viernes, 19 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... una esposa fuera de lo común

Pasaje para leer: Efesios 5:21-31

Mientras comienzo a escribir este artículo le pido al Señor que dé claridad a mi mente para que las palabras puedan transmitir un mensaje claro y sobre todo, cargado de la verdad de su Palabra. Sé que el tema de la sumisión en el matrimonio es escabroso para algunos, molesto para muchos y para otros, doloroso.Pero no debiera ser así.

Voy a usar partes de artículos anteriores, dirigidos tanto a esposas como a esposos, pero con elemento nuevos sacados directamente de esta carta de Pablo. Hoy nos dedicaremos a las esposas, por cuestión de tiempo. El lunes hablaremos a los esposos (sí, hay lectores hombres en este blog… ¡empezando por mi esposo!, y les agradezco sus comentarios y apoyo).

Empecemos por definir algo, y ese algo es la palabra someterse. No voy a ir a la Real Academia, en este caso vamos a usar el griego porque eso nos dará luz en la idea original.

El versículo 21 dice: “sométanse unos a otros por reverencia a Cristo”. Esa palabra sométanse viene del griego hupotasso y me gustaría mucho que prestaras atención a esta definición:

Un término militar griego que significa “arreglar [las tropas] de manera militar bajo el comando de un líder”.  En el uso no militar era “una actitud voluntaria de ceder, cooperar, asumir responsabilidad y llevar una carga”.

¿Te resulta tan fascinante como a mí? Léelo de nuevo, con más detenimiento, y dale tiempo a tu cerebro para que lo procese… No se parece en nada a la idea que muchas veces tenemos, ¿verdad? Y quiero que notes algo, Pablo les dice que se sometan unos a otros. Por demasiado tiempo hemos obviado el versículo 21 y nos vamos directo al 22.

Ahora bien, te cuento de mi experiencia, como la narré en otro artículo, porque quizá te esté pasando o te haya pasado.

“Al crecer en un país donde la 'liberación de la mujer' era una lema constante; el aborto prácticamente un método anticonceptivo; y casarse virgen un rezago burgués del pasado, no es de extrañar que la palabra sumisión me pusiera los pelos de punta y me diera deseos de tachar ese pedacito de la Biblia. Con honestidad lo digo. Y a pesar de llevar algunos años conociendo a Cristo y la Palabra, cuando me casé todavía tenía este problema con la palabra sumisión. En mi mente se pintaba el cuadro de una mujer que no podía hablar, ni opinar, ni tener conocimiento alguno, salida de un libro de historia muy antigua. 

Sé que el Espíritu Santo ha tenido que trabajar horas extra para hacerme entender este asunto. Y también darle una dosis triple de paciencia a mi esposo para soportar mis traumas correspondientes con la tan temida, mal usada y malinterpretada palabra sumisión.

Aunque nunca se lo dije directamente, en mi corazón ocurría un diálogo más o menos así: “Yo no voy a someterme jamás a ningún hombre. Dios nos creó iguales a los dos y para él no hay diferencias. La esclavitud se acabó hace muchos años. Yo gano dinero, soy profesional y sí, estamos casados pero eso no quiere decir que tengas derechos sobre mí.” Tremendo, ¿no?  Si me preguntas si esa actitud me hizo feliz alguna vez, tengo que responderte con sinceridad: No.

Así fue, y hago un paréntesis para decir dos cosas. La primera, las influencias del mundo que nos rodea son muy grandes y no las podemos ignorar. Cuidemos lo que vemos, escuchamos, lo que conversamos con nuestras amigas. ¿Por qué? Porque sin darnos cuenta podemos permitir que sean esas cosas y no la Palabra de Dios la que moldee nuestra visión del mundo, la familia, el matrimonio, la crianza de los hijos, etc.

La segunda cosa, como dije al principio, este es un término muy temido, mal usado y malinterpretado incluso dentro de la iglesia cristiana. En ningún momento esta palabra es sinónimo de ignorante, esclava, mujer maltratada, carente de opinión, y mucho menos abusada.”

