viernes, 6 de junio de 2014

Después de seis años, Dios fue fiel.

Pareciera que fue ayer cuando por primera vez crucé las puertas de aquella escuela con paredes verdes y un patio interior. Ella iba de mi mano, consciente de que en unas pocas semanas este sería el lugar donde comenzaría el preescolar. Y yo, la mamá, un tanto nerviosa ante la expectativa de lo nuevo y temerosa porque siempre del sistema público de educación escuchamos lo peor. Pero en aquel momento esa era la mejor opción a nuestra disposición.

Las lágrimas fueron muchas porque en realidad mi corazón de madre protectora quería una escuela diferente, con un currículo diferente, donde Dios fuera el centro. Quizá si hubiéramos estado un siglo y tanto atrás… pero no ahora. Así que luego de cumplir con todos los trámites y formalidades, nuestra hija quedó inscrita para comenzar en agosto. Sería su primer día de preescolar y nuestra primera experiencia con un sistema educacional diferente, en un país diferente, idioma diferente, ¡todo diferente!

Mi corazón se hizo pedazos cuando, después de unos días de clases, me preguntó por qué en esa escuela no le hablaban de Jesús. Y se rompía de nuevo cuando al pasar por una escuela cristiana de camino a la suya, ella miraba por la ventana del carro y me preguntaba: “¿y por qué no puedo venir a esta escuela, mami?”

Bueno, todo esto pasó hace ya seis años. Esta semana la vi graduarse y, mientras las lágrimas rodaban otra vez por mis mejillas, pero por motivos muy diferentes, susurré en mi interior: “Gracias, Dios, tú fuiste fiel. Tú lo hiciste”.


¿Sabes? Dios es increíble. Sí, es una escuela pública de los Estados Unidos, donde el sistema educacional es cada vez más humanista, secular y liberal. Sin embargo, casi todas las maestras de mi hija fueron maestras cristianas. Se apoyan unas a otras en oración. ¡Solo Dios hace algo así! Hoy varias de ellas son mis amigas, nos compartimos alegrías, tristezas, y nuestros hijos juegan juntos.

Comencé en la escuela sin tener la menor idea de cómo funcionaba el sistema. Me sumé al grupo de padres que conforman la Asociación de Padres y Maestros (PTA) porque quería estar involucrada. De la primera reunión me fui sin saber muy bien de qué trataba todo aquello, pero sabía que debía ser parte. Desde el primer día le pedí a Dios que pudiéramos, como familia, dejar una huella de Jesús en aquel lugar, entre la gente.

El miércoles, en la graduación, escuchamos lindas cosas acerca de nuestra hija. Recibió varios premios, incluyendo uno que otorga el Presidente del país por excelencia académica. Pero, honestamente, lo que más me tocó como mamá fue escuchar el amor de sus maestras y cuánto la van a extrañar. Leer las hermosas palabras que le dedicaron en su anuario. Eso es una huella en el corazón.

Mi querida lectora, te cuento todo esto no solo porque quiero compartir parte de mi vida contigo, como hacemos siempre, sino porque quiero que recuerdes una vez más el Dios en quien has creído. Este Dios fue fiel con nuestra hija y nuestra familia. Aunque entró a una escuela pública, la rodeó de maestras temerosas de Dios, guardó su mente, su alma, su cuerpo. Aprendimos allí muchas cosas que ahora nos sirven para ayudar a otros y orientarles en el mismo camino. Y sobre todo, aprendimos que sea lo que sea, nuestra vida está en manos de Dios y si le dejamos el control, llegaremos al otro lado de la trayectoria. Es cuestión de confiar.

Ahora ella comienza una nueva etapa, la escuela intermedia o secundaria. Los retos serán diferentes. Los maestros, otros. Los amigos también. Pero sé que el mismo Dios que nos llevó de la mano en la escuela primaria lo hará ahora. Sí, en mi mente la preocupación trata de levantarse, pero todo pensamiento hay que someterlo a la obediencia a Cristo, y obedecer a Cristo es confiar en Dios y su cuidado.  

No quiero terminar sin hacerte otra exhortación. Involúcrate en la vida de tus hijos al máximo. Dios nos ha dado esa tarea. No sientas pena si no sabes todo acerca de la escuela. Los maestros prefieren padres que pregunten a padres indiferentes. Y nuestros hijos necesitan padres involucrados.

No te desanimes si tus hijos no pueden ir a una escuela cristiana. La realidad es esta: instruirlos en la Palabra, en los valores bíblicos y en el diseño de Dios es responsabilidad de nosotros como padres y de nadie más. La instrucción académica es asunto de la escuela, enseñar al corazón es asunto familiar. 

Hagamos nuestra parte, Dios hará la suya. Él es fiel. Y tanto así que para la escuela intermedia nos permitió inscribir a nuestra hija en una escuela donde Jesús es el centro. ¡A él sea la gloria! 

Muchas bendiciones en tu fin de semana,

Wendy


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3 comentarios :

  1. K hermoso cuanto me allegro me identifico contigo pork es lo k kiero para mi hijo y no puedo.

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  2. Que precioso! Dios bendice la obediencia. Gracias por compartirlo, porque estas bendiciones animan y nos ayudan a ver la fidelidad de Dios. Gracias a Dios por su fidelidad y por todo lo maravilloso que hace cuando estamos dispuestos a dejar todo en sus manos.

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  3. Que bendición...Felicidades en Cristo Jesús....por el logro obtenido de tu hijita, Dios es Fiel!!
    Gracias por compartir lo que vives...también me siento identificada contigo Wendy.

    Te mando un fuerte abrazo.

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