Hoy solté mi segunda flecha

Yo nunca pensé que este día llegaría tan pronto. Ni tampoco pensé que no estaría preparada. Al contrario, pensaba que lo disfrutaría porque al fin tendría la libertad en mi tiempo que tanto había deseado, el silencio que muchas veces había procurado. ¡Increíble que a veces nos conozcamos tan poco a nosotros mismos!

Hoy fue el día en que mi “bebé” empezó la escuela. Hay silencio en la casa. Por fin puedo trabajar sin las interrupciones que antes tenía. Pero en lugar de estar contenta, estoy triste. ¿Quién entiende al ser humano, no? Este nené fue mi compañía diaria durante los primeros cuatro años de su vida y hoy tengo que abrir las manos y soltarlo por primera vez para que empiece a “volar”. Ya sé que son solo unas horas del día, que regresará en la tarde, pero si eres mamá como yo y has vivido esta experiencia, tú me entiendes. Y si todavía no la has vivido, algún día la entenderás. 

Echar a volar a nuestros hijos es parte de la función que Dios nos dio como madres, pero qué difícil es a veces. En cierto modo preferimos la burbuja, la seguridad del nido.  Pero ese no es el mundo real y por tanto tenemos que ayudarlos para que vuelen, vuelen alto y lleguen a ser todo lo que Dios ha trazado para sus vidas. Dijo el sabio Salomón que nuestros hijos son “como flechas en las manos del guerrero”.  Tenemos que tensar nuestro arco y soltar las flechas, apuntando bien para que lleguen lejos, tan lejos como el Señor les permita llegar.

Así que hoy comienzo el proceso de tensar el arco para “mi segunda flecha”, que solo tiene cuatro años y lo hago con cierto temor, con algunas lágrimas pero confiada en que el Dios que lo trajo a mi vida lo cuidará como solo él lo sabe y lo puede hacer. Me duele, pero crecer conlleva sus dolores y este es uno de esos. Mi hijo crece y yo crezco junto con él. Como he dicho ya otras veces, ser mamá es un gran desafío, no creo que haya otro semejante en la vida de una mujer, pero quiero ser una guerrera valiente, tensar bien el arco y hacer todo lo que esté en mis manos para que las dos flechas que Dios puso en mi aljaba vuelten muy lejos, lleguen alto, no según los estándares del mundo, sino según los planes de Dios. 

¡Bendiciones en esta nueva semana!

Wendy

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