jueves, 27 de noviembre de 2014

Mi lista de gratitud {fin del "Desafío a dar gracias 2014"}

Llegó el último día, el “Día de Acción de gracias”, y con este, el final de nuestro desafío. ¿Hiciste la guirnalda o alguna otra cosa donde “mostrar” tu gratitud? ¡Me encantaría ver fotos!


Para cerrar mi desafío personal quiero compartir contigo 14 razones por las que hoy doy gracias a Dios. ¿Por qué 14? No es nada especial, simplemente porque es el año 2014, y creo que sería un poco difícil que alguien leyera 2014 razones! Bueno, aquí está:
  1. Mi Señor Jesús, no creo tener adjetivos ni oraciones que puedan describir lo que significa en mi vida.
  2.  Mi esposo de casi 20 años, mi mejor amigo, mi apoyo, quien me anima a cada paso, y sobre todo, quien ama a Dios con todas sus fuerzas y por eso me ama a mí. Él es el padre que siempre anhelé para mis hijos.
  3.  Los hijos que Dios me ha confiado, un gran desafío, mi tarea más difícil. Sus abrazos y besos llenan mi corazón.
  4.  La familia que Dios me ha regalado y que no cambiaría por nada. Mis padres, mis abuelos, todos. La marca que han dejado en mi vida nunca se borrará. ¡Qué bueno que Dios me los dio! 
  5.  Los amigos. Los de siempre, los recientes; los de cerca, los de lejos. Gracias por quererme como soy.
  6. Las lecciones de fe que recibí este año. Algunas no las aprobé con sobresaliente, pero de todas aprendí. 
  7. Los momentos difíciles, porque me dejaron experimentaran una vez más que Dios realmente es mi fortaleza y mi consuelo.
  8. Poder servir a Dios.
  9. Los sueños no cumplidos porque todavía queda mucho por hacer.
  10. Las oportunidades que nunca esperé tener y que me hacen decir: “¡Solo Dios podía haber hecho algo así!”
  11. Sentarnos a la mesa juntos a comer cada día.
  12. La casa donde vivimos.
  13. Las flores de mi jardín.
  14. La vida, porque cada día es sencillamente un regalo.
 Y, por supuesto, mi querida lectora (y lectores), gracias por dejarme llegar a sus buzones para aprender juntos a vivir como Dios lo diseñó.

Estaré de “receso” hasta el lunes donde oficialmente iniciaremos la temporada Navideña en este blog. Entre tanto, muchas bendiciones en el fin de semana,

Wendy
  
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martes, 25 de noviembre de 2014

Dar gracias, ¿en todo?

Cuando el año se presenta lleno de pruebas y situaciones inesperadas, la gratitud parece escabullirse del corazón y se requiere todo nuestro esfuerzo para no perder de vista que Dios sigue siendo Dios, el que sostiene nuestra vida en la palma de su mano.

Ha sido un año así para mí, con pruebas y situaciones que jamás esperé ni vi venir. En el fondo, mi mente quisiera gritar: “¡Adiós, 2014”!, pero la realidad es que no importa si es el 31 de diciembre de 2014 o el 1 de enero de 2015, todo depende de cómo entendamos nuestra vida, y dónde esté puesta nuestra fe.

Así lo analizaba el otro día cuando mi hija me preguntó: “¿Cómo podemos dar gracias en todo, mami, cuando hay cosas tan malas y difíciles en el mundo?” Los niños siempre nos ponen a pensar. Y fue justo en ese instante que el Espíritu Santo, el que nos guía a toda verdad, hizo la conexión en mi mente para que yo lo entendiera y pudiera explicárselo a ella: Solo podemos dar gracias en todo cuando enlazamos 1 Tesalonicenses 5:18 con Romanos 8:28.

Míralo aquí:
“Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios 
para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús”. (1 Tesalonicenses 5:18)

Dar gracias no es opcional ni electivo si pertenecemos a Cristo, es la voluntad de Dios para nosotros. ¿Pero cómo hacerlo cuando duele, o es difícil…o sencillamente no podemos en nuestra debilidad humana?

