martes, 30 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... final

Pasaje para leer: Efesios 6:18-23

Luego de cuatro semanas llegamos al final de la carta de Pablo a la iglesia de Éfeso, y con ello al final del estudio.


En los versículos 18, 19 y 20 Pablo insiste a sus hermanos efesios que oren, que perseveren en oración por los demás y que oren por él. Venía hablándoles de la armadura y ahora, a manera de colofón, les destaca la importancia de depender de la oración, de Dios, para vencer al enemigo y triunfar en su vida cristiana.

Muchas veces pensamos en la oración como el último recurso, cuando todo lo demás falla o está fuera de nuestro alcance o control. Creo que lo hemos entendido al revés. La oración tiene que ser nuestro primer recurso, porque es el mejor. La oración establece una comunicación directa con el Padre, quien es la fuente de toda bendición y poder.

En varios pasajes de la Biblia vemos al propio Jesús buscando tiempo para orar. De modo que, si él que era el Hijo de Dios lo hacía, ¿qué nos hace pensar que podemos prescindir de ello? Así como necesitas ir hasta la gasolinera para ponerle combustible al carro, necesitamos ir a Dios para ponerle combustible al alma y alimentar el Espíritu. Orar cambia nuestras perspectiva, nos libera de las cargas, nos da la facultad de interceder a favor de otros aunque estemos a kilómetros de distancia, y sobre todas las cosas, orar nos permite conocer el corazón de Dios. Es por eso que el apóstol encarcelado les insiste: “oren”.

Los versículos del 21 al 23 son la despedida de Pablo. Pero hay un pequeño detalle que no quiero pasar por alto, y está en el versículo 22. Resulta que él estaba encarcelado. Era Pablo quien realmente atravesaba una situación difícil; sin embargo, el anhelo de su corazón y la razón por la cual envió a Tíquico junto con esta carta era que sus hermanos de Éfeso cobraran ánimo. ¡Tremendo! Es muy probable que si fuésemos nosotros los que estuviéramos en su caso querríamos recibir visitas para que nos animaran, pero no Pablo, su preocupación era animar a estos cristianos. Perspectiva celestial. No hay otra explicación. Cuando nuestra mirada está puesta en el cielo aprendemos que nuestros problemas realmente no son tan grandes y que ayudar a los demás los disminuye en proporciones agigantadas.

No puedo terminar el estudio sin decir cuánto admiro a este fiel hombre de Dios,  pero no te lleves la idea errónea de que estamos en presencia de un ser humano perfecto. ¡Para nada! Pablo tenía debilidades como tú y yo, luchaba con sus emociones, tuvo conflictos en el ministerio. Lo que creo que le hace estar “fuera de serie” es su corazón rendido a Dios. Esa es la clave. Tal y como dice al principio de la carta, Pablo comprendió que no estamos en este planeta para hacernos famosos, sino para hacer famoso a Jesús porque hemos sido creados para alabanza de su gloria.

Resumen
  • La oración no puede ser un extra en la vida del cristiano, tiene que ser parte de su misma esencia.
  • Orar nos permite conocer el corazón de Dios y cambiar nuestra perspectiva al evaluar las situaciones de la vida.
  • Cuando nos enfocamos en los demás, oramos por ellos, nuestros problemas dejan de parecer tan grandes.
Preguntas para el estudio personal
  1. Lee 1 Tesalonicenses 5:17, Mateo 14:23 y Santiago 5:16-18. ¿Qué aprendes de estos pasajes?
  2. ¿Tienes una lista de oración? Tal vez hoy sea un buen día para comenzar a tenerla. Cuando oramos así muchas veces evitamos el distraernos y divagar en nuestros pensamientos.
  3. En este enlace puedes descargar un documento que puedes usar para orar con la Palabra de Dios en distintas situaciones.

Espero que hayas disfrutado tanto como yo el sumergirnos en este precioso libro del Nuevo Testamento. Como te dije al comienzo, no pretendo que sea un manual de teología, ¡en lo absoluto! Pero sí espero que hayas aprendido nuevas verdades, quizá refrescaste otras que ya conocías.

