Como si leyeras una página de mi diario...

Acaba de pasar un lindo fin de semana. Aquí en los Estados Unidos celebramos el Día de Acción de Gracias, y para mí fue como la culminación de todo lo que estuvimos haciendo juntas en este blog durante los “22 días para dar gracias”.


Fue un tiempo de compartir con familia y buenos amigos. Con amigos nuevos, amigos viejos. Con hermanos de la fe. ¡Hasta compartí con una lectora de este blog…que vive en México!

Y todo eso me pone a pensar cómo la vida que Dios diseñó es una vida en comunidad. Los “llaneros solitarios” no son parte del plan de nuestro Creador. Fíjate si es así que desde el principio Adán gozaba de una relación de amistad con Dios, conversaban. Y aunque todo era perfecto y hermoso, Dios le dio a Adán una compañera para que no estuviera solo. De esa manera comenzó la raza humana.

Creo que lo que más disfruté este fin de semana no fue la rica comida que preparamos para la celebración, lo que más disfruté fue el tiempo de compartir, conversar, recordar. Mi abuelita de 94 años vino a la casa y nos deleitamos cantándole viejos himnos que para ella encierran toda una vida de fe. Las notas del piano y nuestras voces llenaron de adoración una parte de la velada familiar.

Tuvimos en casa a un amigo querido de nuestra juventud, amigo y hermano en Cristo, a nivel emocional es más bien familia. Ya no vivimos en el mismo país, así que compartir con él fue un regalo extra que Dios nos dio. Hablamos de muchísimas cosas, desde nuestros hijos y  desafíos como padres, los recuerdos de hace ya unos cuantos años, hasta profundos temas teológicos. Comunidad. Dios nos hizo para eso.

He estado leyendo el libro de Nehemías en estos días. Qué tremenda tarea la de este hombre: reconstruir el muro de Jerusalén. Y te estarás preguntando que tiene que ver todo esto con lo que he estado contándote. Verás, la tarea no pudiera haberse hecho si el pueblo no hubiera trabajado en comunidad. Muchos trataron de dividirlos, de crear enemistades, pero Nehemías fue el líder que Dios usó para mantener unido a aquel grupo de exiliados repatriados. Cada grupo de se encargó de una parte del muro, de reconstruir una de las puertas, pero todos JUNTOS lograron la gran tarea.

Así mismo es nuestra vida. Cada uno, en el lugar y con la misión que Dios le ha dado, pero formando parte de una comunidad grande a la que llamamos el pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo, la iglesia. No hay cuerpo ni pueblo que se componga de una sola persona. Es imposible. Como dijera el viejo poeta inglés “ningún  hombre es una isla en sí mismo”. Y en palabras del apóstol Pablo: “Nosotros somos las diversas partes de un solo cuerpo y nos pertenecemos unos a otros” (Romanos 12:5).

Comunidad. Quiero invitarte a reflexionar en esa palabra durante la semana. Dios nos hizo para vivir en comunidad, para crecer en comunidad, para desarrollar relaciones en una comunidad. Cada viernes me reúno en casa con un grupo precioso de mujeres, y nuestra fe y conocimiento de la Palabra está profundizándose en esa comunidad. Puedo estudiar sola la Biblia, puedo orar sola, pero nunca será lo mismo. Es  “maravilloso y agradable cuando los hermanos conviven en armonía”. Dios está presente cuando dos o tres (o más) se reúnen en su nombre, es su promesa.

Dios te ha llamado a ser parte de una comunidad. Si no la tienes, búscala.  Y si la tienes, disfrútala. Sé una parte activa. Proponte ser bendición para los que te rodean en esa comunidad, servirles y así puedes servir a Dios. Verás la gran diferencia porque así fue como Dios lo diseñó.   

A partir del lunes próximo, ¡a celebrar a Cristo en Navidad!


 Te deseo muchas bendiciones en tu nueva semana,


Wendy

Comentarios

  1. "...nos deleitamos cantándole viejos himnos que para ella encierran toda una vida de fe. Las notas del piano y nuestras voces llenaron de adoración una parte de la velada familiar. " Palabras bellas que me hace recordar de mi niñez... Gracias por dibujar la foto de tus días de descanso (?) con palabras.

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