viernes, 30 de septiembre de 2011

Misión ¿imposible?


Todos hemos tenido alguna vez una “misión imposible”, y si todavía no te ha pasado, te garantizo que llegará. Es parte del paquete al que llamamos vida en la Tierra. Sin embargo, lo que para nosotros es una misión imposible, para Dios es solo una oportunidad de mostrarnos su grandeza y su gloria.

Yo recuerdo todavía cuando, en medio de una de esas “misiones”, descubrí por primera vez este pasaje: He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? Está en el libro del profeta Jeremías y esa era también la primera vez que yo leía el libro completo. De esto hace ya varios años pero no se me ha olvidado y cuando aparece una misión imposible en mi vista, siempre me viene a la mente este pasaje. (Otra de las ventajas de memorizar la Palabra de Dios.)

Hoy quiero hacer algo diferente, quiero darte ánimo si estás en medio de una aparente misión imposible. Hago énfasis en esas palabra, aparente, porque el adjetivo de imposible se lo damos nosotros los humanos, para nuestro Dios, nada lo es.  La lista que encontrarás debajo es de diferentes artículos que he escrito en el transcurso de este año. Mi deseo es que puedan darte fuerzas para seguir adelante y recordarte que nuestro Dios es especialista en “imposibles”. De hecho Jesús, con la cruz, venció el mayor de todos los imposibles, la muerte. ¿Habrá entonces algo difícil para Dios?

 (Para leer solo tienes que hacer clic en el enlace)
  1. Si estás desanimada....Un enemigo peligroso
  2. Si no ves la luz al final del túnel....Crucemos al otro lado
  3. Si quieres el secreto para mirar las cosas diferentes...Una cuestión de actitud
  4. Si estás ante una gran encrucijada y tienes que decidir...¿Y ahora qué hago?
  5. Si  hoy te levantaste sintiéndote como una hormiga, y crees que nadie te ve...Invisible
  6. Si la vida te está "interrumpiendo"....De crayalos, jabón y otros accidentes
  7. Si el sueño que tuviste está empezando a esfumarse....El ladrón de sueños
  8. Si la meta que anhelas está demasiado lejos...¿Cuánto falta?
  9. Si los errores del pasado te están quitando el sueño....Cuando vuelvas
  10. Si el presente es tan oscuro que no puedes ver nada más....Cuando no vemos a Dios
Bendiciones y que disfrutes el fin de semana,

Wendy

    miércoles, 28 de septiembre de 2011

    No me gusta hacer ejercicios pero...

    Los deportes nunca han estado en mi lista de cosas favoritas. En realidad cuando estaba en la escuela y llegaba la hora de la educación física para mí era más bien una tortura. La única razón por la que lo disfrutaba era para salir del aula y ver un poco de cielo azul. Sin embargo, he llegado a entender que me guste o no, hacer ejercicios es parte de cuidar de mí misma, y por consiguiente del templo del Espíritu que es mi cuerpo. Eso también es vivir la vida como Dios la diseñó pues él nos regalo un “envase” para nuestra alma y nuestro espíritu, y una vez que le conocemos, ese envase también se convierte en Su casa.

    Así que hace un corto tiempo decidí que tenía que hacer algo para incluir los ejercicios en mi agenda del día. No olvides que no me gusta, y por tanto me cuesta más trabajo. Tengo un metabolismo rápido que me permite comer prácticamente cualquier cosa y no aumentar de peso, pero eso no implica necesariamente una buena salud. Trabajo sentada mucho tiempo y con nuestro cuerpo sucede igual que con las demás cosas, el poco uso las oxida. ¿Qué hacer entonces? La idea del gimnasio me atrae, pero no me gusta ir sola y todavía no he encontrado a nadie que pueda acompañarme en mi horario, por lo que empecé con una meta pequeña. ¿Recuerdas que hablamos de las metas al comienzo del año? (Si no leíste ese artículo, aquí está.) Bueno, esta es una de esas…pero se ha quedado rezagada, honestamente. La meta que me he propuesto es hacer algo aunque sea solamente 30 minutos por día. Un día puede ser caminar (hasta que eso se convierta en correr). Otro día uso un DVD que tengo y que me gusta bastante. También tengo una cuerda para saltar, ese es un ejercicio cardiovascular muy bueno; y una cuerda para ejercicios de fuerza. 

