lunes, 28 de febrero de 2011

El adivino

No sé tú pero yo llegué al matrimonio con una lista, aunque quizá no estaba consciente de ella. Era una lista de todo lo que mi esposo debía ser: amigo, amante, consejero profesional, experto en relaciones humanas, licenciado en organización, doctor en problemas emocionales, contador, y muchas otras cosas más, pero sobre todo, adivino. 

Sí, adivino. No para que adivinara mi futuro, sino adivino de mis pensamientos, emociones y reacciones. Yo quería que con solo mirarme él supiera lo que yo estaba pensando. Que sin yo decir nada él pudiera, de alguna manera “sobrenatural”, saber si estaba triste, preocupada, cansada, frustrada, dolida, etc. 

Recuerdo más de una discusión que comenzó porque él no había “adivinado” lo que me pasaba. Me encerraba en mi mundo, muy frustrada y resentida, preguntándome cómo era posible que este hombre, al que yo amaba tanto y que sabía me amaba igual, fuera tan insensible a mi problema o a nuestro problema. Sin querer estaba creando un vacío y no estaba dispuesta a tender el puente. Él tenía que “adivinar” la solución.

¿No te ha pasado?

Gracias a Dios mi esposo, que quizá no sea todas esas cosas de la lista que mencioné arriba pero está bastante cerca, enseguida captó cuál era el problema y con mucha paciencia y sabiduría me fue demostrando que en las relaciones humanas “adivinar” no funciona.

Este problema de la “adivinación” se presenta en muchos tipos de relaciones. Nos pasa con amigos, familiares, con los hijos, pues esperamos que sin decirles, ellos sepan que algo nos molestó, nos incomodó. Y hasta llegamos a cuestionar la relación en base a nuestra percepción irreal del problema que se resolvería si quitáramos el factor “adivinar” y lo sustituyéramos por “comunicar”.

Comunicar lo que sentimos, lo que nos duele, lo que nos molesta o nos frustra puede ser difícil, sobre todo si no estamos acostumbrados a hacerlo, pero es muy saludable. No es posible que un problema pueda resolverse si esperamos que los involucrados “adivinen” que dicho problema existe.

Recuerda que son relaciones humanas, y como tal funcionan. Solo Dios conoce tu corazón y tu mente sin que pronuncies palabra alguna. Los demás necesitamos de la comunicación para entendernos. Dice la Biblia en Proverbios: “Y la palabra a su tiempo, ¡cuán buena es!”

Así que, si todavía estás luchando porque quieres tener “adivinos” en tu vida, quítales esa carga, no te hace bien a ti ni tampoco a ellos.  A fin de cuentas hasta Dios, que todo lo sabe, espera que seas tú misma quien le cuente. En eso consiste la oración. Sabio, ¿verdad?

jueves, 24 de febrero de 2011

La belleza cuesta

La belleza cuesta. Eso es algo que las mujeres sabemos muy bien. Cuesta dinero. Cuesta tiempo. Cuesta sacrificio (ejercicios, dieta, zapatos muy altos y hasta incómodos pero que lucen bien, etc.). Cuesta perseverancia. La belleza externa nos cuesta. Sin embargo, a pesar de todo esto la perseguimos, en una medida u otra. Todavía no he conocido a la primera mujer que le guste estar mal arreglada o fea.

Pero la belleza exterior tiene un problema, por más que nos esforcemos, es efímera. Al final de la jornada, se va, se deteriora, cambia. A pesar de todo el dinero, el tiempo y el sacrificio que le dedicamos.

Lamentablemente, no hacemos lo mismo con la belleza interior. ¿Cuántas veces empezamos nuestro día sin haber dedicado un tiempo para estar a solas con nuestro Dios? Sin embargo, casi ninguna mujer (excepciones hay en todo) sale de su casa despeinada o desarreglada, y si lo hace, bueno…para eso están las luces rojas del semáforo, ¿no? ¡Cuidado! La bolsa con el maquillaje es indispensable en la cartera. Hay más ejemplos, pero ya tenemos la idea.

La belleza interior también cuesta.
1.      Cuesta tiempo porque a menos que nos propongamos separar un tiempo para conocer a nuestro Dios, escucharle y aprender de su Palabra, nuestra relación con él se irá deteriorando. Muchas cosas compiten por nuestro tiempo y atención. Y la realidad es que buscamos la manera de dar tiempo a todo lo que consideramos importante.
2.      Cuesta sacrificio para levantarse más temprano y aprovechar el silencio y la quietud de la casa, especialmente si luchas por estar unos minutos más en la cama ya sea porque te gusta dormir o porque estás muy cansada o una combinación de las dos . Mi experiencia personal, si dejo esto para el final del día no lo hago, el cansancio me vence.  Yo creo que David sabía esto y por eso buscaba a Dios en las mañanas. (Salmo 5:3)
3.      Cuesta perseverancia, nuestra vida espiritual requiere que perseveremos. En Hebreos 12:1 se nos dice: “corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante”. La vida cristiana no es una carrera de velocidad, es una carrera de resistencia, de perseverancia. Si quieres ser linda por dentro, tienes que perseverar. La transformación de Dios en nuestras vidas es un proceso, muchas veces hay que empezar de nuevo, pero no nos podemos cansar.

