miércoles, 17 de diciembre de 2014

Y se llamará su nombre... la esperanza del mundo

Y su nombre será la esperanza de todo el mundo.
Mateo 12:21

Impuestos muy altos. Opresión extranjera. Abusos. Pobreza. Desesperanza.

No son los titulares de un periódico actual, son los adjetivos que describirían la situación del pueblo judío en el año en que nació Jesús.

Como es evidente, muchas cosas no han cambiado y el último de esos adjetivos encierra el sentir de gran parte de la humanidad que escribe la historia del siglo XXI, desesperanza.

¿Y por qué? Porque al poner la esperanza en las cosas o las personas lo único que han conseguido es desesperación, desilusión, y al final, desesperanza.

Aquella noche en Belén la esperanza nació nació solo para una generación aplastada bajo el cruel dominio romano. Nació para todas las generaciones que vendrían después. Pero nació como nadie la esperaba, con muy pocos testigos y muy poca pompa. Jesús es el único rey que cambió el palacio por un pesebre, y su corona de oro por una de espinas. 

Lee conmigo Colosenses 1:27: "...la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria."  Cristo en ustedes, la esperanza de gloria. En verdad es un gran misterio, pero los que lo hemos experimentado sabemos que es real. Cristo en nosotros produce esperanza. Esperanza en la gloria que nos aguarda, en la comunión eterna con el Creador del universo, en un mundo libre de opresión, abusos, enfermedad, desilusión, dolor…desesperanza.

Quizá miras tu vida, lo que tienes por delante, lo pequeña que te sientes, pierdes la esperanza. Tal vez al pensar que no sabes lo que te aguarda ni cómo lo vas a enfrentar, también pierdes la esperanza. Es muy probable que el enemigo esté susurrando palabras de desesperanza a tu oído. No lo escuches. Cristo nació en Belén para ser en nosotros la esperanza de gloria. 

Cuando Pablo estaba terminando su carta a los cristianos de Roma, escribió: Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espíritu Santo. Nosotros tenemos a ese mismo Dios, creemos en él. Tenemos que rebosar de esperanza…y compartirla con otros.

Navidad es dar, dar esperanza a un mundo que la busca desesperadamente. ¿Ya tienes esa esperanza? Si no, hoy Dios te la ofrece y yo te la comparto. Cristo vino a Belén para convertirse en nuestra única esperanza. Acéptalo. Ábrele tu corazón. Deja que te llene de esperanza. 

Y si ya la tienes, compártela con otros.

La vida que Dios diseñó para sus hijos es una vida de esperanza. Una vida que mira al pesebre, luego a la cruz y finalmente al cielo, donde Jesús está sentando, y de donde vendrá otra vez."...aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:13).

Bendiciones mi querida lectora, ¡vive con la esperanza de Cristo!

Wendy 

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Y se llamará su nombre... gobernante y pastor

Los magos o sabios del oriente forman parte de la historia de la Navidad, aunque técnicamente no estuvieron presentes ese día. Lo cierto es que estos personajes un tanto incógnitos tenían algo muy claro, tal y como lo expresan las palabras que encontramos en Mateo 2:2:

«¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? 
Vimos su estrella mientras salía y hemos venido a adorarlo».

Ahí está, dos cosas que les hicieron recorrer una larga distancia: nació un rey y venimos a adorarle.
Solo unos versículos más adelante encontramos la profecía relacionada con esta pregunta:

“Y tú, oh Belén, en la tierra de Judá, no eres la menor entre las ciudades reinantes de Judá,
 porque de ti saldrá un gobernante que será el pastor de mi pueblo Israel”. 
(Miqueas 5:2, cursivas de la autora)

En estos versículos encontramos los próximos dos nombres de nuestra serie: gobernante y pastor. ¡Solo Dios pudiera haber pensado en semejante combinación! ¿Te das cuenta? Esas dos palabras juntas son una antítesis, se oponen. Cuando pensamos en gobernante nos resulta difícil pensar en pastor. Claro, eso sí lo hacemos en términos meramente humanos. Veamos. 