    Como te dije al principio, esto siempre será un esfuerzo para mí, pero sé que con el tiempo me dolerá menos.
    Al igual que cuando estaba en la escuela, disfruto salir afuera para mirar al cielo. Esta mañana era azul y con matices blancos. De veras, parecía que Dios hubiera tomado un pincel y hubiera dado pinceladas aquí y allá. ¡Hermoso! De paso el estar afuera es un tiempo que aprovecho para hablar con Dios y contarle muchas cosas, le alabo al ver todo lo lindo que él ha creado y también uso ese tiempo para pensar, para poner las ideas en orden. ¿Te animas?

    De paso quiero recomendarte un libro del que hablé en este blog hace un tiempo y que ya está disponible en español. Ha estado durante varias semanas en la lista de los más vendidos del New York Times. Se titula Fui hecha para desear. Tuve la dicha de traducirlo y su autora es la presidenta de Proverbs 31 Ministries, un ministerio del cual formo parte en la división hispana, Sabiduría con Salsa. Te lo recomiendo, es excelente para el espíritu y para el cuerpo. 

    Si tienes alguna estrategia que prefieras para esto de los ejercicios, cuéntame.
    Bendiciones,

    Wendy




    lunes, 26 de septiembre de 2011

    La suegra

    ¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!

    Estas bellas palabras, que muchas veces se utilizan en la ceremonia de las bodas, en realidad las dijo una nuera a su suegra. (¡Casi puedo ver la expresión que haces al leer lo que acabo de decir!) Por alguna razón el título de suegra casi siempre va acompañado de mala reputación. Los chistes más crueles van dirigidos a las suegras. Y aunque reconozco que en ocasiones quizá algunas “se lo merezcan”, no podemos generalizar. Yo no tuve el privilegio de conocer a mi suegra pero todo el que la conoció me cuenta que fue una gran mujer, así que estoy segura de que hubiera sido una gran suegra también.
    Las palabras del principio las encontramos en la Biblia, en el libro de Rut, y aunque siempre se habla de Rut por todo lo que ella representa al ser parte de la genealogía de Jesucristo, pocas veces se destaca a esta gran mujer, Noemí, quien fue su suegra y a quien Rut dirigió dichas palabras luego de la muerte de su esposo, el hijo de Noemí.
    Me pongo a pensar que para que Noemí se haya ganado una nuera así tiene que haber sido una suegra excelente, y si lees la historia completa verás que así fue. (Te recomiendo que leas la novela de ficción que creó Francine Rivers basada en este relato bíblico, se llama Inconmovible.)
    Pero volviendo a Noemí, este personaje llamó mi atención y decidí analizar más su vida como suegra y hablar de eso con otras mujeres en un estudio que impartí hace poco. Definitivamente Noemí nos da el patrón de suegra que todas quisiéramos tener…o mejor dicho, que todas debiéramos ser. Voy a resumirlo en tres puntos.

    1. Una relación desinteresada, sin egoísmo. Lee Rut 1:11-13 y verás cómo esta mujer ya anciana, y sin amparo ni ayuda ningunos, no pensó en su propio bienestar sino en el de sus nueras.
    2. Una relación de amor real, como de madre a hija. Rut 3:1. A pesar de que Rut había sido la esposa de uno de sus hijos, una nuera, Noemí la amaba como a una hija y quería ayudar a garantizarle un futuro lo mejor posible.
    3. La actitud de Noemí le permitió ser un instrumento en manos de Dios. Rut 4:17. Su nuera, una extrajera a quien ella trajo a su tierra y cuyo futuro Noemí se encargó de fomentar, llegó a ser la bisabuela de David y su nombre figura entre las mujeres de la familia de Jesús.
    Si tienes hijos, o piensas tenerlos, es muy probable que un día te conviertas en suegra. Yo todavía estoy lejos de ese momento, pero sé que llegará. Desde ahora quiero pedirle a Dios que me ayude a ser una suegra como Noemí. Y quiero hacerte una exhortación, tal vez no tienes una suegra así, pero no dejes que eso nuble tu perspectiva. Proponte ser diferente cuanto te llegue el momento, y también, ¿por qué no?, intenta ser una nuera como lo fue Rut. A fin de cuentas, a eso nos ha llamado Dios, a marcar la diferencia, a amar incluso a quien nos resulta difícil. De ahora en adelante, en lugar de pensar “la suegra que yo quisiera tener”, pensemos mejor en “la suegra que yo quiero ser”. 

