viernes, 29 de marzo de 2013

Porque es cuestión de desbordarse

No que haya pasado necesidad alguna vez, porque he aprendido a estar contento con lo que tengo.  Sé vivir con casi nada o con todo lo necesario. He aprendido el secreto de vivir en cualquier situación, sea con el estómago lleno o vacío, con mucho o con poco.  Pues todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas. De todos modos, han hecho bien al compartir conmigo en la dificultad por la que ahora atravieso…Por el momento, tengo todo lo que necesito, ¡y aún más! Estoy bien abastecido con las ofrendas que ustedes me enviaron por medio de Epafrodito. Son un sacrificio de olor fragante aceptable y agradable a Dios.  Y este mismo Dios quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús. ¡Toda la gloria sea a Dios nuestro Padre por siempre y para siempre! Amén.
Filipenses 4:11-14; 18-20


Hay tanto que aprender de esta carta que hoy, en el último artículo, se me hace difícil terminar. Pero voy a hacerlo y espero que hayas disfrutado tanto como yo explorar esta epístola escrita por un hombre que amó con tal pasión a su Salvador como para entender que “el vivir es Cristo”.

Este pasaje, casi del final del capítulo 4, es un tanto paradójico. Como ya sabemos Pablo estaba preso, sin embargo pudo decir con toda certeza: no tengo necesidad. ¿Cómo será posible estar preso y no tener necesidad? ¿Cómo poder decir que nunca tuvo necesidad cuando andaba de un lugar a otro predicando, expuesto a golpizas, ofensas, naufragios, etc.?  Él mismo nos contesta: porque he aprendido a estar contento con lo que tengo. Pablo descubrió el secreto de una vida feliz. Cuánto anhelo vivir así yo también, ¿y tú? Pablo supo cómo vivir en cualquier situación.

¿Sabes de dónde sacó la fuerza? Del conocido versículo que casi todos memorizamos cuando se trata de filipenses: “todo lo puedo hacer por medio de Cristo, quien me da las fuerzas”. Así podemos vivir contentas, independientemente de la situación, porque Cristo nos da la fuerza. No tenemos que convertirnos en súper mujeres ni fingir que podemos con todo, ¡no es necesario! Cristo es nuestra fuerza, cuando no puedas más, cuando ya no te alcance el aire apenas, susurra su nombre. Hay poder en el nombre de Jesús.

No obstante, Pablo quería de todos modos reconocer el esfuerzo de sus hermanos y les agradece su apoyo y sus ofrendas. Tantas veces pecamos por indiferentes. Tenemos la posibilidad de ayudar, pero preferimos no hacerlo. Escuché una estadística que me dejó helada {y espero no ofenderte con mis palabras, pero es una realidad}, el cristiano norteamericano promedio gasta más en comida para perros que en apoyo a las misiones. Así es.

Y si no vives en Estados Unidos, de cualquier modo la reflexión también es para ti. Muchas veces queremos ser como los pajaritos en el nido, solo con la boca abierta para que nos alimenten. Amiga lectora, despertemos. La Palabra de Dios está llena de declaraciones donde él nos revela su corazón, su amor hacia los más pobres, nuestra responsabilidad para con los desvalidos e indefensos. Tenemos muchas, muchas oportunidades de ayudar.
 
En otros artículos he hablado de Compassion International, y en Facebook comenté sobre Samaritan’s Purse. Te comenté también del libro Loco Amor de Francis Chan; libro que no te deja seguir mirando al mundo de la misma manera.

Pablo mismo nos recuerda que nuestras ofrendas son “un sacrificio de olor fragante aceptable y agradable a Dios”. Tenemos la excelente oportunidad de ser socias de Dios en esta empresa. Invirtamos en su reino. Si no puede ser mucho, no importa. Lo que tengamos. Recuerda a la viuda, dio todo lo que tenía y aunque apenas tenía valor económico, sí lo tuvo ante los ojos de Jesús.

Y no te preocupes porque si al dar te quedarás con menos, mira cómo el apóstol animó a estos hermanos que proveyeron para su necesidad: “Y este mismo Dios quien me cuida suplirá todo lo que necesiten, de las gloriosas riquezas que nos ha dado por medio de Cristo Jesús”. Cuando uno da en el reino de Dios,  ha invertido en el mejor de los mercados. Dios promete cuidar de los suyos. Yo lo creo, lo he vivido.

