miércoles, 17 de agosto de 2011

Aprovechar el tiempo


Hoy tuvimos que salir en busca de zapatos nuevos para mi hija. No porque quisiera otro par de zapatos sino porque de pronto todos le quedaban chiquitos. Ahora, mientras yo escribo, ella y su hermano están dormidos junto a mí, y los miro y me pregunto adónde se fueron los bebés que un día yo dormí en mis brazos.
La vida pasa rápido, más rápido de lo que quisiéramos y no hay nada que podamos hacer para detenerla. ¿Qué nos queda entonces? “Aprovechar bien el tiempo”, como nos recuerda Pablo en una carta escrita hace muchos años y que estoy releyendo por estos días. La carta a la iglesia de Éfeso.
“Aprovechar bien el tiempo”, ¿de qué se trata? Las respuestas pudieran ser muchas, pero voy a darte la que he decidido poner en práctica porque entiendo que es lo que Dios diseñó para nosotros. Aprovechar bien el tiempo, como dice la Nueva Traducción Viviente, es “[sacar] el mayor provecho de cada oportunidad” que Dios nos presente. Cada momento que vivimos es un regalo y no va a regresar. Hay que degustarlo como si fuera un manjar exquisito.
Te confieso que desde que soy mamá a veces quisiera regresar al tiempo en que no tenía tantas responsabilidades. En otras ocasiones quisiera congelar el tiempo porque sé que según los años pasen y mis hijos crezcan, los problemas serán algo más complicados que juguetes fuera de lugar y tareas escolares sin hacer. Pero Dios se ha ido encargando de hacerme ver que la clave está en aprovechar el tiempo, disfrutar el momento, porque cuando me concentro en el día de hoy, no me preocupa el mañana; a fin de cuentas, ya llegará “con su propio afán” y sin que yo pueda evitarlo. Concentrarme en el día de hoy me hace ver las cosas buenas que rodean mi vida y entender que si hay algo que no me gusta mucho, también pasará. Como dicen por ahí, un día a la vez.
Me he propuesto bajar la marcha, girar mi silla de trabajo siempre que alguno de mis hijos me llame (eso parece sencillo pero para mí no es tan fácil), detenerme para escuchar con toda atención las historias que mi hija crea con su imaginación y para ver los dibujos de mi pequeño, aunque por dentro piense que estoy perdiendo tiempo. En realidad, lo estoy aprovechando porque los días van a pasar, los pies seguirán creciendo y el hoy se convertirá en pasado a la luz del futuro.  
Te dejo con estas palabras del Salmo 90:12, le pido a Dios que nos inviten a reflexionar:

Enséñanos [Dios] a entender la brevedad de la vida,
  para que crezcamos en sabiduría.”

Wendy

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