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien 
de quienes lo aman y son llamados según el propósito 
que él tiene para ellos” (Romanos 8:28).

Esa es la respuesta, cuando realmente entendemos que TODO lo que nos sucede Dios lo usa para nuestro bien. Fíjate que el pasaje no dice que todo lo que sucede es bueno sino que Dios usa todo para nuestro bien. Hay una gran diferencia entre ambos planteamientos.

Cuando vivimos convencidas de que venga lo que venga, el Señor tiene nuestro bien en mente, porque nos ama sin límites, entonces podemos decir “gracias”. ¿Y sabes? Creo que mientras no aprendamos a dar gracias en todo no podremos  experimentar la abundancia de Dios. Una vida que da gracias en todo es una vida de fe, una vida que confía en cada palabra que Dios ha dicho.  Y una vida de fe, es una vida que agrada a Dios, tal y como nos dice Hebreos 11:6. ¿Ves como todo se entrelaza? Donde hay fe, hay gratitud, y es entonces que experimentamos la verdadera bendición.

Hace un par de semanas estaba un poco amedrentada por ciertas situaciones y la vocecita callada del Espíritu se agitó dentro de mí, esa voz que no es audible muchas veces pero que conocemos muy bien: “¿Ya me diste gracias?” Me quedé parada pensando. No, no había dado gracias en medio del torbellino. Lo hice allí mismo por obediencia. Y fue como si de pronto me hubieran quitado una venda y las cosas quedaron a la vista con perfecta claridad. La gratitud no cambia las circunstancias, cambia el corazón.

Y otra vez mi planta de gardenias tenía un mensaje para mí. Sí porque justo ayer cuando regresaba con mis hijos de la escuela, ¡ya algunos botones habían abierto! Le pedí a Dios que no floreciera mientras estaba fuera del país porque quería disfrutar de este placer sencillo. ¡Y así fue! Estamos en otoño, los árboles ya pierden sus hojas, lo verde se vuelve color café y sin embargo, ¡la gardenia florece!


Mi querida lectora, casi ya se nos termina noviembre. Apenas nos quedan un par de artículos relacionados con el “Desafío a dar gracias”, ¿ha cambiado tu corazón? ¿Has podido comprender que la verdadera gratitud no necesita esperar por las cosas grandes, sino que ve la mano de Dios en las más pequeñas… incluso en la gardenia que florece en medio del otoño y las hojas caídas? 

Quizá estás viviendo en medio de un otoño seco que casi se vuelve invierno. A todas nos toca alguna que otra vez, pero ¡no estás sola! Dios está obrando, al final todo será para tu propio bien, incluso cuando no puedas verlo. Créelo y dale gracias. Le honrarás al hacerlo y verás la bendición. 

Esta es la vida que Dios diseñó, ¡vamos a vivirla!

Wendy

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viernes, 21 de noviembre de 2014

Crónica de un corazón agradecido

Cuando el auto en que viajábamos parte de las participantes en el retiro finalmente llegó a la carretera que desciende al valle, yo apenas podía contener la emoción. ¡Tantas veces había recorrido ese camino!


Fue allí, cuando tenía 16 años, que Dios por primera vez me llamó a consagrarle mi vida… y ahora, más de dos décadas después, regresaba a cumplir con aquel llamado. Estuve en el Campamento de la Convención Bautista de Cuba Occidental como conferencista de su retiro anual de femeniles. Lo que Dios hizo en aquel lugar no alcanzo a expresarlo en palabras, es difícil decir con letras lo que solo entiende el corazón, pero sí te puedo asegurar que cada uno de mis poros transpira gratitud.  

Hablamos de cambiar nuestro vestuario, una renovación del clóset del alma. ¡Y sí que la necesitamos!



