viernes, 22 de mayo de 2015

Un mal momento no nos define

Hace un tiempo compartí una imagen que decía: La Palabra de Dios siempre es relevante. ¡Y sí que lo es!

¿Conoces esos días en los que te levantas con deseos de martillarte tu propia cabeza porque el día anterior actuaste de nuevo como muchas veces dijiste que no lo harías más? Yo sí. Y justo de esa manera me levanté.


Con mi taza de café y mi Biblia color turquesa me senté a leer en Efesios.  Y llegué a Efesios 3 con esa sensación de querer martillar mi cabeza porque mi esposo y yo tuvimos un desacuerdo tonto, más por mi percepción que por otra cosa.
Aunque soy el menos digno de todo el pueblo de Dios, por su gracia él me concedió el privilegio de contarles a los gentiles acerca de los tesoros inagotables que tienen a disposición por medio de Cristo. (v. 8)
Así me sentía yo, la menos digna de todo el pueblo de Dios... porque ¿sabes algo?, cuando estamos en el ministerio de vez en cuando caemos en la trampa de creer que tenemos que ser dignas, se nos olvida que nunca lo seremos, nunca podremos ganarnos esa etiqueta. Se nos olvida que de vez en cuando fallaremos, que diremos algo que no debimos decir, que no podemos ser perfectas.

Es lo que viene después de esa primera frase del versículo lo que me dio fuerzas para seguir escribiendo, para seguir creyendo al llamado de Dios, a pesar de mí misma: por su gracia.

Todo es por la gracia de Dios. Y punto.

La gracia es aquello que recibimos sin merecer. Dios nos ama por su gracia. Nos levanta por su gracia. Nos usa por su gracia. 

Por la gracia de Dios tenemos acceso a tesoros inagotables. ¡Qué dos palabras para poner juntas!  Tesoros, algo de mucho valor. E inagotables, nunca se acabarán, no son como una cuenta en un banco ni como la juventud a la que muchos consideran divino tesoro. Por la gracia de Dios tenemos acceso a esta fortuna: tesoros inagotables. ¿Qué son? Vida eterna, herencia incorruptible, paz incomprensible, amor perfecto, perdón incondicional. Gracia.

A lo mejor hoy tú te sientes así también. Que no eres digna, que Dios no puede hacer nada bueno contigo. Que no sirves como mamá, o como amiga, o como esposa… ¡mucho menos como sierva del Dios altísimo! ¿Me permites animarte con la misma palabra que me animó a mí?

TODO ES POR LA GRACIA DE DIOS.

No hay nada, absolutamente nada que tú y yo podamos hacer para que esa gracia no nos alcance. Sí, cuando nos equivocamos nos duele, ¡te lo garantizo por experiencia! Pero Cristo no murió en la cruz para que vivamos con actitud de derrota. La cruz es símbolo de victoria y de gracia.

Amiga lectora, todas tenemos “esos días” o “esos momentos”, pero no tienen que definirnos. El mismo Pablo nos lo recuerda: “'Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad'. Así que ahora me alegra jactarme de mis debilidades, para que el poder de Cristo pueda actuar a través de mí.” (2 Corintios 12:9)

Cuando hoy, o mañana, o la semana que viene, quieras martillarte la cabeza, incluso con razón, recuerda, todavía tienes la gracia de Dios. 

No quiero despedirme sin reiterarte la invitación para el estudio de Una mujer sabia, que comenzamos el lunes. Aquí tienes los detalles. Te pido apoyo en oración por esta jornada y por todas las mujeres que se han dispuesto a decirle sí a Dios y buscar de su sabiduría. ¡Gracias! Y si eres un de ellas, ¡bienvenida a bordo! 

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy 

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miércoles, 20 de mayo de 2015

La única manera de vivir sin temor

Hace tiempo quiero escribir de esto, y lo haré hoy.

Cuando era muy jovencita leí un libro, el testimonio de Joni, y por alguna razón que solo pudiera explicarse con las ideas de una mente adolescente, comencé a pensar que si le decía sí a Dios, sin reservas, podía sucederme algo semejante a lo que pasó con Joni. Si no conoces su historia, te animo a leerla.

La realidad es que el tiempo fue pasando y la lucha seguía escondida dentro de mí. Una lucha que pudiera traducirse como temor. Temor a que Dios, de alguna manera, quisiera traer a mi vida “pruebas” tan difíciles y duras que acabarían con todo.


Tomó años, mucho estudio de la Palabra y sobre todo llegar a conocer bien al Dios en quien he creído, para entender algo: la única manera de vivir libres de temor es cuando comprendemos que Dios nos ama, nos ama infinitamente, y es justo ese amor lo que hace que él solo busque el bien para nuestra vida.

