lunes, 13 de abril de 2015

Lo que un refrigerador me hizo pensar

En una ocasión el refrigerador de mi casa sufrió una avería. De pronto ya no salía agua por el dispensador, ni tampoco hielo. Era frustrante apretar el contacto y ver que no pasaba nada…el vaso quedaba vacío, no podía tomar agua fría, y tenía sed. Durante el proceso de arreglarlo tuvimos que regresar a la manera tradicional: llenar una jarra de agua y ponerla a enfriar.

Y mientras todo eso pasaba, este pensamiento vino a mi mente: así mismo actuamos a veces en nuestra relación con Dios, nos paramos frente a él, a esperar que nos llene el vaso, justo cuando queremos. Y si no sucede, nos quedamos frustradas.


Sustituye el vaso por un deseo que no se cumple, un sueño que no se logra, un trabajo que no llega, un esposo que no tienes, el deseo insatisfecho de ser mamá… Y vemos a Dios como una máquina dispensadora: yo echo la moneda, tú me das lo que quiero. Puede parecer exagerado, pero la realidad es que muchas veces nos comportamos así.

Sí, Dios nos ama y tiene reservadas para nosotros bendiciones increíbles, pero la meta final de Dios no es cumplir nuestra lista de deseos. No fue para eso que Jesús murió en la cruz. Fue para darnos salvación y una vida abundante; vida que va mucho más allá de satisfacer deseos que tantas veces son egoístas.

¿Qué es entonces la vida abundante? Como siempre, en la Biblia no podemos leer un versículo fuera de su contexto. Juan 10 es el capítulo donde aparece el pasaje sobre la vida abundante que tanto citamos, y que de hecho es el centro del mensaje que Dios me ha llamado a compartir. Sin embargo, si lees el contexto, este pasaje nos habla de la relación del Buen Pastor con sus ovejas. No tengo todo el espacio necesario para estudiarlo a profundidad, pero pensemos un poco.

El tema era muy familiar para el público que escuchaba a Jesús porque el pastoreo de ovejas era un trabajo común entre las familias judías. Ellos sabían bien cómo se comportaban las ovejas, cómo reconocían al pastor, y sabían también que debían cuidarlas de los ladrones humanos, y de las fieras.

La vida abundante es una vida de relación estrecha con el Buen Pastor al punto de poder reconocer siempre su voz, por encima de todas las demás. Ellas saben que el Pastor las llamará por su nombre. Le siguen y le obedecen porque reconocen que ese Pastor representa su seguridad, su bienestar. Y la vida con él es abundante. Estas ovejas saben que con él “se moverá[n] con entera libertad, y hallará[n] pastos” (Juan 10:9).

En eso consiste la vida abundante, mi querida lectora. En conocer al Buen Pastor que sabe qué es lo mejor para ti y te llevará a un campo de pastos buenos y seguros. Pero tú y yo tenemos que aprender a conocer su voz, a diferenciarla, y a seguirle, sea como sea e independientemente de lo que pensemos.

Las ovejas no discuten con el pastor, no cuestionan si el pasto al que las lleva será bueno o no. Ellas le siguen confiadas porque entienden que no hay otra vida mejor.

¿Somos nosotras ovejitas así? Estamos siguiendo al Pastor fielmente, sin cuestionar. ¿O somos como yo frente a mi refrigerador, con el vaso vacío y un tanto frustrada porque no salió el agua cuando quería?

Si queremos la verdadera vida abundante tenemos que entender esa verdad. Se trata de la relación con Jesús. De una relación que nos llena tanto, de un pasto tan verde y fresco, que todo lo demás palidece. De una vida tan segura que los ladrones de la noche no nos quitan el sueño, pero estamos alertas. Se trata de entender que conocer a Dios no es tachar los deseos de mi lista, no es pararme ante un dispensador para que llene mi vaso. Se trata de dejar que sus deseos se cumplan en mí. De prestar atención a su voz y confiar en que el vaso se llenará cuando él lo disponga.