Un gobernante es alguien con completa autoridad cuyo ambiente es el de las altas esferas. Jesús calificaba, por supuesto, ¡él venía de la esfera más alta posible…el cielo! Y claro está, ya sabemos que llegará un día en que definitivamente Jesús reinará, ya no solo en el cielo sino también en la Tierra. Un gobernante es alguien que tiene dominio, autoridad, control.

Lo interesante es que este gobernante, este príncipe como dicen otras versiones, sería pastor. Un pastor es alguien que cuida, que protege, que vela por el bienestar de su rebaño de día y de noche. Un pastor guía, muestra el camino. Abre el redil y lo cierra según sea necesario.  

Jesús no solo sería un gobernante o un pastor, sería una combinación divina de gobernante-pastor para el pueblo de Israel…y para nosotros también porque ahora somos el nuevo Israel, el linaje escogido, el pueblo que Dios compró. La pregunta entonces es: ¿estamos dejando que esos dos nombres de Jesús se manifiesten en nuestra vida? ¿Gobierna Jesús mi vida, la tuya? Regresa y lee de nuevo lo que es un gobernante. ¿Lo es Jesús en nuestra mente, corazón, acciones?  ¿Ejerce él autoridad, control? ¿Dejamos que como pastor nos guíe? ¿Estamos dispuestas a escuchar su voz, la conocemos al punto de seguirle aunque no lo veamos?

Cuando el Dios hecho hombre vino a Belén, vino  para cambiar el curso de la historia. Aunque el mundo parezca estar al revés, podemos vivir seguros porque él vino para gobernar. Y vino también para con su cuidado tierno, el de pastor, guiarnos a la vida abundante que nos prometió. Mira lo que dice Miqueas 5:4-5,

Pero surgirá uno para pastorearlos con el poder del Señor,
con la majestad del nombre del Señor su Dios.
Vivirán seguros, porque él dominará
hasta los confines de la tierra.
¡Él traerá la paz!
(cursivas de la autora)

Sí, se llamará su nombre gobernante, príncipe, pastor. ¡Aleluya!  

Bendiciones,

Wendy

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Y se llamará su nombre... Príncipe de paz

…y se le darán estos nombres: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Isaías 9:6 

Paz. ¡Cuánto el mundo la ha buscado y la busca! En su nombre se han hecho muchas cosas, buenas y malas. Algunos la buscan en medicamentos; otros intentan hallarla en una vida carente de todo tipo de conflicto, el pacifismo; otros en la religión. Pero la paz no es ninguna de estas cosas. La paz es una persona.

El pasaje del principio es parte de la profecía sobre Jesús que Dios le dio al profeta Isaías. Y como vemos, entre los nombres que recibiría aquel niño de Belén está “príncipe de paz”.

Pero Jesús no vino a traer la paz que muchos esperan o buscan. La paz de Jesús no  es un tratado de no agresión entre naciones, ni la ausencia de conflictos en las relaciones humanas. Es mucho más. Es algo superior. La paz de Jesús es la paz entre Dios y los hombres. El establecimiento de un puente eterno que nos permite cruzar de la Tierra a la eternidad. Él es ese puente de paz. Solo por él podemos cruzar.

Jesús es la paz en medio del conflicto. Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

Jesús es la paz cuando el temor asoma por la ventana y quiere atarnos de pies y manos. La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden. (Juan 14:27)

Jesús es la paz que no tiene explicación. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:7)

Navidad también es paz. Si Jesús no hubiera venido a nacer, nunca conoceríamos la verdadera paz. Seguiríamos buscando aquí o allá y encontrando solo la paz temporal.

Eso era lo que había en Israel cuando el Salvador vino al mundo,  la mal llamada “pax romana”, algo que el imperio trataba de imponer por la fuerza y la opresión, y que era cualquier cosa menos verdadera paz. Por eso el profeta Miqueas declaró: “Pero surgirá uno para pastorearlos con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios.  Vivirán seguros, porque él dominará hasta los confines de la tierra. ¡Él traerá la paz!”

