miércoles, 29 de julio de 2015

Deja de esperar la vida perfecta

Nada como estar de vacaciones cerca del mar. El olor de la sal en el aire llena los pulmones y uno quiere seguir respirando y respirando como para tratar de almacenar lo suficiente para que al regresar a la ciudad todavía sigan llenos.

No hay horarios, no hay apuros, ni metas con las cuales cumplir. El agua transparente nos baña los pies que se entierran en la arena tan blanca que parece harina.

 

El cabello pareciera necesitar unas cuantas horas en el salón, pero no nos importa porque otra vez se sumergirá en las olas y flotará libremente o quedará cubierto por el agua refrescante de la piscina.

La mirada se pierde en la lejanía del horizonte que entre un parpadeo y otro nos recuerda que somos criaturas muy pequeñas ante esta inmensidad.

Fue en medio de pensamientos y sensaciones como estos que escuché esta frase: “¡Verdad que no hay vacaciones perfectas!”  Salió de boca de mi hija, muy desanimada porque sus gafas para el agua, compradas el día anterior, habían desaparecido en lo azul del océano. La búsqueda fue infructuosa pues ya se sabe que es casi imposible encontrar algo que se pierda en el mar.

De ahí surgió nuestra conversación acerca de lo importante y lo que no lo es. Ella siguió después nadando y yo me quedé pensando en su frase: “no hay vacaciones perfectas”.

La realidad es que no hay nada perfecto bajo este sol, ni en el verano ni en el invierno. Ni de vacaciones ni cuando el trabajo nos agota. El mundo dejó de ser perfecto hace ya unos cuantos siglos, en un jardín precioso, cuando el ser humano decidió cambiar la perfección por la imperfección.

Y aunque Dios, en su infinita misericordia, nos dio en Jesús la alternativa, la oportunidad de una vida abundante, en algún momento decidimos que vida abundante es sinónimo de vida perfecta y por lo tanto, los años que se nos conceden en este planeta los gastamos anhelando una perfección que solo está reservada para la eternidad con él  y la vida nos pasa por al lado, casi sin darnos cuenta.

¿Estás en ese punto? ¿Estás soñando con una vida “perfecta” y frustrada porque no logras alcanzarla? Ríndete. Esa pelea nunca la vamos a ganar. Si aquí tuviéramos una vida perfecta, ¿para qué entonces necesitamos a Cristo?

El secreto está en aprender a disfrutar el momento que Dios nos regala porque mi querida lectora, la realidad es que no tenemos garantías de otro amanecer, ni de otra puesta de sol, ni de otras vacaciones, ni siquiera de otra semana de trabajo. Lo único que tenemos por seguro es el momento. Por eso tantas veces la Biblia nos recuerda que aprovechemos bien el tiempo, que no vivamos afanadas por el día de mañana…y sobre todo, que entendamos la brevedad de la vida y lo hagamos con sabiduría (Salmos 90:12).

¿Sabes? Cuando uno pasa cierta década, esa que incluso lleva el título de una canción para nosotras las mujeres, nos damos cuenta de que en verdad la vida es corta. Y también entendemos que cada día sobre este planeta es un motivo para agradecer y estar contentas. 

¿Que no todo es como quisiéramos? ¿Que los sueños todavía no se cumplen? ¿Que hay cosas que quisiéramos poder cambiar? Es verdad. Pero también es verdad que Dios nos bendice mucho más de lo que merecemos. Nos permite disfrutar momentos que debemos atesorar, diferentes y preciosos como los caracoles de la orilla del mar.

No sigas esperando la vida perfecta porque nunca va a llegar; más bien decide vivir a plenitud tu vida imperfecta, dando gracias a Dios por cada minuto, por cada regalo de su misericordia.  Si lo haces empezarás a encontrar la verdadera abundancia. Y te cuento algo, eso es lo que en verdad necesita tu corazón.

Bendiciones,

Wendy

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miércoles, 22 de julio de 2015

Para las bajas de la vida

Hace un tiempo viví un fin de semana intenso. Dice la Real Academia que intenso es vivo, y te garantizo que la vida pasó a todo color frente a mí ese fin de semana. Hubo altas, y hubo bajas.


Si algún día en la eternidad tengo la oportunidad de conversar con David {el pastor, rey, salmista, humano, pecador, redimido} esto es lo que quisiera decirle: “Gracias por ser real”. Quizá no será una conversación muy larga. Es probable que haya otros miles de seres humanos que quieran decirle algo también; pero si tengo la oportunidad, esas serían mis palabras.

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Gracias por visitarme en esta página. Con tu suscripción puedes recibir gratis mi libro de devocionales "Limonada para el alma" y también el estudio "Vivir en la luz".

