viernes, 21 de noviembre de 2014

Crónica de un corazón agradecido

Cuando el auto en que viajábamos parte de las participantes en el retiro finalmente llegó a la carretera que desciende al valle, yo apenas podía contener la emoción. ¡Tantas veces había recorrido ese camino!


Fue allí, cuando tenía 16 años, que Dios por primera vez me llamó a consagrarle mi vida… y ahora, más de dos décadas después, regresaba a cumplir con aquel llamado. Estuve en el Campamento de la Convención Bautista de Cuba Occidental como conferencista de su retiro anual de femeniles. Lo que Dios hizo en aquel lugar no alcanzo a expresarlo en palabras, es difícil decir con letras lo que solo entiende el corazón, pero sí te puedo asegurar que cada uno de mis poros transpira gratitud.  

Hablamos de cambiar nuestro vestuario, una renovación del clóset del alma. ¡Y sí que la necesitamos!



 
¿Sabes? Las carencias y las ausencias generan una pasión incomparable por Aquel que todo lo tiene y todo lo suple. Escuchar el coro de unas 200 voces femeninas inundar el silencio del valle con sus alabanzas hacía que mis ojos se llenaran de lágrimas. ¡No siempre escucho esa pasión en el aire acondicionado y las comodidades del primer mundo! Y por favor, entiéndeme, no estoy juzgando, solo que en verdad el tenerlo todo, o casi todo, a veces nos enfría el alma.

Aquellos palmares fueron testigos de oraciones que tocan sin cansarse las puertas del cielo y claman por esperanza, pero sobre todo, salvación. 


Los rincones escucharon peticiones sinceras, profundas. El viento se paseó entre corazones que de rodillas ante la presencia de Dios hacían un pacto de entrega y rendición. 



Hice varias oraciones antes de irme a Cuba, pero una de ellas no dejó mi mente ni un instante: Dios, toca las vidas, hazte presente, que no nos vayamos igual que como vinimos. Solo puedo decirte algo: Él escuchó. 

Sí, cuando uno viaja a un lugar así el motivo número uno es ser de bendición para otros, pero pronto nos damos cuenta de que el proceso se invierte. Nos vamos bendecidos, más que bendecidos.  Las sonrisas, los abrazos, las lágrimas, los saludos, las palabras, se convierten en regalos a los que nadie puede poner precio y artículos que no caben en ninguna maleta, solo la del corazón.


Me fui a Cuba con un equipaje y regresé con otro. Regresé con el compromiso de orar por una muchacha que es, literalmente, un milagro caminante. Regresé con la convicción de que tenemos mucho más de lo que creemos necesitar. Regresé muda ante la bondad de Dios. Regresé con la certeza, una vez más, de que el Señor es quien guarda nuestra salida y nuestra entrada. Regresé con canciones que ahora para siempre me recordarán a Cuba. Regresé con la imagen vívida de un amanecer incomparable. Regresé con amigas nuevas. Regresé con recuerdos indelebles de momentos compartidos con amigas de siempre. Pero más que nada, regresé convencida de que no importa cuán diferentes sean nuestras circunstancias, nuestro Dios es el mismo, y nuestras vidas tienen en común mucho más de lo que imaginamos. 


Los caminos de Dios son realmente sorprendentes. ¡No fue casualidad que este viaje coincidiera con el mes de noviembre y el desafío a dar gracias! Me ha dado motivos de sobra para agradecer; tanto así que, aunque lo intento, no encuentro más palabras.

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Alza tus ojos en gratitud

¿Alguna vez te has detenido a mirar el cielo? Pudiera parecer una pregunta tonta pero en la sociedad que vivimos, al menos en Norteamérica, muy pocas veces nos detenemos a contemplarlo. Y cuando sí lo hacemos, poco se ve porque las luces de la ciudad nos impiden ver las estrellas.

Cuando mi esposo y yo éramos recién casados y vivíamos en otro país, a veces subíamos a la azotea de la casa a mirar las estrellas. Sí, era romántico, pero también era una experiencia de adoración. Observar juntos la maravilla del firmamento lleno de estrellas, unas aisladas, otras agrupadas. A él le gustaba mostrarme las constelaciones y explicarme las formas y los nombres de estas.