¿Y la diferencia con la belleza exterior? La belleza interior es eterna. “Por tanto, no nos desanimamos. Al contrario, aunque por fuera nos vamos desgastando, por dentro nos vamos renovando día tras día” (2 Corintios 4:14).

No hay nada de malo en querer tener una buena apariencia, estar bien arreglada y sentirnos contentas con nosotras mismas. El problema viene cuando todo esto se vuelve el eje de nuestras vidas. Palabras sabias de un antiguo rey: “Engañoso es el encanto y pasajera la belleza; la mujer que teme al Señor es digna de alabanza”.

¿Has dedicado tiempo hoy a tu belleza interior?



miércoles, 23 de febrero de 2011

Un libro que me leí

Si la memoria no me falla, el libro que hoy te propongo fue la primera novela cristiana que me leí. Era una adolescente y la encontré husmeando entre los libros que había en casa de mi abuela paterna. Me gustó tanto que la leí dos veces seguidas.

Te estoy hablando de En sus pasos, una obra de Charles M. Sheldon que hoy se considera un clásico de la literatura cristiana.

Fue escrita en 1896 pero las ediciones actuales utilizan un lenguaje más contemporáneo para facilitar la lectura. (La edición que yo leí debe haber sido publicada entre 1940-1960, tendría más de 20 años…pero entonces era un tesoro porque en esa época en mi país prácticamente no había libros cristianos.) El libro ha vendido más de 30 millones de copias y ocupa el número 39 entre los de mayor éxito de venta de todos los tiempos.

La trama de la novela gira alrededor de la pregunta que, durante un año, deciden hacerse los personajes antes de tomar cualquier decisión: «¿Qué haría Jesús en mi lugar?» Todo esto se genera luego de que un extraño personaje interrumpe el servicio del domingo en la iglesia de Raymond, el pueblo donde se desarrolla.

Recuerdo que marcó mi vida de una manera especial. Fue esa misma novela la que inspiró la famosa campaña WWJD (Qué haría Jesús) en los años 90. Me atrevo a decir que es uno de esos libros que todos debemos leer. Es inevitable que nos lleve a la reflexión y nos desafíe a hacernos la misma pregunta. (Amazon.com tiene ejemplares en español y también en inglés, por supuesto).

Y con esto terminamos por ahora nuestra incursión en el género ficción. El próximo miércoles  daremos un vistazo a otra propuesta interesante. ¡Nos vemos!

martes, 22 de febrero de 2011

Entre col y col...un toque de Italia


Sobre el mostrador de mi cocina tengo un libro que me regalaron hace un tiempo ya. Son recetas de Betty Crocker (por cierto, no es una persona real sino un ícono de la empresa General Mills). En fin, una de mis recetas favoritas en este libro te la comparto a continuación. Es fácil de hacer y deliciosa. Quizá la has probado en restaurantes. Desde Italia, Pollo al Marsala. Buon appetito!

Pollo al Marsala

4 mitades de pechugas de pollo sin hueso (apróx.  1¼. Lb., se puede comprar las que vienen cortadas en filetes finitos)
¼ taza de harina de trigo
¼ cucharadita de sal
¼ cucharadita de pimienta
2 cucharadas de aceite de oliva o vegetal
2 dientes de ajo cortados en trocitos pequeños
¼ taza de perejil fresco cortado o 1 cucharada de perejil en hojuelas
1 taza de champiñones frescos cortados (yo prefiero los portobello pequeños)
½ taza de de vino Marsala para cocinar

  1. Aplaste las mitades de las pechugas hasta que queden finas, ¼ de pulgada de grosor.
  2. Mezcle la harina, la sal y la pimienta y cubra el pollo con esta mezcla. Agite suavemente para eliminar la harina que sobre.
  3. Caliente el aceite en una sartén grande a temperatura media-alta. Cocine el ajo y el perejil en el aceite durante cinco minutos, revuelva con frecuencia.
  4. Añada el pollo y dore por ambos lados. Añada los champiñones y el vino. Cocine durante 10 minutos, o hasta que el pollo ya no esté rosado en el centro (déle vuelta una vez).
  5. Sirva con alguna pasta caliente si desea o también con vegetales al vapor.

 Nota: El libro se llama "Betty Crocker's 1-2-3 Dinner".


lunes, 21 de febrero de 2011

Una lista de 10


Me gustan las listas y cuando pensaba en qué escribir para hoy, le pedí al Señor que pudiera compartir algo de mi propia experiencia. Esto fue lo que salió. Una lista de diez cosas que aprendí con mi hija, que es la mayor, y que han facilitado mucho mi tarea de madre en la segunda vuelta con el varón. Espero que te sirva de aliento, y si te animas, te invito a que añadas otras cosas que has aprendido tú.