Ah, en cuanto a mi refrigerador, gracias a Dios mi esposo lo arregló. El agua y el hielo volvieron a funcionar; pero la lección  todavía tengo que ponerla en práctica a diario y recordar que soy una oveja que sigue al Pastor. 

Bendiciones en tu nueva semana,

Wendy 

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lunes, 6 de abril de 2015

¿Y qué hacemos después del domingo de resurrección?

Lunes. Lunes después del domingo de resurrección. Lunes después de una cumbre espiritual y emocional. 

Otro lunes más. Quizá con una enorme pila de ropa esperando ser lavada, una larga lista de cosas por hacer y sin saber por dónde comenzar. Otro lunes con las mismas preocupaciones del sábado que todavía no se resuelven, solo que tuvieron un domingo de por medio. A lo mejor para ti es otro lunes de soledad, u otro lunes de dolor, o simplemente un lunes cualquiera, sin mucha inspiración ni motivación para seguir adelante.


Pero no se supone que sea “otro lunes más” después de la resurrección. ¿Qué tal si lo analizo desde otro punto de vista? ¿Qué tal si recuerdo las palabras de aquel apóstol, primero perseguidor, y luego perseguido?

“Y si nuestra esperanza en Cristo es sólo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo…  pero esta resurrección tiene un orden: Cristo fue resucitado como el primero de la cosecha, luego todos los que pertenecen a Cristo serán resucitados cuando él regrese.” (1 Corintios 15:19, 23)

Si reducimos la resurrección a un gran evento que identifica nuestra fe pero no vivimos creyéndola y teniéndola como el destino final, entonces realmente sí, es un lunes cualquiera. Si vivimos mirando a Cristo y su resurrección solo como algo de esta vida, sin recordar que aquí estamos de paso, que somos extranjeros y que todavía no hemos llegado “a casa”, realmente nos hemos perdido el quid del asunto.

La resurrección es victoria. Victoria sobre la muerte. Victoria sobre todo lo que esclaviza. Victoria sobre los imposibles. Victoria sobre los lunes comunes y corrientes.

La resurrección me recuerda que cuando conozco a Cristo puedo experimentar el mismo poder que aquel domingo inigualable lo levantó para siempre de los muertos.

La resurrección me recuerda que tengo otra oportunidad para empezar. Que así como marcó un nuevo comienzo en la historia del mundo puede marcar un nuevo comienzo en mi vida, porque ese poder, el que devoró la muerte, el poder de Dios, puede hacer cualquier cosa.

La resurrección da sentido a mi existencia si de una vez y por todas entiendo que Dios me trajo de muerte a vida y ahora tengo la misión de compartir con otros la noticia, tal y como hicieron las mujeres aquella mañana de la primera gran resurrección.

La resurrección me sirve de faro para no desviarme a izquierda ni derecha. Sí, vendrán tormentas, huracanes, sismos, físicos y emocionales, pero la resurrección me recuerda que son solo de carácter momentáneo. Ese no es el final.

La resurrección es esperanza ante el diagnóstico fatídico y la sentencia de divorcio, y también para la llamada que nunca quisiéramos recibir y para el adiós que no queremos decir. La resurrección es la esperanza de que un día habrá un amanecer diferente, sin más listas de pendientes ni soledad ni montones de ropa sucia. La resurrección es esperanza en una vida mejor, tal y como lo creyeron los héroes de la fe que menciona Hebreos 11.

Sí, es un lunes. Pero no es un lunes cualquiera porque este lunes es un regalo más para vivir la vida abundante que aquel domingo de resurrección hizo posible. Si lo miro como un lunes cualquiera me habré perdido la bendición de vivir en el poder de Dios para dejar que él cumpla su propósito y yo la misión que me haya encomendado… incluso con montones de ropa sucia, listas de pendientes y fragilidades humanas.

Hoy es lunes pero no un lunes cualquiera, hoy es un lunes donde quiero vivir conociendo más a Cristo y experimentando el poder que se manifestó en su resurrección. 

Vive como Dios lo diseñó,

Wendy

viernes, 3 de abril de 2015

Aunque el viernes sea oscuro… el domingo llegará

Muchas veces la vida parece un viernes oscuro, como aquel de hace más de dos mil años.