Es posible que este estudio se convierta en un e-book. ¡Te dejaré saber! Por lo pronto, me encantaría si dejas tu comentario aquí o en Facebook sobre el estudio. Si, como en el caso de algunas que ya me han comentado, piensas usar este estudio en tu iglesia o grupo, déjame saber también. ¡Es un honor!

Ahora me despido, usando palabras de la propia carta de Efesios y pidiéndote que si puedes hacer un espacio en tu lista “ore[s] también por mí para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio del evangelio... para que lo proclame valerosamente, como debo hacerlo” (vv. 19-20).

Muchas bendiciones y hasta el viernes, 

Wendy


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lunes, 29 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... ¡aprende a defenderte!

Pasaje para leer: Efesios 6:16-18

Y llegamos al penúltimo artículo de esta serie. Hoy nos dedicaremos a la segunda parte de la armadura que tú y yo necesitamos para vivir en la luz como Dios lo diseñó. Si no leíste la primera parte, puedes hacer clic en este enlace.

En el versículo 16 Pablo les dice a los efesios: además de todo esto, y comienza a darles tres elementos más de la armadura.

El escudo. El soldado sabía que si no llevaba el escudo, estaba completamente desprotegido en un ataque directo, y también de las flechas provenientes del flanco enemigo. El escudo romano era bastante grande, para que protegiera la mayor parte del cuerpo. Además se hacía con tiras de cuero que podían remojarse en agua y así apagar flechas incendiarias. Cuando Pablo habla del escudo, le llama “el escudo de la fe”. Seguro has visto películas donde los guerreros antiguos usaban escudos en las batallas, haciendo movimientos mientras peleaban, levantando el escudo, girándolo, protegiendo la cabeza, el corazón. Esa es la idea de Pablo. El enemigo nos va a lanzar dardos, y dardos con fuego. 

La meta está clara: destruirnos. ¿Sabes por qué creo que Pablo habla de la fe como escudo? Porque es en la duda donde el maligno gana las batallas. A partir del momento en que comencemos a dudar del amor de Dios, del propósito de Dios, o dicho de otra manera, cuando comencemos a perder la fe, la batalla estará prácticamente ganada. ¿Qué hace la fe? La fe se levanta, como un escudo, y dice: La lucha es difícil, pero le creo a Dios; perdí el trabajo, pero Dios tiene mi vida en sus manos y él es mi proveedor; estoy enfermo y mi cuerpo se debilita, pero Dios es mi Sanador y el que sustenta mi vida; me siento sola pero Jesús prometió estar a mi lado todos los días. Ese es el escudo que detiene las flechas que vienen a matar nuestro corazón. Tenemos que sumergirlo en la fe y luego alzarlo.

En los últimos tiempos Dios me ha hablado mucho con respecto al tema de la fe y la confianza. Estoy convencida de que nada agrada más a nuestro Padre que un corazón confiado en él, un corazón que no duda de su amor. Este tema lo tocamos un poco en otro artículo de la serie, y puedes leerlo aquí.  

El casco (yelmo). El caso era suficiente para cubrir la cabeza y el cuello del soldado. Se hacía de una pieza de metal enteriza y se forraba de cuero. La cresta del casco, que se hacía de pelo de caballo, indicaba el rango del soldado. Ya que pesaba y era incómodo y caliente, esta era una de las últimas partes de la armadura que el soldado se ponía y solo en caso de combates  realmente peligrosos. De más está decir la importancia de proteger la cabeza, y en el sentido espiritual, hablamos de nuestra mente. Pablo le denomina “el casco de la salvación”.

Es interesante que cuando Pablo habla del casco utiliza un verbo griego diferente al que usó por ejemplo cuando habló del escudo. Si estás leyendo en RV 1960, se usa el verbo tomar (tomad el escudo de la fe). Ahora en el v. 17, en esa misma versión también se usa ese verbo; pero resulta que en griego son dos verbos diferentes. En el caso del versículo 16 tomar implica la acción individual de la persona, tal y como lo hacemos en español. En cambio el verbo del versículo 17, el del casco (tomad el yelmo de la salvación), es un verbo que denota más la acción de recibir, y en imperativo. De modo que esta parte de la armadura se recibe… al igual que la salvación.  

