miércoles, 20 de junio de 2012

¿Y adónde se fue el tiempo?


Me parece mentira, otra vez. Ya terminó el curso escolar. Fue un curso de “primeros”. Mi hijo menor, mi bebé, tuvo su primer año en la escuela. Mi hija mayor, la primogénita, tuvo su primer examen de FCAT (si no vives en Florida, quizá ni tengas idea, pero de este examen depende en gran medida el pasar de un grado a otro en el sistema escolar del estado).  Ambos fueron un éxito y toda la gloria se la doy a Dios. 

El varón se graduó de Pre-Kínder. Yo quisiera detener el tiempo y decirle a él: “Para de crecer, por favor. Quédate un poco más así chiquito, para todavía poder cargarte, llenarte de besos, abrazarte sin que te quieras ir…” Pero yo sé que el tiempo padece de sordera. No me escuchará.

La niña ya va a cuarto grado. De tan solo mirarla veo los cambios venir. Y otra vez quisiera que tuvieran un botón de pausa, como los equipos electrónicos, para detener la imagen, el sonido. Escuchar su voz cantando, hablando a las muñecas, riendo con su hermano.

A veces me parece estar en una montaña rusa, a la que alguien me subió sin contar conmigo, y todas las cosas me pasan rápido por el lado, llega una subida, luego una bajada supersónica… y la vida se va.

Por fin he comenzado a entender al salmista cuando compuso su canción y le dijo a Dios: “Enséñanos a entender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría”. La vida es breve, increíblemente fugaz.

¿Y qué podemos hacer para luchar contra este reloj acelerado que no se detiene? Vivir el presente. Es un regalo que Dios nos hace y el único que tenemos por sentado. Al reloj nunca le podremos ganar, así que lo mejor es volvernos sus aliadas. Disfrutando cada minuto de vida que tengamos. Usándolo para dejar un legado a los que nos rodean, para llorar y reír junto con ellos, especialmente nuestros hijos. 

Hay cientos de cosas en las que quisiera emplear mi tiempo, y tengo que luchar para hacerlas a un lado. Todavía tengo montones de fotos por agrupar o imprimir. Dos o tres rincones que quiero acomodar.  Pero como el reloj sigue caminando, tengo que escoger a qué le voy a dar la prioridad. Me cuesta, de veras que sí. Mi naturaleza batalla por irse a arreglar el rincón y la mente quisiera distraerse contemplando las fotos y creando un lindo álbum. Ninguna de las dos cosas puede ser ahora mi prioridad.

Tenemos un espacio de tiempo limitado en este planeta y sobre todo en las vidas de nuestros seres queridos. No lo desaprovechemos. Como dice en Eclesiastés, hay un tiempo para todo. Hoy los niños ocupan la mayoría de nuestros minutos y segundos, pero en un abrir y cerrar de ojos, volarán.

Tomemos la decisión de pedirle sabiduría a Dios, cada día, para usar bien nuestro tiempo, y no malgastarlo. A fin de cuentas, ese también es un regalo que él pone en nuestras manos y nos pide que seamos administradores sabios.  Y entre tanto, no olvidemos darle gracias por cada uno de esos momentos que nos permite disfrutar.

Me despido de ti con esta frase, no conozco el autor, pero encierra una gran verdad: “No sacrifiques lo importante en el altar de lo inmediato”. 

Wendy
 

1 comentario :

  1. Bendiciones Wendy.
    Hermoso lo que escribes y muy cierto, a mi me pasa igual tengo tantas cosas por hacer y lo unico que puedo decir Señor dame sabiduria para usar bien mi tiempo.
    Te mando un fuerte abrazo.

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