  1. Las malas noches llegan a su fin.
  2. El tiempo se va rápido, y con él nuestros hijos, hay que aprovechar cada minuto.
  3. No se pueden dar todas las batallas, escoge las que realmente meriten el esfuerzo.
  4. No des por sentado que entendieron lo que dijiste, a veces usamos palabras muy comunes para los adultos pero totalmente extrañas para los niños.
  5. No se mueren si comen fuera de horario o si no se comen todo el plato que les servimos, ni siquiera si vuelan una comida porque no tenían hambre.
  6. Cuando el tete (chupete) cae al piso, la ley de los 3 segundos evita muchos viajes a la cocina para esterilizarlos. :-)
  7. A veces un abrazo de mamá lo resuelve todo.
  8. Repetir las cosas cansa, pero a la larga funciona.
  9. El mejor regalo que podemos darles es nuestro tiempo y atención, especialmente cuando nos hablan.
  10. No hay manera de ser una “madre perfecta”, nuestra tarea es amar siempre, instruir sin cansarnos y disciplinar cuando corresponda.

viernes, 18 de febrero de 2011

Los amigos

Tal vez has escuchado esta frase antes: "La familia es la que te toca, los amigos los escoges tú". Muy cierto, ¿verdad? Para mí los amigos son un tesoro especial, sobre todo porque soy única hija y el espacio que ocuparían los hermanos lo he llenado con buenos amigos. 

He conocido casos de “llaneros solitarios”, gente que va por la vida pensando que no necesita amigos… ¡qué triste y qué tremendo engaño! Dios mismo, que es el Creador de todo, cuyo poder es ilimitado, valora la amistad. Y quizá nunca lo habías pensado, pero te muestro algunos ejemplos. Cuando Jesús estaba en Getsemaní, justo antes de que lo apresaran para ser crucificado, pasó un tiempo orando a su Padre, eso casi todo el mundo lo sabe. Pero hay un detalle que se nos escapa muchas veces, les pidió a Pedro, Jacobo y Juan que le acompañaran mientras él estaba allí. ¿No podía haber ido solo? Por supuesto, pero la compañía de esos amigos queridos haría que ese momento difícil fuera más llevadero. Dios consideró a Abraham su amigo: “Pero tú, Israel, siervo mío eres… descendencia de Abraham mi amigo” (Isaías 41:8). Y pudiera darte muchos otros, pero creo que ya es suficiente.

Muchas veces mi hija llega de la escuela con que si “fulanita ya no es mi amiga” o “yo no tengo amigas”, o quizá al otro día la fulanita del primer comentario ahora es su mejor amiga y cosas así. Como dirían en mi país “cosas de muchachos”, pero desde ahora estoy esforzándome para que aprenda a ser sabia a la hora de escoger sus amigos. Esa tarea es titánica pero no podemos cansarnos porque inevitablemente llega un momento en la vida, la temida adolescencia, cuando los amigos juegan un rol súper importante, así que más vale que les enseñemos a buscar buenos amigos. 

No me canso de decir que en mi esposo tengo mi mejor amigo terrenal, pero eso no quiere decir que no tenga otros amigos o amigas. ¿Y tú? Yo disfruto mucho salir a tomar un café con una amiga, conversar de las cosas con las que estamos lidiando como la crianza de los hijos, los afanes diarios, las preocupaciones. Más de una vez me he animado a probar alguna receta nueva por hablar con alguna amiga que ya la hizo. Y más de una vez también he abierto mi corazón a una amiga que me escucha con paciencia. 

¿Sabes lo que he aprendido, y que no ha sido fácil, por cierto? Para tener buenos amigos tenemos que ser vulnerables. Tenemos que dejar que esa otra persona, que ya se ha ganado nuestra confianza, pueda tener la libertad de hablarnos con toda sinceridad  y saber que no vamos a cerrarle la puerta, y viceversa. Podemos quedarnos en un plano superficial, y todo será color de rosa, pero si quieres amigos de verdad tienes que exponerte, estar dispuesto a tratar las cosas “de frente”, saber que en algún momento puedes salir herido, y sobre todo, revestir de perdón la relación. ¿Acaso no fue eso lo que Jesús hizo con Pedro, su gran amigo? 

Termino con Palabras de Salomón, todas del libro de Proverbios:
1.      “…el chismoso aparta a los mejores amigos” (no hay espacio para el chisme en una verdadera amistad).
2.      “En todo tiempo ama el amigo, Y es como un hermano en tiempo de angustia” (la amistad es para las buenas y para las malas).
3.      “El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo” (la amistad tiene que ser recíproca).
4.      “Más confiable es el amigo que hiere que el enemigo que besa” (la sinceridad de la amistad puede doler, pero es valiosa).
5.      “No te hagas amigo de gente violenta, ni te juntes con los iracundos” (sabiduría al escoger las amistades).
6.      “Hay amigos más fieles que un hermano.”