Cuando en tu mente recibes, entiendes, la verdad de que ahora ya le perteneces a Cristo, mediante su obra salvadora, estás reconociendo que llevas una marca, un rango, que le dice al enemigo: podrás tirar, herirme, pero no destruirme porque soy salvo. Pero además estás afirmando tus pensamientos en una verdad: salvación para vida eterna por medio de la sangre de Cristo y su obra en la cruz. Protege tu mente de dudas intelectuales con esa verdad.

La espada. Este es el último elemento de la armadura. Se llevaba al lado derecho y colgaba del cinto. Esta era la única defensa del soldado. Si observas la descripción de la armadura, todo lo demás es protección; pero la espada era defensa. Pablo le llama “la espada del Espíritu”, Espíritu con mayúscula porque se refiere a la tercera persona de la Trinidad. Esa es la fuente de nuestra arma de defensa. Pero Pablo no se queda ahí, sino que da una descripción más específica de esta espada: “la cual es la palabra de Dios”. Aquí palabra no es logos (como en Juan 1:1), sino rhema, y este término se refiere a una palabra pronunciada, la palabra hablada. Fue el mismo término que usó Jesús en Mateo 4:4: “La gente no vive sólo de pan, sino de cada palabra que sale de la boca de Dios”.  Me gusta como lo explica esta fuente: “se refiere a la Palabra predicada o una expresión de Dios producida por el Espíritu Santo en el corazón”.

Ahora bien, las espadas se esgrimen, se utilizan. De nada le valía al soldado una espada envainada cuando el enemigo venía a atacar. Lo mismo sucede con nosotros. Tenemos la Palabra de Dios, pero de nada sirve guardada en un estante o gaveta. Necesitamos leerla, estudiarla, y memorizarla. Solo entonces podremos esgrimirla, como espada, cuando llegue el ataque. La Biblia no es un amuleto de protección en tu mesa de noche, es un arma contra el enemigo de tu alma; no para que la lances literalmente a su cabeza, sino para que como  rhema la pronuncies y la uses en tu defensa. Eso fue lo que hizo Jesús una y otra vez cuando el enemigo quiso tentarle. ¡Hay poder en la Palabra de Dios!

Resumen
  • Vivir en la luz requiere llevar esta armadura, no es opcional.
  • La armadura de Dios tiene elementos de protección y de defensa; y los necesitamos todos.
  • Si quieres defenderte, necesitas la Palabra, pero solo podrás usarla eficazmente cuando la conozcas al punto de llevarla contigo en tu mente, siempre.
Preguntas para estudio personal
  1. Lee Hebreos 11:6. ¿Qué dice acerca de la fe? ¿En qué lado estás, agradando o desagradando a Dios?  
  2. Lee Romanos 10:17. ¿Qué relación hay entre la Palabra de Dios y la fe?
  3. ¿Qué puedes hacer a partir de hoy para convertir la Palabra en tu mejor defensa contra los ataques del enemigo? ¿Qué tal si comienzas por memorizar ciertos pasajes de la Biblia? Aquí tienes algunos. Solo sigue el enlace.
Mañana martes concluiremos el estudio, así que no dejes de pasar por aquí. ¡Te espero!

Bendiciones en la nueva semana, ¡decide vivir en la luz!


Wendy


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viernes, 26 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... ¡armados!

Pasaje para leer: Efesios 6:10-15

Ya estamos en la recta final con Efesios. ¿Ha sido emocionante, verdad? Realmente Dios se encargó a través de Pablo de dejarnos una idea muy clara de lo que significa vivir en la luz. Sin embargo, cuando Cristo nos llamó de las tinieblas a su luz, el príncipe de la oscuridad no se quedó contento, porque cada vez que eso sucede, él pierde súbditos y sabe que el final está más cerca.