Si hoy estás leyendo este blog, eres privilegiada. No por lo que yo escriba sino porque tienes una computadora, un teléfono o algún otro medio para acceder al Internet. Eso es un lujo para la mayoría de la población mundial. Aunque no lo creas. Ah, y puedes leer, no formas parte del elevado porcentaje de analfabetismo del planeta.

Dios nos bendice para que bendigamos.  Todo lo que tenemos es de él y un día nos pedirá cuentas. No basta con creerlo, hay que vivirlo. Oremos para que nuestro corazón no se endurezca con el egoísmo sino que se duela ante la necesidad y pasemos de la emoción a la decisión de hacer nuestra parte en amar al mundo por el cual Jesús murió.

Para reflexionar: ¿Realmente he aprendido a vivir contenta con lo que tengo? ¿Busco la fuerza para cualquier situación en Cristo o trato de ser la súper mujer?
Reto: Ora con valentía y pídele a Dios que te muestre cómo puedes ayudar a aliviar la pobreza, el hambre y las necesidades de otros. Quizá puedas patrocinar a un niño o apoyar a un misionero.

La vida que Dios diseñó es una vida que se desborda en los demás,

Wendy 

{Te gustaría tener este estudio en un libro digital/ebook? Deja tu comentario debajo}





miércoles, 27 de marzo de 2013

Pensamientos, ¿qué hacemos con ellos?


Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.
Filipenses 4:8

Me resulta difícil escoger versículos favoritos, porque tengo muchos y según las etapas de mi vida, algunos han ido cambiando. Pero Filipenses 4:8 siempre estará entre los primeros porque con mis pensamientos Dios ha tenido que trabajar, ¡y mucho!

Como conté en algún momento, mi tendencia es a ver el vaso medio vacío. A veces dejo que el ladrón de sueños me ataque… 


Este versículo es una exhortación a cambiar el enfoque, a controlar lo único que no podemos dejar fuera de control {como escribí aquí}.

Concéntrense en

Todo lo verdadero. Cada vez que un pensamiento amenace mi fe o mi seguridad en Dios, o mi confianza en sus promesas tengo que pensar ¿es esto algo verdadero? ¿Se corresponde con la verdad de Dios?

Todo lo honorable. Si los dejamos, los pensamientos vuelan y vuelan, y llegan a lugares donde nunca quisimos o imaginamos ir. Si lo que está cruzando mi mente no da honor a Dios, ¡tengo que echarlo fuera!

Todo lo justo. Como ser humano, mi juicio no siempre será justo, pero creo en un Dios justo cuyo Espíritu Santo habita en mí. Él puede llevarme a tener pensamientos justos. Si lo que viene a mi mente es contrario a la justicia de Dios, no puedo darle lugar.

Todo lo puro, lo bello, lo admirable. Eso lo resume todo. No creo que lleve mucha explicación.Que nuestros pensamientos sean en cosas dignas de alabanza. Otro desafío de Pablo.

Nuestra mente necesita riendas, de lo contrario, querrá andar sola y llevarnos por caminos muchas veces confusos, distorsionados, contrarios a todo lo que Dios quiere para nosotros y nos enseña en su Palabra. Pero eso no lo puede hacer nadie más. Nos toca a ti y a mí. Es parte de la libre voluntad que Dios nos dio, escoger en qué vamos a pensar.

Si nos acostumbramos a usar Filipenses 4:8 como medida para ese otro mundo, el de nuestros pensamientos, te garantizo que tendremos ganada gran parte de la batalla.

Para reflexionar: ¿Mis pensamientos se concentran en todo lo que es verdadero, honorable, justo, puro, bello y admirable?
Reto: Te animo a comenzar a usar Filipenses 4:8 esta misma semana, cada vez que los pensamientos empiecen a dar vueltas y tratar de actuar por cuenta propia. 

Vamos a pensar como Dios lo diseñó,

Wendy
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lunes, 25 de marzo de 2013

La ansiedad no es para nosotras

Estén siempre llenos de alegría en el Señor. Lo repito, ¡alégrense! Que todo el mundo vea que son considerados en todo lo que hacen. Recuerden que el Señor vuelve pronto.

No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.  Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.
Filipenses 4:4-7

Si Pablo hubiera escrito esto tranquilo desde su casa o mientras disfrutaba de un ministerio sin complicaciones, sería más lógico. Pero Filipenses es una carta que desafía toda lógica humana. Algunos le llaman “la epístola del gozo”, por las veces que el apóstol manda a estos amados hermanos a que se gozaran, se alegraran. 

