viernes, 24 de mayo de 2013

Lo que un tornado me hizo pensar

Miraba las fotos de la devastación y el corazón se me encogía.

Foto tomada de www.samaritanspurse.org
Un niño con la mayor expresión de tristeza que he visto en mucho tiempo sujetaba un muñeco de peluche, rescatado de los escombros.

Dos mujeres se abrazaban, y aunque por ser una foto no había audio, casi podía escuchar los sollozos. 

Un papá caminando con sus hijos y una bolsa plástica con lo poco que pudieron recuperar.

Fotos de niños que fallecieron.

Eran imágenes visuales de un desastre que dejará para siempre marcadas las vidas de las familias de un pequeño poblado en Oklahoma.

Y entonces pensé, si yo que soy humana, con imperfecciones, bajo los efectos del pecado, sufro al ver estas fotos y mi corazón se duele así, ¿cuánto más el corazón de nuestro Dios, quien creó este universo?

No hay respuestas fáciles para las preguntas hechas en medio del dolor, de la pérdida, pero el Espíritu Santo ayer susurró bajito esa verdad a mi corazón. Dios no está ajeno al dolor del mundo, él se duele también. Todo el sufrimiento de este mundo es una consecuencia de la separación del plan original. 

Pero aún así Dios no nos da la espalda, no se encoge de hombros. Él nos ama con amor infinito y en medio de todo el dolor, su mano está allí. Algunos deciden verla, otros no. Como al principio, él nos deja decidir.

Las tormentas de la vida nos hacen mejores o nos amargan, dijo Ann Voskamp. Y es una gran realidad. El tornado de Oklahoma solo pone un clamor en mi corazón: ¡Ven, Señor, Jesús! Los desastres naturales solo me recuerdan que este mundo necesita redención, que Dios está llamando la atención de todos porque el tiempo se está acortando.

Esta semana también me hizo pensar en que no importa cuán lejos esté la tormenta, tengo el deber de orar, de unirme a los que sufren y de aliviar su dolor según tenga posibilidades de hacerlo.

Sí, Jesús lo sabía, y por eso les advirtió a los discípulos. La aflicción sería parte de nuestro “paquete” aquí en la tierra. Pero él venció y un día disfrutaremos por completo esa victoria del otro lado, en la eternidad.

La promesa de Dios es hacer que todas las cosas obren para el bien de los que le aman. No todas serán cosas buenas, este es un mundo caído {y necesitamos de las pruebas para crecer y para despojarnos de nuestra supuesta suficiencia humana}, pero sí todas cooperan para bien, como dice otra versión.

Amiga lectora, ya sea que en tu horizonte haya una tormenta o no, no dudes por un segundo: Dios te ama. Fe es creerle a Dios, confiar en que independientemente de lo que suceda a mi alrededor, seguiré creyendo en su bondad y en sus promesas. ¿Lo haremos? 

Wendy  

 

miércoles, 22 de mayo de 2013

Mamá sana, familia sana

Cada maestro tiene su librito y cada mamá sus propios métodos. Pero una cosa se cumple de cualquier manera: una mamá  siempre cansada es una mamá gruñona.  Y fíjate en que dije “siempre”, porque en realidad es un hecho que las mamás muchas veces nos sentimos cansadas. Especialmente cuando los niños son pequeños, las noches no se duermen bien, una personita depende de ti para comer, para dormir, para bañarse, para sentirse limpia, etc. Eso nos agota físicamente.

Pero esa etapa que acabo de describir es normalmente eso, una etapa, y pasa. El problema está cuando por distintas razones nos volvemos adictas a estar cansadas. Sí, nos parece que es algo inherente al título de madre y hasta lo ondeamos como bandera aunque no se lo digamos a nadie: “¡Estoy extenuada, símbolo de que soy una madre extraordinaria!”

Ahora bien, no me malentiendas. Sé que cuando tenemos que trabajar, atender una casa, una familia, y a eso sumarle tal vez otras responsabilidades en la iglesia o la sociedad, es muy lógico que nos sintamos cansadas físicamente. Y hago un paréntesis para decir que admiro muchísimo a las mamás solteras porque carecen del apoyo de un esposo y tienen que enfrentarlo todo solas. ¡Eso sí que es agotador! Pero en muchos casos nuestro problema con el cansancio viene también porque no sabemos o no hacemos nada por cuidarnos.