    Bendiciones,
    Wendy

    miércoles, 21 de septiembre de 2011

    Receso momentáneo

    Amigas lectoras, y amigos que también me visitan de vez en cuando:

    Hoy correspondía publicar un artículo, pues me gusta ser fiel en la frecuencia de tres veces semanales, pero les pido que me disculpen. Por circunstancias familiares tengo que recesar por esta semana. A veces sucede así, la vida "nos interrumpe". Dios mediante estaré de regreso el lunes. ¡Y espero que ustedes también!

    Si me estás visitando por primera vez, te invito a recorrer el archivo que aparece a la derecha y leer alguno de los artículos anteriores. ¡Gracias!

    Bendiciones,

    Wendy

    lunes, 19 de septiembre de 2011

    Rosas...solo porque sí.

    Me gusta cuando mi esposo me regala flores sin razón, como hizo hace unos días. Y cuando digo flores, digo cualquier otra cosa. No es que no me guste recibir regalos en días especiales o significativos, pero me gustan las sorpresas. Creo que pasa así con la mayoría de las mujeres, ¿verdad?


    La vida que llevamos en el siglo XXI se caracteriza por la rapidez, y la rapidez se ha llevado consigo muchas de esas cosas que hacen la vida más placentera e interesante. Como los regalos sin ninguna razón. O las notitas de agradecimiento que vayan más allá de un apurado correo electrónico. O tal vez una llamada telefónica que pudiera alegrar el día a un anciano solitario.

    Tengo esta frase anotada en un documento electrónico. (Y por cierto, eso es otra muestra más de que vivimos en una era diferente. Cuando yo era adolescentes todas las chicas teníamos una libreta con frases, poemas, etc. Ahora, cuando encuentro algo así, casi siempre lo copio y lo pego a ese documento Word.) Pero bueno, volviendo a la frase, dice así:

    Las personas que disponen de tiempo para otros son felices toda la vida.

    Cuán cierto, ¿verdad? A veces no nos damos cuenta, pero el disponer parte de nuestro tiempo para invertirlo en la vida de otra persona nos produce una sensación de bienestar muy agradable. Y si no estás convencida, fíjate cómo te sientes cuando alguien decide hacerlo contigo y te llama solo para saber cómo estás, o para invitarte a un café, o te llega por correo una tarjeta inesperada.

    Uno de mis libros favoritos en la Biblia es Proverbios porque está lleno de consejos prácticos. Nos enseña, entre otras cosas, a relacionarnos con los demás y nos da pautas para llevar una vida de éxito. Uno de esos proverbios dice:

    “El que es generoso, prospera;
    el que reanima, será reanimado.”

    Creo que esto de ser generoso incluye también nuestro tiempo. El egoísmo de esta época que vivimos dice: “Mi tiempo es muy valioso. Lo necesito para mí.”. Y es verdad que el tiempo es valioso, pero si lo usamos sabiamente nos alcanza para compartirlo con los demás. Ser generosos al dar de nuestro tiempo a otros traerá prosperidad a nuestra vida, sobre todo en el sentido espiritual, que a fin de cuentas es el único que permanece.

    Y la segunda parte de este proverbio nos recuerda que al dar ánimo a otros estamos abriendo una puerta para que un día, cuando también nosotros lo necesitemos, seamos reanimados. No pienses que se trata de un convenio “dando y dando”, porque entonces pierde todo el sentido. Es más bien una cuestión de siembre y cosecha, cuando sembramos en la vida de otros, cosecharemos frutos en nuestra propia vida.