Para algunas personas, la oscuridad viene en forma de lágrimas de remordimiento, como pasó con Pedro. El peso de sus palabras le aplastaba y la amargura le nublaba la vista.

Para otros, el viernes llega cuando las consecuencias de las acciones no se hacen esperar, y terminan en manos de la justicia humana, como aquellos dos ladrones.

Aun en otros casos el viernes llega cuando, en lugar de estar celebrando, solo pueden mirar consternados y desesperanzados. Como todas aquellas mujeres que habían acompañado a Jesús durante su ministerio y ahora no podían celebrar la pascua porque el verdadero Cordero colgaba de un madero y sus vidas, aparentemente, habían perdido todo el rumbo.

Y para la gran mayoría, el viernes es sinónimo de final. Esperanzas enterradas, sueños sepultados, relaciones acabadas, fin de la vida.

¿Estás viviendo un “viernes”? ¿Estás quizá, como Pedro, llorando por remordimiento, aplastada por el peso de esas palabras que nunca debiste decir y ahora no puedes recuperar? ¿Será que estás viviendo las consecuencias de decisiones equivocadas y aunque te arrepientes las tienes que enfrentar, como los dos hombres colgados junto a Jesús? ¿Estás acaso viviendo un perenne viernes oscuro, sin poder celebrar la vida ni nada de lo que te rodea porque algo sucedió que te ha robado todo el gozo, todo deseo de sonreír y cantar, y agradecer? ¿Crees que toda esperanza y sueño han quedado bien sellados detrás de una piedra que nadie puede remover?


Entonces quiero decirte algo: ¡El domingo está a las puertas!

Cuando cada una de estas personas vivió aquel viernes, estaban justamente así, convencidas de que nada cambiaría, que la oscuridad en sus vidas había llegado para quedarse sin posibilidad de ser traspasada por un rayo de esperanza.

Los viernes oscuros de la vida son difíciles. El dolor en ocasiones es tan profundo que ni siquiera queremos hablarlo. Sin embargo, nos aferramos a él con toda nuestra fuerza… porque no creemos que habrá un domingo.

Muchas veces Jesús trató de hacerles entender, trató de que captaran la esperanza para que cuando llegara el viernes, se enfocaran en el domingo. Pero no lo entendieron.  Y lo mismo nos pasa a ti y a mí. A pesar de que ahora conocemos cuál fue el desenlace de aquellos sucesos, a pesar de que sabemos que el viernes no fue eterno… ¡nos cuesta cree en el domingo!

Mi querida lectora, Jesús murió un viernes para darnos un domingo de victoria…y también un lunes, un martes, un miércoles… una vida de victoria. Sí, no siempre podremos evitar los viernes, de hecho él nos lo advirtió: “en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Pero tenemos esperanza, ¡el domingo viene!

Cuando el domingo llegue, lo muerto resucitará. La amargura se convertirá en alegría, las lágrimas en risa, la desesperanza en esperanza, los sueños en realidad. Espera. No pierdas la fe. Tu viernes tiene un fin ya puesto por Dios. Aunque todo parezca oscuro, recuerda que tenemos de nuestro lado a la Luz del mundo, Jesús.

Por eso no me gustan los crucifijos, porque no creo en la muerte, creo en la vida. No creo en la derrota, creo en la victoria.

Aquel viernes el velo del templo se rasgó para que ahora tengamos acceso directo a un domingo de gracia y salvación. No tienes que hacer nada. Todo ya está hecho. Solo cree en el Hijo de Dios, que en un viernes oscuro dio su vida por ti, para que tengas siempre la esperanza de un domingo, la esperanza de una vida eterna.

La oscuridad puede cernirse sobre tu vida, y querer dejarte atrapada en un viernes, pero tú no perteneces ahí, tú tienes la garantía del domingo. ¡Aleluya!

