Mi cambio más grande

Dedicado a mi mamá.

Cuando en una madrugada de enero de 2003 me pusieron en los brazos un “bultito” envuelto en un pañal, mi primera reacción fue llorar. Estaba contemplando un milagro. La escena se repitió otra vez en julio de 2007. Y esos dos milagros han cambiado mi vida para siempre. Sí, porque cuando nos convertimos en mamá la vida cambia totalmente. Y ese cambio es a todos los niveles.

El primer cambio es el físico porque nuestro cuerpo muestra, de una manera u otra, las marcas de la tarea titánica que representa llevar dentro un bebé durante nueve meses. Ayer mismo hablaba yo con mi hija y le decía: “Esto que vez aquí (a la altura de la cintura, ¡ja! ¡ja!), no estaba antes, fue parte de haberlos tenido a ustedes dos. Pero si nunca desaparece, no me importa, porque ustedes son parte de mí”. No estoy muy segura de que con 8 años ella pueda entender todo lo que eso significa, pero sé que algún día lo recordará. Así que mamá, no te aflijas porque ya tu cuerpo no es el mismo. Es verdad que podemos hacer ejercicios y cuidarnos para lucir mejor, pero también recuerda que las portadas de la revistas son el producto de un aerógrafo y mucho Photoshop™.

El segundo gran cambio es que dejamos de ocupar el primer lugar en nuestra propia vida porque ahora esas personitas pequeñas necesitan de nosotros para todo, desde alimentarse hasta el cambio de pañal que les quita la incomodidad. No importa cuán agotadas estemos, nuestra función no termina a las cinco de la tarde como cualquier otro trabajo. Es un turno de 24 horas que dura el año entero. Y aunque poco a poco los hijos se van independizando, nuestra función sigue estando vigente incluso cuando ya se van de casa, porque los hijos son parte de uno, una “mercancía” que no tiene cambio ni devolución. Y uno de los desafíos mayores de la maternidad es la renuncia al egoísmo tan intrínseco al ser humano. Un ejemplo sencillo: Estamos muertas de hambre, pero el bebé no ha comido. Nuestro estómago tiene que esperar. El sueño nos vence en la noche pero el llanto, la tos, la fiebre, o una pesadilla reclaman nuestra presencia, y casi sin poder, salimos de la cama.

Otro gran cambio ocurre cuando nos damos cuenta de que, independientemente de nuestra profesión o preferencias, ahora somos maestras, artesanas, animadoras deportivas, enfermeras, consejeras, magas para encontrar juguetes perdidos, pintoras, narradoras de cuentos, cantantes, y todo lo demás que puedas imaginar. Ah, y no olvidemos, todas estas profesiones son “voluntarias”. No existe remuneración para la labor de mamá.

¿Y el mayor cambio de todos? Viviremos en un constante desafío. El mayor desafío al que nos enfrentaremos jamás. ¿Alguien tiene un manual, por favor? ¡Ni soñarlo! Del hospital salimos con muchos papeles, pero ninguno es el manual para esta nueva persona que Dios ha puesto en nuestras manos y a quien tenemos la responsabilidad de formar. Ser mamás es una profesión que se aprende con la práctica. No hay conferencia ni libro que pueda prepararnos lo suficiente. Cuando vemos los hijos de otros siempre pensamos “si fuera hijo mío…” No vayamos tan rápido a juzgar y recordemos como dicen por ahí: “fuera del agua se nada muy bien”. Ser mamás muchas veces nos hace llorar ante la inmensidad de la tarea, nos hace caer de rodillas cuando no sabemos qué decisión tomar, nos quita el sueño tan deseado cuando nos preguntamos una y otra vez si actuamos bien.

Pero ser mamás también nos hace soñar, reír, cantar, dar muchos besos y recibirlos, nos llena el corazón de una alegría que de otra manera no hubiéramos conocido.

Ser mamás, amiga mía, es un privilegio que Dios no da. Él sabe que no somos perfectas. Sabe que tenemos dudas y que nos vamos a equivocar. Pero recuerda, él te escogió para la tarea. Nuestra parte es esforzarnos y ser valientes, él se encargará del resto. 

Wendy
 

Comentarios

  1. No recuerdo si ya te lo había dicho :-), pero además de amarte, te admiro mucho por haber aceptado ese reto de ser mamá... ¡por partida doble!
    Te prometo que voy a seguir estando a tu lado por el resto de la vida como mismo estuve cuando estabas dando a luz a nuestros dos hijos.

    PD.: Qué lástima que aquí no hay un botón de "Like", porque ¡me encanta tu blog! (y eso que no soy mujer)

    ResponderEliminar
  2. Asi es Wendy, muy bonito todo lo que hablas y una verdadera realidad, no sabemos realizar esa labor tan importante pero Dios le da el don a la mujer de aprender a serlo,y creo que es la bendicion mas grande que DIos nos puede dar, el de ser madre a pesar de las alegrias y tristezas que llevemos en el camino pero como dices, Dios esta ahi siempre para ayudarnos y aconsejarnos para ser las mejores madres y guiarlos por el buen camino. Al final nos quedara la satisfaccion de haberlos visto crecer y hacerse hombres y mujeres dignos.

    ResponderEliminar
  3. muy bonito todo lo que dices de las tareas de una madre, y la gran satisfaccion que nos queda es verlos crecer y saber que hemos logrado un buen trabajo, de mi es muy posible que no te acuerdes pero si quiero mucho a tu mama y a ti te cargue muchas veces, un beso grande para ti y tus niños y sigue siempre por el camino de Dios.

    ResponderEliminar
  4. Me has hecho llorar con este Post. Continua escribiendo.

    ResponderEliminar
  5. Escribes padre, me animas mucho!! sigue adelante que tus palabras haran eco en Saltillo Mexico. Dios te bendiga mucho Yolanda Fraga

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Yolanda, por tus lindas palabras! Bendiciones!

      Eliminar
  6. Qué linda manera de describir el rol de madre!!!! yo lo soy de cuatro bellos hijos... y con mi esposo nos han dado grandes alegrías, desvelos, lágrimas... hoy ya dos rondan los veinte y dos son teen todavía :) pero sé que me necesitan... y que un día tal vez no tanto, pero ahí tendré que poner de mi parte para dejarlos "ir"... Alabado sea nuestro Dios...Graciela de Vicente

    ResponderEliminar

Publicar un comentario