miércoles, 28 de septiembre de 2011

No me gusta hacer ejercicios pero...

Los deportes nunca han estado en mi lista de cosas favoritas. En realidad cuando estaba en la escuela y llegaba la hora de la educación física para mí era más bien una tortura. La única razón por la que lo disfrutaba era para salir del aula y ver un poco de cielo azul. Sin embargo, he llegado a entender que me guste o no, hacer ejercicios es parte de cuidar de mí misma, y por consiguiente del templo del Espíritu que es mi cuerpo. Eso también es vivir la vida como Dios la diseñó pues él nos regalo un “envase” para nuestra alma y nuestro espíritu, y una vez que le conocemos, ese envase también se convierte en Su casa.

Así que hace un corto tiempo decidí que tenía que hacer algo para incluir los ejercicios en mi agenda del día. No olvides que no me gusta, y por tanto me cuesta más trabajo. Tengo un metabolismo rápido que me permite comer prácticamente cualquier cosa y no aumentar de peso, pero eso no implica necesariamente una buena salud. Trabajo sentada mucho tiempo y con nuestro cuerpo sucede igual que con las demás cosas, el poco uso las oxida. ¿Qué hacer entonces? La idea del gimnasio me atrae, pero no me gusta ir sola y todavía no he encontrado a nadie que pueda acompañarme en mi horario, por lo que empecé con una meta pequeña. ¿Recuerdas que hablamos de las metas al comienzo del año? (Si no leíste ese artículo, aquí está.) Bueno, esta es una de esas…pero se ha quedado rezagada, honestamente. La meta que me he propuesto es hacer algo aunque sea solamente 30 minutos por día. Un día puede ser caminar (hasta que eso se convierta en correr). Otro día uso un DVD que tengo y que me gusta bastante. También tengo una cuerda para saltar, ese es un ejercicio cardiovascular muy bueno; y una cuerda para ejercicios de fuerza. 

Como te dije al principio, esto siempre será un esfuerzo para mí, pero sé que con el tiempo me dolerá menos.
Al igual que cuando estaba en la escuela, disfruto salir afuera para mirar al cielo. Esta mañana era azul y con matices blancos. De veras, parecía que Dios hubiera tomado un pincel y hubiera dado pinceladas aquí y allá. ¡Hermoso! De paso el estar afuera es un tiempo que aprovecho para hablar con Dios y contarle muchas cosas, le alabo al ver todo lo lindo que él ha creado y también uso ese tiempo para pensar, para poner las ideas en orden. ¿Te animas?

De paso quiero recomendarte un libro del que hablé en este blog hace un tiempo y que ya está disponible en español. Ha estado durante varias semanas en la lista de los más vendidos del New York Times. Se titula Fui hecha para desear. Tuve la dicha de traducirlo y su autora es la presidenta de Proverbs 31 Ministries, un ministerio del cual formo parte en la división hispana, Sabiduría con Salsa. Te lo recomiendo, es excelente para el espíritu y para el cuerpo. 

Si tienes alguna estrategia que prefieras para esto de los ejercicios, cuéntame.
Bendiciones,

Wendy




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