Por eso quise comenzar dándote una definición del término sumisión, para que entendamos que nuestro Dios no es machista ni nada semejante.  Si pudiéramos parafrasear el versículo, usando dicho significado de la palabra, sería algo así:

Por reverencia a Cristo, esposo y esposa tengan una actitud voluntaria de ceder, cooperar, asumir responsabilidad y llevar las cargas.

¡Qué diferente! Volvamos entonces a lo que escribí hace un tiempo:

“… ¿qué es la tan famosa sumisión en el matrimonio? Te lo voy a definir con la respuesta que le di a mi esposo luego de pedirle que me dijera honestamente si creía que yo había llegado por fin a entender el concepto. Él con mucha sabiduría, me devolvió la pregunta: “¿Qué es para ti la sumisión en el matrimonio?” Esta fue mi respuesta y es la definición que he llegado a entender a la luz de la Palabra de Dios: ‘Seguir el liderazgo del esposo’.”

Y seguirlo de manera voluntaria, dispuesta a cooperar, a asumir mis responsabilidades y compartir las cargas.

“Ahora bien, este artículo está dirigido sobre todo a esposas cristianas y con esposos cuyo liderazgo esté basado también en lo que Dios dice. ¿Estoy implicando que si tu esposo no es cristiano te rebeles e inicies una revolución feminista? No. Y no. Lo que quiero decir es que si tu esposo no es cristiano tendrás que ser muy cuidadosa de que su liderazgo no te lleve a hacer algo en contra de los principios que Dios establece en su Palabra. Además digo que si estás en medio de una relación abusiva, no puedes sostenerla en nombre de la “sumisión al esposo”. Es evidente que no puedo abarcar aquí todo lo que quisiera con respecto a esto, pero quería dejar claro ese punto.

Volviendo a la definición que di antes, seguir el liderazgo del esposo, ¿cómo lo hacemos cuando quizá no estemos de acuerdo en algo, cuando pensemos que hay otra manera mejor o diferente de hacer las cosas, o cuando nuestro temperamento quiera imponerse?

Hay que entender que esto es un mandato bíblico, no algo opcional. “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor” (Efesios 5:22). Pero no olvidemos el contexto del pasaje. Lee el versículo anterior. “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”, (v. 21). Seguir el liderazgo de tu esposo muestra reverencia a Cristo, muestra que reconocemos que, como dice el versículo que sigue (v. 23), estamos siguiendo el orden establecido por Dios para la familia y la iglesia. ¿Fácil? A veces no. Las personalidades chocan, el orgullo estorba, los caprichos quieren salirse con la suya. A veces nos toca orar para que el Señor nos ayude, nos ablande el corazón, nos dé sabiduría en cómo reaccionar y tratar la situación. Pero al final, es lo mejor porque honra a Cristo.

Yo tengo una hija y muchas veces pienso en cómo lo que ella en ve en mi trato con mi esposo va a influir en su futuro. A veces no le he dado un buen ejemplo. Pero me he propuesto, con la ayuda del Señor, mostrarle cuál es el comportamiento de una esposa que ama a Cristo, quiere honrarle y quiere que su familia agrade a Dios. El mundo en que ella está viviendo dice todo lo contrario, por eso lo que vea en su hogar es sumamente importante."

¿Quieres ser una esposa que viva la vida que Dios diseñó, que camine en su luz? Tienes que establecer como prioridad mostrar reverencia a Cristo, y la manera en que te comportes en tu matrimonio dirá mucho al respecto.