    Quiero animarte en la semana que empieza a “dar rosas…solo porque sí”. Quizá lo tomes en el sentido literal, o quizá sustituyas la acción por una llamada, o incluso un correo electrónico a alguien que pudiera estar necesitando una palabra de ánimo para seguir adelante. Tal vez quieras ir a la antigua y enviar una linda tarjeta. ¡Qué grata sorpresa darás! Pero hagas lo que hagas, decide invertir un poquito en otros. El que es generoso será bendecido. (Proverbios 22:9)

    Wendy

    viernes, 16 de septiembre de 2011

    Cuestión de dos letras

    Mi abuelita, de 93 años, ha comenzado a apagarse. Sus ojos ya no tienen la luz de antes, la fuerza física le abandona día a día. Su voz ya no tiene la potencia con la que me llamaba a almorzar cuando yo era niña. Me duele ver cómo se está yendo, a pesar de que sé que lo mejor para ella vendrá después y solo le diremos “hasta luego”. 

    La realidad es que hace ya un tiempo he tratado de adaptar mi mente a esta idea. Lo difícil es que por primera vez tengo que explicar este fenómeno de la muerte a mi hija de ocho años. Ella nunca la ha visto de cerca en la familia, y hoy, mientras me preguntaba por “Tata”, me dijo con los ojos aguados: “Mami, yo no quiero que ella se vaya…” ¿Cómo podemos explicar algo tan complejo a un mente pequeña que apenas empieza a caminar en esta vida que originalmente no fue creada para morir? No obstante, fue esa misma mente de ocho años, la que un día me describió, como solo un niño lo puede hacer, su visión del cielo. Yo me quedé sin palabras mientras ella lo hacía porque me di cuenta de por qué Jesús dijo que tenemos que ser como niños. 

    Es difícil para nosotros los seres humanos creer que hay algo mejor porque nuestros cerebros solo procesan la información basados en hechos, en los sentidos. Es como cuando nunca hemos estado en un parque de Disney, digamos. Cualquiera nos puede contar la belleza, la “magia”, pero es solo cuando lo vemos con nuestros ojos que realmente entendemos lo que nos querían decir. La diferencia es que por mucho que tratemos, no podemos ni empezar a imaginar cómo será la vida que nos aguarda cuando cruzamos el umbral de la muerte si hemos creído que Jesús nos espera del otro lado y le confiamos nuestra vida mientras estuvimos aquí. Se resume en una simple palabra de dos letras: FE
    En diccionarios.com encontré esta definición de fe que me resultó muy interesante:

    Convencimiento íntimo o confianza, que no se basa en la razón ni en la experiencia, en que una persona es buena, capaz, honrada, sincera, etc., o en que algo es eficaz, verdadero, posible, etc.

    Y en la Biblia tenemos esta otra definición:

    Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Hebreos 11:1).

    La fe no la podemos explicar; es verdad que hay muchos elementos que podemos esgrimir a favor de lo que creemos, pero al final de la jornada llega un punto en que la persona solo tiene una opción: tener fe o no tenerla; porque si pudiéramos explicar a Dios en un 100%, entonces no haría falta la fe, pudiéramos decir muchas otras cosas, pero no que creemos por fe, y “sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6). 

    Y es esta fe la que me sostiene en estos días, la certeza de saber que aún cuando mi abuelita se vaya, volveremos a verla, porque “Jesús la muerte venció”, como dice la letra de Poderoso para salvar. Y es esa misma fe la que quiero sembrar en el corazón de mis hijos, incluso ahora que son pequeños y cuando no comprenden muchas cosas. Tal vez es mejor así. A veces cuando creemos que entendemos y sabemos es cuando más confundidos estamos. Mi abuelita sembró esa fe en mí, tal y como dice un viejo himno que cantaban en la iglesia cuando ella me llevaba: “Y no preciso discutir ni un argumento más, me basta que Cristo murió, y que murió por mí”.

    Bendiciones y que disfrutes el fin de semana.

    Wendy

    miércoles, 14 de septiembre de 2011

    Mirar de lejos

    Pero todos los conocidos de Jesús, incluso las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, se quedaron mirando desde lejos… (Lucas 23:49)

    Por muchos años yo miré a Jesús desde lejos. No quería acercarme demasiado. Me pasaba un poco como a estas mujeres, aunque le había seguido prefería mirar desde lejos. ¿Motivos? Varios, diferentes. 