¡Hasta la próxima semana!

jueves, 17 de febrero de 2011

El saco

Hace unos días mi hija llegó de la escuela con varios libros que había sacado de la biblioteca. Pero el que traía en la mano enseguida llamó mi atención, supongo que fuera en parte ese “sexto sentido” que siempre he dicho que tenemos nosotras las mujeres.

El libro era sobre animales pero algo me parecía sospechoso. Para no dilatar la historia, luego de leer la contraportada y buscar un poco de información, mis sospechas quedaron corroboradas pues la autora es parte de un llamado movimiento espiritual que no compartimos.

Por supuesto, ahí mismo llegaron las quejas de mi primogénita que entonces tenía 7 años: “qué tiene de malo el libro”, “yo me lo quiero leer”, “son solos osos”, etc., etc. Y ahí mismo también tuve que pedirle a Dios sabiduría, en una oración más rápida que la luz, y darle una explicación.

Le dije que nuestra mente es como un saco, y nosotros tenemos que ser muy cuidadosos con lo que vamos a echar en él. ¿Serán cosas buenas, que agraden a Dios? ¿Cosas que nos hagan crecer como personas? Le expliqué también que llegará un momento en la vida cuando ella tendrá que decidir por sí sola qué cosas va a echar pero mientras tanto, papá y mamá tienen que enseñarle y ayudarle a tomar decisiones sabias y que vayan en su beneficio.

Tú y yo hace mucho tiempo dejamos atrás la época en que nuestros padres decidían qué echar en nuestro “saco”. Nos toca ahora jugar ese papel con nuestros hijos, y si me permites un consejo de una mamá a otra, aunque solo tengo 8 años de experiencia, seamos diligentes y cuidadosas con esta tarea. Chequea los libros; los programas de televisión, aunque solo sean dibujos animados; las películas. No todo lo que brilla es oro. Disney Channel, Nick Jr., MTV, etc., son solo grandes compañías cuyo objetivo primario es producir ganancias y no precisamente edificar y cultivar la mente de nuestros hijos. Esa responsabilidad es tuya y mía y tenemos un breve lapso de tiempo para hacerlo.  

Y para terminar, una nota para los que ya calificamos en el grupo de “adultos”. ¿Qué  estás echando en tu saco? La Palabra de Dios nos dice: «Todo me está permitido, pero no todo es para mi bien» (1 Corintios 6:12). Seamos selectivos. Con la mente sucede igual que con el cuerpo, si le damos comida saludable, tendremos un cuerpo saludable; si alimentamos nuestra mente con cosas edificantes y agradables a Dios, será eso lo que obtendremos. Es la clásica ley de la siembra y la cosecha. El tiempo es un lujo en el siglo XXI, ¿por qué desaprovecharlo en cosas que no valen la pena?  Antes de dedicar una hora, dos, o el tiempo que sea, a llenar tu mente de algo, pregúntate primero: ¿Será para mi bien? ¿Traerá provecho, crecimiento? ¿Qué haría Jesús en mi lugar?

miércoles, 16 de febrero de 2011

Un libro que me leí

Decidí que voy a dedicar los dos miércoles restantes de febrero a la ficción puesto que de ese género hemos estado hablando, y ya en marzo dirigiremos la brújula en otra dirección.

Al borde del Apocalipsis es la propuesta de hoy. Una novela de Tim LaHaye, el conocido autor de la serie Dejados atrás [Left Behind], y de Craig Parshall.


Es una novela de suspenso donde las maquinaciones políticas y las profecías del fin de los tiempos se entrelazan y nos mantienen en tensión de principio a fin. Esta trama va matizada también con conflictos familiares y búsqueda espiritual. Digamos que tiene un poco de todo, como la vida real. 

Se desarrolla en los Estados Unidos, en un momento en que el dinero en efectivo escasea, la deuda con China llegó a niveles que sobrepasan la imaginación y la libertad religiosa es cosa del pasado.

El personaje principal, Joshua Jordan, es un héroe nacional de la fuerza aérea, ya retirado, que ahora se dedica a la industria de armamentos y junto con su compañía ha diseñado el sistema de defensa antimisil más sofisticado del mundo. Fuerzas internacionales y nacionales lo tienen arrinconado. El pastor de su esposa le presenta un panorama totalmente desconocido para él. Pero el precio que tendrá que pagar por su invención es alto...especialmente si quiere salvar la nación que tanto ama. 

Al borde del Apocalipsis  es la primera novela de la última serie de Tim LaHaye, titulada “Fin de los tiempos”.  Aunque el suspenso no es de mis géneros favoritos,  honor a quien honor merece. La lectura de esta obra mantiene la adrenalina a altos niveles todo el tiempo pero más que nada nos lleva a considerar lo que ya está dicho en las predicciones bíblicas y que, sin lugar a dudas, eso sí no es ficción.   

martes, 15 de febrero de 2011

Entre col y col...sabor hawaiano

Esta receta mi mamá la hacía cuando yo era niña y me gustaba mucho. Luego la aprendí a hacer y aquí te la comparto. Las cantidades son para una sola ración pero puedes modificarla.


