viernes, 27 de febrero de 2015

¿Y qué hacemos en los conflictos?

Hoy cerramos la serie "Amor, con diseño divino". Hemos tratado varios temas a lo largo de este mes que espero hayan sido de bendición para tu vida. También tuvimos varias invitadas y quiero agradecer a cada una de ellas por haber compartido con nosotras. También quiero darte las gracias a ti, lectora o lector, por dejarme llegar a tu buzón con estos mensajes.


Para terminar quiero presentarte un video-blog donde tratamos el tema de los conflictos... porque ninguna relación está exenta de problemas. ¿Qué hacemos cuando lleguen? Aquí te comparto la perspectiva bíblica, la manera en que Dios diseñó que los tratemos.



Si te gustan los video-blogs, aquí puedes encontrar otros.

Mañana estaré compartiendo la Palabra de Dios en el evento Bella 2015 aquí en Miami y te agradezco mucho si nos apoyas en oración.

Te dejó también el enlace al artículo "El amor es para siempre" que estoy comaprtiendo esta semana en "Con diseño divino" de Biblia.com y Crosswalk.com

Muchas bendiciones en tu fin de semana,

Wendy 

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miércoles, 25 de febrero de 2015

Amar al esposo

Hoy te presento a Jéssica Jiménez, mi última invitada para la serie "Amor, con diseño divino". Ella es mexicana y nos conocimos en el mundo del blog; Jéssica escribe en "Con visión de hogar". Aunque es una profesional univesitaria, ahora se considera a sí misma una profesional del hogar y hoy nos comparte sus experiencias en amar al esposo, sobre todo cuando cambian las circunstancias después de ser mamás. ¡Que lo disfrutes!



Durante siete años tuve la oportunidad de amar y atender de mi marido, creo yo, lo mejor que pude, pues no teníamos hijos.

Cocinaba platillos nuevos; horneaba postres regularmente; íbamos de viaje muy seguido;  salíamos a cualquier hora, lugar y tipo de clima; casi siempre podíamos andar juntos a todos lados; nos sentábamos calmadamente a platicar horas sobre lo que Dios tenía para nuestras vidas y en el ministerio; podíamos discutir las diferencias en el momento que se necesitara; disfrutábamos dormir la siesta; teníamos una noche especial en la semana… y bueno, para no hacerla larga, podía hacerme cargo de todos los detalles, ¡tenía tiempo hasta de lustrar sus zapatos!

Hace 5 años, Dios decidió por fin enviar a nuestro deseado y precioso hijo.

La vida organizada, aun cuando yo también trabajaba fuera de casa en aquéllos tiempos, se volvió caótica para mí, pues quedé muy débil y delicada de salud, me dieron de alta de la cesárea casi un año y medio después del nacimiento. Por su parte, el bebé prematuro demandaba cuidados y atención especial.

Años antes habíamos acordado que si podíamos tener un hijo, yo me dedicaría tiempo completo al hogar.

Lo lindo del matrimonio y lo expectante de ser ama de casa y tener un hijo, dio lugar a tensión,  falta de conversación sobre nosotros, descuido, depresión, distanciamiento, irritabilidad, cambios en los tonos de voz y agotamiento físico y emocional.

Nadie nos cuenta que eso sucederá y que hay que estar en alerta cuando se vaya empezando a fragmentar. Cuánto hubiera agradecido tener a alguien que de forma práctica, sincera y transparente me lo hubiera dicho y/o me hubiera brindado acompañamiento para que no pasara, a no dar lugar a las zorras pequeñas minando mi relación.

Tratando de estudiar sobre el tema para recuperar mi amor a mi marido, me di cuenta de que el mundo está lleno de hogares sin vida, con relaciones rotas y sin gozo por dejarse llevar por la marea de las circunstancias que han cambiado y se quedan así.

Las relaciones se hacen duraderas con diligencia y perseverancia en todo momento, hay que planear 
una estrategia para que sea llevadero y dañe lo menos posible.

Para seguir amando al esposo aun siendo padres, hay que sentarse a platicar sobre las nuevas “limitaciones” que se viven, sin dejar de ver las nuevas bendiciones. No se puede tener todo en esta vida.

Hay que disfrutar el tiempo que tengamos a nuestros hijos porque en un abrir y cerrar de ojos se van a ir. He conocido varias parejas que esperan que los “críos” se casen para poderse divorciar.

El amor es una decisión y compromiso que hay que regar y cuidar todos los días. Si quiero ser amada debo amar yo primero, como Dios mostró Su amor hacia nosotros.

