A propósito de los papás

Con mi papá en mis 15 años
Siempre se escribe y se dice más en el Día de las Madres que en el Día de los Padres, por eso no quiero dejar pasar la oportunidad, porque mi vida ha estada rodeada de padres que han sido una bendición.
Tengo a mi papá, a quien quiero mucho y es una parte importante y activa de mi vida. Mi papá tuvo mucho con ver con mi amor por la música. De niña lo escuchaba tocar la guitarra y aprendí a sentarme a su lado para escucharle y escuchar las canciones que él oía. Es un fan de los Beatles, así que yo tuve más de esa música que canciones de cuna. También contribuyó mucho a mi pasión por las letras y la lectura. Cuando terminé primer grado me regaló mi primer diccionario, un Larousse que todavía recuerdo como si hubiera sido ayer. Cuando terminé segundo grado me regaló Los hijos del capitán Grant de Julio Verne. En su máquina de escribir comencé a dar mis primeros pasos en la mecanografía, él la tenía porque le gustaba escribir y tiene en su haber varios cuentos. Así que ya saben también por dónde viene en parte lo de gustarme escribir. Aunque no compartimos el mismo hogar, no fue un papá ausente y por eso le doy gracias a Dios. Ahora no solo es papá, es un abuelo muy querido por sus nietos que juega con ellos, los lleva a pasear y comparte sus fantasías. 
Con Osvaldo, mi segundo papá
Tengo otro papá que ha compartido muchos años de mi vida. No me gusta llamarle padrastro porque por alguna razón esa palabra suena fría y distante. (¿Será por la influencia de las madrastras malas en los cuentos infantiles? ¡Quién sabe!) A pesar de que no tenemos la misma sangre, este otro papá ha sido excelente para mí. Todavía recuerdo los cuentos que me hacía y cómo yo le pedía que me los contara otra vez. Se sentaba conmigo a estudiar cuando yo no tenía deseos de hacerlo sola. ¡Y hasta me dejaba incursionar en la cocina con más libertad que mi mamá! Hoy también es un abuelo querido por sus nietos que les prodiga amor y cuidado. Es una mano siempre presta a ayudar con tan solo pedirlo, ya sea que se trate de pintar una pared o de quedarse con los nietos.
Mi esposo y nuestros hijos
Y el otro papá a quien quiero mencionar es a mi suegro. Este es un hombre sencillo, quizá de no muchas palabras, pero de integridad y carácter admirables. Cuando todavía era joven quedó viudo y se dedicó por entero a la crianza de sus hijos.  Con limitaciones materiales, me imagino que también con una buena medida de tristeza en su corazón, pero con un amor increíble, mi suegro educó a sus hijos y los llevó a ser gente de bien. Yo nunca le he dicho nada de esto, pero le admiro grandemente. Por su esfuerzo y dedicación hoy mis hijos tienen un papá maravilloso que es una bendición de Dios para sus vidas. Un papá que juega con ellos cada día cuando llega del trabajo, que les enseña la Palabra de Dios, que les ama incondicionalmente y les disciplina con el mismo amor.
Así que en este Día de los Padres le doy gracias a mi Padre por excelencia, mi Padre celestial, porque en su infinito amor para mí, una de sus hijas —imperfecta y muy humana—, me ha regalado padres humanos, también imperfectos, pero que han bendecido mi vida, me han colmado de amor, y de una manera u otra, me han permitido ser quien soy.  Gracias, Papá.


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