Esa es la razón por la que creo que esta carta concluye hablando sobre la armadura de Dios. La vida cristiana además de ser una carrera, es un combate encarnecido entre la luz y la oscuridad. Y quiero dejar algo claro, no se trata de ir buscando un demonio en cada esquina ni tampoco de concentrarnos en eso todo el tiempo. Vivimos para alabanza de la gloria de Dios. Pero, de que hay una batalla, la hay. Y sí tenemos que estar preparados.

Mucho se ha hablado de la armadura de Dios, así que le pido al Señor que hoy abra nuestros ojos y nos dé una comprensión fresca y renovadora de este pasaje. Ya que el tema es un poco largo, lo voy a dividir en dos partes. El lunes tendremos la segunda parte.

Busca tu fortaleza en Dios (v 10). La primera advertencia que Pablo les hace es esta. No podemos vivir la vida cristiana con fuerzas humanas. Él usa una palabra griega, endunamoo, que en su definición dice: recibir fuerza, ser fortalecido, aumentar la fuerza. Así como un teléfono sin batería es completamente inútil, un cristiano sin la fuerza de Dios no puede hacer nada. Ese es uno de los principios que nos diferencia de otras creencias: el poder no está en nosotros, el poder está en él. Cualquier que te diga algo diferente, no ha entendido el mensaje claro de la Palabra de Dios. 

Prepárate para la lucha (11 y 12). En los tiempos del Nuevo Testamento los soldados romanos usaban una armadura. En los tiempos actuales también los soldados se protegen. Todo el que va a la guerra sabe que si no se prepara y protege, no durará un minuto. Y eso es justo lo que Pablo les advierte: la guerra es real, prepárense para que puedan resistir.

El enemigo se describe en el versículo 12. Mira, no todas las dificultades ni problemas vienen del diablo y sus huestes. A veces son el resultado de malas decisiones que tomamos, consecuencia de vivir en un mundo caído, etc. Pero hay un ataque que viene de la oscuridad con flechas venosas y directas hacia los hijos de la luz. No podemos ignorarlo, tampoco verlo a cada paso. Necesitamos que Dios nos dé discernimiento y tener una visión equilibrada del mundo que nos rodea.

No es cuestión de ofensiva sino de defensiva (v 13). Pablo no les dice: “tomen la armadura y salgan a la batalla”. Les dice tomen la armadura para que estén preparados cuando llegue la batalla y puedan resistir.  ¿Ves la diferencia?  Creo que es en esto que muchos yerran. Dios no nos llamó al ataque del enemigo, sino a la resistencia. Sí, hay un lugar para el enfrentamiento directo, pero no es la tarea diaria. La función de la armadura es protegernos y ayudarnos a resistir. Desglosemos entonces esta armadura.

  • El cinturón: Era típico que los soldados romanos usaran un cinturón de piel que sujetaba una túnica de lana mayormente. De este cinturón colgaban unas chapas de bronce que protegían la zona de la ingle del soldado. Se le llamaba “cingulum” y de este también colgaban una daga y una espada. La analogía que Pablo usa es el cinturón de la verdad. Ahora bien, esa palabra “verdad” en griego es aletheia y me llama la atención que no se refiere exactamente a la verdad en el sentido del evangelio (no usa el artículo en griego que denotaba verdad cuando se trataba del evangelio) sino verdad en cuanto a la integridad y fidelidad de la persona. El soldado se ponía el cinturón antes de ponerse el resto de la armadura. La integridad tiene que ser un elemento unificador, que “ciña” todo lo demás que nos caracteriza.
  • La coraza: Esta parte de la armadura estaba diseñada para proteger los órganos vitales y cubría los hombros y el torso. Se hacía de hierro o de bronce (¡no puedo imaginar cuánto pesaría!). Pablo le llama “la coraza de justicia”, y por supuesto, la clave aquí está en esa palabra, justicia. Justicia pudiera referirse tanto a la justificación que obtenemos mediante Cristo para salvación, como a la justicia santificadora de Cristo. ¿Cómo se aplica esto en la práctica? Uno de los dardos favoritos del enemigo es: “tú no eres realmente cristiano porque un cristiano no hace esto, o aquello…”. Pero resulta que lo que nos da esa categoría no es lo que hagamos o dejemos de hacer sino la justificación que hemos obtenido delante de Dios por medio de la sangre de Cristo. ¡Estamos justificados! Y además estamos en proceso de transformación, o santificación para usar un término teológico. De modo que ¡usa la coraza para defenderte! Y protege tu corazón de esas mentiras.
  • El calzado: Ahora Pablo les habla de los zapatos, en este caso, sandalias. En aquel entonces se hacían de cuero y en la suela se les incrustaban tachuelas o pedacitos de roca para que tuvieran mejor agarre. Con el tiempo, la sandalia que al principio se sentía dura y tal vez un poco incómoda, se iba haciendo más cómoda y ajustada al pie. El apóstol llama al calzado “la disposición de proclamar el evangelio de la paz”.  ¿Por qué los zapatos? No sé, pero me gusta pensar en que los zapatos nos acompañan adonde quiera que vamos (a menos que pase como mis hijos que por alguna razón totalmente misteriosa para mí, pudieran vivir siempre sin zapatos), así que la idea es que adondequiera que vayamos, llevemos con nosotros la buena noticia de la paz. Pero, preguntarás tú, ¿cómo sirve esto de armadura? Bueno, si estamos hablando de Cristo y llevando su Palabra, es bastante difícil que el diablo pueda distraernos con preocupaciones, con temores, porque estamos enfocados en la paz que ahora tenemos con Dios, y en Dios. Y esa verdad tiene que aferrarse cada vez, acomodarse en nuestra mente, y protegernos de vivir en un estrés permanente.

