Inolvidable


Hace unos días comimos en un restaurante que no voy a olvidar nunca. No era de lujo ni tampoco sobresale por lo exclusivo de su menú. Sí, la atmósfera es agradable, el lugar está limpio y la comida es buena; pero no es nada de esto lo que hizo que la cena de esa noche se grabara en mi memoria.
Déjame contarte que ese día llegamos al restaurante minutos antes de cerrar, aunque les llamamos antes por teléfono para asegurar que nos recibirían. Nuestra mesa era para ocho personas, de ellas cuatro niños. Cuando he tenido experiencias similares por lo general el personal de servicio ya está agotado, lógico después de varias horas de trabajo arduo y trato con el público. Y ese agotamiento hace que prefieran no atender a nadie más para poder irse a casa. Cuando sí nos han atendido…bueno, digamos que no ha sido la cena más placentera ni hemos visto las caras más sonrientes. Lamentablemente pasa mucho en la ciudad donde vivo.
En fin, llegamos al lugar y ya nuestra mesa estaba lista. La anfitriona, una muchacha muy joven, nos recibió con una gran sonrisa, tenía listos todos los menús, crayolas para los niños y nuestro camarero llegó en segundos, mostrando también una amplia sonrisa. Ya eso fue una buena señal.
La manera en que aquel señor nos atendió esa noche nos hizo sentir que estábamos en un lugar cinco estrellas. Nuestra mesa recibió un servicio de primera, hasta incluyó cosas en nuestro pedido como cortesía de la casa. Una vez que todo estuvo servido, él mismo cortó la comida de los niños para que fuera más fácil para estos y menos trabajoso para nosotros. Yo estaba asombrada, ni en lugares superiores muchas veces uno encuentra alguien así, tan apasionado con su trabajo.
Cuando casi estábamos por terminar, no pude evitar decirle a nuestro camarero cuánto admiraba su manera de trabajar y qué bueno sería si fuera así en todos los restaurantes. Él enseguida me respondió que a fin de cuentas ese era su trabajo y disfrutaba hacerlo bien y ganarse con gusto su dinero. Bueno, pagamos nuestra cuenta, nos despedimos y les deseamos a todos una buena noche. Ya estaban listos para irse a casa.
Como dije al principio, no voy a olvidar esta experiencia. ¿Qué la hace diferente? La pasión con la que aquel hombre desempeñó su trabajo. Eso me puso a pensar en cuán diferente sería todo si cada uno de nosotros pusiera esa misma pasión en lo que hace. Pablo, en su carta a la iglesia de Éfeso, escribió lo siguiente: “Trabajen con entusiasmo, como si lo hicieran para el Señor y no para la gente. Recuerden que el Señor recompensará a cada uno de nosotros por el bien que hagamos…” (Efesios 6:7-8, NTV). Tres cosas fundamentales en estas dos oraciones:
  1. Trabajar con entusiasmo, sea cual sea nuestro trabajo.
  2. Hacerlo para Dios…la recompensa vendrá de él.
  3. No trabajamos para la gente, a pesar de que vivimos en el mundo y nuestros superiores son seres humanos.
Yo sé que no es fácil. Más de una vez me ha tocado hacer algo que no me gusta, pero la realidad es que me gustaría que me recordaran de la misma manera en que yo recuerdo a este camarero. ¿La motivación? Trabajar como para el Señor y no para la gente. Será la única manera de lograrlo pase lo que pase. Te garantizo que de esa manera nuestro paso por este mundo será inolvidable. 

Wendy

Comentarios

  1. Es verdad, Wendy. Trabajar cada dia para el Senor. Eso cambia todo. Gracias por tu palabra de animo.

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