Hay que esforzarse y empezar por cosas realmente sencillas. Aquí van algunas ideas:
  • Cuidar mi relación con Dios, pedirle fortaleza y perseverancia para dar amor a mi esposo.
  • Recordar la necesidad de abrazar. El abrazo da seguridad, amor, tranquilidad, quita el estrés y recupera el apego.
  • Según los expertos “hay que dar cuatro abrazos al día para sobrevivir, 8 como mantenimiento y12 para el crecimiento personal.” Así que ahí calcúlale.
  • Pregunta a tu esposo cómo se siente amado y anota sus respuestas. Luego haz papelitos con ellas y guárdalas en cápsulas vacías que puedes conseguir en las farmacias. Busca un frasco y decóralo con listones y corazones y coloca ahí las cápsulas para que cada día tengas una acción de amor para tu amado ;)
  • Compra una docena de tarjetas de San Valentín y regálale una cada mes durante tooooddooo el año!
  • Míralo y sonríe. ¡Eso llegará a su corazón!
  • Escribe una nota que diga “Te amo” junto con sus golosinas preferidas en su sillón.
  • Administra tu energía durante el día, deja para después lo que no es prioritario y prepara todo para dedicar un tiempo para conversar acompañados de un rico postre.
  • “El que tiene el estómago lleno rechaza la miel; pero al hambriento, hasta la comida amarga le sabe dulce” (Proverbios 27.7, NTV). Mímalo mucho, él tiene gran necesidad de sentirse tangiblemente amado, dale afecto, cariño y compañerismo.

Los dardos del maligno van contra la familia. La entrega se basa en lo que puedo dar, no recibir. Hay que mantener el deseo vivo de ser la mejor esposa y recordar que somos más efectivos juntos que separados.

“Vivan una vida llena de amor, siguiendo el ejemplo de Cristo. Él nos amó y se ofreció a sí mismo como sacrificio por nosotros…” (Efesios 5.2, NTV).

Cuidemos que el corazón no deje de latir por nuestro amado y seamos decididas en derramar amor hacia el complemento perfecto que Dios diseñó especialmente para nosotras.

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martes, 24 de febrero de 2015

Lo que el amor no es

La envida pone fin a las relaciones. La jactancia crea distancia. El orgullo hiere. Y todas estas cosas son atributos que no describen al amor pero que lamentablemente muchas veces caracterizan las relaciones humanas.

Decidí unirlos en un mismo artículo porque estos tres aparecen juntos en el versículo 4 de 1 Corintios 13, y de cierto modo, están emparentados.


El amor no es envidioso.

Se le atribuye a Shakespeare haber hecho célebre la frase que une a la envidia con un monstruo verde. De cualquier manera, con algo sí estaré siempre de acuerdo: la envidia es un monstruo que destruye y carcome, que termina las relaciones y enferma a sus víctimas.

La palabra original en el griego que al español se tradujo como envidioso en ese pasaje es zeloo y puede significar varias cosas, entre ellas:

Hervir de envidia, odio, ira
Envidiar
Rivalidad polémica y envidiosa, celos

Es por eso que algunas versiones dicen en lugar de “el amor no es envidioso”, “el amor no es celoso”. En realidad, las dos cosas pueden manifestarse en una relación: la envidia y los celos. La envidia separa a los esposos que anhelan los triunfos del otro, crea rivalidad. Lo que muchas veces nos presenta Hollywood con la villana y el villano que aparentemente se aman pero en realidad aman más aquello que persiguen obtener, no es pura película, sucede. Y sí, pueden existir relaciones de ese tipo, pero no es amor.

Los celos son todavía más comunes. Causan tragedias incomparables. Ahogan el gozo y claro, matan al amor. Los celos no tienen espacio en la pareja que desee amar como Dios lo diseñó. ¿Por qué? Porque la raíz de los celos está en la desconfianza, y la verdad y la desconfianza no pueden coexistir. 

Mujer, si eres hija de Dios, tienes que pedirle que te libere de la desconfianza. Si tu esposo te ha dado motivos para desconfiar, hay que resolver el problema. Pero si tu desconfianza, y por ende tus celos, vienen porque así te criaron, diciéndote que “no se puede confiar en ningún hombre” o porque has visto la traición muy de cerca y ahora no quieres confiar ni en tu sombra, ¡Cristo también vino para liberarte de eso! No hay amor donde se vive presa de los celos.

El amor no es jactancioso ni orgulloso.

“Si él no me pide perdón, yo tampoco”
“Si él me responde mal, yo también”
“Si no me habla, yo no le hablo”

La lista de ejemplos pudiera seguir, pero creo que ya captamos la idea. Estos son pensamientos que cualquiera de nosotros pudiera tener en algún momento dado y que describen algo que Dios detesta, y que no es amor. Se llama orgullo.

Estamos citando del griego para tratar de entender el sentido verdadero de las palabras de este pasaje. ¿Sabes qué quiere decir jactancioso en el original? “Uno mismo en exceso”. Yo misma en exceso. Tú misma en exceso. Es decir, demasiado de uno mismo en la relación. El amor no es así. ¡Al contrario! El amor prioriza al otro. El amor se quita para dejar que el otro brille. Se alegra con el triunfo y el bien de los demás.

