La magia de dar

Termina un año escolar más y con él muchos trajines cotidianos. Por un buen tiempo no tendré que manejar más en el tráfico agobiante de las mañanas. No tendré que apurar a nadie para que desayune rápido ni preocuparme porque los uniformes estén listos y las tareas terminadas.

Pero también termina una etapa en la que varias personas invirtieron en la vida de nuestros hijos en edad escolar. Esos maestros tienen, según yo lo veo, una de las profesiones más difíciles de todas. A veces como padres somos muy prontos a juzgarlos y no nos damos cuenta de que, al igual que nosotros, tienen sus propios problemas, ansiedades, carencias, enfermedades, etc. Pero con todo y eso, ahí están para dar de sí cada día. 

Dar, una palabra que cada vez se vuelve más escasa en nuestra sociedad donde impera el egoísmo. Todos quieren recibir pero pocos quieren dar.

Es intrínseco al ser humano ser egoísta, y si no lo crees así, solo mira a los niños que desde pequeños tenemos que enseñarles a compartir porque su naturaleza es contraria a la idea. Les es mucho más fácil decir: “Esto es mío”. Y lo más triste es que los años pasan y seguimos luchando con la misma tendencia en nosotros.

Dar a otros es algo que tenemos que aprender y ejercitar. Podemos dar de nuestro tiempo, en muchas ocasiones será lo más valioso que demos. Podemos dar una sonrisa, muchos lo agradecerán aunque no lo digan. Podemos mostrar agradecimiento, incluso con una sencilla tarjeta. Eso puede significar mucho y cuesta poco. Hasta puedes hacerla tú misma. Y claro, también podemos dar de nuestros recursos. 

La difícil situación económica actual hace que seamos más cautelosos en los gastos, y eso es bueno siempre y cuando no nos quite la alegría de dar. El asunto es que cuando damos a otros nos enfocamos en ellos y dejamos de pensar en nosotros mismos, nuestros problemas y limitaciones. Y es entonces que viene la diferencia en nuestro corazón, experimentamos una genuina satisfacción. “Hay más dicha en dar que en recibir” (Hechos 20:35). Siempre hay oportunidades a nuestro alrededor para dar, ni siquiera tenemos que salir a buscarlas. Es obvio que no podremos encargarnos de todas, pero escojamos algunas.

El Señor promete recompensar al generoso: “No seas mezquino sino generoso, y así el Señor tu Dios bendecirá todos tus trabajos y todo lo que emprendas” (Deuteronomio 15:10).  Mi abuelo tenía un refrán que nunca olvidaré, fue la realidad de su vida y quisiera que siempre fuera así en la mía y en la de mi familia: “Cuando tú das un plato, el Señor te devuelve un caldero lleno”. La verdad es que nunca le faltó nada. Esa es la magia de dar. 

Wendy
 Esta foto es muy vieja, pero ahí está mi abuelo Tomás, tal y como lo quiero recordar. El Señor lo llamó a casa en octubre de 1999. Y sí, la niña de la foto soy yo...muchos cumpleaños atrás. 
















Comentarios