lunes, 8 de febrero de 2016

Febrero, celebrando el amor {Amar no es fácil}

Amar no es fácil. Punto. Y lo digo tan categóricamente porque en verdad solo se puede amar de una manera, a la de Dios. Fue Dios quien inventó el amor y por tanto, cualquier otra definición que queramos darle a este acto voluntario, tantas veces confundido con un sentimiento, es algo así como tratar de corregir con crayolas una pintura de van Gogh o de cualquier otro famoso. Es imposible.


De modo que amar no es fácil, porque el estándar es muy alto. Puedo recordar las múltiples ocasiones en que deliberadamente he escogido un camino que no es el más excelente, para usar la terminología de Pablo. Todavía estoy aprendiendo a amar y creo que seguiré en esta escuela por el resto de mi vida. Quizá no soy la única.

Es por eso que hace un tiempo decidimos estudiar con nuestros hijos cada una de las palabras que define al amor perfecto en 1 Corintios 13. Hemos hablado de las veces en que no nos hemos mostrado amor. Hemos usado el perdón. Hemos tenido conversaciones profundas porque el amor no es superficial. El amor de verdad no se conforma con lo que ve, el amor cava hasta encontrar las raíces.

Sí, mi querida lectora, porque amor de verdad es mucho más que chocolates, y tarjetas. Es mucho más que una celebración o una linda cena. El amor de verdad se ensucia las manos levantando al que cae, seca las lágrimas, abraza cuando no quiere, da sin esperar, agradece porque conoce el idioma del contentamiento y la gratitud. El amor real vive sin máscaras, sobre todo donde más vulnerable es, en casa. El amor, con diseño divino, es amor que perdona y no regresa a recorrer lo andado.

Esa clase de amor hace que el egoísmo huya avergonzado. Ese amor camina más allá de la milla extra. Ese amor se viste de honestidad pero no agrede.

No, amar no es fácil. Muchas veces le buscamos sustitutos, lo acomodamos, le ponemos precio al amor. No es de extrañar que los dos primeros mandamientos empiecen con el mismo verbo: amar. Dios sabía cuánto nos costaría… sabía en verdad que nos resulta imposible, por eso decidió escribir amor con letras rojas y dolorosas, en la cruz.

El amor de Jesús cubre todo pecado. El amor de Jesús hace que aunque tú y yo luchemos con nuestro amor muchas veces mediocre e imperfecto, Dios pueda abrazarnos y darnos entrada en la eternidad.

Este domingo se cumplirán 22 años de que mi esposo me declaró su amor por primera vez. Desde entonces luchamos por amarnos. Sí, luchamos por amarnos como ama Dios. Pero perseveramos. Pablo lo dijo muy bien: el amor es un camino más excelente. Podemos escoger muchos otros para transitar por la vida pero solo uno nos llevará más allá de la muerte, porque aunque la muerte es fuerte, el amor la venció.

Te invito a escoger ese camino. Será una decisión. No podrás depender de lo que sientas. Recuerda, es un verbo: amar. Y los verbos indican acción. Da un paso. El amor paciente. Otro paso. El amor es bueno. Un paso más. El amor no envidia. Sigue caminando. El amor no es orgulloso…y así, paso a paso, por este, el camino más excelente que todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El camino que nos lleva a Dios porque él amó y dio…porque Dios es amor. 

Amar no es fácil, es verdad, pero nunca nadie dijo que lo bueno es fácil. Lo bueno cuesta y porque cuesta, lo valoramos y cuidamos.


Sí, amar no es fácil, y si nos queda alguna duda, podemos preguntarle a Jesús. Pero estoy segura de que al respondernos dirá: No, no fue fácil ni lo es, pero bien vale la pena.  

¡Vamos a vivir el amor según el diseño de su autor, Dios!