Resumen
  • La vida cristiana además de ser una carrera, es un combate encarnecido entre la luz y la oscuridad.
  • No podemos vivir la vida cristiana con fuerzas humanas, necesitamos la fortaleza que solo viene de Dios.
  • La armadura de Dios es lo que nos mantendrá protegidos y preparados para resistir.
  • Dios nos llama a estar a la defensiva, a resistir.

Preguntas para el estudio personal
1. La guerra espiritual es algo real que no podemos ignorar ni evitar. ¿Cómo cambió tu perspectiva sobre el tema luego de leer el estudio de hoy?
2. Lee Santiago  4:7 y 1 Pedro 5:8-9. ¿Cuál es la estrategia que Dios nos da para la lucha con el enemigo? (Te ayudo, empieza con R……).
3. Repasa otra vez los elementos de la armadura que vimos hoy. ¿Has dejado de usar alguno últimamente? ¿Qué tal si buscas una foto o imagen gráfica de un soldado romano y anotas las partes de la armadura espiritual para que puedas recordarlas y usarlas mejor?

El lunes veremos la segunda parte de la armadura. El estudio lo terminaremos el martes, un día en que normalmente no publico, pero se nos acaba septiembre y con él este estudio.
Mientras, ¿qué tal si nos compartes tus impresiones hasta ahora? ¡Gracias por seguir esta jornada!

Bendiciones en tu fin de semana,


Wendy

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Vivir en la luz... en el trabajo

Pasaje para leer: Efesios 6:5-9

Estos versículos del capítulo 6 de Efesios dan cierra al tema de las relaciones humanas que Pablo ha venido tratando desde el capítulo 5. Aunque en los primeros versículos habla de las relaciones entre padres e hijos, no voy a detenerme en el tema pues tenemos varios artículos ya en el blog al respecto. 
Hoy vamos a hablar de relaciones corporativas, o dicho de otra manera, cómo tratar a los empleadores y empleados.

Quizá debamos comenzar por aclarar algo: Dios no está ni estará nunca a favor de la esclavitud. La esclavitud es un resultado del pecado en el mundo. La esclavitud quita la dignidad a la persona. Para Dios todos somos iguales, él no hace acepción de personas (Romanos 2:11). Pero lamentablemente existió, y existe, como fenómeno social de este mundo caído. Creo que como parte de la iglesia debemos hacer lo que sea que esté en nuestras manos para que llegue la libertad a los cautivos.


Ahora bien, luego de esta nota, pensemos en el pasaje de otra manera. Aunque Pablo comienza hablando a los esclavos convertidos de aquella iglesia, traigámoslo a nuestro contexto y pensemos en nuestra función de empleados.

