Para ponernos al día, y un nuevo aniversario


Un día como hoy, hace 18 años, uní mi vida para siempre a la de mi mejor amigo, mi esposo. Hoy escribo este blog bajo distintas emociones pues hace apenas un día y unas horas que regresamos de Cuba, nuestro país de origen, tras siete años desde nuestra última visita. 

Todo lo que viste publicado aquí y en Facebook lo programé desde antes pues sabía que allí no tendría acceso ninguno a Internet. 

Fueron días muy especiales pero no estaba preparada para pasar otra vez por el dolor de la separación al regresar. Lo confieso. 

Mi palabra para este viaje fue perspectiva. Le pedí a Dios que me diera la perspectiva correcta, que abriera mis ojos y mis oídos. Que me diera la oportunidad de animar, de exhortar. Y también de hablar de él al menos a una persona. 

Dios fue fiel. 

Hoy no puedo contarte todas las experiencias, pero como un blog es por definición un diario en línea, quería que supieras qué ha pasado con mi vida y la de mi familia en estos últimos días.

Quiero darle gracias a Dios por los 18 años de matrimonio que hoy nos permite celebrar. No han sido 18 años perfectos si pensamos en perfección como pura felicidad y ausencia de conflictos o momentos difíciles. Pero si pensamos en perfección como 18 años de crecer en la relación, de aprender a amar “a pesar de…” y entendiendo cada día que el amor se decide y no se siente, entonces sí han sido 18 años perfectos, al menos para nosotros dos.

No tengo dudas de que lo haría de nuevo si volviera a vivir. Cambiaría algunas cosas, en mí. El verdadero éxito está cuando entendemos que para tener la pareja ideal, yo tengo que ser todo lo que quiero que la otra persona sea.

Hemos vivido distintas etapas, todas con retos. Pero lo que prometimos a Dios, el uno al otro y frente a los demás en aquel templo abarrotado un primero de abril a las 5 de la tarde, sigue siendo una realidad, “hasta que la muerte nos separe o el Señor nos llame a su presencia”.

Si hoy estás leyendo este artículo y eres una joven que sueña con una boda de cuentos de hadas, permíteme contarte que aunque no hay nada de malo en ese sueño, la boda apenas dura unas horas, y el matrimonio es para toda la vida. No te afanes por tener el mejor vestido, el pastel más lindo y las invitaciones perfectas, invierte tu tiempo y energía en ese compañero que Dios te ha regalado y con quien pasarás el resto de tus días (puedes leer algunos "secretos" aquí). Procura ser la mujer que Dios quiere que seas y aprender a amar dando lo mejor de ti.

En nuestra boda hubo un apagón, los trajes fueron alquilados porque en Cuba no los venden, y nada de banquete porque no en esos años no era posible (ni creo que ahora tampoco), apenas un refrigerio sencillo. Pero igual fue un momento especial que atesoraremos mientras vivamos en esta tierra. Y los 18 años que vinieron después, han sido mejores todavía. 

Todo gracias a la misericordia y la gracia de Dios. A él le damos la gloria.

Un matrimonio para toda la vida, como Dios lo diseñó. 

Bendiciones en tu nueva semana,

Wendy 
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