La belleza cuesta

La belleza cuesta. Eso es algo que las mujeres sabemos muy bien. Cuesta dinero. Cuesta tiempo. Cuesta sacrificio (ejercicios, dieta, zapatos muy altos y hasta incómodos pero que lucen bien, etc.). Cuesta perseverancia. La belleza externa nos cuesta. Sin embargo, a pesar de todo esto la perseguimos, en una medida u otra. Todavía no he conocido a la primera mujer que le guste estar mal arreglada o fea.

Pero la belleza exterior tiene un problema, por más que nos esforcemos, es efímera. Al final de la jornada, se va, se deteriora, cambia. A pesar de todo el dinero, el tiempo y el sacrificio que le dedicamos.

Lamentablemente, no hacemos lo mismo con la belleza interior. ¿Cuántas veces empezamos nuestro día sin haber dedicado un tiempo para estar a solas con nuestro Dios? Sin embargo, casi ninguna mujer (excepciones hay en todo) sale de su casa despeinada o desarreglada, y si lo hace, bueno…para eso están las luces rojas del semáforo, ¿no? ¡Cuidado! La bolsa con el maquillaje es indispensable en la cartera. Hay más ejemplos, pero ya tenemos la idea.

La belleza interior también cuesta.
1.      Cuesta tiempo porque a menos que nos propongamos separar un tiempo para conocer a nuestro Dios, escucharle y aprender de su Palabra, nuestra relación con él se irá deteriorando. Muchas cosas compiten por nuestro tiempo y atención. Y la realidad es que buscamos la manera de dar tiempo a todo lo que consideramos importante.
2.      Cuesta sacrificio para levantarse más temprano y aprovechar el silencio y la quietud de la casa, especialmente si luchas por estar unos minutos más en la cama ya sea porque te gusta dormir o porque estás muy cansada o una combinación de las dos . Mi experiencia personal, si dejo esto para el final del día no lo hago, el cansancio me vence.  Yo creo que David sabía esto y por eso buscaba a Dios en las mañanas. (Salmo 5:3)
3.      Cuesta perseverancia, nuestra vida espiritual requiere que perseveremos. En Hebreos 12:1 se nos dice: “corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. La vida cristiana no es una carrera de velocidad, es una carrera de resistencia, de perseverancia. Si quieres ser linda por dentro, tienes que perseverar. La transformación de Dios en nuestras vidas es un proceso, muchas veces hay que empezar de nuevo, pero no nos podemos cansar.

¿Y la diferencia con la belleza exterior? La belleza interior es eterna. “Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día” (2 Corintios 4:16).

No hay nada de malo en querer tener una buena apariencia, estar bien arreglada y sentirnos contentas con nosotras mismas. El problema viene cuando todo esto se vuelve el eje de nuestras vidas. Palabras sabias de un antiguo rey: “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza”.

¿Has dedicado tiempo hoy a tu belleza interior?

Wendy 



Comentarios

  1. Enganosa es la gracia y vana la hermosura, la mujer q teme a Jehova esa sera alabada

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  2. La hermosura interior se refleja en el rostro de una persona que aunque no sea bonita físicamente uno puede verla bonita.

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