miércoles, 22 de abril de 2015

Cuando quieres ser más que una mujer inteligente

Cuando escribí el libro “Una mujer sabia” tuve el honor de que el prefacio lo hiciera mi querida amiga Edurne Mencía, quizá la conozcas de “El viaje de una mujer”.  Ella me ha invitado hoy a su página y esto fue lo que compartí allí, el por qué escribí este libro.

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Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos vivimos en una decisión. ¡Piénsalo! Nos levantamos y decidimos qué vamos a hacer primero, si desayunar o vestirnos. Luego, frente al clóset o el armario, ¿qué me voy a poner? (¡esta decisión es mucho más sencilla para los hombres que para las mujeres!). Después decidimos qué camino tomar para llegar al trabajo o la escuela, qué haremos para almorzar, ¿comprar almuerzo o llevar algo de la casa? Y así, casi sin darnos cuenta, nos pasamos el día decidiendo. Claro está, estas decisiones son bastante fáciles y las tomamos prácticamente sin pensar mucho.

En cambio, aquellas cosas que consideramos grandes en la vida, aquellas decisiones mayúsculas como qué estudiar, con quién me voy a casar, dónde vamos a vivir, cuántos hijos tendremos, etc., esas las meditamos mucho más. O al menos así trata de hacerlo la mayoría de las personas.

Sin embargo, ¿qué te parece si te digo que tanto para las decisiones pequeñas como para las grandes necesitamos un componente esencial?...

PARA CONTINUAR LEYENDO, POR FAVOR, SIGUE ESTE ENLACE.


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¿Quieres saber má sobre el libro? Aquí está el video promocional.

Y desde ya, muchas gracias por todas las palabras lindas de ánimo y apoyo que he recibido. ¡A Dios sea la gloria!

Bendiciones mil,

Wendy 

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lunes, 20 de abril de 2015

"Una mujer sabia", lanzamiento oficial

“Cualquiera puede construir una casa, pero solo la mujer sabia edifica su hogar.”  “El mundo está lleno de mujeres inteligentes, pero tenemos escasez de mujeres sabias.”

 Y llegar a ser una mujer sabia puede parecernos difícil, pero no es imposible si dejamos que los principios de vida que Dios establece en su Palabra nos enseñen.

Esa es la esencia de este libro que hoy quiero presentarte. Un sueño que Dios sembró en mi corazón hace ya dos años y que hoy ve la luz, ¡para su gloria! 



Son elementos muy prácticos, para el día a día. Vamos a explorar los diferentes rasgos que caracterizan a esa mujer sabia: cómo maneja su hogar, cómo se relaciona con su familia y sus amistades, cómo se viste, cómo organiza sus finanzas, su tiempo, etc. Por supuesto, también incluiremos otros pasajes de la Biblia que se relacionen con el tema y todo entretejido con experiencias de la vida que cualquiera de nosotras pudiera haber experimentado.
El libro fue diseñado para lectura individual o en grupo, con una sección de preguntas que facilitará su estudio.
Desde ya quiero agradecer tu apoyo a este proyecto. Sé que si estás leyendo estas palabras es porque, como yo, también anhelas en tu corazón llegar a ser una mujer sabia y experimentar la vida plena y abundante que Dios diseñó.
Para adquirir el libro, sigue este enlace: Una mujer sabia: Principios para vivir la vida como Dios la diseñó . Y si puedo pedirte algo más, una vez que lo hayas leído, ¿podrías dejar tu opinión en Amazon y así dejarme saber qué te pareció?

Muchas bendiciones en tu semana,


Wendy 

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lunes, 13 de abril de 2015

Lo que un refrigerador me hizo pensar

En una ocasión el refrigerador de mi casa sufrió una avería. De pronto ya no salía agua por el dispensador, ni tampoco hielo. Era frustrante apretar el contacto y ver que no pasaba nada…el vaso quedaba vacío, no podía tomar agua fría, y tenía sed. Durante el proceso de arreglarlo tuvimos que regresar a la manera tradicional: llenar una jarra de agua y ponerla a enfriar.

