viernes, 16 de septiembre de 2011

Cuestión de dos letras

Mi abuelita, de 93 años, ha comenzado a apagarse. Sus ojos ya no tienen la luz de antes, la fuerza física le abandona día a día. Su voz ya no tiene la potencia con la que me llamaba a almorzar cuando yo era niña. Me duele ver cómo se está yendo, a pesar de que sé que lo mejor para ella vendrá después y solo le diremos “hasta luego”. 

La realidad es que hace ya un tiempo he tratado de adaptar mi mente a esta idea. Lo difícil es que por primera vez tengo que explicar este fenómeno de la muerte a mi hija de ocho años. Ella nunca la ha visto de cerca en la familia, y hoy, mientras me preguntaba por “Tata”, me dijo con los ojos aguados: “Mami, yo no quiero que ella se vaya…” ¿Cómo podemos explicar algo tan complejo a un mente pequeña que apenas empieza a caminar en esta vida que originalmente no fue creada para morir? No obstante, fue esa misma mente de ocho años, la que un día me describió, como solo un niño lo puede hacer, su visión del cielo. Yo me quedé sin palabras mientras ella lo hacía porque me di cuenta de por qué Jesús dijo que tenemos que ser como niños. 

Es difícil para nosotros los seres humanos creer que hay algo mejor porque nuestros cerebros solo procesan la información basados en hechos, en los sentidos. Es como cuando nunca hemos estado en un parque de Disney, digamos. Cualquiera nos puede contar la belleza, la “magia”, pero es solo cuando lo vemos con nuestros ojos que realmente entendemos lo que nos querían decir. La diferencia es que por mucho que tratemos, no podemos ni empezar a imaginar cómo será la vida que nos aguarda cuando cruzamos el umbral de la muerte si hemos creído que Jesús nos espera del otro lado y le confiamos nuestra vida mientras estuvimos aquí. Se resume en una simple palabra de dos letras: FE
En diccionarios.com encontré esta definición de fe que me resultó muy interesante:

Convencimiento íntimo o confianza, que no se basa en la razón ni en la experiencia, en que una persona es buena, capaz, honrada, sincera, etc., o en que algo es eficaz, verdadero, posible, etc.

Y en la Biblia tenemos esta otra definición:

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Hebreos 11:1).

La fe no la podemos explicar; es verdad que hay muchos elementos que podemos esgrimir a favor de lo que creemos, pero al final de la jornada llega un punto en que la persona solo tiene una opción: tener fe o no tenerla; porque si pudiéramos explicar a Dios en un 100%, entonces no haría falta la fe, pudiéramos decir muchas otras cosas, pero no que creemos por fe, y “sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6). 

Y es esta fe la que me sostiene en estos días, la certeza de saber que aún cuando mi abuelita se vaya, volveremos a verla, porque “Jesús la muerte venció”, como dice la letra de Poderoso para salvar. Y es esa misma fe la que quiero sembrar en el corazón de mis hijos, incluso ahora que son pequeños y cuando no comprenden muchas cosas. Tal vez es mejor así. A veces cuando creemos que entendemos y sabemos es cuando más confundidos estamos. Mi abuelita sembró esa fe en mí, tal y como dice un viejo himno que cantaban en la iglesia cuando ella me llevaba: “Y no preciso discutir ni un argumento más, me basta que Cristo murió, y que murió por mí”.

Bendiciones y que disfrutes el fin de semana.

Wendy

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