viernes, 13 de junio de 2014

Porque esta generación necesita verdaderos papás

En este blog escribo para mujeres pero como el domingo celebramos el día de los padres aquí en los E.U., decidí que este artículo estará dedicado a los hombres que, o ya son papás, o esperan serlo algún día. De modo que te invito a compartirlo con ellos y espero que sea de bendición para ti y tu familia.


El legado de las tres “A”

Hace un tiempo mientras leía Reyes en la Biblia alguien me llamó la atención algo, Jeroboam. Primer rey del reino dividido. La Biblia cuenta que era un hombre sumamente capaz y Salomón lo puso como supervisor del trabajo en dos de las tribus. Sin embargo, pasó a la historia como el hombre “que hizo pecar a Israel”. Se convirtió en un patrón de comparación. Se solía decir: “hizo lo malo ante Jehová, como Jeroboam”. Por generaciones cuando la Biblia nos habla de un rey malo, lo iguala a Jeroboam. Ese fue el legado que este hombre dejó a su familia, a su pueblo.

Todo ser humano va a dejar un legado, ya sea bueno o malo legado. Un legado es aquello que se transmite o se deja a los sucesores. Muchas veces la gente piensa en el legado material, ¿qué puedo dejar a mis hijos? ¿Qué van a heredar? No siempre podemos dejar un legado material sustancioso, pero siempre podemos dejar un legado espiritual, y a la larga ese es el único que tiene implicaciones eternas.

Hoy quiero exhortarte para que dejes a tus hijos “el legado de las tres A”. Si puedes dejarle una buena fortuna, o propiedades, excelente. Pero si no, no te aflijas. Con este “legado de las tres A” les estarás dejando un tesoro.

1. Amar a Dios y enseñarles a amarlo. Mira lo que dice Deuteronomio 6:5-7:

Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.


Padre, no basta con que tú conozcas a Dios, ni con que asistas a la iglesia y lleves a tus hijos. Tú tienes que enseñarles la Palabra, tú tienes que vivir a Dios en tu vida. Tus hijos no pueden heredar tu fe en el sentido de que ellos mismos tendrán que tomar la decisión pero tienes que hacer tu parte y sembrar la semilla. Tienes esa responsabilidad porque Dios te la ha dado. Y no solo es cuestión de hablar, es cuestión de vivir.

Enseñar a tus hijos a amar a Dios es un mandamiento. No hay opción. ¿Quieres dejarle un legado con resultados eternos, que ni el tiempo ni la bolsa de valores podrán echar por tierra? Enséñales a amar a Dios. Sí, los resultados no están en tus manos, pero habrás hecho lo que Dios te mandó.

2. Amar a tu esposa

Maridos, ame cada uno a su esposa y nunca la trate con aspereza.

Colosenses 3:19

¿Sabes que una de las acepciones de esa palabra ame en el griego, agapao, sería “estar contento con, estar bien complacido”? De modo que la Palabra te está diciendo, esposo, que estés contento, satisfecho con tu esposa y eso implica no mires a la del otro ni a la mujer que quizá no tiene esposo pero que no es tuya porque ya tienes una que Dios te dio. No enseñes a tus hijos varones a piropear a las mujeres en la calle. Muéstrales cómo halagas a su mamá cuando se viste, cuando cocina, etc. Él se dará cuenta, te observará…y cuando pasen los años y le toque, te imitará. Si tienes hijas hembras, al hacer todo esto estarás mostrándole un patrón al cual aspirar cuando empiecen a pensar en tener novios o en casarse. Modela a tu hija cómo es un esposo que ama, y que ama como Cristo amó a la iglesia.

Pero este versículo tiene una segunda parte: nunca la trate con aspereza. Trata a tu esposa como lo que es, una dama, “el vaso más frágil” del que nos habla el apóstol Pedro. Es verdad, a veces nosotras no nos comportamos como vasos frágiles, pero no dice que dependa de nuestra conducta. En el original “no la trates con aspereza” sería “no se amarguen con ellas”. En 1 Pedro dice que le des honor porque es coheredera de la gracia, es decir participa de ese mismo regalo contigo, hombre. Y, súper importante lo que viene después: trátala como es debido para que nada estorbe tus oraciones. Esa es una responsabilidad grande.   

