Yo sé que este artículo pudiera resultar muy controversial, y antes de que empieces a leer quiero que sepas que mi intención no es juzgar, hoy simplemente presento mi opinión y dejo que cada quien saque sus propias conclusiones.
¿Por qué mi familia no celebra Halloween? Si te doy la respuesta corta, porque nunca ha sido una celebración del pueblo cristiano, por la misma razón que un musulmán no celebra la navidad.
Ahora bien, sé que es un asunto más complejo. Sé que para muchas personas, donde incluyo amistades y familia, no ven nada de malo en la celebración. Consideran que es solo una oportunidad para que los niños se disfracen y paseen por el barrio recolectando caramelos y otras golosinas. Y todo estaría bien si fuera eso nada más. Sin embargo, si vives en los Estados Unidos como yo, basta con mirar a las tiendas para ver cómo cada año que pasa esta festividad se acerca más a todo lo oscuro que tiene en su origen la celebración: viene de una fiesta de los antiguos celtas donde esa noche el dios de los muertos liberaba a las almas de los muertos. Dicha celebración incluía sacrificios de animales y también humanos; al igual que todo tipo de magia. Quizá no lo veas en las noticias, pero muchas de estas cosas se repiten hoy en la noche de la llamada “fiesta de las brujas”.
Entrar a una tienda en Norteamérica en esta época equivale a ver réplicas de rostros sangrantes y grotescos, supuestos fantasmas, esqueletos de muertos, etc. Lo que parece a muchos una diversión inocente, es abominación para Dios. Él fue muy claro cuando le advirtió a Israel con respecto a las tradiciones de otros pueblos: Cuando entres en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, ten mucho cuidado de no imitar las costumbres detestables de las naciones que viven allí. Por ejemplo, jamás sacrifiques a tu hijo o a tu hija como una ofrenda quemada. Tampoco permitas que el pueblo practique la adivinación, ni la hechicería, ni que haga interpretación de agüeros, ni se mezcle en brujerías, ni haga conjuros; tampoco permitas que alguien se preste a actuar como médium o vidente, ni que invoque el espíritu de los muertos. Cualquiera que practique esas cosas es detestable a los ojos del SEÑOR (Deuteronomio 18:9-12.)
Tenemos múltiples ocasiones en las que nuestros hijos pueden disfrazarse, comer caramelos y jugar, ¿por qué hacerlos partícipes de algo que al final no le da gloria a Dios y promueve toda una serie de cosas que para él son abominables? Hoy tal vez se disfracen de princesa o superman, ¿qué pasará mañana cuando quieran un disfraz con sangre, cosas de brujos, etc.? ¿Cómo explicar la dicotomía?
Los que seguimos a Cristo hemos sido llamados a ser luz. Y cuando aparecen encrucijadas así, me gusta preguntarme: ¿qué haría Jesús en mi lugar? ¿Ir con la corriente o marcar la diferencia?
Esta es mi posición. Y te repito, mi única intención es llevarnos a la reflexión. Vivir la vida como Dios la diseñó en ocasiones también implicará correr el riesgo de no ser populares. Pero bueno, no estamos en esta carrera para ganarnos el premio de la popularidad sino “la corona de la vida”.
¡Bendiciones en la nueva semana!
Wendy