    Primero por temor, acercarme demasiado implicaba transformación, nadie puede estar realmente cerca de Jesús y seguir siendo la misma persona. Y yo sabía que había cosas que no quería cambiar. Prefería seguir nadando entre dos aguas. Una noche de parranda, al otro día en una reunión junto a otros para adorar a Dios. Dos mundos. Pero solo podría seguir así si me mantenía a lo lejos. Mientras más me acercara a él, más evidente sería la decisión que tenía que tomar. Yo sabía intelectualmente lo que sabemos muchos seguidores de Jesús: “Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio, estoy por vomitarte de mi boca”, pero por años decidí ignorar lo que sabía y vivir en la tibieza. 

    Segundo, si me acercaba mucho me pasaría como a Pedro, hasta por el hablar se notaría y entonces, las personas que hasta ese momento me contaban entre sus amigos, podrían cambiar de opinión. En mi mente era mejor figurar en esa lista y no en la lista de Dios. No tenía valor para ir contra la corriente, para ser “diferente” en ese sentido. 

    Quiero que me entiendas bien, Dios no nos llama a salirnos del mundo en que vivimos e irnos a un monte deshabitado. Si así fuera, ¿cómo podríamos comunicar a otros la verdad sencilla de que Jesús les ama y quiere darles vida eterna? Pero sí nos llama a ser “luz y sal” para el mundo en que nos ha tocado vivir. A Dios no le gustan las medias tintas, de hecho lo aborrece y prefiere que seamos una cosa o la otra. Él no quiere gente que mire de lejos, quiere seguidores dispuestos a acercarse tanto, al punto de que deje de verse el ser humano y los demás solo le vean a Él. 

    Recuerdo perfectamente dónde estaba cuando Dios me confrontó con esta verdad. Estudiaba en la universidad y estaba sentada debajo de un árbol, sola. Y una vocecita suave en mi interior me dijo: “Tienes que escoger”. Ese fue el momento en que entendí que aunque conocía a Jesús como Salvador, no le conocía…o mejor dicho, no le permitía ser Señor de mi vida. Y escogí. No fue fácil. Llevo años en el proceso de transformación. Pero no me arrepiento. Si de algo tengo que arrepentirme es de no haber tomado la decisión antes.  

    Me da tristeza ver cuánto de esto hay en el cristianismo del siglo 21, cuántas medias tintas por conveniencia, cuánta tibieza por comodidad o temor, o lo que sea. El precio que Jesús pagó para que tú y yo podamos llevar el nombre de hijas o hijos de Dios fue muy alto. No podemos llevar ese título y mirarle de lejos. Te desafío con la misma declaración que recibí de parte de Dios hace ya muchos años: “Tienes que escoger”. Si quieres vivir la vida que Dios diseñó para ti, tienes que empezar por alinearte con el diseñador. No se puede servir a dos señores al mismo tiempo. Lo dijo Jesús, no lo digo yo. 

    Wendy


    lunes, 12 de septiembre de 2011

    ¿Organizarme yo?

    Desde que comencé a escribir en este blog uno de mis objetivos ha sido ayudarnos a tener una vida mejor, que podamos disfrutarla. Eso también puede llamarse una vida “con menos estrés”. Me he dado cuenta de que la falta de organización crea estrés en las personas, ya sea que se den cuenta y lo admitan o no. En enero escribí un artículo donde contaba que una de mis metas para el 2011 era ser más organizada. Luego en agosto incluí otro artículo con ideas que pueden ayudarnos a facilitar la vida.
    Como este tema sigue siendo de mi interés, he estado tratando de leer un poco al respecto. Acabo de terminar un libro que me aportó algunos consejos sencillos pero muy prácticos. Tengo otro en la fila de espera. Además me encontré un blog cargado de ideas que me parecen excelentes. Y hoy quiero presentarte una de esas ideas. Ese blog está en inglés, pero aquí puedes encontrar el artículo original. Yo decidí poner esta idea en práctica y me pareció bueno compartirla contigo.
    Se trata de una carpeta familiar, aunque tú pudieras darle otro nombre si te parece mejor. Esta carpeta contiene toda la información que necesitamos tener a mano para cualquier circunstancia, sea una emergencia o un día normal.
    Amy, la autora de esta idea, sugiere que en la primera hoja incluyamos toda la información básica de contacto que pudiéramos necesitar. Por ejemplo: números telefónicos de emergencia de la ciudad, del centro para intoxicación/envenenamiento, la dirección completa de la casa, los nombres y fechas de nacimiento completos de los miembros de la familia. También es útil incluir los teléfonos de los médicos, pediatras y escuelas. Además podemos incluir una lista con los teléfonos de los familiares más cercanos. Esta información es evidente para nosotras las mujeres/mamás pero es bueno tenerla organizada e instruir a nuestros hijos para que sepan cómo usarla en caso de una emergencia.
    Ella sugiere usa una carpeta de tres anillos, resistente (binder). Una idea para organizar esta carpeta es usar separadores para cada sección. Las secciones pueden incluir:

    Documentos importantes: Certificados de nacimiento, pasaportes, etc. (Para esto resultan muy útiles los protectores transparentes con ojetes que venden las tiendas de útiles de oficina). También es bueno tener copias de las licencias de conducir.
    Pólizas de seguros de autos, casa, etc. Copias de las tarjetas de dichos seguros y seguros médicos. (Para las tarjetas se pueden usar las hojas que venden para guardar tarjetas de presentación.)
    Copias de las tarjetas de crédito, banco.
    Es mucho más fácil recurrir a esta única carpeta que andar buscando por toda la casa dónde pusimos los documentos.

    Menú semanal: De esto hablamos hace poco y quiero insistir, con el poco tiempo que tenemos y las tantas responsabilidades, tomar el tiempo de diseñar un menú sencillo para la semana a la larga nos ahorra el tener que estar pensando todos los días “¿qué voy a cocinar hoy?” Además de que nos ayuda a la hora de ir al mercado y comprar.

    Proyectos: Muchas veces nos vienen a la mente cosas que quisiéramos hacer en la casa, digamos que organizar un closet, pintar una habitación, etc. Tener esos proyectos en una lista hace que sean más tangibles, que podamos ir realizándolos poco a poco y luego tachándolos de dicha lista, lo que al final produce una sensación de logro muy agradable.

    Además puedes incluir un calendario con cumpleaños que no quieres olvidar, listas de cosas para hacer semanalmente etc. La idea de la carpeta es facilitar el flujo de la vida cotidiana. 

    Quizá estás leyendo esto y piensas que toma mucho tiempo, que eres muy desorganizada como para intentarlo siquiera o que prefieres no complicarte tanto la vida. Bueno, los tres argumentos son refutables. Toma tiempo la primera vez, pero una vez hecha solo hay que cambiar poca información. Y si para los teléfonos, por ejemplo, creas un documento en la computadora, cuando necesites cambiarlo solo tienes que buscar ese documento, hacer los cambios, imprimir y listo. Además, toma más tiempo estar buscando las cosas en varios lugares a la vez. Si eres desorganizada, esta es una razón muy poderosa para hacer la carpeta. Te ahorrarás muchos dolores de cabeza. Y por último, esto no complica la vida, la hace más fácil. Como nosotras las mujeres tenemos tendencia a enredar todas las cosas en nuestra cabecita, tenerlas en una carpeta, organizadas y clasificadas nos ayuda muchísimo.

    Quiero invitarte a que lo pruebes. Además, si tienes alguna idea que crees que puede ayudarnos, compártela, ¡te lo agradeceré un montón!

    Wendy

    viernes, 9 de septiembre de 2011

    Árbol que nace torcido...

     Ese es un refrán que hemos escuchado tantas veces… tal vez más de las que quisiéramos en algunos casos. Y en ocasiones hasta nos lo decimos a nosotras mismas, pero con otras palabras: “Yo soy así, y no tiene remedio”. Pero, ¿será cierto? ¿Será realmente que el árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza? ¿Será que si somos de una manera, no tiene arreglo, cambio ni mejoría?

    Todo depende.