Resumen:
  • La sumisión en el matrimonio es mutua.
  • Sumisión no es sinónimo de ignorancia, esclavitud o abuso.
  • Someternos a nuestros esposos es seguir su liderazgo; es tener una actitud voluntaria que cede, que asume sus responsabilidades y que comparte las cargas.
  • La sumisión de las esposas muestra nuestra reverencia a Cristo.
Preguntas para estudio personal
  1. Lee 1 Pedro 3:4. ¿Cómo puedes aplicar este versículo al tema de hoy? ¿Qué es para ti una mujer con espíritu apacible?
  2. ¿Batallas con el tema de seguir el liderazgo de tu esposo y someterte al mismo? ¿No está segura de si es tu caso? Pídele a Dios que te revele si es así y en qué aspecto no lo está haciendo. Es posible que necesites conversar con tu esposo y juntos, en amor, trabajar para mejorar este aspecto de la relación.
  3. Proverbios 31:11 es un pasaje muy conocido. Léelo otra vez, y si es posible, usa varias versiones. ¿Por qué crees que este hombre podía confiar en su esposa? ¿Cómo se aplica al tema de hoy?

Antes de despedirnos, quiero decirte algo: Esto no es algo que podamos cambiar de un día para otro, toma tiempo y la acción del Espíritu Santo en nuestra vida. Pero necesitamos decidirlo primero. Sin embargo, a medida que veas el cambio que Dios obrará en ti, celebra tu pequeña victoria y dale gracias por hacer de tu hogar algo más parecido al plan que él trazó en el diseño original.

Como siempre, agradezco tus comentarios y/o mensajes. Así que la invitación está hecha.

Bendiciones en tu fin de semana, 


Wendy

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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... no bajes los estándares

Pasaje para leer: Efesios 5:1-20

Vivimos en tiempos donde los estándares se rebajan cada vez más, o se borran. El relativismo es la
característica número uno de la sociedad postmoderna. Sin embargo, tú y yo, hijas de Dios y llamadas a vivir en la luz, no podemos sumarnos a esa mayoría.

La Palabra de Dios no es relativa, es absoluta. Y sí, muchos pueden decir que es dogmática, y no hay nada de malo en ello porque un dogma a fin de cuentas es aquello que establece los fundamentos de todo sistema, ciencia, doctrina o religión, según lo define la Real Academia. No hay que ser muy conocedor para entender que todo lo que carece de un fundamento firme, se cae, y por eso vivimos en una sociedad que poco a poco se desmorona porque ladrillo a ladrillo le estamos quitando el cimiento. ¿Cuál cimiento? El establecido por Dios.

En los primeros 14 versículos del capítulo 5 de Efesios Pablo se dedica a hablarles de asuntos morales y comienza por decirles que los asuntos de inmoralidad sexual ni siquiera deben mencionarse entre ellos. Es evidente que los problemas con una moralidad fuera de los estándares establecidos por Dios no es un problema de la iglesia de hoy, también los tenían las primeras iglesias. Aunque el mundo secular batalla por echar al suelo la moral, nosotros tenemos que ser un baluarte de los valores que Dios ha establecido claramente en su Palabra. Como madres, por ejemplo, tenemos la responsabilidad de mostrar a nuestros hijos cuáles son dichos valores, no según nuestra opinión, no según lo que les enseñan en las escuelas, no según lo que les vende la televisión, sino en base a lo que Dios declara. La lucha es enardecida, y cada vez se hace más difícil porque nos catalogan de intolerantes y retrógradas, pero la realidad, mi querida lectora, es esta: con Dios no hay medias tintas ni términos relativos; todo está muy bien definido. En la sección de las preguntas te voy a remitir a varios pasajes para ver cuáles son los principios morales que Dios establece. Pero fíjate bien lo que dice el versículo 6:

“No se dejen engañar por los que tratan de justificar esos pecados, porque el enojo de Dios caerá sobre todos los que lo desobedecen”

La Palabra es clara y lo estamos viendo a nuestro alrededor: la gente, la sociedad intenta justificar la inmoralidad, pero Dios no lo acepta. Punto.

Es interesante que Pablo una a la inmoralidad sexual, la avaricia (v. 3). ¿Por qué será? Creo que una posible explicación es esta: ambas cosas tienen su raíz en deseos descontrolados y en la adoración de algo que no sea Dios mismo (v. 5).

