¡Volvamos a lo básico!

De vez en cuando recibo mensajes en Facebook o correos electrónicos que contienen preguntas doctrinales o teológicas. Y, aunque no soy teóloga ni nada semejante, quiero con este artículo responder a algunas de esas preguntas porque tal vez no solo pasan por la mente de quienes las hicieron. (Aclaro que no busco polémicas doctrinales.) Te sugiero que busques papel y lápiz, o tu aplicación favorita para tomar notas, porque citaremos muchos pasajes que luego puedes leer con calma.    


Pues bien, mientras leía un pasaje de la carta de Pablo a Tito, en preparación para un evento futuro, la respuesta a algunas de esas preguntas que he recibido saltó muy clara a mi vista. Así que aquí vamos. ¿Lista para Teología 101? ¡Volvamos a lo básico! {El pasaje está en Tito 3:4-8)

El único Salvador es Dios (v. 4). No hay otra persona, no hay otro medio de alcanzar la vida eterna. Desde tiempos muy antiguos el ser humano ha tratado de buscar otros salvadores, y todavía lo hace. Pero la Palabra reitera una y otra vez que tenemos un solo Salvador. {Otros pasajes: 1 Timoteo 4:10, 1 Juan 4:14, Hebreos 5:9}

La salvación fue idea de Dios: “Cuando Dios nuestro Salvador dio a conocer su bondad y amor, él nos salvó” (vv. 4-5). En un momento de la historia Dios decidió que había llegado la hora de mostrarnos su bondad y amor, y mostrarnos la vía de salvación mediante Jesucristo. Pero ese plan estuvo ideado desde el principio, tal y como nos recuerda el apóstol Pedro: “Dios lo eligió [a Cristo] como el rescate por ustedes mucho antes de que comenzara el mundo…” (1 Pedro 1:18-20). {Otros pasajes: Isaías 51:5, Isaías 53}

La salvación no se gana, Dios la da: “él nos salvó, no por las acciones justas que nosotros habíamos hecho, sino por su misericordia” y “Por su gracia él nos declaró justos” (vv. 5 y 7). Misericordia, en su sentido más sencillo, es cuando Dios no nos da el castigo que merecemos. Gracia, por el contrario, es cuando nos da algo que no nos merecemos. Y la salvación es ambas cosas. Todo parte de Dios y no hay nada que podamos hacer al respecto: no por las acciones justas, sino por misericordia y gracia. De modo que no tienes que esforzarte ni hacer ciertas cosas para ganarte la salvación. Está a tu disposición. Es un regalo. Cuando condicionamos la salvación a buenas acciones, buena conducta, contribuciones monetarias o cualquier otro requisito que implique un esfuerzo humano, estamos anulando la obra completa que Cristo hizo en la cruz. “Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo” (Efesios 2:8-9). {Otros pasajes: Romanos 5:15, 21, Gálatas 2:16}     

La salvación ocurre solo una vez: “él nos salvó”. Sin ponernos muy técnicos, resulta que en el original griego ese verbo “salvó” está en una forma verbal que se denomina aoristo y que denota una acción única, no prolongada en el tiempo. ¡Qué bueno sería si todos pudiéramos leer el Nuevo Testamento en griego!, ¿verdad? De manera que cuando dice que Cristo nos salvó implica que fue una sola vez. La salvación ya ocurrió. Está disponible para todos y cuando tú aceptas ese regalo de Dios, ya lo tienes, y punto.

Ahora bien, eso no quiere decir que nunca más pecarás. Tu pecado ha sido lavado en la sangre de Cristo: “Nos lavó, quitando nuestros pecados, y nos dio un nuevo nacimiento y vida nueva por medio del Espíritu Santo” (v. 5). Para Dios ya somos limpios. Hemos empezado una vida nueva, pero esa vida nueva, al igual que en la vida física, implica un proceso de crecimiento, algo que los teólogos denominan “santificación”. Mira lo que dice 2 Corintios 7:1: “Como tenemos estas promesas, queridos hermanos, purifiquémonos de todo lo que contamina el cuerpo y el espíritu, para completar en el temor de Dios la obra de nuestra santificación” (NVI). Es un proceso y no ocurre de la noche a la mañana. La salvación sí, es instantánea. La santificación nos tomará todo la vida mientras estemos de este lado de la eternidad. {Otros pasajes: Efesios 4:20-24, 1 Tesalonicenses 4:3, 2 Tesalonicenses 2:13, Romanos 6:19}

La salvación no es exclusiva, está a disposición de todos. Al final del pasaje que cité al principio Pablo le dice a Tito que estas enseñanzas son para el beneficio de todos; pero además, en el capítulo anterior de esta misma carta, él escribe: “Pues la gracia de Dios ya ha sido revelada, la cual trae salvación a todas las personas” (2:11). Y por supuesto, no podemos dejar de citar Juan 3:16.

Mi querida lectora, estamos viviendo tiempos en los que muchos son arrastrados por “todo viento de doctrina” (Efesios 4:14). La única manera de no caer en esa corriente es conociendo la Biblia, qué creemos. No basta con escuchar programas de televisión o radio, ni siquiera con el sermón de los domingos. Necesitamos estudiar la Palabra. Algunos tienen “alergia” a la palabra doctrina pero es el mismo Pablo quien varias veces la utiliza para recordarnos que tenemos que aferrarnos a la sana doctrina, es decir, a aquellas enseñanzas básicas que definen nuestra fe, y que no han sido adulteradas por criterios humanos.

Quiero cerrar justo con un versículo que lo dice claramente: “Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos” (2 Timoteo 4:3-4). El que tenga oídos para oír, oiga.

Bendiciones en tu semana,

Wendy

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