Vive con esperanza, como Dios lo diseñó,

 Wendy 

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miércoles, 1 de abril de 2015

Luego de 20 años, bodas de porcelana

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Mi esposo, Abel, y yo, celebramos hoy 20 años de casados, ¡el tiempo vuela! Según me dijo mi mamá, son bodas de porcelana y me compartió algunos datos. Así que decidí investigar un poco más sobre este material y mira lo que encontré:
“La porcelana es un material cerámico producido de forma artesanal o industrial y tradicionalmente blanco, compacto, duro, translúcido, impermeable, resonante, de baja elasticidad y altamente resistente al ataque químico y al choque térmico…  la porcelana se cuece a una temperatura alta, alrededor de 1200 Celsius. El proceso de cocción se realiza en dos etapas. La primera corresponde a la obtención del bizcocho (850-900 °C) y la segunda corresponde al vidriado (a temperaturas que varían según el producto entre 1175 y 1450 °C)… La porcelana se suele decorar en una tercera cocción (tercer fuego) con pigmentos que se obtienen a partir de óxidos metálicos calcinados.”1
Interesante, ¿verdad? Un material blanco, un color que nos recuerda la pureza. Y es justo a eso que Dios nos llama en el matrimonio, a mantenerlo puro, sin mezclas, fiel…
“Tengan todos en alta estima el matrimonio y la fidelidad conyugal” Hebreos 13:4, NVI.
Dice también que es un material compacto y duro. Esa debe ser nuestra meta en esta relación, y es por lo que hemos luchado nosotros durante estos veinte años. ¿Qué es un matrimonio compacto, duro? Un matrimonio donde el “amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe, siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda circunstancia” (1 Corintios 13:7, NTV). Un matrimonio que resiste porque se ha forjado bajo las altas temperaturas de la vida. Igual que la porcelana. En los momentos de calor y cocción no se retracta sino que permanece y se afianza.

Como la porcelana, los matrimonios pasan por distintas etapas y en cada una de ellas algo nuevo se logra, algo se supera. Los primeros años fueron de adaptarnos el uno al otro. Estábamos en la etapa del “bizcocho de porcelana”. Muchas cosas por solidificar, otras que necesitaban derretirse y desaparecer.

Creo que ahora estamos en el vidriado, donde la temperatura varía porque tenemos hijos, en edades diferentes; tenemos responsabilidades profesionales y en el ministerio; una etapa de muchos desafíos. Ya no tenemos 20 años como cuando nos casamos y la madurez nos lleva a hacer las cosas de otra manera y a entender la brevedad de la vida como para malgastarla en pequeñeces.

Aún nos queda mucho por andar, si el Señor lo permite y nos regala muchos años de este lado de la eternidad. Entonces vendrá el decorado, cuando ya los hijos crecen y llegan los nietos; cuando las metas cambian y quizá tengamos que ayudarnos el uno al otro porque nos falle la vista o la visión. Pero entonces ya seremos una obra de porcelana completa, con adornos y todo, en la que Dios poco a poco fue formando la vasija que había diseñado desde el principio. Él es el alfarero por excelencia y si le damos espacio, hará algo lindo con cada una de las relaciones que tenemos en la vida, especialmente con el matrimonio.

No, no tenemos un matrimonio perfecto. A veces nos enojamos, otras veces nos frustramos el uno con el otro. Pero nos amamos, porque así es el amor, no espera perfección. Y si me preguntas si tengo el matrimonio que soñé cuando todavía no me había casado, tengo que decir que no… ¡es mucho mejor que cualquiera de mis sueños! Dios excedió con creces mis expectativas. Estos veinte años son realmente para su gloria, y si a alguien tenemos que condecorar con una medalla es a nuestro Señor Jesús que hasta aquí nos ha traído y que con paciencia nos ha ayudado a moldearnos y nos ha enseñado el amor, como Dios lo diseñó. En verdad un “cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. 

No me quedan dudas, si tuviera que empezar de nuevo, lo haría con los ojos cerrados.

{Te invito a leer en Con diseño divino “Si yohubiera estado en la última cena”, un artículo que escribí con la segunda lección sobre la última semana en la vida de Jesús}

Bendiciones, lectora o lector, ¡vivamos como Dios lo diseñó y tendremos la plenitud!


 Wendy 

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