En medio de este tema el apóstol incluye también los chistes obscenos, las malas palabras. ¡Mucho cuidado con lo que escuchas en la radio o ves en la televisión! No es posible que los hijos de la luz rían con cuentos de doble sentido, mucho menos compartirlos. Tampoco se supone que usemos un lenguaje grosero y obsceno, sin embargo, sucede. Pero la palabra es clara: está fuera de lugar para nosotros (v. 4). Un viejo refrán dice: “¿Adónde va Vicente? Adonde va la gente”. Tú y yo no podemos ser “Vicentes”. El Señor nos llama a ser luz, la luz es diferente, la luz expone lo feo, lo sucio (v. 11). Y no se trata de convertirnos en agentes policiales que estén corrigiendo y reprendiendo a los demás constantemente, se trata de marcar la diferencia. La luz vence las tinieblas, por sí sola.

¿Qué debe identificar de nuestro hablar? La acción de gracias. Y en este tema no voy a extenderme sino que te comparto un artículo que creo puede resultarte útil. Haz clic aquí.

Los versículos del 15 al 20 nos presentan un desafío en cuanto a la manera de vivir en la luz,  comenzando por llamarnos a la sabiduría. ¿Qué dicen estos versículos sobre una vida sabia? Veamos.

Aprovechen bien el tiempo (v. 16). Nosotras las mujeres batallamos con este asunto porque tenemos tantas tareas, responsabilidades,  que no sabemos cómo repartirnos. Otras veces lo que sucede es que el teléfono, Facebook, Instagram y la Internet nos consumen gran parte del día. En cada amanecer Dios nos regala 24 horas, cómo las usamos depende de nosotras. Hay cosas prácticas que podemos hacer para ayudarnos y  en este enlace tienes algunas ideas.

El versículo dice también que los días “son malos”. En el griego original esta palabra pudiera indicar “llenos de trabajos, molestias, dificultades”. Y la realidad es que sí, eso caracteriza la gran mayoría de nuestros días, de modo que aprovechar el tiempo puede aliviar la carga. Pero también puede significar “lleno de peligro”. Basta con leer un poco las noticias para saber que cada vez más el título de cristiano equivale a correr peligro. Mi corazón se encoge cada vez que escucho o veo las imágenes de nuestros hermanos asesinados, perseguidos, ultrajados en Asia, en África. Y te digo algo, es solo cuestión de tiempo… pero va a llegar al resto del mundo. Aprovechar nuestros días también es predicar la palabra, compartirla con otros y vivir de rodillas clamando e intercediendo por nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra ciudad, nuestro país, y el resto del mundo.

Entiendan lo que quiere Dios (v. 17). Es común complicar la “voluntad de Dios”. Pasamos demasiado tiempo de nuestra vida cristiana tratando de descifrarla. Honestamente creo que lo más importante ya quedó establecido en la Biblia. En cuanto a lo demás, muchas veces solo se trata de escoger entre lo bueno y lo mejor. Me explico. Decidir, por ejemplo, si me caso con un hombre cristiano o uno que no lo sea, no requiere oración, eso ya está claro en la Palabra. A eso me refiero. El resto, si escojo un trabajo u otro, si vivo en esta ciudad o en aquella otra, muchas veces es cuestión de lo bueno y lo mejor. En esos casos lo que necesitamos es usar la sabiduría y experiencia que Dios ya nos ha dado y buscar que la decisión que tomemos tenga primero que nada la disposición de honrarle a él, y luego analizar qué impacto puede tener en mi vida, mi familia, mi servicio a Dios, mis finanzas, etc.