Bendiciones,

Wendy

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viernes, 5 de febrero de 2016

¿Y ahora qué hacemos? {Final de "Una mujer organizada: por dentro y por fuera"}

¡Feliz viernes! Hoy llegamos al final de esta serie “Mujer organizada: por dentro y por fuera”. No lo abarcamos todo porque tomaría mucho tiempo pero creo que tenemos un buen punto de partida.


¿Por qué decidí dedicar artículos a este tema? Porque he visto que la mayoría de las mujeres anhelamos orden, menos estrés y poder aprovechar el tiempo de la mejor manera posible. Anhelamos también sentirnos seguras, tranquilas y saber que nuestras vidas no son un caos sino que están alineadas con la agenda de Dios.

Ahora que ya tienes algunas herramientas, ¿cuál será el próximo paso? ¡Perseverar y hacer de todo esto un hábito! Y me refiero tanto a tu tiempo de estudio de la Palabra y la oración como al orden de la cocina o de tus armarios. Dicen los expertos que crear un hábito requiere al menos 30 días de hacer lo mismo diariamente. Así que la primera decisión es que transformaremos nuestros hábitos, con la ayuda de Dios.

La segunda decisión será tener expectativas reales. Si hasta ahora no te consideras lo que pudiera llamarse una mujer organizada, ¡no te desanimes! ¡Todo lo puedes lograr con Cristo quien te da las fuerzas! Eso es lo que nos dice Filipenses 4:13. Simplemente tienes que decidir querer cambiar, y ya habrás dado un gran paso. Y luego, no esperes que mañana mismo serás la organización personificada. Concédete gracia, date tiempo para crecer y avanzar en esta esfera, como en cualquier otra de la vida. Y cuando veas los cambios, aunque sean pequeños, ¡celébralos!

¿Quieres una idea? Toma fotos de las distintas áreas de tu casa que quieres organizar mejor. Hazlo así como está, no importa el desorden. Luego crea un álbum digital, “Antes y después”; incluso puedes hacer un tablero en Pinterest que sea secreto, nadie tiene que verlo. No importa la opción que escojas pero tener esta imagen gráfica te ayudará. Y luego, según vayas ordenando, añade las fotos nuevas. Verás que al contemplar el cambio te sentirás feliz y con deseos de avanzar más.

En cuanto a organizada por dentro, no tienes que hacerlo sola. ¡No estamos solas en esa batalla! Para eso Dios nos dejó a su Espíritu Santo, para acompañarnos. Presta atención a su voz, su dirección. Pídele que ilumine tu entendimiento para comprender mejor lo que el Señor dice en su Palabra. ¡Eso es una promesa del Padre! “…cuando el Padre envíe al Abogado Defensor como mi representante —es decir, al Espíritu Santo—, él les enseñará todo…”, Juan 14:26. Por ahí comienza nuestro orden interior. Conocer a Dios es conocer su Palabra, obedecerla y vivirla.

Una mujer que es hija de Dios no tiene porqué ser un número más en las estadísticas de estrés, ansiedad y descontrol de este mundo. Tenemos la paz, Jesucristo. Contamos con la promesa de provisión de Dios. Tenemos también la promesa de fortaleza, de dirección. ¡Podemos vivir de manera diferente! Y cuando lleguen los momentos en que no sepamos qué hacer, Dios nos ofrece su sabiduría. ¡Qué más podemos pedir!

Amiga lectora, decide hoy que vivirás según el diseño de Dios. Tu casa no tiene que ser una casa de revistas, no se trata de eso. Busca más bien que tu casa sea un hogar donde todos se sientan bienvenidos, donde reine la armonía que viene de tener a Jesús en el centro. Y, como mujeres, daremos lo mejor de nosotras para tener orden en nuestros espacios, por fuera, y orden en nuestra mente y corazón, por dentro.

Si esta serie ha sido de bendición para tu vida, déjame saber, cuéntame tus experiencias. Y si gustas, compártela con tus amigas. ¡Crecer juntas es mucho mejor! Y si no te has suscrito a este blog y quieres hacerlo, ¡estás invitada! A la derecha de la página principal verás un casilla. Sigue las instrucciones, es muy sencillo. ¡Gracias!