Y regreso a mi afirmación del principio, cuando estamos cansadas nos volvemos gruñonas, perdemos muy fácilmente la paciencia y no disfrutamos la vida.

Te confieso que a mí no me gusta hacer ejercicios pero sé que es algo en primer lugar necesario y en segundo muy bueno para no estar cansadas siempre. Cuando practicamos el ejercicio físico, hay mayor movimiento de sangre y por lo tanto de oxígeno. Eso produce bienestar, mejor enfoque y aunque parezca contradictorio, menos cansancio. De modo que aquellas de nosotros que somos menos deportivas, tenemos que intentar hacer algún tipo de ejercicio físico. Nuestro cuerpo y nuestra familia nos lo agradecerán.

Otro problema que tenemos las mamás es que no nos alimentamos bien. ¿Alguien me secunda? Es así. Nos preocupamos mucho por cuidar de nuestra familia, preparamos los almuerzos de nuestros hijos para que los lleven a la escuela y demás. Pero nosotras “comemos cualquier cosa”. Un día recogí a mi hijo de cinco años después de la escuela y le dije: “¡Tengo un hambre!” ¿Sabes que me contestó? “Mami, ¿otra vez no almorzaste?” (¡No por gusto dice Jesús que tenemos que ser como niños!) En realidad tenemos que priorizar el estar bien alimentadas porque un cuerpo mal alimentado es un cuerpo débil y mal preparado para luchar contra las enfermedades. Así que cuidemos nuestra dieta. No comamos “cualquier cosa”, ni tampoco saltemos los horarios de comida.

El último problema que quiero abordar es el tiempo. Cuando nos convertimos en mamá enseguida nos damos cuenta de que el tiempo ya no nos pertenece de la misma manera porque en el horario en que antes quizá te sentabas a leer, ahora estás cambiando pañales. O ya no puedes ir tanto de compras con amigas porque tienes proyectos escolares con los cuales ayudar, ropa por lavar, comidas que preparar, etc.

Sin embargo, necesitamos dejar un margen en el calendario para nosotras. ¡Y no sentirnos culpables por hacerlo! Un espacio en la semana donde puedas hacer algo que no implique tu tarea de mamá te ayudará a mantener mejor estado de ánimo, recargará tus baterías físicas y emocionales. Por supuesto,  en toda nuestra administración del tiempo no olvidemos que cada día necesitamos una cita con Dios. Esa es la más importante para que todo lo demás ocupe su lugar.

Amiga lectora, independientemente de en qué etapa de la vida te encuentres, eres responsable ante Dios de cuidar de tu cuerpo como un todo (incluyendo tu espíritu y tu alma) porque ese cuerpo te lo dio él y ahora también es su casa. Así como cuidamos de nuestros hijos y de nuestros esposos, aprendamos a cuidar de nosotras mismas y les estaremos dando a ellos lo mejor, una mamá y/o esposa sana y feliz.

Desafío para la semana: Haz una tabla con los días de la semana y un horario en el que todos los días tengas por lo menos una hora para ti y una tarde a la semana para hacer lo que te guste (salir de paseo sola, visitar a una amiga, arreglarte las uñas, ponerte mascarillas, hablar por teléfono, tomar una siesta, etc.) En esta misma gráfica marca los días en que has hecho ejercicio.
Medita la manera en que te gustaría desarrollarte como persona independientemente de ser mamá y esposa.

Este artículo es parte de la serie: "Mamás a la manera de Dios", un proyecto  junto a otras mujeres que también escriben para edificar vidas. Así que te invito a visitar a Edurne {El viaje de una mujer}, Trisha {Una mujer elegida} y Jéssica {Con visión de hogar} para encontrar más ideas sobre el tema. 

Si disfrutaste este artículo, te invito a compartirlo. Ven a Facebook para seguir compartiendo juntas  y crecer más en la vida que Dios diseñó. ¡Gracias por visitarme!