Escojan qué dominará su vida (v. 18). Estar llenos de vino o del Espíritu es un contraste extremo pero debe hacernos meditar: qué dominará mi vida. La frase en griego está en un tiempo presente que en realidad denota una acción que no es única sino algo que se repite. Una vida llena del Espíritu es una vida que alaba a Dios, que canta no solo el domingo sino cada día de su vida y usa ese lenguaje para comunicarse con otros. ¿Quiere decir que vamos a hablar cantando? Claro que no, míralo más bien como un contraste con lo primero que Pablo les dijo al comienzo de este capítulo. Nuestro hablar, en lugar de cuentos de doble sentido, de palabras obscenas, se caracterizará por exaltar a Dios, por contar de lo que ha hecho, por exhortar a otras personas y, por supuesto, por la acción de gracias (v. 20). La llenura del Espíritu viene de Dios, y por tanto, cada día cuando abras los ojos, se lo puedes pedir en oración.

Resumen:
1. La moral del pueblo de Dios la establece su Palabra. Y no hay otra aceptable para él.
2. Vivir en la luz debe abarcar nuestro hablar, un lenguaje sin palabras obscenas y lleno de acción de gracias.
3. Una hija de la luz, una hija de Dios, toma conciencia del tiempo limitado y lo aprovecha bien.
4. Vivir en la luz es vivir llenos del Espíritu Santo, un proceso cotidiano.

Preguntas para estudio personal
1. Lee los siguientes pasajes: 1 Corintios 6:9-11; Levítico 18:22-30; Romanos 1:26-27. ¿Qué dice Dios claramente en estos pasajes? 

2. Haz un análisis de los programas que escuchas en la radio o ves en la televisión. Si Jesús estuviera sentado a tu lado, ¿los escucharías/verías? La respuesta hablará por sí sola.

3. ¿Te resulta difícil administrar bien el tiempo? Para empezar, algo que puede ayudarte es, durante varios días, anota en una agenda qué cantidad de tiempo dedicas a las diferentes actividades o tareas de tu día. Incluye todo, hasta el tiempo que pasas en la Internet o la tele. Después examina ese registro. ¿Qué puedes quitar? ¿Qué puedes restringir? Pídele al Señor en oración que te ayude a determinar las respuestas y toma medidas concretas para un mejor manejo del tiempo.

4. Ser llenas del Espíritu no es un evento único, es un acto diario, y podemos pedirle al Señor que lo haga, de hecho, Jesús lo prometió.  Puede orar más o menos así cada día: Señor, gracias por regalarme este día de hoy. Necesito que me llenes de tu Espíritu Santo. Llena mi mente, mi corazón con su presencia. Que mis palabras y mis actos estén sujetos a él. Perdóname si en algo le he entristecido. Que mi vida, Padre, sea una vida llena del Espíritu para así poder vivir en la plenitud de tu luz. Gracias porque tú prometiste que lo darías a todo el que te lo pidiera, gracias porque no es solo para unos pocos, sino también para mí, una mujer común y corriente que solo quiere agradarte y servirte. En el nombre de Jesús, amén.

El viernes vamos a hablar del matrimonio que vive en la luz. ¡No faltes! Y muchas gracias por acompañarme en este estudio. Como siempre, estás invitada a dejar tus comentarios.

Bendiciones,

Wendy


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lunes, 15 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... ¡es hora de renovar!

Pasaje para leer: Efesios 4:17-32
 
¡Feliz lunes, mi querida lectora! A partir de ahora el estudio de Efesios comienza a llevarnos por el camino de enseñanzas muy prácticas para la vida cotidiana. Ya han quedado establecidos ciertos principios teológicos sin los cuales es imposible entender la vida que Dios diseñó. Hoy comenzamos con el versículo 17 del capítulo 4. ¿Lista?

1. Llamado a vivir con una mente renovada. Pablo empieza por decir a los efesios cómo no deben vivir: “no vivan ya como la gente sin Dios, que vive de acuerdo a su mente vacía” (v. 17, RVC). Esa frase, mente vacía, se traduce en otras versiones como “pensamientos frívolos” o “la vanidad de su mente” y viene de una palabra griega que se translitera como mataiotes.  Si estudiamos su raíz, esto es lo que indica: falta de rumbo debido a que carece de propósito o de cualquier fin significativo. ¿Verdad que nuestra mente se aclara cuando buscamos los significados originales? De manera que Pablo les está diciendo, en otras palabras: “no sigan viviendo con una mente que carece de rumbo ni propósito, como los que no conocen a Dios”. ¿Cuál es el resultado de vivir con una mente así? La respuesta la tienes en el versículo 19. ¿Y cuál es la contrapartida? Una mente renovada, como dice el versículo 23. 