Bistec de jamón estilo hawaiano

1 bistec de jamón (se puede usar alguno que ya venga cortado, o comprar jamón cocido y cortarlo como de media pulgada de grosor)
1/4 de taza de azúcar moreno
1 cucharada de mostaza
2 rodajas de piña, natural o en conserva

Mezcla el azúcar con la mostaza. Unta la mezcla al bistec de jamón y cocínalo en la plancha o sartén caliente, ligeramente engrasado, hasta que se dore por ambos lados y el azúcar se derrita. Casi al momento de servir, dora la piña en la misma salsa que deja el jamón y luego la pones encima del bistec. Vierte sobre ambos el resto de la salsa que quedó en el sartén.

Alternativas: Puedes usar chuletas de jamón ahumadas. También se puede añadir 1/8 de cucharadita de clavo de olor machacado a la mezca de azúcar y mostaza. Bon appétit!!

lunes, 14 de febrero de 2011

Televisión de un solo canal

Cuando era una adolescente vi una serie televisiva española donde uno de los personajes principales, una chica joven, decía a menudo: “El matrimonio es como tener televisión con un solo canal”.  En las mentes jóvenes las cosas se graban fácilmente, y en la mía se quedó indeleble. (Por eso debemos ser muy selectivos con lo que vemos y ven nuestros hijos.)

Crecí en un país con una tasa de divorcio altísima, mis padres fueron parte de esas estadísticas también. Así que al escuchar aquella frase de “televisión con un solo canal”, yo pensaba que tal vez el personaje tenía razón.

Bueno, hoy hace 17 años que mi “canal exclusivo” me dijo por primera vez que me quería. A esas alturas de mi vida ya yo había decidido que la televisión con muchos canales no era la opción que quería para mi futuro.

Nos ha tocado vivir una generación donde el matrimonio cada vez es más denigrado, ignorado y hasta burlado. Dondequiera que miramos se nos proponen alternativas al  mismo. Y lo peor del caso es que una gran parte de la sociedad se ha tragado la mentira.

Sin embargo hay otras estadísticas, más alentadoras, que muestran que la gente más feliz es la que escogió el matrimonio para su vida.

Hollywood nos ha hecho mucho daño, en todos los sentidos. Pero uno de ellos es el creer que es imposible tener un matrimonio feliz y duradero, que después de cierto número de años, es hora de “cambiar de canal”, etc.

La realidad es que sí, es más difícil tener un matrimonio exitoso que “cambiar de canal” cada vez que el programa no nos guste, envejezca o el tema del “capítulo” sea difícil como cuando vienen las crisis económicas o los problemas con los hijos. PERO a la larga, al igual que nos pasa con la televisión, andar “cambiando de canales” nos aburre, soltamos el control y apagamos el equipo.
Hoy, Día del Amor, quiero que nos desafiemos a luchar por nuestro “canal exclusivo”. El matrimonio está lleno de retos, pero ¿de dónde sacamos la idea de que la vida siempre es color de rosa? Vendrán tormentas, vendavales, días de sol y días de lluvia, programas entretenidos y otros más aburridos, pero el secreto está en recordar que un día hicimos una promesa. Y las promesas son “para buenas y malas, en salud y enfermedad, en riqueza y en pobreza”.

No nos dejemos engañar, siempre parece que la hierba crece más verde y linda del otro lado de la cerca…hasta que cruzamos y entonces nos damos cuenta de que todo es cuestión del lugar desde donde se mire.

Estos diecisiete años han sido los mejores de mi vida. No han sido perfectos, he tenido que aprender muchas cosas, renunciar a otras, y todavía quedan muchos “capítulos” en la serie de nuestras vidas, pero de algo sí estoy segura, soy muy feliz con mi “televisión de un solo canal”.  

Me despido con poesía, muy antigua, tal vez no la hayas leído nunca. Se le atribuye al rey Salomón. Quizá hasta quieras dedicarla hoy a tu “canal exclusivo”.
¡Feliz Día del Amor!

Grábame como un sello sobre tu corazón;
llévame como una marca sobre tu brazo.
Fuerte es el amor, como la muerte,
y tenaz la pasión, como el sepulcro.
Como llama divina
es el fuego ardiente del amor.
Ni las muchas aguas pueden apagarlo,
ni los ríos pueden extinguirlo.
Si alguien ofreciera todas sus riquezas
a cambio del amor,
sólo conseguiría el desprecio. 

Cantares 8:6-7, la Biblia

viernes, 11 de febrero de 2011

¡Salta!