De modo que, como hemos hecho con los anteriores, podríamos describirlo así: El amor no es desconfiado, no busca rivalidad, no sospecha. El amor es modesto y sencillo. El amor es humilde.


Sí, amar de esta manera es  un desafío y tal vez se pueda amar de otra, y sea más fácil. Pero entonces tendremos que inventar una palabra que la describa, pero no podemos llamarle amor, porque el verdadero amor es el que Dios diseñó.

Padre, gracias por enseñarnos el modelo del amor verdadero. Perdónanos cuando nos aferramos a otro concepto de amor. Señor, haz crecer en nosotros la humildad como fruto del Espíritu. Que podamos amar así, con un corazón sencillo, humilde, que destierre la envidia y  renuncie al orgullo. Gracias porque así nos amas tú, al punto de llegar a la cruz. En el nombre de Jesús te lo pedimos, amén.

Bendiciones en tu semana, ¡vive como Dios lo diseñó!

Wendy 

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viernes, 20 de febrero de 2015

No más adivinos

No sé tú pero yo llegué al matrimonio con una lista, aunque quizá no estaba consciente de ella. Era una lista  de todo lo que mi esposo debía ser: amigo, amante, consejero profesional, experto en relaciones humanas, licenciado en organización, doctor en problemas emocionales, contador, y muchas otras cosas más, pero sobre todo, adivino.

Sí, adivino. No para que adivinara mi futuro, sino adivino de mis pensamientos, emociones y reacciones. Yo quería que con solo mirarme él supiera lo que yo estaba pensando; que sin yo decir nada él pudiera, de alguna manera “sobrenatural”, saber si estaba triste, preocupada, cansada, frustrada, dolida, etc.

Recuerdo más de una discusión que comenzó porque él no había “adivinado” lo que me pasaba. Me encerraba en mi mundo, muy frustrada y resentida, preguntándome cómo era posible que este hombre, al que yo amaba tanto y que sabía me amaba igual, fuera tan "insensible" a mi problema o a nuestro problema. Sin querer estaba creando un vacío y no estaba dispuesta a tender el puente. Él tenía que “adivinar” la solución. En otras ocasiones, cuando mi actitud hacía evidente que algo me estaba sucediendo, cuando él me preguntaba yo solo le contestaba: “¡Nada!” 

¿No te ha pasado? 

Gracias a Dios mi esposo, que quizá no sea todas esas cosas de la lista que mencioné arriba pero es un hombre lleno de amor, enseguida captó cuál era el problema y con mucha paciencia y sabiduría me fue demostrando que en las relaciones humanas “adivinar” no funciona.Y mucho menos en el matrimonio. 

Este problema de la “adivinación” se presenta en otros tipos de relaciones. Nos pasa con amigos, familiares, con los hijos; pues esperamos que, sin decirles, ellos sepan que algo nos molestó, nos incomodó. Y hasta llegamos a cuestionar la relación en base a nuestra percepción irreal del problema que se resolvería si quitáramos el factor “adivinar” y lo sustituyéramos por “comunicar”. 

Comunicar lo que sentimos, lo que nos duele, lo que nos molesta o nos frustra puede ser difícil, sobre todo si no estamos acostumbrados a hacerlo, pero es muy saludable. No es posible que un problema pueda resolverse si esperamos que los involucrados “adivinen” que dicho problema existe 

Recordemos que son relaciones humanas, y como tal funcionan. Solo Dios conoce tu corazón y tu mente sin que pronuncies palabra alguna. Los demás necesitamos de la comunicación para entendernos. Dice la Biblia en Proverbios: “Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!” (Pr. 15:23).

Así que, si todavía estás luchando porque quieres tener “adivinos” en tu vida, quítales esa carga, no te hace bien a ti ni tampoco a ellos.  A fin de cuentas hasta Dios, que todo lo sabe, espera que seas tú misma quien le cuentes qué te aflige, tus anhelos, tus preocupaciones...¡clama a mí! (Jeremías 33:3). En eso consiste la oración, es la comunicación por excelencia...y de dos, por cierto, no es un monólogo. 

Si queremos relaciones humanas fuertes y sanas tenemos que proponernos romper el ciclo de frustración por falta de comunicación y usar bien, con sabiduría, esta hermosa capacidad con la que Dios nos creó: hablar. 

Antes de despedirme, quiero reiterarte la invitación a Bella 2015, un evento donde tengo el honor de participar. Es una conferencia para nosotras las mujeres con tiempo para adorar a Dios {con Daisy García}, recibir Palabra, compartir, hacer amistades nuevas y disfrutar de un tiempo especial. Si vives en Miami o cerca, ¡no te lo pierdas! Me encantará conocerte. Puedes inscribirte en este enlace:icmiami.org  {Las inscripciones cierran el domingo 22.)


Bendiciones en tu fin de semana, 


Wendy 

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