Cuando no tenemos claro este concepto, vivimos presa de los temores que te mencioné arriba, o de muchos otros. Pero mira lo que nos dice el apóstol Juan quien, en mi humilde opinión de alguien que no es exégeta ni erudita, fue de los doce el que mejor entendió que Dios es amor: 
“Nosotros sabemos cuánto nos ama Dios y hemos puesto nuestra confianza en su amor… En esa clase de amor no hay temor, porque el amor perfecto expulsa todo temor. Si tenemos miedo es por temor al castigo, y esto muestra que no hemos experimentado plenamente el perfecto amor de Dios” (1 Juan 4: 16, 18).
Dos verdades clave aquí: Primero, Dios nos ama con amor perfecto. Segundo, tenemos que poner nuestra confianza en su amor. De modo que lo primero es de parte de Dios. Lo segundo nos corresponde a ti y a mí. Cientos de predicadores te lo pueden decir, lo puedes leer, pero si no lo crees en tu corazón, de nada valdrá.

Sí, ya sé lo que estás pensando… que incluso a gente que ama a Dios profundamente, que tienen una fe increíble, le suceden cosas duras, difíciles….aparentemente malas. ¿Y qué hacemos entonces con Romanos 8:28?
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. (NVI, cursivas de la autora)
Creo que por en muchos casos hemos interpretado mal el pasaje. Pablo no está diciendo que todo lo que nos suceda será bueno, lindo, fácil, etc. Lo que el apóstol está diciendo es que Dios usará todo lo que nos suceda para nuestro bien, para lograr su propósito en nuestra vida…su voluntad agradable y perfecta. Sucede que nuestro concepto de algo “bueno” no siempre se corresponde con la idea de Dios y es ahí donde vienen nuestras frustraciones y temores.

Sin embargo, si entendemos y creemos que Dios nos ama con amor perfecto, entonces podemos vivir libres del temor, venga lo que venga, porque nada nos podrá separar de su amor. Y al final, será su amor lo que nos perfecciona, lo que nos hace semejantes a Cristo y lo que nos lleva a cruzar al otro lado de la eternidad.

Mi querida lectora, ¿vives víctima del temor, presa? Permíteme hablarte con toda dulzura y honestidad: necesitas aceptar el amor de Dios y esconderte en él. Deja que te envuelva. Atesora esta Palabra en tu corazón: 
“Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes” (Efesios 5:17, cursivas de la autora).
Dios ama a Joni ahora, con el ministerio internacional que tiene, y la amó igual cuando a los 17 años ocurrió su accidente. Su propósito se ha cumplida de una manera inigualable y esta mujer ha bendecido millones de vidas. No soy quién para decirlo, pero quizá si Joni no fuera cuadripléjica, su vida no hubiera tenido el impacto que hemos visto. No lo sé, pero sí sé que ella confía en el perfecto amor de Dios. Y ha vivido para darle gloria.

¿Y sabes? De eso se trata. No de que Dios cumpla todos nuestros sueños sino de que nosotras vivamos los sueños de Dios.

Vivimos en un mundo caído, donde suceden cosas que nos dejan sin habla, que nos hieren, nos enferman. Pero tenemos la promesa del amor inagotable de Dios. Lee los Salmos y verás cuántas veces se menciona “tu amor inagotable”.

Sé libre hoy, hija de Dios, porque él te ama; y porque te ama, solo buscará tu bien. Confía en su amor.


Bendiciones,

Wendy 

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El lunes comenzamos el estudio en línea de "Una mujer sabia". Todavía estás a tiempo de sumarte. Todos los detalles en este enlace

lunes, 18 de mayo de 2015

Una anuncio e invitación para ti

¿Si tuvieras la posibilidad, te gustaría regresar en la máquina del tiempo y cambiar alguna o algunas decisiones? Sé que yo lo haría. Lamentablemente muchas cosas son irreversibles y no se pueden cambiar. 

Sin embargo, sí podemos aprender a hacerlas de una manera mejor y decidir de tal forma que al pasar los años no tengamos que sentir dolor sino satisfacción. Dicho en pocas palabras: necesitamos aprender a tomar decisiones sabias en la vida, en todos los aspectos, desde nuestra palabras hasta la manera en que tratamos a nuestros esposos o cómo usamos los recursos que Dios nos da.

Fue por eso que escribí “Un mujer sabia”, porque entiendo que Dios nos ha dado las pautas y si las seguimos, nuestras decisiones no serán razón para lamentarnos.

Hace ya un mes que salió el libro y quiero darle gracias a Dios porque este fue un sueño que él puso en mi corazón y es una contribución pequeña a la expansión de su verdad en esta generación de mujeres que quieren vivir como él lo diseñó.

Por eso quiero hacerte una invitación, ¿te gustaría estudiar el libro junto conmigo? Sé que algunas seguidoras del blog ya lo están haciendo pero ahora la convocatoria es para que lo hagamos todas juntas, comenzando el lunes 25 de mayo.


¿Qué necesitas para participar? Muy poco. El libro, claro está (puedes adquirir tu copia digital aquí); tu Biblia; una libreta para anotaciones, tus propias oraciones, etc.; y el compromiso de dedicar unos minutos al estudio según corresponda. Además quiero pedirte disposición para compartir tus comentarios en el blog, en Facebook o Twitter. Vamos a usar la etiqueta #unamujersabia.

