miércoles, 27 de febrero de 2013

Échales sal


No todos los días me despierto y lo primero que viene a mi mente es un versículo de la Biblia. Créeme que estoy muy lejos de eso y no pretendo sonar súper espiritual con lo que voy a contarte. ¡Al contrario!

Abrí los ojos y por alguna razón estas palabras resonaron en mi mente, más fuerte que la alarma de mi teléfono celular que se encarga de recordarme cada día que llegó la hora de despedirse de la cama: “Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada consal”.

Volví a pensar de nuevo en la parte de “sazonada con sal”. ¿Por qué estaba trayendo Dios estas palabras a mi mente tan temprano? Y te digo que fue Dios porque normalmente a esa hora yo estoy pensando en dos cosas: qué voy a preparar de almuerzo a los niños para la escuela y qué me aguarda en la agenda del día. Así es. Nada muy espiritual. {Al menos no hasta que llego a mi cocina, corro las cortinas y miro al cielo. ¡Entonces siempre me gusta darle gracias a Dios por el nuevo día y empezamos a conversar!}

Bueno, volviendo a la sal. Las que cocinamos sabemos que cuando este sencillo ingrediente falta, todo queda desabrido. Es verdad que podemos echar otras cosas para dar sabor, pero la sal da “un punto” especial, ¿verdad?

Sazonar mis palabras con sal… ¿qué quiere decir? Darles sabor. Que el que las reciba las encuentre apetecibles. ¿Qué podría pasar en este día que Dios me estaba recordando esta frase tan temprano?

La verdad, no había nada especial PERO Dios sabe que necesito este recordatorio, y bastante a menudo. Verás, cuando hablamos tenemos la opción de decir palabras desabridas o palabras bien sazonadas.

Mira cómo la NTV nos presenta este mismo versículo: “Que sus conversaciones sean cordiales y agradables”. ¿Será acaso que vamos por la vida diciendo cosas feas? No necesariamente, pero en muchos casos lo que decimos no resulta cordial o agradable. Y quizá no sea intencional, simplemente que decidimos quitarle “la sal” a lo que vamos a decir. Presentar las palabras de manera insípida… algo así como comida de hospital.

Vamos a “desmenuzar” estas dos palabras. Cordial, según la RAE: Que tiene virtud para fortalecer el corazón. ¿Viste eso? Dios nos manda por boca de Pablo a usar palabras que fortalezcan el corazón. ¡Tantas veces he dicho palabras que hacen cualquier cosa menos eso! Pero, como dice Lysa en su libro Unglued, “voy progresando de manera imperfecta”. Es decir, no lo he superado por completo, pero con el poder de Dios que está en mí, lo estoy intentando.

Por tanto, cuando abra mi boca, tengo que asegurarme de que lo que salga sea para fortalecer el corazón de quien me escucha y no para destruirlo, entristecerlo o apabullarlo. Gran reto.

La segunda palabra, agradable, la RAE la define así: Que produce complacencia o agrado. {En caso de que te preguntes, me gusta buscar el significado de las palabras para asegurarme de que lo que estoy interpretando coincide con la verdadera acepción.} De manera que lo que digo tiene que producir un efecto de agrado en la persona que me escucha…otra vez un reto. Muchas veces lo último que está en mi mente es cómo se va a sentir la persona que me escucha, solo me importa cómo yo me siento y lo que quiero decirle. ¿Te pasa a ti también?

La verdad, amiga lectora, es que vivir la vida como Dios la diseñó es un gran desafío, no te quepa duda. PERO no es imposible. Tenemos en nosotros el Espíritu Santo y su poder. Poder que Cristo nos dijo que obrará en nosotros y nos ayudará en nuestra debilidad.

Sazonar nuestras palabras con sal, es decir, fortaleciendo corazones y produciendo agrado en otros, no es una opción, es algo que el Señor nos manda a hacer. ¿Qué tal si lo probamos, y cada vez esta semana, aunque sea solo por una semana, intentamos pensar en esto antes de hablar?

¿Fortaleceré el corazón de quien me escucha? ¿Mis palabras le producirán agrado?

No sé si mañana Dios me despertará con algún otro reto {con este tengo bastante por ahora} pero te digo algo, me gusta la comida bien sazonada. Me esfuerzo porque los platos que preparo para mi familia y amigos tengan buen sabor. ¿Qué tal si aplico este principio culinario a mi manera de hablar? Antes de “servir” palabras, échales sal. 

 Vive la vida como Dios la diseñó,


Wendy

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5 comentarios:

  1. Es muy sabio, muy lindo creo k siempre deberiamos hablar con palabras sasonadas:)

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  2. Hermoso mensaje Wendy, creo k todos deberiamos hablar con palabras sasonadas cada dia de nuestras vidas, Dios le siga bendiciendo, muchas gracias x su hermosa pagina, su blog y su tiempo.

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  3. Gracias por compartir este artículo Wendy. Me encanta cuando dices "Antes de “servir” palabras, échales sal". Se me quedó grabado. Bendiciones!! =)

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    1. Gracias, Edurne. Bendiciones para ti y los tuyos!!

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