lunes, 30 de septiembre de 2013

Un minuto puede transformar una vida

Conocí a Edurne hace un año, a través de Facebook. Aunque vivimos muy lejos una de la otra, y en lugares completamente diferentes, tenemos varias cosas en común, entre ellas, la pasión por compartir con otras mujeres todo lo que Dios nos enseña en su Palabra. Es para mí un gran privilegio tenerla hoy como invitada. Espero que disfrutes mucho su artículo y qué la visites en su página aquí. 

Me gusta cantar himnos cuando hago mi devocional. Debo confesarte que no me sé muchos himnos, así que voy a todas partes con mi pequeño himnario y lo saco cada vez que una tonada viene a mi cabeza pero no me acaba de salir la letra. El himnario que utilizo tiene también textos, versículos y biografías de algunos de los compositores y traductores de himnos. Hubo una en particular que me llamó la atención el otro día: la de Alfredo Colom. Permíteme compartírtela.

Prolífero autor de himnos y poemas, Alfredo Colom nació en Quezaltenango, Guatemala, en 1904. Llegó a ocupar un cargo de servicio público, pero el vicio del licor arruinó su vida. Iba camino a suicidarse cuando un creyente indígena le regaló un Nuevo Testamento y se convirtió a Cristo en 1922. Veinte años más tarde se entregó al servicio al Señor y empezó el ministerio de música y evangelización que le llevó a todo el continente. Trabajó varios años en la Radio HCJB y compuso algunos de los himnos latinoamericanos más amados.”**

Lo que más me llamó la atención de esta breve biografía fue que este hombre estaba a punto de suicidarse, pero no lo hizo porque un creyente le regaló un Nuevo Testamento. Es decir, si este indígena no se hubiera tomado un minuto de su tiempo para regalarle ese Nuevo Testamento a Alfredo Colom, tal vez hubiera llevado a cabo su idea de quitarse la vida y ese hermoso ministerio que desarrolló después con la música y la evangelización por todo el continente americano, quizás no hubiera sucedido.

Un minuto puede cambiar una vida.

¿Por qué este hermano indígena le dio el Nuevo Testamento a Alfredo Colom? No lo sé, no creo que nadie pueda decir a ciencia cierta por qué lo hizo. Pero sí sé que, en ocasiones, siento un impulso en mi interior empujándome a hacer algo. De repente me viene a la mente una persona y siento que debo llamarla por teléfono o escribirle una nota. Otras veces, siento que hay alguien que no está atravesando por un buen momento y que necesita una palabra de aliento o una bolsa de comida. En otras ocasiones, veo a una hermana en la iglesia y siento que necesita un hombro en el que llorar y desahogarse un rato.

Ese impulso, mi querida amiga, es el Espíritu Santo de Dios moviéndote a hacer algo por otra persona. En ocasiones, ha sido muy fácil cumplir con ese impulso divino. En otras, reconozco que ha sido más complicado, y que, incluso, he llegado a hacer oídos sordos de lo que Dios me estaba pidiendo hacer en ese momento. Cuando implicaba a otra persona con la que no me llevo bien, que no conozco o, con la que incluso he tenido algún problema en el pasado, no ha sido tan fácil dar el paso y hacer lo que Dios me estaba pidiendo en ese momento.

Quizás a ti te sucede lo mismo, quizás por vergüenza, temor o, simplemente, flojera, cierras los oídos a ese impulso de hacer algo por otra persona Pero, ¿sabes qué? Al negarnos a escuchar la voz de Dios, no solamente estamos perdiéndonos la bendición de hacer algo por otros, sino que estamos pecando. Santiago 4:17 dice que “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.

¿Qué vas a hacer la próxima vez que sientas ese impulso del Espíritu Santo de hacer algo por otro? ¿Vas a hacer oídos sordos o vas a tomar un minuto de tu tiempo, al igual que este creyente indígena, para cambiar una vida? A veces ignoramos lo que una palabra de aliento, un versículo, ¡tiempo! compartido con otra persona pueden hacer en una vida.

Te animo a que no te pierdas la bendición de responder a esos impulsos de Dios. No solamente vas a hacer la diferencia en la vida de otras personas, sino que también la tuya va a ser transformada.

Contenta en Su servicio,

Edurne

**Biografía de Alfredo Colom extraída de Celebremos Su gloria, 1992, Libros Alianza.

3 comentarios :

  1. Edurne Dios te bendiga. Te saludo de Guatemala, el país de don Alfredo Colom. Desde mi niñez fui bendecido e impactado por el testimonio de este siervo del Señor, mediante la lectura de su autobiografía contenida en un poemario que le obsequió a mi papa, en una conferencia donde formaba parte de una orquesta invitada y don Alfredo era el conferencista, en la década de 1960.

    Viajó por todo el continente predicando la palabra y componiendo poemas e himnos que durante décadas han sido de gran bendición muchos de los cuales han sido traducidos a otros idiomas.

    En esa ocasión mi papá le relató como él se había convertido a Cristo al ser salvo de una descarga electroatmosférica. Tomando como base el relato le escribió un himno que guardo como una joya preciosa.

    Dios te bendiga por tomar como base la microbiografía contenida en Celebremos su Gloria.

    Mis saludos desde Guatemala.

    Abimael Palma

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  2. Aclaración: En la nota enviada, coloqué el nombre Edurne, sin embargo debí escribir Wendy. Mil disculpas.

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  3. Gracias por compartir esta pequeña minibiografìa de mi padre. Su vida, asi como la del apòstol Pablo la cual siempre la compartìa para ganar a otros para Cristo, igualmente ha sido de gran bendiciòn.

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