¿Cómo te inscribes? Si ya recibes el blog, pues no tienes problemas porque te llegarán las publicaciones. Si no, pues suscríbete hoy y listo (en la página principal encontrarás una casilla arriba a la derecha, sigue las instrucciones). Es así de sencillo.  

Y lo mejor es que para participar no tienes que ir a ningún lugar, puedes hacerlo en tu casa o en cualquier otro lugar. ¡También puedes invitar a tus amigas! 

Si te parece una buena idea, y quieres o puedes sumarte, deja tu comentario en este artículo o en alguna de las redes, no olvides usar la etiqueta #unamujersabia.

Por hoy esto es todo, ¡espero tus comentarios! Ah, y muy pronto, Dios mediante, tendremos el libro en rústica (paperback). ¡Te pido oración! 

Muchas gracias, mi querida lectora, por todo tu apoyo. Especialmente a aquellas de ustedes que ya han podido adquirir el libro. Y también a las que han contribuido dejando su opinión en amazon

Bendiciones y que tengas una linda semana,

Wendy 

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viernes, 15 de mayo de 2015

Una Palabra que tiene poder para hacer muchas cosas

Conocí a un pastor norteamericano que ya está con el Señor pero fue un gran conocedor de la Palabra y excelente predicador.  En una oportunidad, cuando servía como orador principal de un retiro en el que yo participaba como su intérprete, nos dijo sobre la manera en que él estudiaba la Palabra de Dios que nunca he olvidado. 

Nos contó que cada vez que se sentaba a leerla, él oraba con las palabras del versículo 18 de Salmos 119: “Abre mis ojos, para que vea las verdades maravillosas que hay en tus enseñanzas”. ¡Cuánta sencillez y a la vez profundidad! Con nuestros ojos naturales podemos leer la Biblia pero no descubriremos su verdad; sin embargo, cuando Dios abre nuestro ojos, las maravillas de sus enseñanzas comienzan a cobrar vida. No sé si lo has probado, pero la próxima vez que te sientes a leer la Biblia, pídele a Dios que abra tus ojos para que puedas ver lo que él tiene para ti.

Y es evidente que el autor de Salmos 119 tenía sus ojos bien abiertos porque mira lo que escribió en el versículo 25: “Estoy tirado en el polvo; revíveme con tu palabra”. Este hombre entendió que solo la Palabra de Dios puede revivirnos cuando estamos en los sitios más oscuros y profundos. Esa es una de sus maravillas. 

Imagino que tú, como yo, has pasado por momentos de sentir que estás tirada en el polvo. ¿Cuál es tu reacción? Muchas veces lloramos, otras corremos a contarle a alguien, quizá como a mí te gusta escribirlo, pero la verdad es que ninguna de estas cosas nos puede revivir, solo la Palabra de Dios tiene ese poder.  Y fíjate que aunque este hombre sufría tristeza, él buscaba aliento en la Palabra (“Lloro con tristeza; aliéntame con tu palabra”, v. 28). El arma número uno contra el desánimo, la tristeza y muchas otras cosas que el maligno trata de presentarnos tiene que ser la Palabra de Dios.


Observa lo que dice el versículo 29: “Líbrame de mentirme a mí mismo; dame el privilegio de conocer tus enseñanzas”. ¡Cuántas veces vivimos experiencias que solo son el resultado de mentiras que nos creemos, o incluso concebimos en nuestra propia mente pero que no tienen nada que ver con la verdad de Dios! No sé tú pero yo quiero usar este versículo como oración personal. No quiero tener “mi verdad”, solo quiero la verdad de Dios. 

La Palabra de Dios “deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos”, nos revela la verdad. No quiero vivir engañada ni presa de mis percepciones o conceptos, quiero la verdad de Dios que es la única que nos hace libres… y felices.

Lee conmigo el versículo 35: “Hazme andar por el camino de tus mandatos, porque allí es donde encuentro mi felicidad”. Estoy segura de que quien escribió esto ya había probado otros caminos donde no encontró la felicidad que buscaba (lee el versículo 36). Quizá halló alegría momentánea, satisfacción temporal. Pero llegó a entender que al andar en los caminos de Dios experimentamos la verdadera felicidad. ¿Qué clase de felicidad estamos buscando? ¿Efímera, como todas las cosas de este mundo, o eterna, como lo que Dios nos ofrece al vivir conforme a su Palabra? Más de una vez me he sentido atraída por lo efímero, al punto de que me quita la alegría… ¡qué búsqueda tan inútil! 

Mi querida lectora, no caigamos en esa trampa. Tenemos la oportunidad de experimentar una felicidad superior. Busquemos la obediencia a Dios. No siempre será fácil. Es un acto contrario a nuestra naturaleza caída e imperfecta. Pero ¡cuán grande es la recompensa! Lee Deuteronomio 28 y verás la gran diferencia entre obedecer los mandatos de Dios y no hacerlo.

Yo quiero, como el autor de Salmos 119, apartar mis ojos de cosas inútiles y vivir la vida como Dios la diseñó, una vida regida por su Palabra. ¿Tú también? Espero que sí.

Muchas bendiciones en tu fin de semana,

Bendiciones,


Wendy 

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