    Depende de en qué o quién te apoyes para “enderezar tu árbol”. Si lo intentamos hacer con nuestras propias fuerzas…será un fracaso y ciertamente el árbol de nuestra vida se quedará torcido. Ahora bien, si un día nos pusimos en manos de Dios, entonces no tenemos razón para decir “yo soy así, no tiene remedio, no voy a cambiar nunca”, etc.
    Esta lucha con las torceduras de nuestros troncos, por decirlo de alguna manera, es tan vieja como la propia humanidad. El apóstol Pablo, tan de carne y hueso como tú y yo, se vio muchas veces en ese punto: “Quiero hacer lo que es correcto, pero no puedo. 19 Quiero hacer lo que es bueno, pero no lo hago. No quiero hacer lo que está mal, pero igual lo hago.  Ahora, si hago lo que no quiero hacer, realmente no soy yo el que hace lo que está mal, sino el pecado que vive en mí.” Parece un trabalenguas, pero léelo detenidamente y verás que es lo mismo, dicho con otras palabras.  

    El otro día yo pensé eso mismo de mí “estoy torcida como un árbol”, “quiero hacer lo bueno pero no lo hago…no tengo remedio”. Muchas veces me he preguntado por qué hay ciertas cosas de mi temperamento que parecen no enderezarse nunca. Fue entonces que todo esto me vino a la mente, el Espíritu se encargó de recordarme que sola no puedo, pero Dios sí. Esto es lo que él nos dice:

    Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos… (Isaías 45)
    ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos… (Jeremías 18:6)


    Dios es especialista en enderezar cosas torcidas, en tomar lo que sale mal y volverlo a hacer, como sucede con el barro y el alfarero. Si realmente nuestra vida le pertenece a Jesús:

    1. No tenemos derecho a decir que nos quedaremos torcidas, que no tenemos remedio y que los demás tienen que aceptarnos así. Esa afirmación implica dos cosas. La primera, Dios es tu Salvador pero no el Señor de tu vida. La segunda, estás limitando el poder de Dios y lo que él puede hacer contigo.
    2. Cuando muchas veces tenemos deseos de “tirar la toalla” porque otra vez nos equivocamos, porque otra vez hicimos lo que en muchas otras oportunidades dijimos que no haríamos más, tenemos que recordar que somos barro y que Dios es nuestro alfarero. Cuando él ve que la vasija está agrietada, amasa el barro y otra vez la vuelve a formar. Él va delante de nosotros enderezando lo torcido, no solo en los lugares sino también en nuestros corazones, si lo dejamos.
    Dios sabe que somos frágiles, nacemos y en nuestro ADN ya vienen torceduras, y otras se forman en el camino. Como el barro, a veces tenemos rajaduras, nos rompemos, nos derretimos ante el calor del fuego de la vida…pero Él es el alfarero, el que endereza lo torcido, que rompe para volver a hacer. Así que tenemos que apropiarnos de esta verdad y reformular el refrán: “Árbol que nace torcido, EL PODER DE DIOS LO ENDEREZA”.  

    Wendy


    miércoles, 7 de septiembre de 2011

    Entre col y col...Frittata


    Este fin de semana fue “largo” para nosotros en los Estados Unidos, y decidí dedicar el tiempo a la familia, y también a algunos compromisos que teníamos. Parte de esos compromisos incluyó un desayuno en casa. Decidí preparar una receta muy sencilla pero que gustó mucho y es fácil de hacer. Lo mejor que tiene es que puedes prepararla el día anterior y así no tener que hacerlo todo en el mismo día. 



    Frittata

    8 huevos
    1 taza de leche
    2 cucharadas de mantequilla o margarina derretida
    ½ cucharadita de sal
    ¼ cucharadita de pimienta
    ½ taza de pimientos rojos y verdes cortados en cuadritos pequeños
    ½ cucharadita de ajo en polvo
    ¼ taza de cebolla cortada en cuadritos pequeños
    Papas cortadas a la juliana (yo usé medio paquete de Simply Potatoes® Hash Browns)
    1 taza de queso Cheddar rayado

    1. En la mantequilla derretida a temperatura mediana, añadir el ajo y cocinar las papas durante unos 7 minutos hasta que estén suaves, revolver para que no se peguen.
    2. Mientras tanto, mezclar los huevos batidos con todos los ingredientes menos el queso.
    3. Colocar las papas en una bandeja para hornear, extendiéndolas bien.
    4. Vierte la mezcla de huevo y demás ingredientes sobre las papas. Luego espolvorea el queso por encima.
    5. Poner al horno, en 350º F de 25 a 30 minutos o hasta que al introducir un palillo en el centro salga limpio.

