Resumen del tercer día

Amanezco contemplando otra vez las motañas andinas y agradecida a Dios por su bella creación.

El día de ayer fue bueno, lleno de trabajo, y claro...un poco de cansancio. Me tocó compartir el mensaje con mujeres que la mayoría son esposas de pastores, una misionera también y algunas otras. No deja de asombrarme cómo Dios lo ha preparado todo. Me toca tanto el corazón cuando alguien me dice: "Yo necesitaba mucho escuchar esas palabras". Al final, algo así hace que valga la pena todo tipo de sacrificio que uno haga para viajar, dejar atrás la familia. Invertir nuestras vidas en otros, para la gloria de Dios, es lo mejor que he podido experimentar. Y eso incluye desde mi vida cotidiana con mis niños hasta esta experiencia con mujeres a las que tal vez nunca más vuelva a ver de este lado de la eternidad.

Otra cosa asombrosa ha sido la manera en que todos los temas están relacionados, a pesar de que los preparamos mujeres diferentes, que nunca nos reunimos para hacerlo, que vivimos a miles de millas de distancia. Solo Dios puede idear algo así. 

En la noche estuvimos en una iglesia grande de la ciudad. Era el servicio de oración y tuvimos unas 400 personas. Linda experiencia. Pudimos alabar juntos y experimentar que no importan las diferencias culturales, en Cristo somos uno.

Son las 7:00 AM aquí en Quito y ahora nos preparamos para un nuevo día, confiados en que Dios hará cumplir su propósito para nosotros hoy. Esta experiencia también nos ha enseñado que aunque tengamos una agenda, la última palabra siempre la da Dios.

¡Hasta la próxima!

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