miércoles, 27 de agosto de 2014

Una "intrusa" rescatada por Dios

¡Hola!

Si hoy es la primera vez que recibes el blog o si llegaste luego de visitar crosswalk.com o bibliavida.com, ¡bienvenida! Es un placer tenerte en esta mi casa virtual. En este blog queremos aprender juntas a vivir la vida como Dios la diseñó, y para eso la manera es siguiendo su plan original: su Palabra.

La próxima semana, el lunes, comenzaremos el estudio “Vivir en la luz”, basado en el libro de Efesios. Cada publicación llegará a ti lunes, miércoles y viernes. Y como ya sabes, solo necesitas tu Biblia y algo para tomar notas. Como siempre, pídele al Señor que te revele en cada lección qué verdad necesitas aplicar a nivel personal. La meta no es saber más, la meta es salir transformadas.

Entre tanto, te invito hoy a leer este artículo. Durante el mes de agosto he estado compartiendo aquí y en otros sitios web acerca de las mujeres de la Biblia y cómo sus historias tienen relevancia para nosotras en el siglo 21. Hoy hablamos de alguien que, a pesar de ser una especie de intrusa, tuvo un encuentro fascinante con Dios.

Tengo que confesarlo, la muchacha no me simpatizaba mucho. Para mí ella era la intrusa, la que llegó para echar a perder lo que pudo ser una vida casi perfecta. La que destruyó la familia. Una extraña que luego se mostró un tanto orgullosa. Y para colmo su hijo sería el precursor de un conflicto que no se acaba.

Así la veía yo, y no me simpatizaba. Quizá porque algunas de esas cosas me recordaban mi propia infancia.

Un día leí un libro que cambió toda mi perspectiva y por fin pude entenderlo mejor todo. Y hasta llegar a simpatizar con “la intrusa”… [haz clic para seguir leyendo]

Bendiciones,


Wendy


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martes, 26 de agosto de 2014

ANUNCIO...muy pronto en el blog...

¡Hola!

Normalmente no publico los martes pero hoy es especial porque tengo un anuncio que estoy ansiosa por compartir contigo. Y tiene que ver con lo próximo que sucederá aquí en el blog.

A partir del lunes primero de septiembre tendremos un estudio bíblico. Es muy sencillo, no necesitas ningún material extra, solo tu Biblia, algo para tomar notas o escribir tus propias reflexiones, y la disposición a aprender más para “Vivir en la luz” mientras caminamos junto a Pablo en su Carta a los Efesios.


Si ya estás suscrita al blog, no tienes que hacer más nada. Cada una de las publicaciones llegará a tu buzón. Pero si ese no es el caso, entonces te invito a hacerlo porque así no necesitas preocuparte por buscar la página, ¡y quizá hasta se te olvida!, sencillamente llegarán vía correo electrónico y podrás estudiar las lecciones a tu paso, en el momento del día que quieras. Para suscribirte, usa la casilla que aparece en la parte superior de la página, a la derecha.

¿Te sumas? Me encantaría saberlo, así que deja tu comentario debajo o en la página de Facebook
¡Gracias!

Bendiciones,

Wendy

 

viernes, 22 de agosto de 2014

Lo que envenena el corazón... o la lección de Miriam

Como sabes, durante el mes de agosto estaremos revisitando a las mujeres de la Biblia. No todas, claro, sino algunas que por alguna razón u otra han llamado mi atención y me han hecho estudiarlas, escribir sobre ellas y más que nada, aprender de sus vidas.

Hoy quiero que hablemos de una de las pocas mujeres que recibieron el título de profetisa, de hecho es la primera que tuvo el honor. En ella el don profético se manifestó mediante poesía acompañada de canto, como en los tiempos de David y Samuel. Te hablo de Miriam. Su nombre podría significar amargura, rebelión, pero en la Escritura se le conoce como Miriam, la profetisa, la hermana de Moisés.