    Si vas a cocinarla por adelantado, entonces una vez que se enfríe, ponla en el refrigerador y al otro día solo tienes que poner el horno en 200º F durante media hora aproximadamente. Este plato es excelente para un desayuno con varios comensales. Tiene una linda presentación y mucha aceptación. Sirve 10 raciones.

    ¡Espero la disfrutes!

    Wendy
     

    viernes, 2 de septiembre de 2011

    Gavetas vs. bolas de estambre


    Vuelve a leer el título de este artículo y piensa por un momento en la analogía. Los hombres tienden a pensar “en gavetas”. En una gaveta está el trabajo, en otra la casa, en otra los proyectos que nosotras les hemos puesto en un papel, los problemas también tienen su gaveta individual. En cambio las mujeres lo metemos todo en una misma gaveta y así se vuelve un enredo, como una gran bola de estambre. Sé que esto debe tener una muy buena explicación, pero no voy a entrar ahora en ese tema. Es un hecho que somos así diferentes pero no quiere decir que no podamos hacer algo al respecto.
    Desde que yo conocí a mi esposo, cada vez que surgía un problema ya fuera entre nosotros o no, él siempre me decía: “Separa las cosas, no las unas”. Nosotras las mujeres tenemos la extraordinaria “virtud” de ir uniéndolo todo y lo que empezó por un vestido que no nos gusta puede acabar en una conversación donde, como eslabones, vamos ligando cuanta cosa nos pasa por la cabeza en ese momento y que puede no tener ninguna relevancia y hasta más años de los que podemos recordar. Así que él, pacientemente, ha tratado durante estos 16 años de que no me vuelva siempre una bola de estambre.
    Ahora bien, eso no es fácil porque va contra la naturaleza femenina. Requiere un esfuerzo deliberado no mezclar lo del vestido que no nos gusta con la casa que está sin limpiar y los invitados que tendremos a comer dentro de 15 días (y eso sin mencionar cierta semana del mes que lo complica todo aún más). Pero no es imposible. ¿Cuál puede ser el antídoto? Hay varios.
    El primero es vivir un día a la vez, un asunto a la vez, un problema a la vez, una oración a la vez. Dios es nuestra porción, justo lo que necesitamos para cada día, ni más ni menos. Él nos da el sustento y la fuerza necesarios para vivir un día a la vez, para ocuparnos de un asunto a la vez. Si nos enfocamos en esto, es más fácil separar las cosas en nuestra mente y no ceder a la costumbre o la tentación de ligarlas todas. Jesús dijo: “Por lo tanto, no se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas”. Vivamos un día a la vez. Ocupémonos de un asunto a la vez. 
    Otro antídoto contra la bola de estambre es aprender a diferenciar hechos de emociones. Por ser mujeres muchas veces las emociones llevan la voz cantante en nuestra vida. “Nada hay tan engañoso como el corazón. No tiene remedio…” Fueron palabras de un profeta antiguo, Jeremías, pero ¡cuán ciertas! Si dejamos que sea el corazón, las emociones, quien dirija, somos candidatas seguras a vivir como bolas de estambre enredadas. Dios nos dio emociones, son parte de nuestro ser, pero cuando no están bajo control, controlan; y no nos dejan pensar con claridad ni actuar con madurez.
    Por último, buscar una segunda opinión. Cuando las situaciones empiecen a enredarse en nuestra mente, cuando comencemos a ligar vestidos con casas, frustraciones en la crianza de nuestros hijos y no saber qué cocinar para ese día , busquemos la perspectiva de otra persona. Empieza por tu esposo. Y si no está, o todavía no lo tienes, busca una amiga para que te ayude a separar las hebras de tu bola de estambre y poner cada una en su lugar. “…la sabiduría está con quienes oyen consejos”, “atiende al consejo y acepta la corrección, y llegarás a ser sabio”.
    Todavía de vez en cuando me enredo en mi propia bola de estambre, pero cuando me pasa acudo a estos antídotos que te mencioné y trato de “desenredarme”. La próxima vez que te suceda, pruébalo y verás que vale la pena. A fin de cuentas, los antídotos no son más que parte del diseño que Dios preparó para ti y para mí. 

    Wendy