Esclavos {empleados obreros}, obedezcan a sus amos {jefes, supervisores} terrenales 
con profundo respeto y temor. Sírvanlos con sinceridad, tal como servirían a Cristo. 
Traten de agradarlos todo el tiempo, no sólo cuando ellos los observan. 
Como esclavos de Cristo, hagan la voluntad de Dios con todo el corazón. 
Trabajen con entusiasmo, como si lo hicieran para el Señor y no para la gente. 
Recuerden que el Señor recompensará a cada uno de nosotros por el bien que hagamos, 
seamos esclavos o libres.


El lugar donde trabajes te presenta una oportunidad extraordinaria de brillar para Cristo y marcar la diferencia. Veamos qué características específicas debe mostrar alguien que quiera vivir en la luz, en su centro de trabajo.

1. Obedecer con respeto y temor (v. 5). No hay mucho que agregar a algo que está muy claro, pero solo quiero comentar algo con relación a temor. No lo veas como un miedo sino más bien como una actitud de reverencia que reconoce la superioridad de la otra persona. Muchas veces nos resulta difícil, sobre todo si la persona que es nuestro superior no tiene buen carácter, no nos trata con amabilidad, etc. Aunque no vamos a tolerar el abuso, eso está claro, mostrar respeto y reconocimiento de su posición siempre pondrá en alto el nombre de Cristo… quien siendo igual a Dios, se humilló hasta la sumo, parafraseando Filipenses 2. ¡Ahí está el ejemplo que debemos seguir!

2. Servir con sinceridad e integridad (vv. 5 y 6). La palabra sinceridad aquí viene del griego haplotés y es la misma que se usaría para hablar de un pedazo de tela que no tiene dobleces. Otra acepción dice que es sin disimulo ni egoísmo. Piénsalo, si todo el mundo llegara cada día al trabajo con esa actitud, las empresas funcionarían mucho mejor, ¿no es cierto? Los jefes sabrían que nadie robaría, ni recursos ni tiempo. Sabrían también que cuando un empleado dice “sí” a una tarea, la va a cumplir. Y sabrían que no necesitan tener cámaras porque tienen empleados íntegros que trabajan incluso cuando no los están mirando. ¡Tremendo!

Lo más interesante es que el versículo 5 dice que trabajemos como si lo estuviéramos haciendo para Cristo. Esa es la clave. Sé que no todas las situaciones laborales son iguales, ni todos los jefes son comprensivos ni justos, pero ahora se trata de nosotros, y de Cristo. Se trata de vivir con el lema: Yo trabajo para Cristo. Si usamos el argumento de “pero es que mi jefe es insoportable, no me paga lo que merezco, no me dio el aumento ni la promoción que me correspondía”, estamos simplemente tratando de justificar una actitud que no es la que Jesús modeló y espera de nosotros.

Sí, los estándares de la vida cristiana son altos. Vivir en la luz tiene un precio, pero a eso estamos llamados. Independientemente de la situación a nuestro alrededor.

3. Trabajar con entusiasmo (v. 7). Otras versiones usan aquí “de buena gana”. El entusiasmo, al igual que el desánimo, es contagioso. Vivir en la luz también es cuestión de actitud. La actitud con la que lleguemos a nuestro centro de trabajo puede influir para bien o para mal en los que nos rodean.

Cuando era niña en mi país ponían muchos dibujos animados rusos (soviéticos). Había uno que yo no recuerdo muy bien, pero mi esposo sí. Entre los personajes se repetía una frase que él nos repite a menudo en la casa: “Cargad el tronquito con alegría”. La moraleja es sencilla: Ya que tienes que cargar el tronco (o trabajar, o limpiar la casa, o cocinar, o lo que sea), hazlo con alegría. No olvidemos lo que ya he dicho muchas otras veces, lo único que verdaderamente podemos controlar es nuestra actitud. Y en este caso el Señor nos exhorta, mediante Pablo, a que tengamos una actitud entusiasta ante el trabajo.