¿Qué tiene de ilógico? Ya lo mencionamos un poco antes, estar encadenado a un soldado romano, en espera de sentencia y sin tener muy claro el futuro. Pablo tenía todos los motivos del mundo para escribir más bien “la epístola de la queja y el llanto”. Pero, con una actitud como la de Cristo, y una perspectiva celestial, aprendió que su alegría estaba en el Señor.

A menudo nuestra alegría no está en el Señor sino en nosotras mismas y en nuestro mundo. Me alegro si todo sale como esperaba. Si logro lo que me propuse. Si el futuro parece prometedor. Si no tengo conflictos con nadie. Si la vida es color de rosa. Pero, todas esas cosas tienen algo en común: temporales. No siempre todo sale como esperaba. No siempre logro lo que me propuse. No siempre el futuro es prometedor. Y no siempre estoy libre de conflictos.  ¿Será que algo anda mal en mí, o en ti? ¡NO! Esa es la vida normal en este planeta.

¿Cuál es el secreto que nos presenta Pablo? Entiendan que su alegría está en Dios. Dios está por encima de las circunstancias. Dios sigue conmigo aunque no todo salga como yo esperaba. Dios me ama aunque yo no logre todo lo que me propuse. Dios me promete un futuro brillante con él en la eternidad. Dios me ha dado la alegría de la salvación. Ese es el motivo de alegría suprema, a pesar de toda la lista de cosas anteriores y las demás que queramos sumar.

Pablo lo aprendió. ¡Cuánto cambiaría nuestra vida si entendiéramos que todo lo demás es transitorio! No viviríamos tan aferradas y seríamos mucho más felices. Alegría en el Señor.

Y parece que el problema de la preocupación no tiene preferencia de tiempo. Los cristianos del primer siglo también batallaban con esto.  No se preocupen por nada. Es un absoluto. Nada es nada. ¿Quiere decir que ahora tenemos que vivir en un estado de  enajenación? ¡Claro que no! Pablo era un hombre muy real, consciente de todos sus problemas y dificultades. Pero vivía con perspectiva celestial, con los ojos puestos en Jesús. Descubrió desde entonces que preocuparse no resolvía nada. ¡Y yo estoy de acuerdo! ¿Lo has comprobado? Preocuparse no cambia la situación ni soluciona el problema. Lo único que consigue es ponernos ansiosas. Nada más.Tal y como dice la frase de la foto: nos da algo que hacer, pero no nos lleva a ninguna parte. ¡Lo sé por experiencia!

¿Cómo lidiaba el apóstol con este asunto? Oren por todo. Otro absoluto. Todo es todo. ¿Problemas de dinero? Ora. ¿Problemas familiares? Ora. ¿Problemas en la escuela? Ora. ¿Luchas en el trabajo? Ora. ¿Conflictos con amigas? Ora. ¿Falla la salud? Ora. ¿Por qué? Porque al orar reconocemos nuestra incapacidad y la capacidad de Dios. Está claro: Dile a Dios lo que necesitas. ¿Para qué andarse con rodeos? ¿Para qué perder tiempo intentando buscar soluciones sin primero encomendarnos a él?
Oren… y de gracias. Esa es la prueba de la fe. Orar confiadas en que Dios hará. Quizá no actúe cuándo o cómo tú y yo pensábamos. Pero él es Dios. Oramos y damos gracias. Lo demás está en sus manos.

¿Resultado de todo esto? La paz. Pablo pudo experimentar la paz a pesar de las cadenas, a pesar de la incertidumbre. {Y ya que hablamos de paz, te invito a ver este video.} Alegrarse en el Señor, no preocuparse sino orar y darle gracias a Dios fue la fórmula que le llevó a tener la paz que supera todo lo que podemos entender

Yo quiero experimentar esa paz, siempre, siempre. ¿Y tú? No quiero ser un número más en las estadísticas del estrés. ¡Dios no nos ha llamado a eso! La ansiedad no forma parte de su agenda. Somos ciudadanas del cielo, con la actitud de Cristo, que viven sin preocuparse, confiadas en el Dios que nos ama y produce en nosotros una alegría eterna, y quien nos rodea con la paz que sobrepasa todo entendimiento. Tenemos que creerlo y vivirlo. Esa es la vida que Dios diseñó.

