lunes, 28 de mayo de 2012

"Un corazón confiado", quinta semana... ¿especial, yo?


Quinta semana: Pero yo no tengo 
nada extraordinario que ofrecer

Tomado del capítulo 8 de A Confident Heart [Un corazón confiado] de Renee Swope
Traducción de Wendy Bello

Algo para pensar: “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre” (Salmos 139:13 NVI)

Me senté en el círculo orando que se nos acabara el tiempo antes de que llegara mi turno. La moderadora de la actividad para fortalecer nuestro equipo había pedido al grupo que respondiera dos preguntas: ¿Qué te encanta hacer? Si las finanzas no tuvieran límites y el fracaso fuera imposible, ¿cuál sería tu sueño?

Yo no tenía ninguna respuesta, pero por si acaso tenía que decir algo, escuchaba a todas los demás describir sus sueños con la esperanza de obtener ideas. Una quería ser la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. Otra amiga dijo que ella siempre había querido cantar en un grupo de rock cristiano. Me di cuenta de que estaba en apuros.

En aquel momento yo tenía 32 años y no sabía quién era ni cuáles eran mis sueños. Cuando llego el momento y todos me miraron esperando mi respuesta, la lengua se me trababa. Entonces por fin reconocí que en realidad no sabía lo que me encantaba hacer.

De inmediato la duda susurró: Eso es porque los sueños son para gente confiada que tiene algo especial que ofrecer y tú no tienes nada.

Yo nunca había tomado tiempo para pensar o responder preguntas así. En cambio, había tratado de ser lo que otros querían o necesitaban que fuera. Pero honestamente, no era muy buena en eso. A menudo tenía una sensación de desasosiego por no ser feliz. Y era una candidata constante para el agotamiento.

Ahora me doy cuenta de que no estaba viviendo la verdad contenida en nuestro versículo clave, que Dios creó mis entrañas y me entretejió en el vientre de mi madre (Salmos 139:13 NVI). 

Ese día en el círculo, después de tratar de encontrar una respuesta durante la actividad en equipo, nuestra moderadora me animó a preguntarle a Dios cuáles eran su sueños para mi vida. Seguí su consejo y comencé el proceso de convertirme en “mi verdadero yo”, quien se había quedado enterrado en la agitación de la vida y de tratar de agradar a las personas.

Mientras leía libros que hablaban de descubrir nuestras pasiones, dones y rasgos de personalidad, comencé a identificar lo que me gustaba. Reconocí las cosas que eran mis puntos fuertes y aprendí lo que necesitaba desde el punto de vista emocional para alentar a mi corazón.

Por primera vez me di cuenta de que había una razón importante para que yo fuera quien era, con mis preferencias apasionadas y mis emociones mezcladas. En lugar de querer que fuera como las mujeres que yo conocía y admiraba, sentí que Dios quería usar la manera única en que me había hecho. Y comencé a descubrir que a fin de cuentas sí tenía algo especial que ofrecer.

¿Acaso no es fácil negarnos a nosotras mismas para satisfacer las necesidades de todo el que nos rodea, y decir que es un sacrificio? Suena piadoso. Pero al hacerlo arriesgamos cerrar un lugar de nuestra alma donde los sueños y dones de Dios esperan para ser revelados. La verdad es que tú y yo no fuimos diseñadas para ser quienes otros esperan que seamos, o siquiera quieren que seamos. Fuimos creadas para convertirnos en todo lo que Dios planeó que fuéramos.

Entonces, ¿cuán bien conoces a tu verdadero yo? ¿Alguna vez has tomado tiempo para pensar en lo que te gusta hacer? ¿Qué rasgos de la personalidad, habilidades o experiencias tienes? ¿Qué haría que tu corazón cobrara vida si tuvieras la confianza y los recursos para hacerlo?

Aunque pudiera parecer egoísta, en realidad es algo de Dios el tomar tiempo para llegar a conocer a la mujer que él diseñó que fueras. Recuerda que Dios tenía un plan en mente cuando te hizo. Él te moldeó con un propósito. Cuando rindes tus pasiones, dones y personalidad únicos a él, Dios los usará para guiarte hacia los sueños que él tiene para tu vida.

Señor, quiero ser la mujer que tú tenías en mente cuando criaste mis extrañas y me entretejiste en el vientre de mi madre. Te alabo porque soy una creación admirable, tus obras son maravillosas y yo soy una de ellas. Oro para que me ayudes a convertirme en la mujer que tú creaste. No quiero envejecer y no saber nunca el propósito de mi vida. Muéstrame tus sueños para mí para poder ofrecer lo que tú quieras dar a los que me rodean. En el nombre de Jesús, amén. (Ver Salmos 139:13–14)

Consejo para la duda: Todas tenemos una forma del cuerpo con la que nacimos. Yo tengo forma de pera. Siempre la he tenido y siempre la tendré. Durante la mayor parte de mi vida no me gustaba. Pero este es el cuerpo que Dios me dio y he aprendido a vivir con él. De la misma manera en que Dios nos da una forma física para el cuerpo, también nos da una forma “espiritual” para capacitarnos para su propósito en el cuerpo de Cristo. ¡Pídele a Dios que te ayude a descubrir y amar la “forma” que él te dio!

Versículo para la semana: "Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica" (Efesios 2:10 NVI).

En esta nueva semana, vivamos como lo que somos...una obra maestra de Dios. ¡Bendiciones!

Wendy

 

2 comentarios :

  1. ESPECIAL YO?
    Si amén, soy especial, soy hechura de Dios, creada en Cristo para buenas obras.

    Gloria a Dios por este estudio.

    Bendiciones Wendy.

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