Thomas Alva Edison cumpliría hoy 164 años. Considerado uno de los más prolíferos inventores de la historia, la perseverancia de este hombre fue asombrosa. El número de veces que intentó y falló hasta lograr lo que hoy nosotros conocemos como el bombillo incandescente es incierto. Algunos hablan de miles. Pero lo cierto es que lo logró y fue el precursor de la distribución de la luz eléctrica en los Estados Unidos y un empresario increíble que fundó 14 compañías, entre ellas General Electric. Este hombre estudió con su mamá en la casa porque en la escuela dijeron “que no estaba bien de la cabeza” y padeció problemas de audición desde pequeño.

Bueno, ¿y por qué te estoy hablando de Edison? Pues porque hoy quiero animarte a perseverar o a dar ese salto que hace tanto estás contemplando y posponiendo.

Dios nos enseña en su Palabra que ni la edad, ni los obstáculos, ni siquiera los fracasos, pueden limitarnos. Te pongo algunos ejemplos que a lo mejor has pasado por alto. Cuando Caleb conquistó el territorio que hacía 45 años, (lee eso otra vez, ¡45 años esperando!) el Señor le había prometido por medio de Moisés, ya él tenía 85 años (Josué 14). Pablo sufrió todo tipo de reveses en su carrera misionera: prisión, problemas con los compañeros en el ministerio, decepciones, enfermedad… pero ninguno logró que cejara en su empeño para cumplir con la misión que Dios había depositado en sus manos. Cuando Moisés le puso a Dios el pretexto de la tartamudez, Dios le envió a Aarón para que fuera su vocero. Y hay muchos ejemplos más.

Mañana celebro mi primer mes publicando en este blog. Si te soy honesta, abrí la cuenta en Blogger hace casi un año, pero no me atrevía a dar el salto. Mi esposo, el “fan” número uno :-) y mi mayor apoyo, siempre me animaba a escribir, pero por una razón u otra, no lo hacía: no tengo tiempo, no puedo, ¿para qué? Hoy me alegro mucho de haberlo hecho, es un sueño realizado, como dije el primer día, y también un desafío.

¿Y tú? ¿Cuál es el salto que todavía no has dado? Tal vez sea regresar a estudiar y terminar aquello que empezaste. A lo mejor es comenzar la empresa que has estado anhelando durante mucho tiempo. Quizá sea el plan para bajar de peso, visitar el gimnasio, leer al menos un libro por mes, pasar más tiempo con Dios….no sé, esta lista pudiera ser interminable. Pero todo se resume en “dar el salto”.

Si Edison no hubiera perseverado, hoy nadie se acordaría de él, ni disfrutaríamos el resultado de muchos de sus inventos. Si Caleb hubiera pensado en su edad, Hebrón no figuraría en la lista de sus conquistas. Si Pablo se hubiera desanimado, en la historia de la iglesia no estaría su nombre.

El Señor nos dice: “Esfuérzate, sé valiente, no te desanimes…yo estaré contigo donde quiera que vayas” (paráfrasis de Josué 1:9). Si tu plan está alineado con el de Dios, no dudes de su apoyo y compañía, pero el salto es tuyo. El esfuerzo es de nuestra parte. La valentía nos toca a nosotros. Así que ¡salta!

jueves, 10 de febrero de 2011

Entre col y col...¡papas!

Mi problema con la cocina es seguro el de muchas mujeres del siglo veintiuno: poco tiempo y el deseo de tener un menú variado y saludable cada día. A mí me gusta probar cosas nuevas e intento que mis hijos aprendan a hacerlo también.

La receta de hoy me la encontré un día por casualidad y se ha convertido en un éxito familiar. Lo mismo con amigos que la han probado y con otros a quienes se las he recomendado les encanta.
Es súper fácil y rápida. Bon appétit!

Papas asadas con cebolla

1 sobre de sopa de cebolla en polvo (yo uso el de marca Lipton)
4 papas medianas (unas dos libras, preferiblemente rojas, cortadas en trozos grandes)
1/3 taza de aceite de oliva

  1. Precalienta el horno a 425° F (220° C).
  2. En una bandeja para asar de 13 x 9 pulgadas combina todos los ingredientes.
  3. Hornea, revolviendo de vez en cuando, durante 35 minutos o hasta que las papas estén blandas y doradas.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Un libro que me leí


Como ya se está haciendo costumbre, los miércoles quiero hablarte de algún libro que haya leído y que tal vez pudiera interesarte a ti. Y como la semana pasada en los comentarios, sobre todo en FB, se mencionó mucho otra novela que hace un tiempo pasó por mis manos, decidí entonces hablar de Aun ahora de Karen Kingsbury.

