Malabares peligrosos


“Señor, necesito equilibrio en mi vida. A veces me siento como el malabarista del circo que sostiene platos con cada mano, la cabeza y la nariz, mientras les da vueltas a todos y se esfuerza para que ninguno caiga al piso y se rompa. En la cabeza están mi esposo y mis hijos y todo lo que esas relaciones primordiales de mi vida conllevan. En una mano el trabajo y los compromisos profesionales con los que tengo que cumplir. En la otra, mi servicio a Dios, en todas sus formas y tamaños. Como el malabarista, estoy dando vueltas a todos esos platos e intentando que ninguno caiga al suelo mientras camino a tientas por la cuerda floja a la que llamamos vida.”
En estos días he estado pensando mucho en esto. Tanto así que creo que dejó de ser pensamiento para convertirse en oración. Le estoy pidiendo a Dios que me ayude a mantener el equilibrio, que no deje caer al suelo ningún plato pero que tampoco cargue yo tantos platos que no pueda caminar. Y en ese momento él me susurra: “es cuestión de equilibrio, sí, pero en el uso de tu tiempo”. 

Por lo general el desequilibrio en el tiempo me quita la alegría porque me llena de estrés. Empiezo a sacrificar las cosas importantes en el altar de lo urgente. Confieso que a veces me cuesta dejar a un lado un proyecto de trabajo para jugar con mi hija a las muñecas. Es difícil concentrarme en las palabras que tengo que escribir cuando mi hijo quiere que le busque una hoja para colorear. Pero en esta etapa de mi vida, probablemente eso sean los “platos” más importantes para alcanzar mi equilibrio.

De todas las cosas que Dios nos ha regalado, el tiempo es una de las más preciosas, está en nuestras manos decidir cómo lo vamos a usar y repartir.

Yo sé que la inquietud no salió de mí misma, es el Espíritu dentro de mí el que me ha hecho ver que necesito equilibrio para no perder de vista lo verdaderamente importante. Quizá tú puedas también identificarte con esto.

Ser malabaristas con nuestras prioridades en la vida es un ejercicio demasiado peligroso. Al final, al menos yo, salgo frustrada o con sentimientos de culpabilidad por no haber dado a cada “plato” el lugar o el momento correspondiente.¿Menos tiempo en el teléfono quizá? ¿O en el Internet? Léase sobre todo Facebook, otros blogs que sigo y me encantan, etc. No son cosas malas. Son parte de mi vida, pero no puedo dejar que ocupen el lugar de otras más importantes. Lo primero que abro en la mañana debe ser mi Biblia y no mi buzón de correo electrónico.

¿Solución al problema? Tengo que determinar las prioridades y hacer que sean, si me permiten la palabra, sagradas. Buscar alinear mi lista con la de Dios para que entonces todo fluya sin necesidad de andar haciendo malabares. Una vez establecidas las prioridades y alineadas, poner esfuerzo  y empeño, cambiar lo que tenga que ser cambiado, para lograr el equilibrio con el tiempo que Dios ha puesto en mis manos. Equilibrio es una palabra difícil, pero una vez que la dominamos, la vida nos sabe mucho mejor.

Te dejo con las palabras de un viejo sabio de antaño, que después de vivirlo todo, entendió que “todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo” (Eclesiastés 3:1). 

Wendy

Comentarios

  1. Tal parece que hoy amanecimos pensando en las mismas cosas, pues acabo de publicar algo sobre el mismo tema, en mi Fan Page (Cómo buscar tiempo para la meditación) que está basado en un artículo titulado "15 formas de crear una hora de tiempo extra al día... para la soledad."

    Increiblemente, hace cuestión de 35 minutos también coloqué esta nota en mi muro de Facebook haciendo mención de que "hay un tiempo para todo":¿Creen que los niños deben tener teléfonos celulares? Busqué la respuesta en la Biblia y hay un tiempo para todo: Cuando yo era niño, hablaba como niño (no usaba celular), pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre (me compré un celular) y dejé lo que era de niño...

    La próxima vez me llamas para ponernos de acuerdo! lol!!!

    Dejando las coincidencias a un lado, tu post está muy bueno.

    Bendiciones!

    ResponderEliminar
  2. Gracias Amado Dios por esta bella enseñanza.
    Gracias Amado Dios por tu sierva Wendy.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario