¡Menos mal que Dios no es como yo...!

En el mercado llegué a la sección donde tienen las frutas y me detuve para buscar unas manzanas. Mi hija prefiere una variedad en particular, así que leí los letreros hasta que las encontré. No puedo determinarlo a simple vista. Y entonces comencé a escoger.

“Esta no porque tiene un golpe. Aquella tampoco porque parece demasiado madura. Esta tiene manchas, esta parece estar verde…” Hasta que por fin reuní como 3 o 4 que parecían perfectas.


Y en eso pensé: “¡Menos mal que Dios no es como yo…!  [HAZ CLIC EN ESTE ENLACE PARA SEGUIR LEYENDO]


Muchas gracias por dejarme llegar hoy a tu buzón.

Bendiciones,

Wendy

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