¿Sabes? Aunque parezca difícil creerlo, muchos querrían estar hoy en tu lugar. Tienes un trabajo que paga tus cuentas, sostiene a tu familia, e incluso a veces te permite ir de vacaciones. ¿Eres ama de casa? ¡Tienes una familia! Ellos son tu “trabajo”. Y es un privilegio. Algo que también muchos anhelan. ¿Te toca limpiar la casa? Para empezar, tienes un lugar donde vivir, tienes manos para limpiar, tienes agua, ¡tantas cosas! ¿Qué te resta? Determinar la actitud con que vas a enfrentar tu tarea. Y claro, Pablo vuelve a insistir en que no lo hagamos para la gente, hagamos todo para Dios.

4. Hay recompensa (v. 8). Sí, en las empresas muchas veces hay injusticia. Lo prometido no se cumple. Pasan años y los salarios no varían… y a veces sí, ¡pero para menos! Tu trabajo reportó una buena ganancia para el dueño, pero nadie te reconoció. ¡Incluso puede que otra persona se lleve el mérito! Así sucede en la oscuridad del mundo. Sin embargo, en el reino de la luz, donde tú y yo hemos sido llamados a vivir, la recompensa viene de otro lugar, ¡de Dios mismo! Lo dice bien claro en este versículo. Tal vez no nos llevemos un bono, ni un diploma, ni siquiera una palabra de reconocimiento o agradecimiento por el buen desempeño, pero tu Padre que ve todo te dice que independientemente de cuál sea tu condición, esclavo o libre, empleado o empleador, él recompensará el bien que hayas hecho. ¡Trabaja por ese premio y deja el resto en sus manos!   

5. Jefes que modelen a Cristo (v. 9). Este versículo está dirigido a los amos, los jefes. Si estás en esa posición, este pasaje es para ti. Y si hoy no lo estás, puede que te toque mañana, así que no lo pases por alto.

Y ustedes, amos {jefes}, traten a sus esclavos {empleados} de la misma manera. No los amenacen; recuerden que ambos tienen el mismo Amo en el cielo, y él no tiene favoritos.

El problema con los jefes muchas veces es olvidar que ellos también tienen un jefe que está por encima del CEO, el CFO y todos los demás cargos… ¡es Dios! Él está sentado en la silla principal de la empresa y te dice que al tratar a tus empleados recuerdes que al final del día, tú también trabajas para alguien, él. Y por tanto, todo lo que dijimos anteriormente, también se aplica a ti. Pero además tienes la responsabilidad de tratar a tus empleados con amabilidad y justicia, no con amenazas. Del mismo modo en que Dios trata con nosotros.

Interesante que Pablo destaque el asunto de los favoritos. Dios no los tienes y nosotros debiéramos mostrar la misma actitud en nuestro trato con los demás, incluyendo los empleados. Esto quiere decir pedirle a él sabiduría para usar la equidad, la justicia. (Ver Colosenses 4:1.)

Resumen
  • Vivir en la luz incluye hacerlo en nuestro centro de trabajo.
  • Alguien que vive en la luz trabaja con respeto y obediencia.
  • Alguien que vive en la luz muestra sinceridad, integridad y entusiasmo en su trabajo.
  • Vivir en la luz es trabajar como para Dios y anhelando solo su recompensa.
  • Un jefe que vive en la luz trata a sus empleados tal y como Cristo lo haría. 

Preguntas para estudio personal
1. Si alguien fuera a describir tu actitud y comportamiento en el trabajo, ¿qué diría? Usa esta pregunta solo para reflexionar y pedirle a Dios que te muestre dónde debes cambiar.
2. Lee Colosenses 3:23-24. Este pasaje es paralelo a Efesios 6:7-8. ¿Trabajas así cada día, en tu oficina, en tu casa, o donde sea que trabajes? ¿Cómo cambiaría tu actitud si esta premisa rigiera tu vida?
3. La “Regla de oro” debe regir todo nuestro trato con las demás personas. Si tienes una posición de jefe, supervisor, etc., ¿es así como tratas a tus empleados?  

El viernes vamos a hablar de la armadura que Dios nos llama a usar. ¡No faltes!

Bendiciones,

Wendy

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