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| Mi esposo Abel y yo, 17 años después |
Este es el último
artículo, escrito, de la serie. El viernes cerramos con el video-blog. Le pedí
a alguien muy especial para mí que lo escribiera, es mi esposo. La perspectiva
de él como hombre acerca del matrimonio nos ayudará mucho porque evidentemente,
y como dice el título, somos muy diferentes. Y aprovecho para darle a él las
gracias, en público, por haber accedido a esta petición mía de escribir para el
blog, pero sobre todo, por hacerme una esposa muy feliz.
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— No.
— ¿Por qué?
— Porque no.
— Pero, ¿por qué
no?
— Porque yo soy
tu padre y te estoy diciendo que no…
¿Por qué será que
a los niños les resulta tan difícil aceptar un “no” por respuesta? Por qué no
estarán diseñados para responder: —Está bien, papi. Lo que tú digas…
La verdad es que
aún de adultos, nos queda un poco (o mucho) de ese “descontento” y/o rebelión
contra lo que el Padre ha establecido, y queremos “arreglarlo” a nuestra manera.
Claro, que, igual que los niños, la solución nos lleva a quitar al “Padre” del
medio (haciéndolo a escondidas, huyendo de la casa, etc.) para poder establecer
nuestras propias reglas… pero a la larga, no funciona.
El matrimonio no
es la excepción.
Así que primero
quiero compartirles el diseño original de Dios para el matrimonio y una de las
verdades más sencillas y obvias de la Biblia: el hombre y la mujer fueron creados diferentes (Génesis 1:26). No
hay que ser un científico para darse cuenta de que el hombre y la mujer son
diferentes física, emocional y mentalmente. Los ejemplos de la vida diaria son
innumerables: el cuerpo de la mujer está preparado para dar a luz, mientras que
el del hombre está más apto para desarrollar fuerza física; las mujeres
experimentan muchos más cambios de estados emocionales que los hombres; los
hombres no encuentran lo que buscan en la casa ni aunque esté frente a sus
narices, mientras que las mujeres pueden hacer multitarea con mayor facilidad
que los hombres…
Claro, que
nosotros hemos tratado de cambiar eso con varias de nuestras “propias” ideas: movimientos
feministas, machismo, y otras tantas modificaciones del plan original de Dios,
pero por si acaso no te habías dado cuenta, no funcionan.
Cuando entramos
al matrimonio, estamos materializando la idea de Dios de que dos seres,
completamente diferentes, se unieran para complementarse y funcionar como “uno
solo”. Hace poco escuché en la radio a alguien que comparaba el matrimonio con
un baile, y me pareció bien acertada la comparación. Si no me crees, trata de
bailar un vals con una persona que está dando los pasos de un tango y entenderás
la ilustración. Creo firmemente que uno de los principios más importantes que
el esposo y la esposa deben aprender es que tú y él no son iguales, y eso es
bueno.
Mujer, tu esposo
no es como tú ni tiene las mismas necesidades que tú. Es muy probable que no
entienda el amor de la misma manera que tú… quizá necesita tus palabras de
aliento y afirmación de su hombría mucho más que tus caricias. A lo mejor no
exterioriza sus emociones de la misma manera que tú, aunque por dentro llora…
sé un apoyo y un hombro cuando sea necesario. Hay grandes posibilidades de que
necesite más frecuencia en las relaciones sexuales que tú… aprende a
disfrutarlo con él. Posiblemente no tiene las mismas características o
cualidades de tu papá… pero eso no es malo, tú tampoco eres (y probablemente no
quieras ser) como su mamá. Quizá no es nada bueno cuando va de compras al
mercado, pero ten paciencia, él va al mercado porque te ama y no quiere que tú
tengas que cargar las bolsas. Y no, no es adivino… en vez de mirarlo y esperar
que mágicamente descubra lo que estás pensando, dile con la mayor claridad
posible cómo te sientes y qué necesitas de él.
Estoy consciente
de que estás pensando: “Pero ustedes los hombres también tienen que…”. Yo sé,
yo sé, lo mismo aplica para nosotros… En el plan de Dios no existe ningún
matrimonio de una sola persona, y es extremadamente importante que ambos se den
cuenta de cómo es diferente su pareja, para poder satisfacer y complementar esas
diferencias.
Termino con un fragmento
de la canción “Uña y Carne” del cantautor español Marcos Vidal que expresa perfectamente la
belleza de la unidad de nuestras diferencias:
Porque no somos
dos, somos uno para siempre,
sin temor de fallar, simplemente inseparables,
como el fuego y el volcán, como el hierro y el imán,
como nube y monte, bosque y gavilán,
como el mar con el delfín, como Winnie Pooh y Robin,
como el sol bajo el cielo de Madrid.
Y para terminar, te comparto este poema que encontré hace muchos años, no recuerdo dónde. Mi deseo y oración son que estos artículos hayan contribuido a mejorar tu matrimonio, o a prepararte para el mismo. Los artículos quedan en la sección "Archivo" y puedes volver a revisarlos, compartirlos, etc.
Bendiciones y hasta el viernes,
Wendy