Y mientras todo eso pasaba, este pensamiento vino a mi mente: así mismo actuamos a veces en nuestra relación con Dios, nos paramos frente a él, a esperar que nos llene el vaso, justo cuando queremos. Y si no sucede, nos quedamos frustradas.


Sustituye el vaso por un deseo que no se cumple, un sueño que no se logra, un trabajo que no llega, un esposo que no tienes, el deseo insatisfecho de ser mamá… Y vemos a Dios como una máquina dispensadora: yo echo la moneda, tú me das lo que quiero. Puede parecer exagerado, pero la realidad es que muchas veces nos comportamos así.

Sí, Dios nos ama y tiene reservadas para nosotros bendiciones increíbles, pero la meta final de Dios no es cumplir nuestra lista de deseos. No fue para eso que Jesús murió en la cruz. Fue para darnos salvación y una vida abundante; vida que va mucho más allá de satisfacer deseos que tantas veces son egoístas.

¿Qué es entonces la vida abundante? Como siempre, en la Biblia no podemos leer un versículo fuera de su contexto. Juan 10 es el capítulo donde aparece el pasaje sobre la vida abundante que tanto citamos, y que de hecho es el centro del mensaje que Dios me ha llamado a compartir. Sin embargo, si lees el contexto, este pasaje nos habla de la relación del Buen Pastor con sus ovejas. No tengo todo el espacio necesario para estudiarlo a profundidad, pero pensemos un poco.

El tema era muy familiar para el público que escuchaba a Jesús porque el pastoreo de ovejas era un trabajo común entre las familias judías. Ellos sabían bien cómo se comportaban las ovejas, cómo reconocían al pastor, y sabían también que debían cuidarlas de los ladrones humanos, y de las fieras.

La vida abundante es una vida de relación estrecha con el Buen Pastor al punto de poder reconocer siempre su voz, por encima de todas las demás. Ellas saben que el Pastor las llamará por su nombre. Le siguen y le obedecen porque reconocen que ese Pastor representa su seguridad, su bienestar. Y la vida con él es abundante. Estas ovejas saben que con él “se moverá[n] con entera libertad, y hallará[n] pastos” (Juan 10:9).

En eso consiste la vida abundante, mi querida lectora. En conocer al Buen Pastor que sabe qué es lo mejor para ti y te llevará a un campo de pastos buenos y seguros. Pero tú y yo tenemos que aprender a conocer su voz, a diferenciarla, y a seguirle, sea como sea e independientemente de lo que pensemos.

Las ovejas no discuten con el pastor, no cuestionan si el pasto al que las lleva será bueno o no. Ellas le siguen confiadas porque entienden que no hay otra vida mejor.

¿Somos nosotras ovejitas así? Estamos siguiendo al Pastor fielmente, sin cuestionar. ¿O somos como yo frente a mi refrigerador, con el vaso vacío y un tanto frustrada porque no salió el agua cuando quería?

Si queremos la verdadera vida abundante tenemos que entender esa verdad. Se trata de la relación con Jesús. De una relación que nos llena tanto, de un pasto tan verde y fresco, que todo lo demás palidece. De una vida tan segura que los ladrones de la noche no nos quitan el sueño, pero estamos alertas. Se trata de entender que conocer a Dios no es tachar los deseos de mi lista, no es pararme ante un dispensador para que llene mi vaso. Se trata de dejar que sus deseos se cumplan en mí. De prestar atención a su voz y confiar en que el vaso se llenará cuando él lo disponga.

Ah, en cuanto a mi refrigerador, gracias a Dios mi esposo lo arregló. El agua y el hielo volvieron a funcionar; pero la lección  todavía tengo que ponerla en práctica a diario y recordar que soy una oveja que sigue al Pastor. 