Para reflexionar: ¿Cuál es mi primera reacción cuando surge algo que pudiera crear preocupación? ¿Me preocupo y estreso, o busco la paz de Dios en oración con acción de gracias?
Reto: Durante esta semana decide no darle espacio a la preocupación, ninguno,  y sí a la oración.

Bendiciones y hasta el miércoles,

Wendy




viernes, 22 de marzo de 2013

Ni perfecta, ni atascada


No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo. No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro sólo en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús. 
Filipenses 3:12-14

Soy editora y hasta cierto punto es una profesión que va tras la perfección. Los ojos de un editor se entrenan para ver a vuelo de pájaro una falta de ortografía o un error gramatical. Te confieso que a veces agota porque, incluso sin quererlo, es lo primero que hago cuando empiezo a leer cualquier cosa. ¿Quiere decir que nunca me equivoco? ¡Claro que no! En este mismo blog a veces releo mis artículos y me doy cuenta de algo “que se me fue”.  Y ahí mismo quedó por tierra la perfección.

La perfección es la meta de muchos aquí en la Tierra. Aquellos que tenemos algo de melancólicos en nuestro temperamento somos propensos al perfeccionismo. El problema es que entre el perfeccionismo y el orgullo hay, como dicen por ahí, una línea muy fina.

El perfeccionismo nos lleva a pensar que nadie puede hacer las cosas como nosotros y a no reconocer el esfuerzo de los demás. Y esto nos puede suceder en el mundo profesional, en el hogar y hasta en la iglesia.

La contrapartida de la perfección es la excelencia. Excelencia es buscar la máxima calidad dando lo mejor de uno mismo pero estando conscientes de que podemos equivocarnos o de que no todo saldrá como hubiéramos querido.

Pablo llegó a la conclusión de que la perfección estaba fuera de su alcance, los errores del pasado y las incapacidades del presente obstaculizaban llegar a esa meta. Sin embargo, él decidió que su enfoque no estaría en la perfección sino en avanzar, poner la mirada en lo que tenía por delante y llegar a la verdadera meta. ¿Cuál era? Terminar la carrera y así alcanzar la perfección para la cual Cristo nos alcanzó primero, el premio celestial, la vida eterna.

Pero es imposible avanzar si vamos mirando hacia atrás, ¿verdad? Trata de correr mirando hacia atrás y verás que muy pronto terminas en el piso. Así mismo sucede en la vida. No podemos avanzar si nuestra mirada está puesta en el pasado.

Los errores del pasado solo sirven para una cosa: aprender de ellos. Pero el que vive atascado en el pasado, se pierde la bendición de triunfar en el presente. Dios nos dice en su Palabra:

Pero olvida todo eso;

no es nada comparado con lo que voy a hacer.

Pues estoy a punto de hacer algo nuevo.

¡Mira, ya he comenzado! ¿No lo ves?

Haré un camino a través del desierto;

crearé ríos en la tierra árida y baldía.
Isaías 43:18-19 

Dios hace cosas nuevas, constantemente. Incluso en lugares áridos o que aparentemente no pudieran dar fruto.

Si tú y yo vamos a correr con éxito esta carrera llamada vida cristiana, tenemos que avanzar mirando hacia delante, con los ojos puestos en la meta: el premio celestial. A eso nos ha llamado Dios, tal y como lo dice Pablo en el pasaje del principio.

Me encanta como lo dice Hebreos: Por lo tanto…quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. (12:1, NTV)

Quitémonos el peso. Fíjate que los corredores usan ropa ligera. Cuando uno se sumerge a aguas profundas le ponen un peso pero luego, para subir, hay que soltar el lastre, el peso. Solo así se avanza. Quítate hoy el peso del pasado. Jesús no murió por ti para que luego tú siguieras cargando el peso de la culpa y el pecado.

Sí, quiero aprender de mis errores pasados, para no repetirlos, pero no vivo con la mirada puesta en “lo que pasó” sino en “lo que será”, la vida abundante que Dios me promete en Cristo, el triunfo celestial.

¿Te sumas?

Para reflexionar: ¿En mi vida busco perfección o excelencia? ¿Qué cosas del pasado todavía no he dejado a los pies de la cruz?
Reto: A partir de hoy decide correr la carrera de la fe quitándote todo peso, con los ojos puestos en la meta del premio celestial. 