Me resulta interesante que de acuerdo al relato bíblico, esta fue una mujer soltera. No hay evidencia en la Biblia de que se casara alguna vez. Es algo nada común para una época en la que el único valor que la mujer tenía a nivel social estaba en tener una familia y criar hijos. ¡En verdad que la Biblia es un libro increíble! Sí, porque si pensaste por un momento que Dios no tiene espacio para las solteras, a partir de hoy ya puedes cambiar tu perspectiva.  Miriam fue una mujer que se dedicó al servicio de Dios al contribuir al ministerio de sus dos hermanos, Moisés y Aarón (Miqueas 6:4). Si lo analizamos, nos daremos cuenta de que fue también la primera líder de alabanza, míralo tú misma:

“Entonces la profetisa Miriam, hermana de Aarón, tomó una pandereta, se puso al frente, y todas las mujeres la siguieron, danzando y tocando sus panderetas. Y Miriam entonaba este cántico:

   «Canten al Señor,
  porque ha triunfado gloriosamente;
  arrojó al mar al caballo y al jinete».
  Éxodo 15:20-21

Sin embargo, como tú y como yo, Miriam no fue perfecta. Aunque fue un instrumento usado por Dios, algo en su corazón no estaba bien y el problema no se hizo esperar.

Vamos a leer lo que dice Números 12:1-2:

“Mientras estaban en Hazerot, Miriam y Aarón criticaron a Moisés porque se había casado con una cusita. Dijeron: «¿Ha hablado el SEÑOR solamente por medio de Moisés? ¿Acaso no ha hablado también a través de nosotros?». Y el SEÑOR los oyó. 

Si lees detenidamente el pasaje verás que suceden dos cosas aquí: Miriam y Aaron cuestionaron el matrimonio de Moisés, pero en realidad eso fue meramente un pretexto que ocultaba lo que realmente estaba molestándoles: sintieron envidia y celos de Moisés.

Es interesante también que la Biblia diga “Miriam y Aaron”. Por lo general los redactores bíblicos no ponían primero el nombre de las mujeres. Así que el hecho de que aquí este aparezca primero me lleva a pensar que fue ella quien comenzó la murmuración. ¡Y no me extraña! ¡Era una mujer! Nosotras somos más dadas a estas cosas, seamos honestas.

El problema de Miriam no era realmente si la esposa de Moisés era cusita o no, el problema de ella era el papel protagónico de su hermano. Celos y envidia. Los celos dicen: “temo perder lo que tengo”. Tal vez ella pensó que ahora que Moisés era el líder, nadie le prestaría atención a sus cantos, ni siquiera las mujeres a las que había guiado en aquel día histórico. La envidia dice: “yo quiero lo que tú tienes”. ¿Qué quería Miriam? Lo que tenía Moisés, el mismo respeto y reconocimiento porque, a fin de cuentas, “Dios también había hablado a través de ella”. ¿Te suena conocido?

Demasiado, lo sé. Todas luchamos con eso en un momento u otro de la vida, o quizá en más momentos de los que quisiéramos admitir. ¿Y sabes por dónde empiezan la envidia y los celos? Por la comparación. Cuando yo comparo mi realidad con la tuya. Cuando tú comparas tu familia con la de tu amiga. Cuando comparamos nuestros ministerios, o nuestros trabajos… Poco a poco, como una enfermedad, nuestro corazón comienza a envenenarse y sin darnos cuenta llegamos al punto en que Miriam se encontró, cuestionando a Moisés… y a Dios. La envidia es un monstruo, un monstruo verde.

Miriam pagó un precio muy alto, se enfermó de lepra y la expulsaron del campamento. Gracias a Dios que ya no es así, ¡si no necesitaríamos muchos hospitales para leprosos! Tú y yo ahora vivimos bajo la gracia de Dios que nos dice: con envidias y celos, te amo y te perdono. Sin embargo, eso no nos exonera, ¡al contrario! La Palabra está llena de exhortaciones a cuidar de nuestro corazón y limpiarlo de cosas tan contaminantes como la envidia y los celos. Veamos un par de pasajes.

Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada aspecto de nuestra vida. No nos hagamos vanidosos ni nos provoquemos unos a otros ni tengamos envidia unos de otros”  Gálatas 5:25-26. 

"Por lo tanto, desháganse de toda mala conducta. Acaben con todo engaño, hipocresía, celos y toda clase de comentarios hirientes” (1 Pedro 2:1).

