viernes, 28 de septiembre de 2012

Viernes de video-blog...¿Y ahora qué?

Este es el último viernes de la serie "Un matrimonio mejor en 4 semanas". Y como al final de muchas cosas nos preguntamos ¿y ahora qué? A eso respondemos en este video.

Mi oración ha sido que Dios use estas enseñanzas para que nuestros matrimonios se conviertan en la relación que él ideó desde el principio. 

¿Cómo ha resultado para ti? Te animo a dejar un comentario aquí debajo y/o en la página de Facebook

Además te invito a visitar la página de Recursos gratis, allí puedes descargar el documento para orar por tu esposo de pies a cabeza si no lo hiciste en la primera semana. Y en la sección de Archivo están todos los artículos de la serie.

Que tengas un lindo fin de semana, viviendo la vida como Dios la diseñó.

Bendiciones,

Wendy

 


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Yo no soy tú…


Mi esposo Abel y yo, 17 años después
Este es el último artículo, escrito, de la serie. El viernes cerramos con el video-blog. Le pedí a alguien muy especial para mí que lo escribiera, es mi esposo. La perspectiva de él como hombre acerca del matrimonio nos ayudará mucho porque evidentemente, y como dice el título, somos muy diferentes. Y aprovecho para darle a él las gracias, en público, por haber accedido a esta petición mía de escribir para el blog, pero sobre todo, por hacerme una esposa muy feliz.
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— No.
— ¿Por qué?
— Porque no.
— Pero, ¿por qué no?
— Porque yo soy tu padre y te estoy diciendo que no…

¿Por qué será que a los niños les resulta tan difícil aceptar un “no” por respuesta? Por qué no estarán diseñados para responder: —Está bien, papi. Lo que tú digas…

La verdad es que aún de adultos, nos queda un poco (o mucho) de ese “descontento” y/o rebelión contra lo que el Padre ha establecido, y queremos “arreglarlo” a nuestra manera. Claro, que, igual que los niños, la solución nos lleva a quitar al “Padre” del medio (haciéndolo a escondidas, huyendo de la casa, etc.) para poder establecer nuestras propias reglas… pero a la larga, no funciona.
El matrimonio no es la excepción.

Así que primero quiero compartirles el diseño original de Dios para el matrimonio y una de las verdades más sencillas y obvias de la Biblia: el hombre y la mujer fueron creados diferentes (Génesis 1:26). No hay que ser un científico para darse cuenta de que el hombre y la mujer son diferentes física, emocional y mentalmente. Los ejemplos de la vida diaria son innumerables: el cuerpo de la mujer está preparado para dar a luz, mientras que el del hombre está más apto para desarrollar fuerza física; las mujeres experimentan muchos más cambios de estados emocionales que los hombres; los hombres no encuentran lo que buscan en la casa ni aunque esté frente a sus narices, mientras que las mujeres pueden hacer multitarea con mayor facilidad que los hombres…

Claro, que nosotros hemos tratado de cambiar eso con varias de nuestras “propias” ideas: movimientos feministas, machismo, y otras tantas modificaciones del plan original de Dios, pero por si acaso no te habías dado cuenta, no funcionan.

Cuando entramos al matrimonio, estamos materializando la idea de Dios de que dos seres, completamente diferentes, se unieran para complementarse y funcionar como “uno solo”. Hace poco escuché en la radio a alguien que comparaba el matrimonio con un baile, y me pareció bien acertada la comparación. Si no me crees, trata de bailar un vals con una persona que está dando los pasos de un tango y entenderás la ilustración. Creo firmemente que uno de los principios más importantes que el esposo y la esposa deben aprender es que tú y él no son iguales, y eso es bueno.

Mujer, tu esposo no es como tú ni tiene las mismas necesidades que tú. Es muy probable que no entienda el amor de la misma manera que tú… quizá necesita tus palabras de aliento y afirmación de su hombría mucho más que tus caricias. A lo mejor no exterioriza sus emociones de la misma manera que tú, aunque por dentro llora… sé un apoyo y un hombro cuando sea necesario. Hay grandes posibilidades de que necesite más frecuencia en las relaciones sexuales que tú… aprende a disfrutarlo con él. Posiblemente no tiene las mismas características o cualidades de tu papá… pero eso no es malo, tú tampoco eres (y probablemente no quieras ser) como su mamá. Quizá no es nada bueno cuando va de compras al mercado, pero ten paciencia, él va al mercado porque te ama y no quiere que tú tengas que cargar las bolsas. Y no, no es adivino… en vez de mirarlo y esperar que mágicamente descubra lo que estás pensando, dile con la mayor claridad posible cómo te sientes y qué necesitas de él.

Estoy consciente de que estás pensando: “Pero ustedes los hombres también tienen que…”. Yo sé, yo sé, lo mismo aplica para nosotros… En el plan de Dios no existe ningún matrimonio de una sola persona, y es extremadamente importante que ambos se den cuenta de cómo es diferente su pareja, para poder satisfacer y complementar esas diferencias.

Termino con un fragmento de la canción “Uña y Carne” del cantautor español Marcos Vidal que expresa perfectamente la belleza de la unidad de nuestras diferencias:

Porque no somos dos, somos uno para siempre,
sin temor de fallar, simplemente inseparables,
como el fuego y el volcán, como el hierro y el imán,
como nube y monte, bosque y gavilán,
como el mar con el delfín, como Winnie Pooh y Robin,
como el sol bajo el cielo de Madrid.