 
¿Sabes? Las carencias y las ausencias generan una pasión incomparable por Aquel que todo lo tiene y todo lo suple. Escuchar el coro de unas 200 voces femeninas inundar el silencio del valle con sus alabanzas hacía que mis ojos se llenaran de lágrimas. ¡No siempre escucho esa pasión en el aire acondicionado y las comodidades del primer mundo! Y por favor, entiéndeme, no estoy juzgando, solo que en verdad el tenerlo todo, o casi todo, a veces nos enfría el alma.

Aquellos palmares fueron testigos de oraciones que tocan sin cansarse las puertas del cielo y claman por esperanza, pero sobre todo, salvación. 


Los rincones escucharon peticiones sinceras, profundas. El viento se paseó entre corazones que de rodillas ante la presencia de Dios hacían un pacto de entrega y rendición. 



Hice varias oraciones antes de irme a Cuba, pero una de ellas no dejó mi mente ni un instante: Dios, toca las vidas, hazte presente, que no nos vayamos igual que como vinimos. Solo puedo decirte algo: Él escuchó. 

Sí, cuando uno viaja a un lugar así el motivo número uno es ser de bendición para otros, pero pronto nos damos cuenta de que el proceso se invierte. Nos vamos bendecidos, más que bendecidos.  Las sonrisas, los abrazos, las lágrimas, los saludos, las palabras, se convierten en regalos a los que nadie puede poner precio y artículos que no caben en ninguna maleta, solo la del corazón.


Me fui a Cuba con un equipaje y regresé con otro. Regresé con el compromiso de orar por una muchacha que es, literalmente, un milagro caminante. Regresé con la convicción de que tenemos mucho más de lo que creemos necesitar. Regresé muda ante la bondad de Dios. Regresé con la certeza, una vez más, de que el Señor es quien guarda nuestra salida y nuestra entrada. Regresé con canciones que ahora para siempre me recordarán a Cuba. Regresé con la imagen vívida de un amanecer incomparable. Regresé con amigas nuevas. Regresé con recuerdos indelebles de momentos compartidos con amigas de siempre. Pero más que nada, regresé convencida de que no importa cuán diferentes sean nuestras circunstancias, nuestro Dios es el mismo, y nuestras vidas tienen en común mucho más de lo que imaginamos. 


Los caminos de Dios son realmente sorprendentes. ¡No fue casualidad que este viaje coincidiera con el mes de noviembre y el desafío a dar gracias! Me ha dado motivos de sobra para agradecer; tanto así que, aunque lo intento, no encuentro más palabras.

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Alza tus ojos en gratitud

¿Alguna vez te has detenido a mirar el cielo? Pudiera parecer una pregunta tonta pero en la sociedad que vivimos, al menos en Norteamérica, muy pocas veces nos detenemos a contemplarlo. Y cuando sí lo hacemos, poco se ve porque las luces de la ciudad nos impiden ver las estrellas.

Cuando mi esposo y yo éramos recién casados y vivíamos en otro país, a veces subíamos a la azotea de la casa a mirar las estrellas. Sí, era romántico, pero también era una experiencia de adoración. Observar juntos la maravilla del firmamento lleno de estrellas, unas aisladas, otras agrupadas. A él le gustaba mostrarme las constelaciones y explicarme las formas y los nombres de estas.

Nuestra casa de ahora, aunque en una ciudad muy grande, está en un área menos poblada y una noche mientras caminaba por el vecindario alcé los ojos  para mirar al cielo y me di cuenta de que hacía días que no lo hacía. Una vez más me dejó maravillada...

PARA LEER EL RESTO, SIGUE ESTE ENLACE, HOY ESTOY EN BIBLIAVIDA.COM Y CROSSWALK.COM.

Un versículo que puedes usar en la guirnalda de gratitud:

“Den gracias al que hizo los cielos con tanta habilidad. Su fiel amor perdura para siempre” 
(Salmos 136:5, NTV).

El viernes voy a compartirte mi gratitud por la oportunidad maravillosa que el Señor me regaló de poder ir a Cuba y compatir la Palabra de Dios con las mujeres de mi país natal.

Bendiciones,

Wendy

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