Nos encontramos de nuevo el viernes,

Wendy  

 

lunes, 20 de mayo de 2013

Lo mejor que puedo hacer esta semana

Esta semana viene para mí con un reto grande porque seré parte de la Conferencia Anual de Mujeres de mi iglesia, como te conté el viernes. Tengo una larga lista de detalles y asuntos que atender. Y sentada aquí frente a mi computadora, pensando en las tantas cosas que tengo por delante, este pensamiento cruzó por mi mente: lo mejor que puedo hacer esta semana… ¿qué es?
 
Lo mejor que puedo hacer NO será preocuparme por si todos los detalles del evento están cubiertos.

Lo mejor que puedo hacer NO será afanarme porque todo luzca perfecto ese día.

Lo mejor que puedo hacer NO será tratar de preparar una excelente conferencia.

Lo mejor que puedo hacer NO será repasar en la mente una y otra vez la lista para que nada se olvide.

Lo mejor que puedo hacer ES quedarme en silencio para escuchar lo que Dios tiene que decirme.

Lo mejor que puedo hacer ES ser fiel a mi encuentro con él cada mañana.

Lo mejor que puedo hacer ES pedirle cada día que me llene con su Espíritu, porque llena de él estaré vacía de mí.

Lo mejor que puedo hacer ES reconocer que él tiene el control, no yo. Tengo que hacer mi parte pero al final los resultados son de él.

Lo mejor que puedo hacer ES buscar que su nombre sea honrado en todo, no solo en este evento sino en mis 24 horas, cada día.

Lo mejor que puedo hacer ES recordar sus promesas para cuando mis pensamientos traten de irse por el camino de la duda y el temor.

Lo mejor que puedo hacer ES contar mis bendiciones y agradecerle al Autor de las mismas, porque un corazón agradecido es un corazón que reconoce al dador de la provisión.

Lo mejor que puedo hacer ES amar a los que él ha puesto a mi alrededor y no dejar que mi lista de pendientes me robe el disfrutar de momentos pequeños, de sonrisas, de la oportunidad de escuchar, de animar o consolar.

Lo mejor que puedo hacer ES confiar en que mi vida está en manos del Creador del universo, y también lo están los asuntos de mi agenda.

Lo mejor que puedo hacer ES ser obediente y dejar mis cargas y preocupaciones a sus pies.

Lo mejor que puedo hacer ES renunciar a mí misma y ponerme en las manos del que me diseñó.

Sí, tengo una semana complicada, como quizá la tengas tú también. Pero también tengo la posibilidad de escoger cómo vivir, decidir qué es lo mejor que puedo o no hacer. Dame, Señor, la sabiduría para, como María, escoger la mejor parte. Ayúdame a poner riendas a mi corazón de Marta. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Bendiciones en tu nueva semana, escojamos lo mejor. 

Wendy 

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viernes, 17 de mayo de 2013

Hoy estoy de invitada...y una petición.

Como sabes, cada miércoles de este mes he estado compartiendo con otras escritoras una serie, "Mamás a la manera de Dios". Una de esas escritoras es Edurne Mencia, de "El viaje de una mujer". Ella me invitó a escribir un artículo para su blog acerca de mis experiencias como mamá extranjera, y hoy lo publicó.

Quiero invitarte a que la visites y allí podrás leerlo. Es mi deseo que sea de bendición especialmente para todas aquellas mamás emigrantes que están pasando por la experiencia de criar a sus hijos en un país diferente.

También quiero pedirte tus oraciones por un evento del cual seré parte la póxima semana, se llama Bella 2013. ¿Me acompañas orando para que Dios sea glorificado y haga grandes cosas ese día en ese lugar? ¡Gracias! {Aquí debajo la promoción para que puedas orar por cada una.}


Bella 2013 - Click para inscribirte


Me despido hasta el lunes. Te deseo un lindo fin de semana, de descanso, y no olvides hacer una pausa para descansar y darle gracias a Dios por sus bondades y misericordias.

Bendiciones,

Wendy 

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