Victoria, un día a la vez.


La semana comenzó un poquito más cargada que las demás:

  • Un proyecto de trabajo que entregar el martes en la mañana.
  • Una cena familiar el martes para celebrar a mi mamá en su cumpleaños.
  • Clase de piano el martes y de arte el miércoles (no yo, sino mi hija, pero igual se altera el horario).
  • Un proyecto de la escuela de mi hija para el viernes que ni siquiera habíamos empezado.
  • Una reunión el jueves en la mañana.
  • Estudiar el jueves en la noche para los exámenes del viernes en la escuela. (Además sería un día un poquito difícil porque normalmente mi esposo me ayuda con las tareas escolares pero no llegaría a casa hasta mucho más tarde.)

A eso le sumamos todas las tareas/responsabilidades diarias que no cambian y fácilmente el nivel de estrés se dispara.

Lo único que hizo a la semana diferente fue mi manera de enfrentarla.

Cada día, antes de empezar, le pedí al Señor que me diera una porción de él justo para ese día, no quería pensar en todo lo que tenía por delante, ni en el día siguiente, sino vivir cada minuto a la vez.

Verás, el problema es que cuando estoy muy estresada me pongo tensa, como todo el mundo; pero además, hablo bruscamente y pierdo la paciencia. Esa es mi más grande lucha. Y muchas veces le he preguntado a Dios por qué no veo la victoria, por qué él no quita de mí ese rasgo del carácter tan negativo.

Llevo años orando por eso pero el otro día, por fin, escuché en mi corazón la respuesta de Dios: ganarás la batalla apoyándote en mí un día a la vez.

En su libro Fui hecha para desear, Lysa TerKeurst dice: “Cualquiera que sea la situación, sigo pidiéndole a Dios que sea mi porción diaria: de compañía, provisión, paciencia, una y otra vez. Y un día encontraré la victoria sobre esas cosas en lugar de solo mirar a un montón de lágrimas…”

Y precisamente esa fue la estrategia que probé esta semana y la razón por la cual puedo decir que ayer, a pesar de todas las cosas que estaban en la agenda del día, y de mis limitadas fuerzas, obtuve una victoria. Aunque aparentemente es pequeña, en mi corazón la veo grande, porque entendí que si pienso en todas las probabilidades que tengo de caer en lo mismo bajo las tantas presiones, me vencerá el desánimo aún sin empezar. Sin embargo, si me propongo en Dios ganar la batalla un día a la vez, podré ir de victoria en victoria.

Aunque no conozcas mucho de la Biblia, es muy probable que conozcas una oración a la que muchos llaman El Padre nuestro. Bueno, casi al final, Jesús dice: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”. Interesante que la petición se resume a la porción diaria, sin pensar en mañana ni la semana que viene. Dios quiere que busquemos de él la porción diaria, eso será suficiente para cada día.

Todos luchamos con algo que “traemos de fábrica” o que tal vez adquirimos en el camino: falta de paciencia, temor, inseguridad, baja autoestima, etc. Quizá a ti te pase como a mí, te has cansado al pensar que nunca vas a vencer ese “algo”. ¿Por qué no pruebas esta estrategia? No pienses en todas las veces en que puedes fallar, pídele a Dios en oración que sea tu porción para un día a la vez y celebra tus pequeñas victorias.

¡Buen fin de semana!
 Wendy

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