Veo, veo...

—Veo, veo.
—¿Qué ves?
—Una cosa que empieza con…

Ese era un juego de mi infancia y ahora lo juego con mis hijos, sobre todo cuando vamos en el carro y el viaje es largo.
Y hoy quiero hacerte la pregunta: ¿qué ves? ¿Qué ves cuando miras al futuro? Cuando uno va a una entrevista de trabajo, a menudo le hacen una pregunta similar: “¿Dónde te ves dentro de cinco años?”. Yo recuerdo la primera vez que me la hicieron y cómo me dejó pensando.
¿Te has hecho esa pregunta recientemente? ¿Cuál es tu visión? Un viejo proverbio bíblico dice: “Donde no hay visión, el pueblo se extravía”. Sin temor a sonar categórica ni demasiado práctica, me atrevo a decirte que una vida sin visión es una vida insípida.
Si has leído otros artículos anteriores, tal vez hayas notado que soy fiel admiradora de Charles Swindoll. Aquí cito una de sus frases: “Cuando tienes visión eso afecta tu actitud. Tu actitud se vuelve optimista en lugar de pesimista”. Cuando tenemos una visión definida podemos mirar al futuro y ver aunque otros no vean. Ver esculturas donde solo hay piedras.
Siempre me acuerdo de José, aquel joven hebreo soñador. Él tenía una visión clara para su futuro, Dios se la había revelado. Pero esa visión le salió muy cara. Le costó el desprecio de sus hermanos, lo vendieron como esclavo, fue a parar a un país extranjero. No obstante, José no perdió su visión, él sabía que al final del camino llegaría, independientemente de los obstáculos. Y así fue, de una oscura cárcel llegó a convertirse en la segunda persona más importante de todo Egipto.
El optimismo no forma parte de mi naturaleza, he tenido que incorporarlo poco a poco. Quizá tenga un poco que ver con mi temperamento. No es así en el caso de mi esposo, por ejemplo, él siempre ve el vaso medio lleno. Lo bueno es que su “visión” me ha ayudado mucho con la mía. Cuando este es el caso, nos toca esforzarnos más, incorporar la voluntad a la receta. Dejar que la visión moldee mi actitud.
Tal vez hay un sueño escondido en tu corazón pero no te atreves a visualizarlo. Quizá te paraliza el temor al fracaso, a que suene a locura. Si no lo intentas, nunca sabrás. Pero si vives sin visión, ¿adónde llegarás? Un día escuché esto, la verdad no recuerdo dónde, pero sí lo anoté: “Le pido al Señor que me muestre su visión para mi futuro”. Si la visión no está clara para ti, pídele a Dios que te la muestre. Y una vez que la tengas, mantente enfocada. Los visionarios siempre tienen detractores. Recorre la historia y verás que así ha sido siempre. Llevar a cabo una visión implica trabajo, sacrificio, esfuerzo. Otra vez nos habla Salomón con su notoria sabiduría: “¿Has visto a alguien diligente en su trabajo? Se codeará con reyes, y nunca será un Don Nadie”, pero “sin visión el pueblo perece”.
Entonces, ¿qué ves?

Comentarios