lunes, 23 de junio de 2014

Reflexiones de verano {tu definición}

Dice Wikipedia que la palabra blog proviene de los términos ingleses web y log ('log' en inglés = diario) y web, bueno, sabemos que se refiere a la red informática mundial (world wide web). De modo que un blog es, en su definición más básica, un diario en línea. ¿Y por qué te estoy diciendo todo esto? Pues  porque ya que estamos en verano, y escribir se vuelve un poco más desafiante para mí al tener a los niños en casa todo el tiempo, más todas las otras cosas que conforman nuestra vida cotidiana, te encontrarás con artículos que quizá sean más como eso, un diario de reflexiones de lo que esté leyendo en la Biblia durante estos meses, o de vivencias. Dicho de otra manera, algo tal vez más relajado y ligero… como la brisa del verano, o un vaso de limonada fría.


¿Y por dónde voy a empezar? Pues compartiéndote algunas notas sobre Efesios. He estado leyendo esta carta paulina que me gusta mucho porque nos da una idea muy clara del plan de Dios y cómo encajamos en él.

Empiezo por hacerte una pregunta: si te pidieran que dieras una definición de ti misma, ¿qué dirías? {No te apresures  en contestar, piensa un poco, e incluso si puedes hacerlo, escríbela.}

La verdad es que esa pregunta nos la hacemos de maneras diferentes en todas las etapas de la vida, o al menos una vez. Todo ser humano que ha caminado sobre la tierra se la ha hecho: ¿Qué soy? ¿De dónde vine? ¿Para qué estoy aquí?

Vamos a responder a esas preguntas con un solo versículo de la Biblia. Sí, así de poderosa es la Palabra de Dios.

“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, 
las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica”.  
 Efesios 2:10:

Ahí está la respuesta a la pregunta que te hice al principio. Vayamos por pasos.

1.  ¿Qué somos? Hechura de Dios. Del griego “poiema” que significa obra de arte…y de donde viene nuestra palabra poema. ¿Increíble, verdad? Tú y yo somos una obra de arte con la firma de Dios. Salmos 139:14: “¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!” David entendió que aunque estaba lleno de defectos, él era una creación admirable de Dios, una obra de arte. 

¿Cómo es posible ser una obra de arte y tener defectos? Parece paradójico… pero es que Dios ve aquello que seremos al final, cuando haya terminado su obra y nos redima por completo. Él comenzó la buena obra, Filipenses 1:6, y la hará perfecta el día de Jesucristo, es decir, a su venida.

¿Qué caracteriza a una obra de arte? Es única. Cada una de nosotras es única, Dios no nos hizo para que nos pareciéramos a nadie ni nos va a preguntar un día: “¿por qué no fuiste como Esther, como Débora? Sí, esas mujeres nos inspiran pero cada una fue muy diferente de la otra. Única. Tenemos que aceptar que somos únicas y abrazar nuestra singularidad. En todo.

2. ¿De dónde venimos? Creadas en Cristo. De ahí venimos. Del plan de Dios de redimir a su creación, plan que estuvo presente desde el principio. Un resultado de lo que Cristo hizo en la cruz, e implica una creación nueva. El griego original usa una palabra que quiere decir crear, formar, pero también cambiar o transformar completamente. Y el término proviene de algo que indicaba ser propiedad del fabricante. Como dirían en inglés, wow!

Además Efesios 1 dice: “Dios nos escogió en él [en Cristo] antes de la creación del mundo….nos predestinó para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo”. De ahí venimos nosotras. No de la casualidad, no de un accidente, no de padres que no sabían lo que hacían. Tú y yo somos propiedad de un fabricante que desde el comienzo nos incluyó en su plan y que nos va transformando para llevarnos a su idea original.

3. ¿Para qué estamos aquí? Para buenas obras. Ese es el por qué. La fe no es por obras pero sí es para obras. Santiago el apóstol nos dice en su carta que “la fe sin obras es muerta”. Cuando Dios nos creó, lo hizo con un propósito. A cada una nos dio dones, capacidades, para que, como un buen árbol, produzcamos buenos frutos, para que nuestra fe florezca. Y si vamos a Efesios 1 podemos leer que fuimos creados para “para alabanza de su gloriosa gracia”. ¿Para qué estamos aquí? Para darle gloria a Dios mediante todo lo que hagamos. Esa es la “buena obra” suprema. Ese es el propósito supremo de nuestras vidas. Todo lo demás tiene que ser secundario.  

Y fíjate que ya estaba en el plan de Dios: “las cuales Dios dispuso de antemano”. Lo que Dios quiere lograr con tu vida ya fue dispuesto. No es una improvisación. Si regresamos al Salmo 139, David nos dice en el versículo 16: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos”. Cuando todavía no habíamos llegado a este mundo, ya Dios tenía un plan diseñado para nosotros. ¿No te resulta extraordinario?

Así que mi querida lectora, tal vez por estos días andes cuestionando tu existencia, pensando que tal vez no tiene sentido, que la vida de otras es valiosa y la tuya no, que Dios no te incluyó en sus planes... ¡ahora ya sabes que no es verdad! Y te invito a memorizar este pasaje, anótalo en una tarjeta, ponlo en tu refrigerador. Cuando vuelvas a preguntarte qué soy, para qué estoy aquí, de dónde vine, ya tendrás la respuesta. ¡Tú eres parte del diseño divino de Dios!

Bendiciones en la nueva semana,


Wendy

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