Mi querida lectora, caer en la trampa de la comparación es demasiado fácil, roba el gozo y nos desvía del propósito de Dios. La comparación genera envidia, genera celos y, como ya hemos visto, no tiene lugar en una vida sujeta al Espíritu. ¿Quieres ser realmente feliz?  Abraza hoy lo que él ha puesto en tus manos, con corazón agradecido y segura de que es lo mejor para ti. No te compares, cuando lo hacemos sutilmente le decimos a Dios: “No estoy conforme con lo que me has dado, con lo que tengo, con la manera en que me hiciste” y, como Miriam, podemos provocar que el Señor haga un alto en nuestra marcha (Números 12:15).  Y eso, sin dudas, no es parte de la vida que él diseñó.

¡Seamos mujeres sabias y aprendamos la lección!

Wendy


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lunes, 18 de agosto de 2014

Ya que hoy muchos regresan a la escuela. y lo que no podemos dejar de hacer

Este artículo lo compartí antes, pero ya que hoy muchos de nuestros hijos regresan a la escuela, me pareció que sería bueno traerlo de vuelta.  


La verdad es, mi querida lectora, que podemos instruir a nuestros hijos, enseñarles el buen camino de la Palabra de Dios, predicar con nuestro ejemplo, e incluso llevarlos a la iglesia pero al final la decisión de qué rumbo escogerán está en sus manos. SIN EMBARGO, como madres, abuelas, tías, {y los padres, abuelos y tíos también}, tenemos la misión de pararnos en la brecha e interceder constantemente por ellos. En los lugares celestes se libra una batalla cada día por las almas de estos niños y jóvenes. Los medios de comunicación los bombardean con todo tipo de ideas y principios que son cualquier cosa menos aquellos que están alineados con la Palabra de Dios. Y el mundo les vende un diseño de vida que dista mucho del diseño original que el Creador, nuestro Señor, tiene para ellos. 

Podemos hasta cierto punto controlar la influencia de estos, pero no podemos meternos debajo de una concha y vivir ahí para siempre. Ellos volarán un día, vivirán su propia vida como nosotros y es por eso que el orar por ellos juega un papel crucial, siempre.

Cuando nuestra labor de instructoras y guía termine {al menos en los años en que estén bajo nuestras alas}, la función de intercesoras seguirá. Hoy puedo testificar que las oraciones de mi abuela, mi madre y mis mentores espirituales han sido un baluarte y un escudo para mí. ¡Cuánto lo agradezco!

Por eso desde hace días tengo el deseo de compartir esto contigo. En lugar de temer ante el futuro, en lugar de suspirar por lo “terrible del mundo que les ha tocado”, convirtámonos en guerreras a favor de sus vidas y entendamos que del resto tiene que encargarse Dios.

¿Lista entonces? Aquí vamos.

Por su crecimiento físico, intelectual, por sabiduría y favor.
“el niño crecía sano y fuerte. Estaba lleno de sabiduría, y el favor de Dios estaba sobre él”, Lucas 2:40

Que el plan y propósito de Dios se cumplan en sus vidas.
“El SEñOR llevará a cabo los planes que tiene para mi vida,
   pues tu fiel amor, oh SEñOR, permanece para siempre.
   No me abandones, porque tú me creaste.” Salmos 138:8

Para que sus vidas glorifiquen a Dios.
“Ellos, en su justicia, serán como grandes robles
   que el SEñOR ha plantado para su propia gloria.”Isaías 61:3

Que obedezcan a Dios y su Palabra
“Procura que nunca se aparte de tus labios este libro de la ley. Medita en él de día y de noche, para que actúes de acuerdo con todo lo que está escrito en él. Así harás que prospere tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:8

Que vivan su juventud para Cristo.
“No dejes que la emoción de la juventud te lleve a olvidarte de tu Creador. Hónralo mientras seas joven, antes de que te pongas viejo y digas: «La vida ya no es agradable».” Eclesiastés 12:1

Que honren a Dios con sus cuerpos y huyan de toda inmoralidad sexual.
“Porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo.” 1 Corintios 6:20

Que sean un ejemplo para su generación
“No permitas que nadie te subestime por ser joven. Sé un ejemplo para todos los creyentes en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza.” 1 Timoteo 4:12

Que siempre la bendición de Dios sobreabunde en su vida
“Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo.” Efesios 1:3

Todavía me queda mucho camino para andar en la tarea de madre pero estoy convencida de que lo mejor que puedo hacer por mis hijos es ser una madre que ora por ellos. Y oro para que despierte una generación de madres intercesoras que peleen por las vidas de sus hijos. Somos llamadas a ser valientes.

Esa es la manera en que Dios lo diseñó,

Wendy



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