Esa es la vida como Dios la diseñó,

Wendy
 

miércoles, 20 de marzo de 2013

Mi currículo

Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo y llegar a ser uno con él… Pues la forma en que Dios nos hace justos delante de él se basa en la fe.  Quiero conocer a Cristo y experimentar el gran poder que lo levantó de los muertos.
Filipenses 3:7-10

Recuerdo cuando salí de mi país, Cuba, y llegué a Canadá. Muchas cosas eran diferentes. No, espera, eso va con mayúsculas, DIFERENTES. Pero entre todo lo nuevo y diferente hubo algo que me impactó y fue cuando escuché la palabra resumé. Es decir, currículo.

Yo crecí en una sociedad donde no se usan currículos. Cuando terminas la universidad te dicen dónde vas a trabajar y punto. Así que me sentí muy incómoda, por no decir más, cuando supe que tenía que hacer un currículo y escribir todo lo que sabía hacer y cuáles eran mis mejores cualidades, etc.

Pablo tenía un currículo excelente. Para su época, el mejor… sobre todo a los ojos de los judíos. Sin embargo, llegó a un punto en su vida en que entendió que todo carecía de valor comparado con tener a Cristo, y ante la gloriosa posibilidad de conocerle....y no solo conocerle sino de llegar a ser uno con él.

Pero, ¿realmente lo creo yo así? ¿Lo crees tú? ¿Realmente le damos ese valor a nuestra relación con Jesús?

Pablo lo veía todo como basura. Este hombre era radical. Para él no había términos medios. Lástima que muchas veces nosotros tememos a esa palabra, radical. Queremos buscar la manera de negociar porque en nuestra mente creemos que podemos tener lo mejor de ambos mundos. Y nos aferramos a la basura de este que además es efímera, ¡hoy vale y mañana no!

Este apóstol, con su ilustre currículo, llegó a entender que existe una mejor manera de vivir: experimentar a Cristo y el poder de su resurrección. ¿Por qué nos conformamos con menos?

El encuentro que Pablo tuvo con Jesús lo llevó a vivir una vida así, radical, una vida de absolutos. Todo lo demás es basura. Amiga lectora, si Cristo vino a darnos una vida abundante en él, ¿por qué batallamos tanto por lograr cosas que un día ya no serán más, no las podremos llevar de este mundo y nos perdemos la extraordinaria oportunidad de experimentar el poder glorioso que levantó a Jesús de los muertos? ¡El poder de Dios obrando en nuestra vida, sobrenatural!

Hace dos años escribí esto pensando justamente en este versículo, era semana santa. Te invito a leerlo.

Pablo decidió que todo lo demás palidecía ante la oportunidad de llegar a ser uno con Cristo. ¿Y yo? ¿Realmente lo quiero o estoy haciéndome una con muchas otras cosas? ¿Y tú?

Sabes, cuando llegamos a entender que esto es precisamente lo que nos libera y nos permite vivir la vida como Dios la diseñó, cuando vemos todo lo demás como basura y anhelamos esa unión exclusiva con Cristo, ¡por fin estamos satisfechas!

Pablo renunció a todo, excepto a Cristo. Por eso una y otra vez, fuera como fuera, podía vivir feliz, alegre, ¡al punto de no importarle si vivía o si moría!

Tengo metas, tengo anhelos, pero no quiero que “me quiten el sueño”. Quiero que cada cosa tenga su verdadero valor. Cuando se apaguen las luces y se cierre el último capítulo de mi vida, si voy a escribir un nuevo currículo, solo quiero que diga: “Wendy Bello, esclava de Jesucristo. Vivió para él y experimentó el poder su resurrección. A él sea la gloria.”

Atrévete conmigo, esa es la vida que Dios diseñó. No hay otra mejor.

Para reflexionar: Cuando analizo mi vida, ¿con qué soy una, con Cristo...o hay cosas que compiten por ese lugar?
Reto: Pídele a Dios que te revele qué necesitas cambiar en tu lista de prioridades para que realmente todo lo demás sea secundario, basura.


Wendy


lunes, 18 de marzo de 2013

La actitud que nos cuesta

No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes.  No se ocupen sólo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios  fuera algo a lo cual aferrarse. En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano…  se humilló a sí mismo en obediencia a Dios.
Hagan todo sin quejarse… brillen como luces radiantes en un mundo lleno de gente perversa y corrupta.
Tomado de Filipenses 2, NTV

Actitud. Esa fue mi palabra del año en 2011. {Puedes leerlo aquí.} La actitud es una de las poquísimas cosas que podemos controlar en nuestra vida. Lo he tenido que aprender.  Y Pablo, una vez más oportuno, nos hace un llamado a la actitud. 

