lunes, 9 de septiembre de 2013

Los detractores, siempre los hay.

Saúl es uno de esos personajes bíblicos de los que no hablamos mucho y si lo hacemos es casi siempre por las cosas malas, tratando de aprender de ellas. Sin embargo, leyendo 1 de Samuel hace unos días encontré algo positivo de Saúl que llamó mi atención, y hoy quiero compartirlo contigo porque, seguro que si no los has encontrado ya, algún día los encontrarás… los detractores.

Quizá quieras leer todo el capítulo para que entiendas el contexto, pero para darte una idea general, Saúl acaba de ser nombrado rey.

“Cuando Saúl regresó a su casa en Guibeá lo acompañó un grupo de hombres a quienes Dios les había tocado el corazón. 27 Sin embargo, había unos sinvergüenzas que se quejaban: «¿Cómo puede este hombre salvarnos?». Y lo despreciaban y se negaban a llevarle regalos; pero Saúl no les hizo caso.” (1 Samuel 10:26-27, énfasis mío.)

La realidad es que Saúl no había pedido ser rey de Israel. El pueblo le pidió a Samuel un rey y el anciano profeta, aunque en desacuerdo, llevó la petición a Dios y fue Dios quien escogió a Saúl. Sin embargo, este nombramiento tuvo sus detractores.

Dice la Real Academia que un detractor es: Adversario, que se opone a una opinión descalificándola.

Y eso fue justo lo que le sucedió a Saúl. Un grupo de hombres, adversarios, se quejaba de su nombramiento, lo despreciaban y no lo reconocían como lo que ahora era, el rey. Para ellos él no calificaba.

Cuando comenzamos a caminar con Dios siempre tenemos detractores. Algunos dirán que es imposible que ahora seas “cristiana” porque antes eras de esta manera o de esta otra y por tanto “no puedes cambiar”. Luego, cuando decides servir a Dios mediante los dones que él te haya dado, vuelven a aparecer los detractores. Aquellos que consideran que no calificas para la tarea e incluso pudieran convertirse en adversarios y despreciarte.

Todo esto es parte, en primer lugar, de algo que el diablo hace para tratar de desviarte del propósito de Dios para tu vida. Si te sientes culpable (como en el primer caso de los que te acusan por lo que antes eras), no puedes florecer en tu relación con Dios y de hecho no has logrado entender que la obra de la cruz es completa y por tanto incluye errores pasados, presentes y futuros. Desecha a este grupo y acepta la obra salvadora de la cruz, completa.

En segundo lugar, si ya estás parada en firme, confiada en la gracia de Dios, pero escuchando a los que dicen que no calificas para el llamado de Dios… entonces nuevamente estás cediendo territorio al enemigo de tu alma y dejando de poner en manos de tu Señor los dones que él te regaló para que él los use para su gloria.

¿Solución entonces? Lo que nos enseña Saúl en este pasaje: “Saúl no les hizo caso”. Es así de sencillo. Aunque parezca difícil, es la única manera de reaccionar y la más sabia. Si gastamos tiempo y energía en “combatir” a los detractores, también estaremos dándole espacio al diablo en lugar de invertirlos en el llamado de Dios.

Mi amiga lectora, recuerda que parte del trabajo de este ángel caído es tirar dardos a la fe de los hijos de luz. Esos dardos muchas veces vienen en forma de detractores que tratan de desanimarnos, de despreciarnos y de mostrarnos oposición para que renunciemos a la tarea.

Aprendamos de Saúl y no hagamos caso. Tenemos que escoger en qué nos vamos a enfocar y eso ya está claro: tenemos que enfocarnos en aquello a lo que Dios nos llama, tenemos que enfocarnos en su Palabra y su plan. Aprendamos a reconocer cuando se trata de alguien que quiere ayudarnos a cumplir con ese llamado y cuando se trata de los detractores del bando enemigo. No lo olvides, cuando se trata de trabajar para el Reino, tenemos que hacer equipo con aquellos que tienen llamado y pasión similares, somos un cuerpo.  Al resto, a los detractores, ¡no les hagas caso!

Wendy    

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