jueves, 27 de enero de 2011

El número ocho

El número ocho hoy tiene un significado especial para mí. ¡Nuestra hija cumple 8 años!

A todas las mamás nos pasa lo mismo, no podemos creer cómo el tiempo se nos va entre las manos; entre tareas de la escuela, clases extracurriculares, proyectos, turnos médicos y tantas otras cosas.

Nunca olvidaré cuando la pusieron en mis brazos por primera vez, cómo me corrían las lágrimas de alegría ante el milagro que estaba contemplando. Y desde entonces no he dejado de asombrarme.

Ser mamá es un desafío grande, incomparable. ¡Tantas veces he creído ser incapaz de afrontarlo! En incontables ocasiones le he dicho al Señor: "No puedo. Yo no puedo hacer esto". Me he sentado a pensar si las decisiones que tomé al disciplinarla, por ejemplo, fueron las correctas. En otras ocasiones me he sentido culpable porque quisiera ser "la mamá perfecta". Y la lista pudiera seguir. Hasta que por fin, de diversas maneras, Dios me hizo entender algo que trato de no olvidar.

1. Fue él quien me escogió para ser la mamá de mis hijos y no yo. Él me capacitará para serlo en cada etapa y  me dará la fuerza necesaria. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).
2. No existen madres perfectas, como no hay seres humanos perfectos. Pero sí tenemos un Dios perfecto a quien podemos acudir en busca de sabiduría. Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie (Santiago 1:5).
3. Mi función como mamá es amar, educar e instruir en la Palabra.  Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará (Proverbios 22:6). El resultado lo tengo que poner en manos de Dios y confiar en que él se hará cargo.
4. Solo Dios puede estar en todos los lugares, en todo momento. Así que cuando yo no pueda estar con mis hijos, tengo que descansar en que Dios siempre va a estar. Escúchame familia de Israel...a quienes he cargado desde el vientre, y he llevado desde la cuna. Aun en la vejez, cuando ya peinen canas,  yo seré el mismo, yo los sostendré. Yo los hice, y cuidaré de ustedes (Isaías 46:3,4).

Así que, el número ocho hoy también me recuerda que Dios ha sido fiel a su promesa. Y aunque hay días en que creo que no voy a llegar al final, o al menos no en mi sano juicio, aquí estoy, aprendiendo a ser mamá y disfrutando la experiencia porque el tiempo vuela y un día mis hijos también volarán.

¡Y me voy a darle el regalo a la princesa del cumpleaños!

1 comentario :

  1. ¿Y sabes lo qué Él me mostró a mi un díia? Aunque yo tenga un Padre perfecto eso no me cambia a mi. Dios sí es perfecto- tú y yo tenemos un padre perfecto pero ¡eso no nos cambia! Adan y Eva también tuvieron un Padre perfecto. Ellos caminaron en el jardÍn con Él. Ellos pecaron. Dios no nos llama a ser madres perfectas, solo pide que nosotras apuntemos a nuestros hijos hacia Él. Eso si lo puedo hacer. Pienso que tú lo estás haciendo amiga mÍa.

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