Nuestra casa de ahora, aunque en una ciudad muy grande, está en un área menos poblada y una noche mientras caminaba por el vecindario alcé los ojos  para mirar al cielo y me di cuenta de que hacía días que no lo hacía. Una vez más me dejó maravillada...

PARA LEER EL RESTO, SIGUE ESTE ENLACE, HOY ESTOY EN BIBLIAVIDA.COM Y CROSSWALK.COM.

Un versículo que puedes usar en la guirnalda de gratitud:

“Den gracias al que hizo los cielos con tanta habilidad. Su fiel amor perdura para siempre” 
(Salmos 136:5, NTV).

El viernes voy a compartirte mi gratitud por la oportunidad maravillosa que el Señor me regaló de poder ir a Cuba y compatir la Palabra de Dios con las mujeres de mi país natal.

Bendiciones,

Wendy

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viernes, 14 de noviembre de 2014

Dios es fiel, siempre

Este artículo fue del desafío del año pasado, pero creo que vale la pena que lo compartamos de nuevo. 

Dios es fiel. Esa es una verdad que tenemos que creer aunque nos cueste. Y la razón por la que creo nos cuesta tanto es porque nosotros no lo somos. Nuestra fidelidad muchas veces oscila entre la duda y el temor… o en serles fieles a otras cosas o personas antes que a Dios. Y este es un problema muy viejo, el pueblo de Israel batalló con él una y otra vez.  


Cuando vienen situaciones que amenazan nuestra estabilidad tememos, dudamos de si Dios realmente hará lo que dice y cumplirá lo que promete. Se nos olvida que él es fiel, es parte de su naturaleza inconmovible. La nuestra, bajo la influencia de un mundo caído e imperfecto, tiende a pensar que tal vez nos falle, que quizá por esta vez los asuntos de otros hagan que los nuestros pasen inadvertidos para Dios. 

Otras veces, cuando las cosas marchan bien, entonces nos creemos que realmente es porque somos muy buenas, diligentes, esforzadas… y cambiamos la lealtad a Dios por la lealtad al “yo”. 

De alguna manera Satanás se las arregla para que creamos o siquiera contemplemos estas mentiras. ¿El antídoto? El mismo que usó Jesús en su contra durante aquel encuentro crucial en el desierto: la Palabra de Dios. Para esos momentos en que nos veamos tentadas a dudar de la fidelidad de Dios, o a cambiar nuestra fidelidad hacia él, usa su Palabra como arma, y aférrate a ella. 

Y no olvides esta otra verdad: la fidelidad de Dios no depende de nosotros. Cada mañana él promete renovar su misericordia, su bondad. Lo dice Lamentaciones 3:23. Dios ha hecho un pacto con nosotros a través de la sangre de Jesucristo, y es un pacto eterno. Nada lo puede romper (Hebreos 9:15). Él nos ama con fidelidad. ¡Qué gran motivo para darle gracias! 

Quizá nunca te habías detenido a pensar en eso, pero te invito a considerarlo hoy. Dios ha sido fiel.  

Si estás haciendo la guirnalda de gratitud, tal vez sea buena idea que escribas momentos en los que has visto claramente la mano fiel de Dios. 
“Pues el Señor es bueno. Su amor inagotable permanece para siempre, 
y su fidelidad continúa de generación en generación” 
(Salmos 100:5, NTV).

Que tengas un excelente fin de semana,

Wendy

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

La gratitud tiene beneficios

Algunos estudios han revelado los siguientes resultados vinculados a la gratitud:  
  • Tener menos estrés y depresión
  • Avanzar hacia las metas personales importantes
  • Tener niveles más altos de decisión y energía
  • Sentirse más cerca en sus relaciones personales y el deseo de construir relaciones más fuertes
  • Aumenta la felicidad en un 25%
Con solo mirar esa lista basta para comprender que adoptar la gratitud como un estilo de vida tiene beneficios extraordinarios. Pero para que algo llegue a ser parte de nuestro andar cotidiano, tenemos que decidir practicarlo de manera consciente.

Hoy en estoy en BibliaVida.com y quiero hablarte de los beneficios espirituales de dar gracias. ¿Me acompañas? Sigue este enlace.

Bendiciones,

Wendy 

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