miércoles, 16 de julio de 2014

¿Cuánto falta?

Ya llegamos?” “¿Cuánto falta?” “¿Está muy lejos?” Este diálogo se repitió en nuestro auto tantas veces durante un corto viaje que yo ya tenía deseos de bajarme e ir caminando o de salir volando por una ventana. Todo el que ha viajado con niños sabe a lo que me refiero. Las preguntas del principio se repiten interminablemente.


Pero me pregunto cuánto cambiamos en realidad al volvernos adultos. ¿Cuántas veces en nuestra vida de adultos nos hacemos esas mismas preguntas, pero con otros destinos en mente? Ya no se trata de llegar a un punto geográfico, se trata de las metas, de los sueños, de los lugares a los que queremos llegar y nos hacemos esas mismas preguntas. ¿No es cierto? Y si tenemos a Dios por Padre, entonces lo agobiamos a él con las mismas. “¿Cuánto falta, Señor, para _____________? ¿Está muy lejos de mí esta meta? ¿Cuándo se realizará ese sueño que he acariciado durante tantos años?”

Hablemos hoy del viaje de la vida... 

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Bendiciones en tu día,

Wendy


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