El segundo hombre de mi vida cumple cuatro años

Nathan y yo, cuando él tenía 6 meses
Mañana celebraré la llegada a mi vida de un hombrecito envuelto en pañales y  cuyo nombre significa “dado por Dios”. Fue el propio Dios quien me dio el nombre para este bebé y me mostró que sería varón, una experiencia que jamás olvidaré y reconozco que no es algo de todos los días. Ese hombrecito es un regalo del cielo que aunque me parezca mentira, ya irá a la escuela en el próximo curso.
Como cualquier mamá puedo recordar todos los detalles involucrados en su nacimiento, pero si alguno sobresale fue el momento en que la enfermera, que recién entraba a trabajar en ese momento, me preguntó cómo se llamaría y cuando le dijimos, lo tomó en sus brazos, lo alzó y dijo una bella oración de bendición que yo hubiera querido grabar, escribir…pero la tengo en mi mente. No me quedan dudas de que mi Señor tiene planes con este hombrecito que ahora juega a las espadas, imita el sonido de los carros y con la sonrisa más adorable que pueda encontrar me dice: “Mami, te quiero”.
No sé si sabes pero hay una crisis en los Estados Unidos por falta de papás en los hogares. Un gran número de familias carecen de una figura masculina que cumpla con el rol que les corresponde. Por eso, cuando pienso en este hombrecito mío le pido a Dios que nos dé sabiduría para guiarlo por el buen camino, instruirlo en su Palabra y llegar a ver que se convierta en un varón de Dios, como aquel profeta que también llevó su nombre, que le ame y le sirva de todo corazón. Que un día, cuando le corresponda a él, pueda ocupar su lugar en su propia familia, y ser el líder con sabiduría y amor.
Criar niños varones en esta sociedad es un gran reto pues los límites y las definiciones cada vez están más borrosos, pero para eso tenemos el Manual por excelencia, la Palabra de Dios. A muchas mamás nos asusta educar a los varones porque queremos un equilibrio entre darles amor y hacerles fuertes. Yo misma he vivido esa experiencia y casi constantemente le pido al Señor ayuda. Sin embargo, he aprendido dos cosas que quiero compartirte hoy.
Primero, si Dios puso este niño es mis manos es porque él sabía que yo podría ser su mamá, con mis defectos y todo. Desde que vi el resultado de la prueba de embarazo aquel día de octubre de 2006, puse a mi hijo en manos de Dios y junto con eso puse mi misión de mamá.
Segundo, el temor no viene de Dios, ni tampoco la cobardía. Tener hijos, como dice James Dobson, no es para cobardes. La Palabra de Dios afirma: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor…” (2 Timoteo 1:7). El enemigo quiere que nos acobardemos ante la tarea porque sabe que el temor paraliza y por tanto no hacemos lo que nos toca. Ser madres es una misión súper difícil pero Dios nos ha dado poder en Jesús. Tenemos que ser como la mujer que se describe en Proverbios 31: “Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir”.
Sé que me quedan muchos años por delante, muchos retos que implicarán rodillas dobladas y otras cosas más; pero nada igualará la satisfacción de haber cumplido con la tarea que hace cuatro años Dios volvió a poner en mis manos cuando me dijeron: “¡Felicidades, mamá, aquí está su niño varón!”.  

Wendy

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