El día que mis ojos me engañaron

Era uno de los tantos días en que manejo de aquí para allá en una ciudad donde el tráfico no descansa. Como iba de este a oeste, y era temprano, el sol quedaba a mis espaldas.


A lo lejos vi algo que parecía humo, y como no es la primera vez, enseguida pensé: “Oh, Dios, por favor, que no sea un fuego”. Cerca de donde vivo hay zonas forestales que de vez en cuando arden por la sequía combinada con la indolencia.  En fin, seguí manejando mientras lo que a mis ojos parecía una columna de humo se acercaba cada vez más.

Entonces un pensamiento cruzó mi mente: “Pero hace pocos días llovió, es muy difícil que ocurra otro incendio…” Y me di cuenta, el sol a mis espaldas, era muy temprano… ¡llevaba puestas mis gafas de sol! Me las quité y la “columna de humo” se mostró tal cual era: nubes oscuras, algo de la noche que estaba comenzando a disiparse ante los rayos del sol.

¿Y acaso no nos pasa muchas veces así en la vida? Enseguida recordé las palabras del Pablo que cité al principio... PARA SEGUIR LEYENDO, HAZ CLIC EN ESTE ENLACE, hoy estoy en Bibliavida.com.

Bendiciones,

Wendy 


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