Primero te cuento un poco de la autora. Karen Kingsbury es considerada “la reina de la ficción cristiana”. Ha escrito más de 50 novelas, 10 de las cuales han llegado al número uno en las listas nacionales. Además es una oradora muy popular en eventos de mujeres. Un dato interesante, ¿recuerdan a Francine Rivers, la autora de la semana pasada? Bueno, luego de leer uno de sus libros Karen se sintió llamada a incursionar en la ficción
La novela Aun ahora es parte de la serie “Lost Love” [Amor perdido]. Si hubo algo que me gustó al leerla fue lo genuino de los personajes. Cualquiera de nosotros pudiera ser parte de esa historia. La trama nos lleva al pasado y al presente de sus protagonistas. Un embarazo inesperado antes de llegar al matrimonio. Padres desesperados ante la situación.  Confusión por falta de comunicación. Y la pregunta que persigue a Lauren Gibbs, una exitosa corresponsal de guerra: ¿por qué la vida es tan vacía?

En medio de todo eso, esperanza. Esa es la palabra que resume el drama de Aun ahora. “A veces la esperanza para el futuro se encuentra en las cenizas del ayer.” Para leer esta novela quizá necesites una caja de pañuelos desechables, pero al final saldrás con esta convicción: aun en las peores circunstancias, aun ahora si estás pasando por un túnel oscuro, puedes encontrar esperanza. 

Termino con una noticia: la producción cinematográfica de Aun Ahora debe comenzar en el verano de este año. Así que para aquellas de ustedes que soñaban con ver la película, pronto será una realidad.


martes, 8 de febrero de 2011

Palabras

Cuando era pequeña mi abuela paterna siempre me decía: “Recuerda que las palabras son como el agua, una vez que se derraman, no se pueden recoger”. Tantas veces me lo repitió que nunca se me ha olvidado.
Creo que las palabras han causado más daño en el mundo que todas las guerra juntas. Piensa un momento y sé que estarás de acuerdo.
 
Las palabras tienen el poder de hacernos crecer o de aplastarnos. Con palabras podemos animar o podemos echar por tierra sueños e ilusiones. Las palabras pueden dar vida o matar. Basta que repitas a alguien lo suficiente algo negativo y terminará creyéndolo, especialmente si se hace desde pequeño. ¿Cuántas personas van por el mundo convencidas de que no pueden lograr nada porque alguien se encargó de sembrar, con palabras, esa idea?

Mira lo que escribió Santiago el apóstol sobre el tema: “El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.
Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”. Los que luchamos con un temperamento impetuoso sabemos que muchas veces la única opción que tenemos es “mordernos la lengua”, literalmente. Es tan fácil decir lo que sentimos o pensamos sin evaluarlo primero. 

Tengo un amigo que dijo esta frase en una reunión y ya se ha hecho célebre entre los que la escuchamos: “Una verdad dicha sin amor es crueldad”. ¿Qué nos hace creer que tenemos el derecho de decir todo lo que pensamos o sentimos? Amparados bajo la “sinceridad” muchas veces destruimos relaciones o las dañamos. En otras ocasiones justificamos lo que dijimos porque “estábamos muy enojados”. Les hablo por experiencia propia.

lunes, 7 de febrero de 2011

Ser o no ser

“Ser o no ser, esa es la cuestión”, célebre frase de William Shakespeare en Hamlet que muchos han citado siglos después de escrita. Y a propósito del llamado “mes del amor”, quiero traerla a colación.

Cuando somos adolescentes empezamos a hacer largas listas de lo que queremos encontrar en el príncipe azul o en la chica perfecta. Algunos las hacen en la mente y otros más románticos las plasman en papel. Las listas incluyen desde el color del pelo, los ojos, la profesión, los gustos musicales y la ortografía, hasta rasgos del carácter y la personalidad. Todo depende de quién la esté haciendo. Estoy segura de que si te detienes a pensar, podrás recordar tu propia lista. Y sin mucho esfuerzo, seguro hasta puedes hacer un inventario y ver si la lista se convirtió en realidad.Bueno, si eres un ser humano del planeta Tierra, me atrevo a afirmar que la lista quedó ampliamente insatisfecha. Y si no tenemos cuidado, de ahí a la frustración y la amargura no habrá más que un paso. 

Entonces, volviendo a Shakespeare, la clave de las relaciones humanas está en ser. ¿Qué quiero decir?  Sencillo, no se trata de encontrar la persona ideal sino de ser la persona ideal. ¿Cómo? Buscando tener en nosotros mismos aquellos rasgos que nos gustaría ver en esa persona ideal.

Yo choqué por primera vez con este concepto cuando leí un libro de Josh McDowell, en la época en que estaba haciendo mi propia lista. Se titula “El secreto de amar y ser amado” [The Secret of Loving]. Lo leí más de una vez, se lo recomendé a cuanta persona me encontraba que estuviera interesada en el tema del amor. ¿Y quién no?
Claro, de la teoría a la práctica hay un gran trecho y lleva años convertirse en la persona ideal, si no toda la vida. No es algo que podamos lograr solos, pero Dios nos dice en su Palabra que en Cristo todo lo podemos (Filipenses 4:13).