Bendiciones en tu nueva semana,

Wendy 

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lunes, 6 de abril de 2015

¿Y qué hacemos después del domingo de resurrección?

Lunes. Lunes después del domingo de resurrección. Lunes después de una cumbre espiritual y emocional. 

Otro lunes más. Quizá con una enorme pila de ropa esperando ser lavada, una larga lista de cosas por hacer y sin saber por dónde comenzar. Otro lunes con las mismas preocupaciones del sábado que todavía no se resuelven, solo que tuvieron un domingo de por medio. A lo mejor para ti es otro lunes de soledad, u otro lunes de dolor, o simplemente un lunes cualquiera, sin mucha inspiración ni motivación para seguir adelante.


Pero no se supone que sea “otro lunes más” después de la resurrección. ¿Qué tal si lo analizo desde otro punto de vista? ¿Qué tal si recuerdo las palabras de aquel apóstol, primero perseguidor, y luego perseguido?

“Y si nuestra esperanza en Cristo es sólo para esta vida, somos los más dignos de lástima de todo el mundo…  pero esta resurrección tiene un orden: Cristo fue resucitado como el primero de la cosecha, luego todos los que pertenecen a Cristo serán resucitados cuando él regrese.” (1 Corintios 15:19, 23)

Si reducimos la resurrección a un gran evento que identifica nuestra fe pero no vivimos creyéndola y teniéndola como el destino final, entonces realmente sí, es un lunes cualquiera. Si vivimos mirando a Cristo y su resurrección solo como algo de esta vida, sin recordar que aquí estamos de paso, que somos extranjeros y que todavía no hemos llegado “a casa”, realmente nos hemos perdido el quid del asunto.

La resurrección es victoria. Victoria sobre la muerte. Victoria sobre todo lo que esclaviza. Victoria sobre los imposibles. Victoria sobre los lunes comunes y corrientes.

La resurrección me recuerda que cuando conozco a Cristo puedo experimentar el mismo poder que aquel domingo inigualable lo levantó para siempre de los muertos.

La resurrección me recuerda que tengo otra oportunidad para empezar. Que así como marcó un nuevo comienzo en la historia del mundo puede marcar un nuevo comienzo en mi vida, porque ese poder, el que devoró la muerte, el poder de Dios, puede hacer cualquier cosa.

La resurrección da sentido a mi existencia si de una vez y por todas entiendo que Dios me trajo de muerte a vida y ahora tengo la misión de compartir con otros la noticia, tal y como hicieron las mujeres aquella mañana de la primera gran resurrección.

La resurrección me sirve de faro para no desviarme a izquierda ni derecha. Sí, vendrán tormentas, huracanes, sismos, físicos y emocionales, pero la resurrección me recuerda que son solo de carácter momentáneo. Ese no es el final.

La resurrección es esperanza ante el diagnóstico fatídico y la sentencia de divorcio, y también para la llamada que nunca quisiéramos recibir y para el adiós que no queremos decir. La resurrección es la esperanza de que un día habrá un amanecer diferente, sin más listas de pendientes ni soledad ni montones de ropa sucia. La resurrección es esperanza en una vida mejor, tal y como lo creyeron los héroes de la fe que menciona Hebreos 11.

Sí, es un lunes. Pero no es un lunes cualquiera porque este lunes es un regalo más para vivir la vida abundante que aquel domingo de resurrección hizo posible. Si lo miro como un lunes cualquiera me habré perdido la bendición de vivir en el poder de Dios para dejar que él cumpla su propósito y yo la misión que me haya encomendado… incluso con montones de ropa sucia, listas de pendientes y fragilidades humanas.

Hoy es lunes pero no un lunes cualquiera, hoy es un lunes donde quiero vivir conociendo más a Cristo y experimentando el poder que se manifestó en su resurrección. 

Vive como Dios lo diseñó,

Wendy