El hecho de ser cristianos no nos hace un trasplante de cerebro, automáticamente. Tenemos que someternos a un proceso de renovación que solo lo puede ejecutar el Espíritu Santo. Y ese proceso incluye la renovación de los pensamientos y las actitudes. Renovar quiere decir llevar algo a su estado original, hacerlo nuevo. Por más que lo intentemos, es imposible lograrlo por esfuerzo propio. Cualquier doctrina que diga lo contrario es humanista y dista mucho de tener a Cristo como centro. La renovación de la mente solo puede hacerla Dios mediante la obra del Espíritu Santo en nuestra vida y con su Palabra.

2. Llamado a cambiarse el vestuario. A partir del versículo 24 Pablo les establece una nueva manera de “vestir”, de acuerdo a esa mente renovada.

Dejar de decir mentiras (v. 25). Tenemos que entender de una vez y por todas que en el pueblo de Dios no hay espacio para la mentira, ni pequeñas, ni blancas, ni nada semejante. La mentira es un rasgo de la oscuridad, no de la luz.

No dejarse controlar por el enojo (v. 26). ¿Alguna vez te ha pasado, y luego te dueles porque dijiste mucho más de lo que debías, heriste, dañaste la relación? Eso es lo que pasa cuando el enojo nos controla. Cuando dejamos que el enojo nos controle estamos dejando que el diablo gane terreno, eso es lo que quiere decir el versículo 27. Él se va a aprovechar de la mínima rendija que abras en la puerta de tu vida, y el enojo es una rendija segura.

¡A trabajar y compartir! (v. 28). Es evidente que en la iglesia de Éfeso estaban teniendo problemas de vagancia y Pablo decidió recordarles que los hijos de la luz no roban, trabajan. Y quizá a veces no nos damos cuenta de que robar es también no cumplir con la jornada de trabajo por la que nos están pagando y usamos el tiempo en asuntos personales, navegando en la Internet o hablando por teléfono. Pero no solo se queda Pablo en el tema de trabajar sino que añade que cuando tengas el fruto de tu trabajo, lo compartas.  De hecho lo ratifica en el versículo 32 cuando les anima a ser bondadosos.

Un lenguaje diferente (v. 29). Parte del nuevo vestuario que Pablo nos muestra es una manera de hablar donde no hay cabida para palabras groseras u obscenas.  Además nos indica que si vamos a hablar, nuestras palabras deben tener un objetivo claro: ser de bendición y edificación para quienes las escuchen.

3. Llamado de alerta. El versículo 30 hace un llamado de alerta a la iglesia: “No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven”. Primero quiero destacar que en esa frase hay una revelación teológica grande: el Espíritu de Dios es una “persona”, no es algo etéreo, impersonal, es una persona, parte de la Trinidad;  solo las personas se entristecen y experimentan dolor. Es importante tener clara esta verdad. No es una influencia, no es una fuerza, es una persona.

Ahora bien, este versículo, ubicado justo aquí, es una especie de pausa, algo que nos lleva a reflexionar en lo dicho y en lo que viene después. 

Para entenderlo mejor, regresemos a lo que el apóstol ha venido diciendo: si viven con una mente frívola, vana; si dicen mentiras; si el enojo los controla; si son vagos y no comparten; si hablan con groserías y con palabras vanas… esta manera de vivir de vivir entristece al Espíritu de Dios.

Luego les menciona otras conductas de las cuales también tienen que deshacerse… para no entristecer al Espíritu de Dios (v. 31). Y no voy a detenerme mucho en explicaciones porque creo que queda bien claro.

