martes, 5 de abril de 2011

Un libro que me leí


Quizá porque hoy celebro un año más que Dios me ha regalado y por el cual le agradezco, y porque a la vez eso nos hace recordar años pasados, amigos, experiencias, es que hoy quiero hablarte de un libro chiquito, muy querido para mí y que leí hace mucho tiempo.
“El principito”. Escrito por Antoine de Saint Exupéry, un autor francés, y publicado por primera vez en 1943, en los Estados Unidos. Las ilustraciones fueron hechas por el mismo autor.
Recuerdo que la primera vez que leí un fragmento estaba en tercer grado, tenía la misma edad que tiene mi hija ahora y no entendí absolutamente nada. Años después me puse a pensar que en realidad no es un cuento para niños, es un cuento para adultos visto a través de los ojos de un niño.
Si no lo has leído nunca, tienes que hacerlo. Yo lo considero una obra maestra y un tesoro literario. “El pequeño príncipe”, como traducen algunas ediciones, vive en el asteroide B 612 donde solo hay tres volcanes y una rosa. Cansado de los problemas de su propio planeta, decide salir a hacer un recorrido por el resto del universo. En ese recorrido se encuentra con diversos personajes y de los diálogos con los mismos es que podemos aprender muchas cosas, todas por medio de hermosas metáforas. Creo que ese el mérito literario de la obra, las profundas metáforas.
Entre mis diálogos favoritos esta este que ocurre entre el príncipe y un zorro durante su visita al planeta Tierra:

- Adiós – dijo el zorro. – Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.

- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.

- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.

- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo.

Cuando releí este libro ya era una adolescente, luego una joven, y en cada una de esas ocasiones quedaba enamorada del libro. Ahora solo espero que llegue el tiempo en que mis hijos lo puedan leer. Todos necesitamos las lecciones que aprendió el pequeño príncipe, todos necesitamos ver lo que con los ojos es invisible, lo esencial.

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