Bendiciones en tu fin de semana,

Wendy

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miércoles, 3 de febrero de 2016

Mujer organizada por dentro: tu identidad

¿Te has preguntado alguna vez “qué eres”?

Muchas veces cuando nos hacen esta pregunta las respuestas son más o menos así: “Soy maestra. Soy dentista. Soy solo ama de casa. No hago nada, solo cuido de mis hijos. Soy secretaria. Trabajo en una fábrica. Soy estilista. Soy estudiante. Soy abuela.” Etc.

Lamentablemente el mundo en que vivimos nos ha hecho creer que nuestra profesión o aquello a lo que dedicamos nuestro tiempo es lo que nos define y clasifica. Y también nos ha hecho creer que cuidar de nuestra familia lleva necesariamente el adjetivo “solo”… “solo soy ama de casa”, “solo cuido a mis hijos”. Y aunque ese es tema para otro día, por favor, quítale el solo. No lo lleva… ¡al contrario!



Pero hoy quiero que antes de seguir leyendo tomes un papel, si tienes tiempo ahora y si no después, y escribas la respuesta a esa pregunta, pensándola bien. ¿Qué eres? Y cuando termines, quiero que leas esto que voy a poner aquí debajo y lo compares con lo que escribiste en tu papel.

Esto es lo que realmente eres si conoces a Dios por medio de Jesucristo. Ni más, ni menos. Lo que yo soy, lo que tú eres, no es una profesión, ni un título o la falta del mismo. No es lo que otros digan, ni lo que nosotras mismas nos digamos. Lo que yo soy, lo que tú eres, es lo que dice Dios. Punto.

¿Qué eres?
Hija de Dios. “Pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios.” Juan 1:12. 
Ciudadana del cielo. “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, donde vive el Señor Jesucristo; y esperamos con mucho anhelo que él regrese como nuestro Salvador”. Filipenses 3:20 
Amada y preciosa.Porque te amo y eres ante mis ojos precios[a] y dign[a] de honra”.
Isaías 43:4 
Mujer bendecida. “Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo”. Efesios 1:3 
Obra nueva de Dios. “Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús”. Efesios 2:10 
Miembro de la realeza. “Y [la] has transformado en un reino de sacerdotes para nuestro Dios. Y reinarán sobre la tierra”. Apocalipsis 5:10 
Amiga de Cristo. “Ya no los llamo esclavos, porque el amo no confía sus asuntos a los esclavos. Ustedes ahora son mis amigos, porque les he contado todo lo que el Padre me dijo.” Juan 15:15 
Propiedad de Dios que nadie le puede arrebatar. “No tengas miedo, porque he pagado tu rescate; te he llamado por tu nombre; eres mí[a]”. Isaías 43:1 
Libre. “Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús; y porque ustedes pertenecen a él, el poder del Espíritu que da vida los ha libertado del poder del pecado, que lleva a la muerte”. Romanos 8:1-2 
Heredera de Dios. “Ahora ya no eres un esclav[a] sino un hij[a] de Dios, y como eres su hij[a], Dios te ha hecho su hereder[a].” Gálatas 4:7 
Alguien que produce fruto. “Ustedes no me eligieron a mí, yo los elegí a ustedes. Les encargué que vayan y produzcan frutos duraderos…” Juan 15:16 
Victoriosa. “…nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo, quien nos amó.”
Romanos 8:37

Ahora, toma esta lista y ponla donde puedas verla. Guárdala en tu cartera. Cópiala en fragmentos más cortos, pero hazla tuya. Y la próxima vez que alguien te haga la pregunta, piensa en esto primero y luego dile: “¿Te refieres a qué me dedico o a quién soy realmente?” {Si deseas imprimir la lista, haz clic aquí.}

Una mujer organizada por dentro sabe quién es, y tener una identidad clara es un paso clave para el orden de nuestros sentimientos y emociones. Como hija de Dios, tu identidad está establecida en su Palabra. ¡Aprópiate de ella!

