El motivo por el cual para mí este viernes no es igual a los demás

Hoy es viernes y nos tocaría un video blog pero mi semana ha estado tan cargada que no me fue posible hacerlo. Por otra parte, tenía deseos de escribir porque hoy es un día especial para nuestra familia. Mi hija cumple 9 años. Apenas lo puedo creer…parece que fuera ayer. También cumple hoy 9 años la niña que se ha sumado a nuestra familia mediante Compassion International. Y además hoy es el último día del ayuno congregacional que mi iglesia ha estado celebrando junto con otras iglesias de los Estados Unidos. Por todas esas cosas este viernes marca una pauta en mi vida.

Ser mamá ha sido el desafío más grande de mi vida y cuando hace nueve años me pusieron a aquella personita en mis brazos, tengo que confesar que no tenía ni la menor idea de lo que estaba haciendo y mucho menos de lo que vendría. Sí, había leído varios libros, recorrido muchas páginas en el Internet pero “el momento de la verdad” había llegado y no tenía vuelta atrás. 

Si pudiera comenzar de nuevo cambiaría muchas cosas. Recogería palabras que nunca debieron ser dichas, no me preocuparía por tonterías que en su momento parecieron ser gigantes y disfrutaría más los momentos sin preocuparme porque todo estuviera “perfecto”. Ser mamás en muchas ocasiones es una batalla con la culpa porque siempre nos cuestionamos si lo estamos haciendo bien. Hacemos demasiados inventarios en nuestra mente.

El otro día mi hija y yo tuvimos un disgusto. Creo que mi reacción fue exagerada y me senté a su lado, le pedí perdón y le dije: “Tú eres mi primera experiencia como mamá. Me hubiera gustado que al nacer tuvieras un librito donde yo encontrara cómo hacer todo, y hacerlo bien. Pero no es así. No nacemos con un manual. Solo quiero que sepas que mamá es humana, se equivoca y tiene que pedirle perdón a Dios y a los demás también. Perdóname por haber actuado como actué”. Ella se sonrió, me dio un abrazo y me dijo: “Está bien, mami.” Yo tenía lágrimas en los ojos y mientras nos abrazábamos le pedí a Dios que una vez más me ayudara y que a pesar de mis errores, su plan perfecto se cumpliera en la vida de mi hija. Y que de alguna manera en su cerebro de niña ella pudiera entender que mi amor por ella es grande, con equivocaciones y todo.

Ayer leí esto en mi libro de lecturas diarias y el Señor habló a mi corazón porque él sabe cuánto lo necesitaba: En lugar de buscar perfección en este mundo caído, vierte tu energía en buscarme a mí: el Perfecto.  No existen madres perfectas, pero sí hay un Dios perfecto que comprende nuestras imperfecciones y con todo nos ama y pone en nuestras manos esta inmensa responsabilidad. ¿Por qué? Bueno, creo que porque entre otras cosas él sabe que esa tarea nos ayudará para ir moldeando poco a poco su imagen en nosotros. 

Sé que cuando mi hija crezca y mire atrás habrá cosas que ella querría cambiar en mi  maternidad. ¿Acaso no nos pasa a todos? Pero espero con todo mi corazón que la conversación que ella y yo tuvimos aquel día, y muchas otras que habrá, le recuerde que no se trata de ser perfectas sino de buscar al Perfecto para que con su mano experta nos vaya transformando.
Gracias Dios por tus increíbles lecciones en estos nueve años. Y gracias porque a pesar de mis imperfecciones pusiste en mis manos esta gran responsabilidad. ¡Feliz cumpleaños, Daniela!

Y para ti, muchas bendiciones en el fin de semana, nos vemos el próximo lunes.
 Wendy

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