viernes, 26 de agosto de 2011

Celebrar no es solo para días especiales


Una de mis cosas especiales, regalo de mamá.
Cuando era niña me encantaba revisar el aparador en casa de mi abuela. Allí ella guardaba las vajillas, los cubiertos y todas las cosas lindas para los días especiales. Eran dos vajillas inglesas, una con adornos azules y la otra con adornos rojos. Ambas estaban destinadas para mi prima y para mí, para que cuando creciéramos tuviéramos una vajilla linda cada una. Eran un recuerdo de familia.
Cuando me casé, mi abuela me regaló la vajilla. Seis años después nos fuimos del país y la vajilla quedó atrás. Aquí tengo ahora dos o tres piezas, como recuerdo de mis abuelos y también de mi infancia. Viviendo en Cuba la usé en algunas ocasiones. Siempre me ha gustado poner una mesa linda, con todos los detalles. Herencia de mi abuela paterna y de mi mamá.
Esta semana mientras preparaba la cena, mexicana por cierto, pensé cómo a veces guardamos tanto las cosas para los momentos especiales de la vida. Y es verdad que hay momentos así, que meritan cosas especiales; pero como lo indica su nombre, por ser especiales son pocos. Son más los cotidianos, los del diario, los que damos por sentado pero que no sabemos cuándo terminarán. Mientras terminaba la cena decidí que sacaría ese día cotidiano algunas de mis cosas especiales. ¿Por qué? Porque vale la pena disfrutar cada día como si fuera algo especial. En verdad lo es. Es una oportunidad de vivir, es una oportunidad de reír, de compartir juntos en familia, de disfrutar las bendiciones que Dios nos da. A veces esperamos tanto a que llegue “ese momento” que la vida se nos va entre las manos. “Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos…que el hombre nunca sabe con qué habrá de encontrarse después”, sabias palabras de un hombre que aprendió a valorar la brevedad de la vida, Salomón.
Cada día que el Señor nos permite vivir es un regalo. Estoy tratando de poner en práctica lo que leyendo en un libro escrito por Ann Voskamp, una excelente autora canadiense. El libro todavía no está en español, pero cuando esté, ¡seré la primera en avisarles! La esencia del mensaje es este: vivir dando gracias, POR TODO.

“…con acción de gracias lo exaltaré. Esa ofrenda agradará más al Señor que la de un toro o un novillo…”

Y los regalos son motivos de celebración. Así que ese día que les cuento, miré en mi propio aparador y saqué algunas de esas bendiciones reservadas para días especiales y celebré un día normal. No nos damos cuenta de que todo cambia cuando cambia nuestra perspectiva. Más que ninguna otra cosa Dios quiere de nosotros que aprendamos a vivir dando gracias, disfrutando los momentos, la vida abundante. Que no es abundancia de riquezas, como piensan algunos, es abundancia en el corazón.
Se acerca el fin de semana, y seguro ya tienes planes; o tal vez no. De cualquier manera, antes de ninguna otra cosa, decide vivir esos días como lo que son, un regalo de Dios. Y celebra, con las bendiciones que tengas; da gracias por lo que tienes y disfruta. Esa es la abundancia que trae Dios al corazón.

Wendy
P.D. Curioso que la vajilla que tengo ahora, también es un regalo de mi abuela, cuya presencia todavía podemos disfrutar. Otro motivo para dar gracias y celebrar.


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