Y para terminar, te comparto este poema que encontré hace muchos años, no recuerdo dónde. Mi deseo y oración son que estos artículos hayan contribuido a mejorar tu matrimonio, o a prepararte para el mismo. Los artículos quedan en la sección "Archivo" y puedes volver a revisarlos, compartirlos, etc. 

Bendiciones y hasta el viernes,

 
Wendy





lunes, 24 de septiembre de 2012

Protege tu matrimonio

Increíble que ya llegamos a la cuarta y última semana de nuestra serie para tener “Un matrimonio mejor en 4 semanas”. ¿Cómo ha sido esta serie para tu vida? ¿Has aprendido algo nuevo? ¿Recordaste algo que quizá se estaba quedando en el olvido entre las tantas responsabilidades que tienes? ¿Te habló Dios de una manera especial? Cuéntanos.


En este último artículo, el del miércoles será de un invitado (masculino, sí), quiero dejarte algunas herramientas para proteger tu matrimonio. Esta, como la relación más importante en el plano humano, requiere que pongamos todo nuestro empeño para protegerla y cuidarla. Y esta es una tarea que nadie más puede hacer por ti, así que revistámonos de “fuerza y dignidad” como la mujer de Proverbios 31 de la que hablamos el viernes, y defendamos a capa y espada nuestros matrimonios.

Herramienta no. 1: Defiende tu matrimonio en el campo espiritual. Ora cada día por tu matrimonio, por tu esposo. Aquí tienes una guía para orar por él. Y pon a Dios como el centro de la relación. Tú y tu esposo son dos cordones que, junto con Dios, conforman una cuerda muy fuerte:

"Alguien que está solo, puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente." (Eclesiastés 4:12)

"Si el Señor no construye la casa, el trabajo de los constructores es una pérdida de tiempo." (Salmos 127:1)

Herramienta no. 2: Aprende el lenguaje de amor tu esposo y esfuérzate por hablarlo, aunque te cueste. Si no sabes a qué me refiero, te recomiendo mucho que leas este libro, transformará tu relación matrimonial y muchas otras relaciones. Todos no entendemos el amor de la misma manera, este concepto lo desarrolló el Dr. Gary Chapman y los lenguajes son: palabras de afirmación, tiempo de calidad, actos de servicio, regalos y toque físico. Es muy probable que tu esposo y tú hablen lenguajes de amor diferentes. Aprender a hablar el de él te abrirá la puerta a su corazón. Y viceversa, claro. Mi esposo y yo tenemos un lenguaje común y otro MUY diferente. Cada uno ha tenido que aprender el del otro y hacer un esfuerzo consciente para hablarlo. Pero vale la pena porque así podemos estar seguros de que nuestro esposo sepa que le amamos y de sentirnos amadas.
Mantendremos llenos nuestros tanques de amor.

"El amor…no es egoísta." (1 Corintios 13:5)

Herramienta no. 3: No hables mal de tu esposo con nadie. Si vas a decir algo sobre él que siempre sea bueno y para poner su nombre en alto. Ese es el compañero que Dios te dio, alguien a quien él ama y como tal debemos tratarlo.

Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan” (efesios 4:29).

Esto fue algo que me propuse desde el principio de mi matrimonio. No siempre es fácil cumplir con esta premisa, pero el hacerlo crea una barrera de protección y seguridad en nuestra relación. Busca oportunidades de exaltarlo y de destacar sus buenas cualidades.

Herramienta no. 4: No converses problemas matrimoniales con amigos del sexo opuesto. Cuando los problemas matrimoniales surjan, sé sabia al buscar ayuda. Si vas a acudir a tu pastor, es recomendable que también esté presente su esposa. Conversar estos problemas con un compañero de trabajo, escuela, etc., está fuera de los límites. Eso nos hace vulnerables y abre una puerta para una comunicación a nivel emocional y espiritual que solo debe estar reservada para nuestros esposos. Y en cuanto a las amigas, rodéate de aquellas que compartan tus mismos valores y no participes de conversaciones que denigren la relación matrimonial.

“…las malas compañías corrompen el buen carácter” (1 Corintios 15:33)

Herramienta no. 5: Busca siempre oportunidades para mejorar tu matrimonio. Nunca de nada lo sabremos todo. Eso incluye nuestros matrimonios. Siempre podemos aprender algo nuevo, cómo mejorarlo, cómo cuidarlo, cómo disfrutar cada nueva etapa. Para que las relaciones se mantengan vivas necesitan cuidado y atención. Recuerda, es dar nuestro 100%.

El amor nunca se da por vencido” (1 Corintios 13:7).


Estas cinco herramientas no son únicas, hay otras más que podemos utilizar, pero sé que te darán un punto de partida o reafirmarán lo que ya tal vez has venido haciendo. La frase de “y vivieron felices para siempre” puede ser real siempre y cuando entendamos que esa felicidad lleva trabajo y no está exenta de conflictos y diferencias. Parte de ese trabajo es esto, proteger nuestros matrimonios. No olvidemos que el enemigo de nuestras almas busca también destruir las familias. Así que como mujeres de Dios, tenemos que atrincherarnos en la Palabra, orar, y hacer todo lo que Dios no enseña para proteger esta relación. ¿Alguien dice “amén”?

 
Wendy