viernes, 27 de mayo de 2011

¡No me interrumpas!

Me senté frente al monitor de mi computadora con la intención de terminar algo pendiente y ahí comenzó.

—Mami, ¿puedo hacer una tarea de recortar?
—Mami, alcánzame la tijera.

(Suena el teléfono pero no contesto para poder terminar mi proyecto pendiente.)

—Mami, ¿dónde están los palitos para tocar el tambor?

Mami se levantó de su asiento, proyecto terminado, y fue al cuarto de lavar para buscar los útiles de limpieza y poner manos a la obra.

—Mami, ¿te puedo ayudar con eso?
—Mami, quiero hacer burbujas…

(Vuelve a sonar el teléfono.)

Mami quería conversar con Dios y entrecerró la puerta del baño. Se escuchan unos pasos.

—Mami, mami, mami…

En realidad esto no era un monólogo sino un diálogo. Mis respuestas fueron en su mayoría:  “no”, “ahora no puedo”; a veces respondí con meras acciones: buscar la tijera, revisar la caja de juguetes en busca de los palitos; y por supuesto, la consabida “no interrumpas ahora que mamá está ocupada”. Todo acompañado de protestas entre dientes.

No sé si alguna vez has tenido un día así, poblado de interrupciones. Tantas interrupciones que ni siquiera puedes sumirte en tus propios pensamientos. Bueno, así estuvo mi mañana en este día en particular. Lo peor es que las interrupciones casi siempre nos ofuscan, nos molestan. Fue entonces que me di cuenta.

Llegará un momento, más rápido de lo que imagino, en que nadie me interrumpirá para pedirme tijeras, palitos o simplemente para saber qué estoy haciendo. Y cuando ese tiempo llegue, lo más probable es que extrañe estas interrupciones.

Me di cuenta también de que, en cierto modo, constantemente estoy “interrumpiendo” a Dios con mis propias ideas, mis comentarios, mis oraciones completas o incompletas. ¿La diferencia? Él nunca me dice: “No me interrumpas ahora que estoy ocupado”. Al contrario, me recibe con brazos abiertos y responde: “Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá” (Mt. 7:7). ¡Cuánto tengo que aprender de mi padre celestial para poder ser una mejor mamá terrenal! (O esposa, o amiga.) Es verdad que tenemos que dar prioridades a las diferentes cosas de la vida y que debemos manejar adecuadamente las interrupciones para lograr nuestras metas. Pero qué gran beneficio para mí y para los demás si aprendo a dejar que la vida me interrumpa, con la misma actitud que me recibe mi Señor, sin protestas entre dientes.

1 comentario :

  1. jaja, me refleje en ese Mami, mami, mami...,
    y cunata verdad hay en tus palabras. gracias a Dios por ser el conducto para mostrarme el camino.

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