El viernes tendremos la última entrega de esta serie. Me encantaría escuchar tus comentarios.


Bendiciones,

Wendy

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lunes, 1 de febrero de 2016

Mujer organizada por fuera: los closets o armarios

Organizar un closet o armario puede ser una tarea que te guste o que detestes. De cualquier manera, si tu closet está organizado, puedes estar segura de que en las mañanas no tendrás que “bucear” para encontrar lo que quieres ponerte ni tampoco perder tiempo porque no lo encuentras. Otra ventaja de un closet organizado es saber lo que realmente tienes y no tener que comprar innecesariamente. Pareciera exagerado, pero créeme que sucede. He conocido casos.


Ahora bien, para organizar tu closet vas a necesitar hacerlo con una actitud desprendida. Y te sugiero que busques dos bolsas: una para regalar o donar y la otra para eliminar.

En este caso se cumple el principio que mencionamos antes: si hace un año que no te lo pones, es difícil que lo vuelvas a usar. Claro, hay excepciones como algunos abrigos o tal vez vestidos de ocasión. Pero si el vestido es de hace cierta cantidad de años, y sabes que aunque lo anheles mucho ya no regresará a esa talla, no lo guardes más. Échalo en la bolsa de regalar/donar si está en buenas condiciones. Lo mismo sucede con los jeans u otros pantalones.

Un principio que he aprendido a seguir cuando compro ropa es este: si no “me encanta”, no la compro, porque sé que al final no me la voy a poner y será un gasto innecesario. Otro buen principio es comprar prendas que se puedan combinar de varias maneras y así tendremos más opciones, menos gastos y más espacio.

Realmente, como mujeres que queremos vivir agradando a Dios, debemos entender que muchas veces todo lo que gastamos en ropa, zapatos, accesorios y demás debe ser con orden, siguiendo nuestro presupuesto y considerando que a veces nuestros deseos son solo eso, deseos y no necesidades, y que podemos usar los recursos que Dios nos da de muchas otras maneras.

Si vives en un clima tropical como yo, los abrigos, bufandas, guantes y demás son artículos que se usan una vez cada mucho tiempo o si viajas. Si tu closet es muy grande, no hay problema, puedes tenerlos colgados allí, pero si no es el caso, como me pasa a mí, te sugiero compres cajas plásticas, con tapas, y los guardes bien doblados hasta la próxima temporada. Así liberas espacio para lo que usas a menudo. También puedes guardar las bufandas y guantes en alguna cartera que no uses tanto y ayudas a que mantenga la forma.

A mí me gusta ordenar la ropa por colores. Sé que no le funciona a todo el mundo y a otros no les gusta, pero a mí me ayuda a encontrar lo que quiero ponerme. Además cuelgo por grupos los vestidos, las faldas y los pantalones.

En los últimos tiempos he descubierto que este tipo de ganchos/percheros/perchas ahorran más espacio. Si tienes acceso a ellos, te los recomiendo. (Amazon los vende también.) 


¿Cómo empezar? Bueno, escoge un día en que tengas tiempo y puedas acometer esta tarea completa porque si no, dejarás a media el arreglo y terminarás más frustrada todavía. Decide que no te quedarás con prendas solo por cuestión sentimental. Está bien algún que otro recuerdo, pero no todo un closet de artículos que solo ocupan espacio. Simplifica tu vida, ¡verás que alivio sientes! Y recuerda, lo que quizá ya no es útil para ti, puede bendecir mucho a otros. Esto sucede bastante con la ropa de nuestros hijos. Chequea si en tu área hay hogares de niños huérfanos o algo similar a quienes puedas ayudar con aquellas ropas lindas y casi sin usar que están guardadas en tu casa.

Creo que este es un punto de partida. ¡Me encantaría escuchar otras ideas! Seguimos caminando juntas para ser “mujeres organizadas: por dentro y por fuera”. ¡Podemos lograrlo!

Bendiciones en tu semana, amiga lectora,

Wendy

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