¿Quieres a alguien que te escuche cuando le hablas? Aprende a escuchar primero. ¿Anhelas una persona que sea cariñosa en su relación contigo? Decide serlo tú. ¿Estás buscando alguien que con sus palabras te aliente y afirme? Pon ese idioma en práctica.

Este concepto aplica a todas las etapas de la vida. No importa si eres soltero, recién casado o si llevas tantos años de matrimonio que ya ni puedas recordar. La vida del cristiano consiste en la renovación de nuestra mente, como dijera Pablo en Romanos 12:2, “…sean transformados mediante la renovación de su mente”. Cualquier momento es bueno para empezar.

Y también aplica el concepto a todas las relaciones, no solo a las amorosas. Si quieres tener buenos amigos, sé un buen amigo. Si quieres tener colegas con quienes dé gusto trabajar, empieza tú. Si quieres una iglesia excelente, entonces decide ocupar tu puesto y de manera excelente hacer tu parte. Claro, no olvides que se trata de seres humanos. Enfoca tus expectativas en la realidad. Nuestro patrón es Cristo.  

Así que, la próxima vez que empieces a repasar tu lista y ya estés dispuesta o dispuesto a descalificar a los candidatos, recuerda al dramaturgo inglés: “Ser o no ser, esa es la cuestión”.

jueves, 3 de febrero de 2011

El monstruo verde

El monstruo verde se muda sin avisar. Sin pedir permiso se acomoda y empieza a reclamar como suyo el territorio ajeno. El monstruo verde no hace distinción de edad, sexo, profesión, nivel educacional ni estatus social. El monstruo verde es sutil y persuasivo. No tiene rostro pero su voz es clara e insistente. El monstruo verde tiene un nombre que lucha por enmascararse: envidia.

¿Y quién no lo conoce? Es tan viejo como el mundo. Tanto así que fue el autor del primer asesinato registrado en la historia. Caín mató a Abel por envidia.

Tú y yo lo conocemos también."Si yo tuviera ese trabajo.....", "si ganara tanto dinero como ________", "si tuviera la casa de _____", "si mis hijos fueran como _______", "si yo usara la talla de ________", "si yo hablara como _______", "si fuera tan bonita como ______", y la lista puede seguir interminablemente porque el monstruo verde no tiene fin. Si lo dejamos.

Podemos justificar este sentimiento de mil maneras, pero déjame decirte sin tapujos que la envidia no tiene cabida en el plan de Dios para tu vida. Desde un principio él lo dejó bien claro, hasta figura en la lista de los 10 mandamientos que muchos saben de memoria: "No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca" (Éxodo 20:17). El Creador, que nos conoce muy bien por dentro y por fuera por eso mismo, porque es nuestro Creador, sabía que el codiciar produce envidia, y la envidia, muerte.

Sí, quizá ni tú y yo no hemos matado a nadie por envidia, literalmente, pero en nuestro corazón....ah, la historia es muy diferente. El monstruo verde carcome los huesos (Proverbios 14:30), nos destruye por dentro.No nos dejemos engañar. Dios es infinitamente sabio. Él sabe lo que eres capaz de sobrellevar, lo que necesitas. No anheles lo de otro porque solo puedes ver un lado de la moneda. El juego de la comparación no nos lleva a ninguna parte, excepto a la destrucción de nuestro ser, y también de nuestras relaciones. No compares a tu esposo con el de tu amiga. No compares a tus hijos con los de otra persona. No le sigas el juego al monstruo verde porque te esclavizará. Si no somos felices con lo que somos o con lo que tenemos ahora, tampoco lo seremos después. 

Te dejo con el consejo de un hombre muy sabio que aprendió el secreto de una vida feliz: el contentamiento. Su nombre fue Pablo y cuando escribió esto que vas a leer estaba preso, encadenado a un soldado romano. "Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece". 
Amiga, con la fortaleza que Dios no da, hagamos una inspección sincera, y si te encuentras al monstruo, échalo fuera y asegúrate de cerrar bien las puertas para que no vuelva. 


miércoles, 2 de febrero de 2011

Un libro que me leí


Si te gusta la ficción, y específicamente las novelas, entonces quiero recomendarte las de Francine Rivers.
Hace un tiempo tuve el privilegio de traducir y/o editar las novelas de una serie que ella escribió basada en cinco mujeres de la Biblia: Tamar, Rajab, Rut, Betsabé y María. ¿Qué tuvieron en común estas mujeres? Las cinco forman parte de la genealogía de Jesús. Las cinco se vieron involucradas en algún tipo de desafío extraordinario. Las cinco tuvieron que correr riesgos grandes para cumplir con el llamamiento que Dios les hacía. Algunas hasta se vieron envueltas en grandes escándalos, intrigas, y muchas cosas más que parecen pura novela pero fueron su realidad.

martes, 1 de febrero de 2011

Entre col y col...¡un postre!


No soy fanática de los dulces, pero este de hoy lo probé gracias a una amiga brasilera y me encantó. Es fácil de hacer y muy popular en cualquier celebración.