miércoles, 18 de septiembre de 2013

Tú eres una influencia {o eres sal, si lo prefieres así}

La naturaleza de mi trabajo hace que pase mucho tiempo frente a la computadora y la mayoría de mis interacciones laborales son cibernéticas. De manera que no tengo muchas oportunidades cotidianas de intercambiar con otras personas cara a cara.

Todo eso siempre me llevaba a pensar cómo podía hacer mi parte para extender el reino de Dios. Cómo alcanzar otras vidas, cómo ser una influencia a nombre de Cristo.

Entonces llegué al mundo de las llamadas redes sociales, en Facebook. De esto hace ya varios años, y casi lo descubrí por “casualidad”.  Al principio fue meramente la emoción de volver a conectarme con amistades de quienes no había sabido en mucho tiempo. Sin embargo, poco a poco comencé a descubrir un mundo de posibilidades, una ventana de influencia que se abría desde la pantalla de mi computadora. Y bueno, luego vino el blog {aquí puedes leer un poquito de esa historia}, la página pública en Facebook, y hace poco, Twitter.

Sí, las redes sociales se han convertido en parte de mi vida pero más que nada se han convertido en mi oportunidad de ser una influencia a nombre de Cristo. Quizá no pueda interactuar cara a cara con muchas personas todos los días, pero puedo alcanzarles con una palabra, una imagen. Y la realidad es que cara a cara es muy difícil alcanzar a más de mil personas todos los días, pero gracias a las redes sociales, ahora lo puedo hacer. ¡Y toda la gloria para Dios!

Te cuento todo esto por dos razones. La primera, entendamos que estos medios son una oportunidad preciosa que Dios pone en nuestras manos. Es completamente gratis, todos pueden tener acceso, y solo Dios sabe hasta dónde podemos llegar. De modo que no la desaprovechemos, usemos bien las redes sociales, inundemos este mundo con la verdad de Dios. Ahora como nunca antes podemos llegar hasta los rincones menos pensados.

La segunda razón, todas tenemos que buscar la manera de ser una influencia a nombre de Cristo. Alguien que ponga a los demás a pensar, alguien que lleve aliento, alguien que muestre estándares más allá de los que nos rodean. Si trabajas fuera de casa, pídele a Dios que puedas ser una influencia diferente en tu trabajo, al interactuar con tus compañeros. Si te quedas en casa, quizá tienes amigas con quienes compartes, con quienes vas al parque para que los niños jueguen. Busca ser una influencia allí también. Y sí, casi todas tenemos un perfil en Facebook, aprovechemos esa oportunidad. A veces un sencillo versículo puede transformar el día de una persona... ¡o su vida! No estoy diciendo que tengas que volverte una predicadora cibernética sino que uses el medio para ser una influencia a nombre de Cristo… ¡y no lo contrario!

De eso se trata ser “la sal de la tierra”, un condimento que si falta en lo que comemos, todo sabe desabrido. Si tú y yo no buscamos ser una influencia, el mundo que nos rodea queda desabrido, porque solo la sal de Cristo da el verdadero sabor a la vida.

Mi querida lectora, hemos sido llamadas a ser “influencias”. No importa cuál sea tu estatus social, ni tu nivel escolar, ni cuántas personas conoces. Si aceptas el reto de Dios y le pides que te dé oportunidades, créeme que él lo hará. De hecho, hoy estás leyendo este artículo porque un día él me empujó a escribir y poner las palabras en la red. No sabía quién las leería, pero le dije que sí. ¡Y cuánto me ha sorprendido desde entonces! No lo cambio por nada.

Wendy

 

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