4. Llamado a las buenas relaciones. Pablo concluye este fragmento exhortando a sus hermanos efesios a tener buenas relaciones entre sí. ¿Cómo? Siendo amables, de buen corazón y practicando el perdón. Dicho así parece fácil, pero tú y yo sabemos muy bien que no lo es. No nos “nace” perdonar, ni ser amables ni tener buen corazón, para eso es necesario tener una mente renovada… y volvemos al versículo 23. Actuar así solo se hará realidad cuando dejemos al Espíritu Santo obrar, cada día, en nuestra mente y corazón.

Resumen
Vivir en la luz implica una renovación de mente a través del Espíritu Santo.
Vivir en la luz implica un cambio de “vestuario” al escoger actitudes que honren a Dios.
Vivir en la luz implica desechar todo lo que pueda entristecer al Espíritu de Dios en mi vida.
Vivir en la luz es tener buenas relaciones con los demás.

Preguntas para el estudio personal
1. Lee Romanos 8:6 y 12:2. ¿Cómo podemos tener una mente renovada?

2. Al estudiar los versículos del 25 al 29 del cap. 4 de Efesios, ¿cuál de esas piezas del nuevo vestuario te resulta más difícil cambiar? En oración, confiésalo a Dios y pídele que te ayude a escoger “piezas” nuevas, que te muestre los momentos en que estás regresando a lo viejo.

3. ¿Has identificado actitudes o conductas que pudieran estar entristeciendo al Espíritu de Dios en tu vida ahora mismo? Si no está segura, pídele al Señor que lo muestre.

4. Las buenas relaciones cuestan trabajo, tiempo, pero las relaciones que agrandan a Dios requieren lo que Pablo indica en el versículo 23. Solo una dependencia del Espíritu Santo puede ayudarnos a tener relaciones así. Quizá estás batallando con eso. ¿Qué tal si haces una lista de las relaciones difíciles en tu vida y comienzas a orar para que el Señor te ayude a cambiarlas, en lo que dependa de ti?  

Gracias por acompañarme. ¡Te espero el miércoles!

Bendiciones,

Wendy

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Vivir en la luz...¡en grupo!

Pasaje para leer: Efesios 4:1-16 

Cuando leo Efesios me da la impresión de que Pablo fue organizando las ideas en su mente de modo que primero quedaran establecidos principios teológicos, luego les habla como iglesia, como grupo, y por último se dedica a asuntos de la vida cotidiana. Hoy vamos a tocar el segundo punto: la vida en grupo, incluyendo la iglesia.

Pablo comienza por recordarles que tienen un llamamiento (v. 1) y como tal deben vivir. ¿Qué debe caracterizarles?

Primero, humildes y amables. Ambas son parte del fruto del Espíritu en nuestra vida y no es algo opcional. Tampoco es natural, lo entiendo. El orgullo y la falta de amabilidad son más afines con nuestra naturaleza caída. Pero porque hemos sido llamados por Dios, esto debe ser una marca que llevemos.

No hay manera de “hacernos” humildes. Necesitamos pedirle al Señor que produzca en nosotros la humildad, que nos muestre las actitudes contrarias y cuando lo haga, tenemos que arrepentirnos de inmediato… si no estaremos dando lugar al orgullo. Y el orgullo, claro está, es el antónimo de la humildad.

La amabilidad en este versículo (mansedumbre en otras versiones) viene de la palabra griega prautes cuyo significado es suavidad en la disposición, mansedumbre de espíritu. Nos es fácil si las personas también lo muestran o si estamos contentas y tranquilas. Pero háblame de amabilidad a las 6:30 pm cuando todo el mundo tiene hambre, las tareas de la escuela no han terminado, la comida no está lista… ya tienes la idea. Ah, ¡eso sí que es un reto para ser amable! Sin embargo, es en esos momentos donde Cristo realmente espera que la mostremos.   