Papá, esposo, ama a tu esposa. El mundo de hoy muestra algo totalmente diferente. Dice a nuestros hijos que el matrimonio no vale la pena, que si no funciona lo terminen y punto, o mejor todavía, que ni se casen y así se ahorran dolores de cabeza. Pero nosotros tenemos que vivir como lo que somos, hijos de Dios, llamados a vivir en su diseño. ¿Quieres que ellos tengan un buen matrimonio en el futuro? ¡Tienes una oportunidad de oro en tus manos! Dales un buen ejemplo con el tuyo.  Ama a su mamá.

3. Amar a tus hijos. Esta es la última y tercera A del legado. Y la puse de última porque en ese orden quiere Dios que tengamos nuestra vida: él, nuestro cónyuge y luego nuestros hijos. Tal vez te parece que es algo intrínseco a ser padre, pero las estadísticas no lo demuestran así.

En este momento, en los Estados Unidos, uno de cada tres niños está creciendo en un hogar sin un papá. La manera en que nos relacionamos con nuestros hijos forma en gran medida la imagen de Dios como padre que ellos tienen. Esa es la razón por la cual a muchas personas les resulta difícil entender la paternidad de Dios, porque no tuvieron un buen modelo de padre humano.

Colosenses 3:22 dice: 
“Padres, no exasperen a sus hijos, para que no se desanimen”. 

Ahora bien, entendamos, amor no es sinónimo de falta de disciplina. El propio Dios dice en su palabra que él disciplina al que ama. Parte de tu función como padre es disciplinar. Y la disciplina es tarea de ambos padres, no solo de la madre porque pueda estar más tiempo con los hijos. Sin embargo, el pasaje dice que no los hagamos enojar con la forma en que los tratemos. Aplicar la famosa regla de oro a nuestros hijos es una buena manera de tratarlos bien, de no exasperarlos. Es decir, tratarlos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. ¿Por qué? Para que no se desanimen… el amor alienta, anima, estimula. La Palabra de Dios nos exhorta a mantener un equilibrio de ambas cosas, amor y disciplina, gracia y misericordia.  

Un problema grande en la actualidad es haber confundido amor con cosas. El sistema de vida y el deseo de tener más ha llevado a la gente a trabajar tanto que no queda tiempo para la familia y luego queremos cubrir la falta de tiempo con cosas.  Papá, lo más probable es que tus hijos no recuerden todo lo que les has regalado, pero sin dudas van a recordar tus juegos con ellos, los paseos, los momentos de reír juntos, las veces que les ayudaste con un proyecto de la escuela. Ámalos no dándoles todo lo que quieren porque sin querer les estarás enseñando que cosas es igual a felicidad. Y nunca será suficiente.

Termino por donde empecé. Pasaron varias generaciones y cada vez que venía un nuevo rey a Israel, se le comparaba con Jeroboam. Quizá tú no provienes de una familia que tenga un historial precioso, pero puedes cambiar la manera en que se hable de ti. Puedes, a diferencia de Jeroboam, dejar un legado al que varias generaciones miren y digan: “el hombre que enseñó a su familia a amar a Dios”. Puedes ser el primero de tu familia que viva un matrimonio tal y como Dios quiere que sea. Puedes amar a tus hijos como tal vez tu padre no te amo a ti. Dios te da la oportunidad. Una sola vez pasamos por la Tierra, una sola vez podemos dejar un legado, te animo a que hoy escojas “el legado de las tres A”. 

¡Feliz día de los padres!

Wendy


1 comentario :

  1. Que hermoso Wendy, Gracias por compartirnos el legado de las 3 "A":
    1.Ama a Dios y enséñale a amarlo
    2.Ama a tu esposa
    3.Ama a tus hijos
    Te mando un abrazo.

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