Claro, este llamado es más que eso, es un desafío, seguro ya te diste cuenta de que Filipenses está lleno de desafíos. El desafío está en el versículo 5: “Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús”.No creo que haya desafío más grande para mí, ¿y para ti?

A veces creemos que la parte de la actitud es solo lo que viene después de ese versículo, pero en realidad, empieza desde antes.

No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. En un mundo donde todo gira alrededor del YO,  ¿cuántas veces hacemos cosas solo por egoísmo, para el beneficio propio? ¿Y cuántas para dejar una buena impresión, pero no por amor a Cristo sino por amor al yo? Queremos impresionar a otros para destacarnos entre la multitud que solicita un puesto de trabajo, entre las tantas chicas que buscan encontrar pareja, y en ocasiones hasta en nuestro servicio a Dios, solo para impresionar a otros. ¿Nos atrevemos a reconocerlo?

Sin embargo, Pablo nos ordena: tengan la actitud de Jesús, sean humildes, consideren a los demás como mejores. “Ah, no, Pablo, ya eso es un poquito exagerado…” ¿Te pasó por la mente? Me ha pasado a mí. ¿Por qué me pide el Señor por mano de Pablo algo semejante? No se me ocurre otra cosa que esta: para que podamos tener la actitud de siervo que tuvo Cristo. Solo así nuestro corazón capta esa perspectiva y aprende a amar a los demás, como nos amamos a nosotros mismos.

Mira lo que viene después: Aunque era Dios, no le importó. Renunció a sus privilegios. ¿A quién le gusta renunciar a sus privilegios? Nos pasamos la vida reclamando los derechos, pero rara vez nos ofrecemos voluntariamente a renunciar a nuestros privilegios. ¡Claro que es un desafío! Pero tal y como hablábamos la semana pasada, hemos sido llamadas a una ciudadanía diferente. DIFERENTE.

Cristo mostró el secreto de la verdadera grandeza: Se humilló en obediencia a Dios.Tantas veces no queremos humillarnos, nos cuesta. La actitud de Cristo nos cuesta. Me cuesta.

Sabemos que necesitamos dar perdón, pero nos negamos. Creemos ingenuamente que al hacerlo tenemos poder, control. Cuánto nos engañamos. Quien único tiene poder así es el diablo, sobre nosotros, llenándonos de amargura y alejándonos de Dios.

O al revés. Sabemos que  tenemos que pedir perdón pero lo vemos como una humillación, y no queremos. El orgullo se enseñorea. Y la serpiente vuelve a asomar su cabeza.

¿La actitud de Cristo? Humillarse en obediencia a Dios. Ahí está la clave: es una muestra de obediencia a Dios. Si realmente le amamos, entonces tenemos que obedecerlo. No hay otra manera.

Y por si este desafío nos parece poco, Pablo nos exige un poco más. 

Hagan todo sin quejarse.  La queja es una de las enfermedades de estos tiempos. Vivimos quejándonos. No voy a extenderme en el tema, porque aquí ya escribí sobre “la quejabanza”.

Para cerrar, Pablo nos ordena algo, siguiendo los pasos de Jesús quien también lo dijo a sus discípulos: Brillen.

Cuando era pequeña en mi iglesia cantaban un himno que quizá hayas escuchado. El coro decía: “brilla en el sitio donde estés”. A eso nos ha llamado Dios. A ser luz en este mundo. ¿Fácil? Para nada. Es mucho más cómodo pasar inadvertidos, ir con la corriente, ser parte de la oscuridad. Pero Cristo no murió para que siguiéramos en oscuridad, sino para sacarnos de las tinieblas a la luz, y para que llevemos la luz a otros. {Te invito a escuchar esta preciosa canción, porque tú y yo somos la luz.}

Entonces, ¿cuál es la actitud que, aunque nos cuesta, debemos cultivar tú y yo? La de Cristo Jesús: humilde, priorizando a los demás, en obediencia a Dios. Una actitud libre de quejas y que sirve de luz al mundo.

Para reflexionar: Si alguien fuera a describir mi actitud en sentido general, ¿cómo lo haría?
Reto: Proponte, en oración, cultivar durante esta semana la actitud de Cristo Jesús. Verás la diferencia.  

Con esa actitud viviremos la vida como Dios la diseñó,

Wendy