No que haya
pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que
tengo. Sé vivir con casi nada o con todo
lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con
el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco. Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo,
quien me da las fuerzas. De todos modos, han hecho bien al compartir conmigo en
la dificultad por la que ahora atravieso…Por el momento, tengo todo lo que
necesito, ¡y aún más! Estoy bien abastecido con las ofrendas que ustedes me
enviaron por medio de Epafrodito. Son un sacrificio de olor fragante aceptable
y agradable a Dios. Y este mismo Dios
quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos
ha dado por medio de Cristo Jesús. ¡Toda la gloria sea a Dios nuestro Padre por
siempre y para siempre! Amén.
Filipenses 4:11-14; 18-20
Hay tanto que
aprender de esta carta que hoy, en el último artículo, se me hace difícil
terminar. Pero voy a hacerlo y espero que hayas disfrutado tanto como yo
explorar esta epístola escrita por un hombre que amó con tal pasión a su
Salvador como para entender que “el vivir es Cristo”.
Este pasaje, casi
del final del capítulo 4, es un tanto paradójico. Como ya sabemos Pablo estaba
preso, sin embargo pudo decir con toda certeza: no tengo necesidad. ¿Cómo será
posible estar preso y no tener necesidad? ¿Cómo poder decir que nunca tuvo necesidad
cuando andaba de un lugar a otro predicando, expuesto a golpizas, ofensas,
naufragios, etc.? Él mismo nos contesta:
porque he aprendido a estar contento con lo que tengo. Pablo descubrió el
secreto de una vida feliz. Cuánto anhelo vivir así yo también, ¿y tú? Pablo
supo cómo vivir en cualquier situación.
¿Sabes de dónde
sacó la fuerza? Del conocido versículo que casi todos memorizamos cuando se
trata de filipenses: “todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las
fuerzas”. Así podemos vivir contentas, independientemente de la situación,
porque Cristo nos da la fuerza. No tenemos que convertirnos en súper mujeres ni
fingir que podemos con todo, ¡no es necesario! Cristo es nuestra fuerza, cuando
no puedas más, cuando ya no te alcance el aire apenas, susurra su nombre. Hay
poder en el nombre de Jesús.
No obstante, Pablo quería
de todos modos reconocer el esfuerzo de sus hermanos y les agradece su apoyo y
sus ofrendas. Tantas veces pecamos por indiferentes. Tenemos la posibilidad de
ayudar, pero preferimos no hacerlo. Escuché una estadística que me dejó helada
{y espero no ofenderte con mis palabras, pero es una realidad}, el cristiano
norteamericano promedio gasta más en comida para perros que en apoyo a las
misiones. Así es.
Y si no vives en
Estados Unidos, de cualquier modo la reflexión también es para ti. Muchas veces
queremos ser como los pajaritos en el nido, solo con la boca abierta para que
nos alimenten. Amiga lectora, despertemos. La Palabra de Dios está llena de
declaraciones donde él nos revela su corazón, su amor hacia los más pobres,
nuestra responsabilidad para con los desvalidos e indefensos. Tenemos muchas,
muchas oportunidades de ayudar.
En otros
artículos he hablado de Compassion International, y en Facebook comenté sobre Samaritan’s Purse.
Te comenté también del libro Loco Amor de Francis Chan; libro que no te deja seguir
mirando al mundo de la misma manera.
Pablo mismo nos
recuerda que nuestras ofrendas son “un sacrificio de olor fragante aceptable y
agradable a Dios”. Tenemos la excelente oportunidad de ser socias de Dios en esta
empresa. Invirtamos en su reino. Si no puede ser mucho, no importa. Lo que
tengamos. Recuerda a la viuda, dio todo lo que tenía y aunque apenas tenía
valor económico, sí lo tuvo ante los ojos de Jesús.
Y no te preocupes
porque si al dar te quedarás con menos, mira cómo el apóstol animó a estos
hermanos que proveyeron para su necesidad: “Y este mismo Dios quien me cuida
suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio
de Cristo Jesús”. Cuando uno da en el reino de Dios, ha invertido en el mejor de los mercados. Dios
promete cuidar de los suyos. Yo lo creo, lo he vivido.
Si hoy estás
leyendo este blog, eres privilegiada. No por lo que yo escriba sino porque
tienes una computadora, un teléfono o algún otro medio para acceder al
Internet. Eso es un lujo para la mayoría de la población mundial. Aunque no lo
creas. Ah, y puedes leer, no formas parte del elevado porcentaje de
analfabetismo del planeta.
Dios nos bendice
para que bendigamos. Todo lo que tenemos es
de él y un día nos pedirá cuentas. No basta con creerlo, hay que vivirlo. Oremos
para que nuestro corazón no se endurezca con el egoísmo sino que se duela ante
la necesidad y pasemos de la emoción a la decisión de hacer nuestra parte en
amar al mundo por el cual Jesús murió.
Para reflexionar:
¿Realmente he aprendido a vivir contenta con lo que tengo? ¿Busco la fuerza
para cualquier situación en Cristo o trato de ser la súper mujer?
Reto: Ora con
valentía y pídele a Dios que te muestre cómo puedes ayudar a aliviar la
pobreza, el hambre y las necesidades de otros. Quizá puedas patrocinar a un
niño o apoyar a un misionero.
La vida que Dios
diseñó es una vida que se desborda en los demás,
Wendy
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