Dar gracias, ¿en todo?

Cuando el año se presenta lleno de pruebas y situaciones inesperadas, la gratitud parece escabullirse del corazón y se requiere todo nuestro esfuerzo para no perder de vista que Dios sigue siendo Dios, el que sostiene nuestra vida en la palma de su mano.

Ha sido un año así para mí, con pruebas y situaciones que jamás esperé ni vi venir. En el fondo, mi mente quisiera gritar: “¡Adiós, 2014”!, pero la realidad es que no importa si es el 31 de diciembre de 2014 o el 1 de enero de 2015, todo depende de cómo entendamos nuestra vida, y dónde esté puesta nuestra fe.

Así lo analizaba el otro día cuando mi hija me preguntó: “¿Cómo podemos dar gracias en todo, mami, cuando hay cosas tan malas y difíciles en el mundo?” Los niños siempre nos ponen a pensar. Y fue justo en ese instante que el Espíritu Santo, el que nos guía a toda verdad, hizo la conexión en mi mente para que yo lo entendiera y pudiera explicárselo a ella: Solo podemos dar gracias en todo cuando enlazamos 1 Tesalonicenses 5:18 con Romanos 8:28.

Míralo aquí:
“Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios 
para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús”. (1 Tesalonicenses 5:18)

Dar gracias no es opcional ni electivo si pertenecemos a Cristo, es la voluntad de Dios para nosotros. ¿Pero cómo hacerlo cuando duele, o es difícil…o sencillamente no podemos en nuestra debilidad humana?

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien 
de quienes lo aman y son llamados según el propósito 
que él tiene para ellos” (Romanos 8:28).

Esa es la respuesta, cuando realmente entendemos que TODO lo que nos sucede Dios lo usa para nuestro bien. Fíjate que el pasaje no dice que todo lo que sucede es bueno sino que Dios usa todo para nuestro bien. Hay una gran diferencia entre ambos planteamientos.

Cuando vivimos convencidas de que venga lo que venga, el Señor tiene nuestro bien en mente, porque nos ama sin límites, entonces podemos decir “gracias”. ¿Y sabes? Creo que mientras no aprendamos a dar gracias en todo no podremos  experimentar la abundancia de Dios. Una vida que da gracias en todo es una vida de fe, una vida que confía en cada palabra que Dios ha dicho.  Y una vida de fe, es una vida que agrada a Dios, tal y como nos dice Hebreos 11:6. ¿Ves como todo se entrelaza? Donde hay fe, hay gratitud, y es entonces que experimentamos la verdadera bendición.

Hace un par de semanas estaba un poco amedrentada por ciertas situaciones y la vocecita callada del Espíritu se agitó dentro de mí, esa voz que no es audible muchas veces pero que conocemos muy bien: “¿Ya me diste gracias?” Me quedé parada pensando. No, no había dado gracias en medio del torbellino. Lo hice allí mismo por obediencia. Y fue como si de pronto me hubieran quitado una venda y las cosas quedaron a la vista con perfecta claridad. La gratitud no cambia las circunstancias, cambia el corazón.

Y otra vez mi planta de gardenias tenía un mensaje para mí. Sí porque justo ayer cuando regresaba con mis hijos de la escuela, ¡ya algunos botones habían abierto! Le pedí a Dios que no floreciera mientras estaba fuera del país porque quería disfrutar de este placer sencillo. ¡Y así fue! Estamos en otoño, los árboles ya pierden sus hojas, lo verde se vuelve color café y sin embargo, ¡la gardenia florece!


Mi querida lectora, casi ya se nos termina noviembre. Apenas nos quedan un par de artículos relacionados con el “Desafío a dar gracias”, ¿ha cambiado tu corazón? ¿Has podido comprender que la verdadera gratitud no necesita esperar por las cosas grandes, sino que ve la mano de Dios en las más pequeñas… incluso en la gardenia que florece en medio del otoño y las hojas caídas? 

Quizá estás viviendo en medio de un otoño seco que casi se vuelve invierno. A todas nos toca alguna que otra vez, pero ¡no estás sola! Dios está obrando, al final todo será para tu propio bien, incluso cuando no puedas verlo. Créelo y dale gracias. Le honrarás al hacerlo y verás la bendición. 

Esta es la vida que Dios diseñó, ¡vamos a vivirla!

Wendy

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