lunes, 16 de julio de 2012

¿Te animas?

David se estableció en los refugios del desierto, en los áridos cerros de Zif. Día tras día Saúl lo buscaba, pero Dios no lo entregó en sus manos.
Estando David en Hores, en el desierto de Zif, se enteró de que Saúl había salido en su busca con la intención de matarlo. Jonatán hijo de Saúl fue a ver a David en Hores, y lo animó a seguir confiando en Dios. «No tengas miedo —le dijo—, que mi padre no podrá atraparte. Tú vas a ser el rey de Israel, y yo seré tu segundo. Esto, hasta mi padre lo sabe.» Entonces los dos hicieron un pacto en presencia del Señor, después de lo cual Jonatán regresó a su casa y David se quedó en Hores.


Este es un fragmento de la historia de David, contada en el libro 1 de Samuel en el Antiguo Testamento.  Y estoy segura de que la había leído antes, pero no recordaba estos detalles. Creía que el último encuentro entre David y Jonatán había sido cuando establecieron su pacto de amistad y luego David salió huyendo de Saúl.

Pero hace unos días, mientras leía en este libro, me “encontré” con este fragmento y voy a comentarte lo que me asombró.

Jonatán una vez más arriesgó su vida por su amigo David, pero lo que más me cautiva es que hizo aquel viaje con un solo objetivo: darle ánimo a David. ¡Qué tremenda amistad! Jonatán entendió que en aquel momento que David estaba viviendo, una palabra de ánimo representaba mucho. Y eso fue justo lo que  hizo.

Gary Chapman, en su libro Los cinco lenguajes del amor, nos enseña que uno de dichos lenguajes es las palabras de afirmación (de paso te recomiendo el libro porque es extraordinario y súper útil en nuestras relaciones humanas). Tal vez ese no sea tu lenguaje pero yo estoy convencida de que una palabra de ánimo es algo que a todos nos viene bien siempre.

La Biblia está llena de ejemplos del valor de dar ánimo a otros, por ejemplo:

La preocupación agobia a la persona;  una palabra de aliento la anima.  (Proverbios 12:25, NTV)

Que el Señor muestre una bondad especial con Onesíforo y toda su familia, porque él me visitó muchas veces y me dio ánimo. (2 Timoteo 1:16, NTV)

Pablo y Bernabé regresaron a Listra, Iconio y Antioquía de Pisidia, 22 donde fortalecieron a los creyentes. Los animaron a continuar en la fe, y les recordaron que debemos sufrir muchas privaciones para entrar en el reino de Dios. (Hechos 14:21- 22, NTV)

En lo particular me gusta animar a las personas, en cualquier situación. Reconocer el esfuerzo. Exhortar. Esa es una de las razones por las que escribo este blog. Entiendo que es parte del llamado que Dios ha hecho a mi vida. Pero también creo que en cierto modo es un llamado a todos.

Dar ánimo en realidad no cuesta nada, solo la disposición del corazón para hacer algo que puede cambiar el día de una persona.

Aunque la Biblia no lo dice explícitamente, estoy segura de que David se sintió mucho mejor después de la visita de Jonatán, y siguió confiando en Dios.

En esta nueva semana hagámonos el propósito de animar aunque sea a una persona. Quizá pensemos: “¡Pero yo estoy para que me den ánimo, con todo lo que me está pasando!”. Prueba animar a otros y verás cómo cambia la perspectiva de tu situación. No dije que la situación cambiará, pero sí la actitud que podamos tener.  Y eso marca una gran diferencia.

¿Te animas?

Wendy

4 comentarios:

  1. Bendiciones Wendy !!

    Yo me animo!
    Que hermoso, hago el propósito de animar a otras personas.

    Te dejo a ti Wendy y a los que leen el blog un versiculo para animarlas(os):

    "Ciertamente olvidarás tus pesares, como el agua que ya pasó. Tu vida será radiante como el sol de mediodía y vivirás con tranquilidad" Job.11,16-18

    Un abrazo en Cristo Jesús.

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    1. Gracias, Lucy! Siempre tan dispuesta a dejarnos una palabra de ánimo. Bendiciones!

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  2. Wendy hermosa idea, sigue adelante, estas sembrando.. eben.

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    1. Hola! Me dio mucha alegría saber de ti! Gracias por tus palabras de ánimo.

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