Muchas bendiciones,

Wendy

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viernes, 17 de julio de 2015

12 consejos para vivir bien en medio del caos

En un mundo de tanto estrés e inestabilidad, es muy fácil ir con la corriente y convertirnos en un manojo de mujeres nerviosas y temerosas. Sin embargo, nada más lejos del diseño de Dios. Eso no es lo que nuestro Padre amoroso quiere para ti y para mí. El caos seguirá rodeándonos por todas partes, nuestra manera de reaccionar marcará toda la diferencia. 

¿Qué hacer entonces? Hoy quiero compartir contigo 12 consejos que parten de algunas lecciones que he aprendido en mi caminar con Jesús.


  1. Nuestra paz no viene por un cambio de circunstancias, nuestra paz es una persona, Jesús, y por tanto viene al conocerle. Cultiva cada día tu relación con él.
  2. Sé selectiva al escuchar. Las malas noticias son lo que produce el sustento a la mayoría de las cadenas noticiosas pero no son el alimento para una mujer de Dios. Si les seguimos la rima, acabaremos escondidas debajo de las sábanas.
  3. Cuando el temor saque la cabeza, acude a tu arsenal de promesas de Dios. Si dejas que asome más que la cabeza, le darás oportunidad de apoderarse de ti; si lo atacas desde el principio, la batalla estará ganada.
  4. Pon tus reacciones bajo el control del Espíritu Santo. No podemos controlar lo que sucede, en la mayoría de los casos, pero sí cómo reaccionamos.
  5. El negativismo es muy contagioso, rodéate de personas que te hagan reír y recordar que Dios te ama, sea lo que sea.
  6. Camina, contempla la creación, respira profundo y da gracias por la belleza que nos rodea. Este simple acto nos hace recordar que estamos vivas y eso por sí solo es un regalo de Dios.
  7. Canta, alaba. No importa si eres afinada o no, ni si tu voz es digna de una compañía de óperas. Cuando alabamos a Dios dejamos de pensar en las circunstancias y nos enfocamos en aquel que controla toda circunstancia.    
  8. Dedica tiempo a las relaciones humanas. No hay nada que las pueda sustituir. Dios nos hizo para vivir en comunidad.
  9. Memoriza la Palabra de Dios. Aquello que llene tu mente, llenará tu corazón.
  10. Lee un buen libro. La lectura nos enriquece, nos permite viajar con la imaginación y nos da la oportunidad de aprender sin mucho esfuerzo.
  11. Usa la creatividad. Hay algo en este acto que produce una sensación de bienestar. No importa qué sea, desde un rico plato de comida, una manualidad, hasta algo para el hogar, el jardín o algún miembro de la familia.
  12. Descansa. El cansancio es el peor enemigo de un buen estado de ánimo, tal es así que Dios nos mandó a descansar. Sé intencional en disfrutar el descanso. Tú no eres una máquina, eres una persona.

Y por tanto, la próxima semana estaré descansando.  El miércoles recibirás un artículo y si visitas Facebook, seguro compartiré algunas fotos.

Entre tanto, espero que estos consejos sean de bendición para tu vida, y si así es, ¡compártelos con tus amigas!

Hasta pronto,

Wendy

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miércoles, 15 de julio de 2015

Corre para ganar

Algunos han comparado la vida con una carrera. Y en cierto modo tienen razón. Corremos todo el tiempo.

Corremos porque las 24 horas no nos parecen suficientes para todo lo que queremos hacer. Corremos porque queremos llegar pronto a nuestro destino, ya sea al supermercado o un logro profesional. Corremos porque nos parece que solo así estaremos a tono con el ajetreo indetenible del mundo que nos rodea. Corremos.
Resulta que la comparación de la vida con una carrera es mucho más vieja de lo que creemos. Allá por el primer siglo de esta era el apóstol Pablo hizo la misma comparación. Creo que en parte porque estaba escribiendo a griegos y estos entenderían muy bien la analogía. A fin de cuentas ellos fueron la cultura que dio origen a las olimpiadas.
Y estaba yo pensando en mi semana, en todo lo que quiero y/o tengo que hacer, en cómo administrar mejor el tiempo, otra vez corriendo contra el reloj, cuando estas palabras de Pablo captaron mi atención:
¡Así que corran para ganar! Todos los atletas se entrenan con disciplina. Lo hacen para ganar un premio que se desvanecerá, pero nosotros lo hacemos por un premio eterno. Por eso yo corro cada paso con propósito. No sólo doy golpes al aire”. 1 Corintios 11:24-26

Para seguir leyendo, sigue este enlace, hoy escribo en "Con diseño divino" de Bibliavida.com.

Muchas bendiciones,


 Wendy

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