Luego les exhorta a la paciencia, a tolerarse los errores… por amor. A todos nos gusta que nos tengan paciencia, que nos toleren nuestras faltas, pero nos cuesta más cuando se trata de extenderlo a otros. Estuve en el museo de Billy Graham en Charlotte, North Carolina. En el jardín están los restos de su querida esposa Ruth y el epitafio de su tumba dice algo que no he podido olvidar: “Fin de la construcción… gracias por su paciencia”. Hemos visto ese letrero antes, en las construcciones de las carreteras o cuando están reparando un edificio. Cada uno de nosotros es eso mismo, una obra en construcción, necesitamos paciencia de parte de los demás, hasta que lleguemos al fin. Y necesitamos recordar que los demás también están en construcción.  El hecho de que seamos parte de una iglesia no nos da el calificativo de perfectos, solo de redimidos. ¡Paciencia!

Y claro, les exhorta a la unidad, mediante la paz. El propio Jesús oró por esto, allí en Juan 17 está. La unión en el cuerpo de Cristo dice mucho al mundo que nos rodea. Y por favor, entendamos que unidad no es uniformidad. Podemos discrepar en ciertas cosas, pero al final del día, como dice el propio Pablo aquí, lo que debe unirnos es lo siguiente: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”. Por lo que leo en la Biblia, no habrá departamentos ni territorios en el cielo. Solo un gran multitud de redimidos que adorarán a Dios. Sí, hay ciertos asuntos que no son negociables porque están claramente establecidos en la Palabra pero si alzamos las manos o no, o si cantamos solo himnos y no canciones modernas no debiera ser motivo de división y mucho menos enojo en el cuerpo de Cristo.

Luego el apóstol pasa a aclarar que aunque somos un grupo, tenemos variedad (v. 7). ¿Qué nos da la variedad? Los dones. Cada uno ha recibido un don especial.  Los versículos 11 y 12 hablan de algunos de esos dones. Por falta de tiempo y espacio no puedo detenerme mucho en el asunto, por eso te remito a este artículo donde puedes encontrar más sobre el tema. Sin embargo, sí quiero destacar algo en cuanto a la función de los dones.

La intención de Dios con los dones nunca fue el engrandecimiento personal. El título de apóstol, profeta o maestro, por solo mencionar algunos, no constituye una casta ni élite espiritual. Mira lo que dice el versículo 12:

“Ellos tienen la responsabilidad de preparar al pueblo de Dios para que 
lleve a cabo la obra de Dios y edifique la iglesia, es decir, el cuerpo de Cristo.”

Ahí está la verdadera función: preparar al pueblo de Dios para que haga la obra y edifique la iglesia. Si este no es el móvil de alguien al ejercer su don, entonces no ha entendido bien el propósito para el cual lo recibió. ¡Seamos  cuidadosas! Al tener un ministerio, por decirlo de alguna manera, corremos el peligro de creer que se trata de nosotras. ¡No! Hemos recibido un regalo de Dios para ponerlo al servicio de otros.  De hecho, Pablo lo reitera en el versículo 16:

“Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás 
se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor”.

Todos somos necesarios en el cuerpo de Cristo y cuando cada quien contribuye con su función, el resto del cuerpo se desarrolla de manera sana. ¡Qué perfecto diseño!

Resumen

  • El cuerpo de Cristo debe estar compuesto por gente humilde, amable, paciente, que busca la unidad entre sí.
  • Los dones son para el beneficio de los demás. No es cuestión de grandeza personal.

Preguntas para el estudio personal
1. Lee Mateo 11:29. ¿Qué dice Jesús? ¿Qué resultado inesperado tiene la humildad?  
2. Colosenses 3:12 nos habla de un vestido nuevo que debemos ponernos. ¿Qué es?
3. ¿Qué dice 1 Corintios 14:12 sobre los dones espirituales? ¿Qué te motiva al usar los dones que Dios te ha dado? 

¿Cómo vas con el estudio?¿Te animas a comentarnos? ¡Gracias!

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy
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