Aquel pueblo tan angustiado, tan rodeado de tinieblas, tan…tan parecido al mundo de hoy, recibió la esperanza de la paz en la primera Navidad.

Por eso quiero invitarte a hacer algo, relee todos los pasajes anteriores y si sientes que tu corazón está agitado, que el temor se está asomando a tu ventana, ora con ellos, y pídele al Señor que te rodee con su paz. Si quieres, anótalos y llévalos hoy contigo o ponlos donde puedas verlos. 

Y recuerda, hemos sido llamados a proclamar el evangelio de la paz, tenemos que compartir con otros lo que Dios nos ha dado en Cristo. 

Bendiciones,

Wendy
{Este artículo pertenece al archivo, publicado en diciembre de 2013}

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lunes, 8 de diciembre de 2014

Y se llamará su nombre... Emanuel

Hay “misterios” bíblicos que nunca podremos entender a cabalidad. Y el próximo nombre en nuestra serie es uno de esos misterios. Este nombre lo encontramos en el versículo 23, del capítulo uno de Mateo que hemos estado viendo:

«¡Miren! ¡La virgen concebirá un niño! Dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel
que significa “Dios está con nosotros”».

Antes de hablar del misterio, regresemos un poco en el tiempo. En la época en que Isaías fue profeta el pueblo recibió este anuncio por primera vez (Isaías 7:14). Hasta ese momento los israelitas conocían a un Dios que les identificaba como suyos; sin embargo, para relacionarse con él tenían que ir a través de una persona, el sacerdote de turno. Dios les hablaba por medio de los profetas. Por decirlo de alguna manera, no era una relación estrictamente personal. Ahora Dios les estaba diciendo que eso terminaría un día, el tiempo en que Dios parecía distante llegaría a su fin… conocerían al Dios Emanuel.

No sé si te has detenido a pensar alguna vez en eso pero a mí me deja sin palabras… y por eso lo considero un misterio. Dios dejó todo para convertirse en “Dios con nosotros”. Mateo está destacando que el nacimiento de aquel niño no era un suceso común y corriente. Nuevamente se asegura de que sus lectores comprendan que este es el cumplimiento de una profecía, y además, que no se trata de un ser humano más que nació, se trata de Dios poniéndose de manifiesto entre los seres humanos. Ahora será posible tener una relación directa, personal. ¡Eso es grandioso y a la vez incomprensible!

Sin embargo, muchas veces tú y yo vivimos igual que vivían los israelitas en los tiempos de Isaías. Vemos a Dios como una figura distante, nos olvidamos de que él “está con nosotros”, que sería otra manera de traducir el nombre Emanuel (si lo transliteramos del hebreo sería algo así `Immanuw'el). Demasiado a menudo nuestras vidas parecieran gritar “estoy sola”, “no le importo a nadie”… ¡ignoramos por completo que la primera Navidad puso fin a todo a eso! Ahora vivimos en la era de “Dios con nosotros”. ¡Jamás estaremos solos en este planeta! El mismo Jesús, Emanuel, lo dijo: “Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos” (Mateo 28:20). Interesante que estas palabras están en el último capítulo del evangelio de Mateo. En el primero este apóstol nos presenta a Jesús Emanuel, Dios con nosotros. Y termina su evangelio con la misma idea: Dios está con nosotros… siempre.

Hace un par de Navidades escribí estas palabras que quiero dejarte hoy, y mi deseo es que las recordemos, no solo en diciembre, no solo en Navidad:

      
En este enlace       te comparto un video-blog, de una serie navideña que hice también hace un tiempo, sobre este tema.

Al vivir esta semana no lo olvides, Navidad es Dios con nosotros… para siempre.

Bendiciones, 
Wendy

 Este artículo es parte de la serie: "Y se llamará su Nombre...".

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