos otros, todos enfocados en aprender a vivir como Dios lo diseñó. {Disponible aquí}

Bendiciones,

Wendy

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lunes, 22 de agosto de 2016

Para cuando estamos perdiendo el enfoque

Apenas unos días y comenzará septiembre. ¡El año pronto llegará al final! La vida pasa rápido, eso es algo que nadie tiene que decirnos. Pero gracias a Dios que nos regala la oportunidad de vivir, de crecer, de experimentar tantas emociones y experiencias diferentes que poco a poco van conformando la historia de nuestra vida.

No obstante, porque el tiempo va tan rápido y porque la velocidad a veces nos hace perder el enfoque en lo que realmente importa, hoy quiero regalarte estas palabras. Quiero invitarte a recobrar el enfoque. Incluso si lo deseas y crees que pueden ayudarte, te sugiero imprimirlas y ponerlas donde las veas o donde las tengas a mano, para poder recordarlas a menudo.


Hoy decido volver a enfocarme...
Me enfoco en la verdad de Dios porque mis pensamientos muchas veces divagan e intoxican mi alma.
Me enfoco en la bondad de Dios, en su misericordia y gracia para conmigo porque así tendré un corazón agradecido; y la gratitud honra a Dios.
Quiero enfocar mi corazón en actitudes puras y dignas que reflejen a Cristo porque de no hacerlo, las viejas actitudes pudieran querer empañarlo. 
Al comenzar esta semana me enfoco en cumplir con el llamado de Dios a mi vida como esposa, madre y sierva, porque de eso se trata. Darle gloria a él. 
Me enfoco en amar a mi familia, en hacerles sentir amados, porque el tiempo que tengo con ellos en esta Tierra está limitado.
Me enfoco en hablar palabras de vida, palabras que alienten y sanen. Me enfoco en decir solo aquello que pueda edificar.
Me enfoco en ser una mujer sabia a la manera de Dios porque la sabiduría es el mejor vestido que puedo llevar y nunca envejece ni pasa de moda. Y porque solo así podré vencer las batallas y desafíos que tengo por delante.
Decido enfocarme en ver a los demás como los vería Jesús.  
Hoy decido enfocar mis energías en vivir como Dios lo diseñó porque no hay otra manera mejor ni posible de disfrutar todo lo que el Creador y Señor tiene para ti y para mí.

Muchas bendiciones, ¡vivamos enfocadas en la vida que Dios diseñó!

Wendy

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viernes, 19 de agosto de 2016

Cuando nos hablan de cambios... y no queremos

Cambios. Esa palabra no nos gusta mucho. Preferimos lo predecible, lo conocido, aquello en lo que ya nos sentimos cómodos. Por eso cuando a veces la escucho, tengo esa sensación incómoda, un pequeño vuelco en el corazón tal vez...el temor al cambio.

¿Qué será? ¿Será para bien… o no? ¿Cambios buenos, malos, neutros? ¿Cómo afectarán nuestra rutina, lo ya establecido? ¿Serán inmediatos? ¿Los podemos evitar?


Pero, ¿cuál es el verdadero problema con los cambios? Esta es la respuesta que Dios me mostrado: que no tenemos control sobre ellos. Piénsalo. Un cambio en la salud. Un cambio en el trabajo. Un cambio en la economía. Un cambio en los sentimientos de otra persona hacia ti. Un  cambio en la situación política del país. Y no hay nada que podamos hacer. Ese es el problema con los cambios. Muchas veces nos hacen sentir impotentes. 

Me doy cuenta de que a Dios le gusta traer cambios. Así como el agua estancada comienza a apestar y carece de atractivo, lo mismo sucede cuando nuestras vidas se estancan porque están demasiado cómodas en el reino de lo conocido y familiar. Y llegamos a pensar que tenemos el control de todo y que nada lo puede alterar. Entonces, ¡pum!, un cambio. Algo así como el despertar de un sueño a una realidad que no nos gusta, porque el sueño era mucho mejor. ¡Es que Dios está tratando o de captar nuestra atención o de hacernos mejores para su gloria, y tiene que mover el agua!

El otro día leí esta frase, desconozco la fuente: "Paz no es ausencia de conflictos sino la presencia de Jesús". Queremos una vida de “paz”, sin cambios ni trastornos, pero esa no es la verdadera paz. La verdadera paz es cuando Jesús inunda con su presencia hasta los más arduos conflictos. Es cuando en medio de los cambios, sin posibilidad ninguna de tener control, dejamos que Dios agite nuestras aguas y nos arrastre en su corriente. 

Tal vez hoy estás viviendo un cambio y estás resentida. O lo ves venir y estás tratando de huir o de evitarlo a toda costa. A lo mejor, por el contrario, estás disfrutando tranquila del agua estancada. Contenta de que nada venga a alterar el “orden”. Yo te entiendo. A mí también me gusta así. Pero, ¿sabes algo? Dios quiere mujeres esforzadas que dejen que él remueva sus aguas y traiga cambios.  

Cuando huimos, evitamos  o resentimos el cambio, nos perdemos la acción de Dios en nuestra vida. 

Jesús es el agua viva. El agua viva no es un agua estancada. Al contrario, es un agua que brota y brota sin parar; agua que refresca y limpia. La acción de Cristo en ti y en mí traerá cambios. Estos tendrán diferentes formas, tamaños y colores porque Dios trata con cada persona de manera diferente.

Tú y yo podemos decirle que sí y él sacará lo mejor de esos cambios porque lo ha prometido: 
"Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos" (Romanos 8:28).
¿Lo creemos? Entonces, seamos valientes, dejemos que su mano agite nuestras aguas y nos refresque y transforme para vivir cada día más cerca del diseño original.

Bendiciones,

Wendy

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