lunes, 30 de mayo de 2011

Día de Remembranza

Día de remembranza, o como lo conocemos en Estados Unidos, Memorial Day. ¿Qué se recuerda? A los soldados caídos en batalla. Y con esto en mente, más algo que leí anoche, me puse a pensar en cuánto recordamos de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.
 
Si lees un poquito de la historia del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento descubrirás que luego de muchos sucesos históricos, e incluso algunos que también hicieron historia pero que son más bien personales, ellos hacían un monumento, algo que serviría como recordatorio de lo que Dios hizo por ellos en un momento determinado.

Por ejemplo, cuando el pueblo terminó de cruzar el Jordán, luego de que Dios les abriera camino en medio de sus aguas, el Señor les ordenó que tomaran doce piedras y las colocaran allí como recordatorio para las generaciones futuras. Puedes leerlo todo en Josué 4.

En los tiempos antiguos, cuando este pueblo comenzaba a formar su identidad, no había libros ni nada escrito que pudiera servir como testamento, así que Dios ordenó a su pueblo que repitieran de generación a generación todas las maravillas que había realizado entre ellos: “y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.

Dios sabe que tenemos un problema con la memoria. Somos dados a olvidar sus bondades demasiado rápido. Por eso nos dice que las repitamos, una y otra vez, que no nos cansemos de recordar y repetir.

¿Recuerdas a los diez leprosos? Solo uno se acordó de regresar a dar gracias porque los demás estaban tan eufóricos con su sanidad que olvidaron al autor de la misma. Y a nosotros nos pasa lo mismo. Tal es así que muchas veces en las iglesias o reuniones pedimos que alguien dé testimonio de algo que Dios haya hecho en su vida recientemente y muchas veces la respuesta es silencio. No porque Dios no haya hecho nada, sino porque nosotros lo olvidamos todo demasiado rápido.

Hoy es Día de Remembranza en los Estados Unidos, y estoy segura de que si preguntas,  muchos no saben ni qué se está celebrando, solo que es un día de descanso e ideal para cocinar en la parilla con amigos o para irnos a la playa. En la vida de un hijo o hija de Dios cada día debiera ser un día de remembranza o recordatorio de lo que Dios ha hecho. Ahora no hacemos monumentos pero una buena manera es escribir las cosas, ya que tenemos este problema de memoria. 

Yo tengo un diario así, donde están mis peticiones a Dios y sus respuestas. No lo llevo tan seguido como debiera pero ahí está. Cuando pasa el tiempo me gusta regresar y leer las cosas que Dios ha hecho conmigo y en mi vida. Contarlas a mis hijos. Algún día, cuando ya no esté presente en este mundo, alguien podrá leer y animarse al ver que Dios no deja de actuar ni de hacer proezas. Quiero ser como el salmista quien dijo: “Prefiero recordar las hazañas del Señor,   traer a la memoria sus milagros de antaño (Salmos 77:11).

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