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Mostrando entradas de marzo, 2015

¿Adoración condicional?

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¿Cómo viviríamos nosotros si supiéramos que es nuestra última semana en este hermoso planeta azul al que llamamos Tierra? No importa cuánto avance la ciencia, los médicos pueden dar un pronóstico de vida, pero nada más. Solo Dios sabe la medida de nuestros días. Pero Jesús sí supo que aquella sería su última semana. Una semana que viviría con una mezcla de agonía, propósito, obediencia y amor.

Más de dos mil años después, ahora estamos viviendo esa misma semana en nuestro calendario. Y fue un domingo como el de ayer que el Salvador entró por fin a Jerusalén para cumplir con la misión que lo había traído del cielo perfecto al planeta caído. La voz se corrió por la ciudad y la gente salió a recibir a aquel de quien se decía que hacía milagros tales que hasta resucitaba muertos. Emocionados, esto fue lo que hicieron:
…tomaron ramas de palmera y salieron al camino para recibirlo. Gritaban: «¡Alabado sea Dios! ¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor! ¡Viva el Rey de Israel!». (Juan …

Ni perfecta, ni atascada

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No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo. No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro sólo en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús. Filipenses 3:12-14


Soy editora y hasta cierto punto es una profesión que va tras la perfección. Los ojos de un editor se entrenan para ver a vuelo de pájaro una falta de ortografía o un error gramatical. Te confieso que a veces agota porque, incluso sin quererlo, es lo primero que hago cuando empiezo a leer cualquier cosa. ¿Quiere decir que nunca me equivoco? ¡Claro que no! En este mismo blog a veces releo mis artículos y me doy cuenta de algo “que se me fue”.  Y ahí mismo quedó por tierra la perfección.
La perfección es la meta de muc…

Cuando de triunfar se trata, Jesús nos enseña

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Quizá recuerdes que en enero dije que me dedicaría a leer los Salmos durante este año; con mucha calma para saborear y poder extraer todos los tesoros escondidos en este libro precioso. Así lo he estado haciendo. Sin embargo, una amiga lanzó el reto de leer los cuatro evangelios en 40 días, y lo acepté. No he dejado los Salmos a un lado, sino que añadí los evangelios a estos 40 días. Es justo de esa lectura que quiero compartirte algo hoy.

Jesús nunca dejará de asombrarme, no importa cuántos años pasen de conocerle. Y creo que no puede ser de otra manera, porque él es Dios, y nuestra mente humana tan pequeña y finita nunca alcanzará a comprender todo lo que eso implica.
Hace unos días estaba leyendo en Marcos este pasaje:
A la mañana siguiente, antes del amanecer, Jesús se levantó y fue a un lugar aislado para orar. Más tarde, Simón y los otros salieron a buscarlo. Cuando lo encontraron, le dijeron:—Todos te están buscando.Jesús les respondió:—Debemos seguir adelante e ir a otras ciudad…

El ladrón de sueños

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{Si llegaste a esta página hoy a través de "Con diseño divino", ¡bienvenida! Te invito a navegar por el sitio y conocer más sobre la vida que Dios diseñó. Esta publicación de hoy es parte del libro digital "Limonada para el alma", y lo puedes recibir gratis con tu suscripción al blog.}

Y pasó otra  vez. Esa vieja sensación de desasosiego que he experimentado otras veces. Las dudas. El deseo de rendirme. Lo conozco desde niña porque muchas veces quise renunciar cuando las cosas se ponían difíciles, surgía algún obstáculo o me cansaba incluso sin haberme esforzado lo suficiente.
La diferencia ahora es que han pasado muchos años más, pero todavía me visita. Sentada en el sofá batallaba en silencio y le pregunté a Dios ¿por qué? Y en eso me di cuenta. De nuevo me visitaba el ladrón; el enemigo de nuestras almas; el que solo viene a robar, matar y destruir, entre otras cosas, nuestros sueños. Creo que nunca lo había visto tan claro, y aunque ya casi iba cuesta abajo, ar…

Mis dos opciones

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Cada vez que empieza un nuevo día tengo dos opciones: abrazarlo o rechazarlo. Verás, está claro para todos que ya sea que nos guste o no, el día va a seguir y con él nuestras horas. PERO aún así tengo dos opciones.

La opción de abrazar el nuevo día, es decir, aceptarlo como venga, con inconvenientes y todo.
La opción de rechazarlo porque llegó y las cosas no van como yo pensaba o quería, o siquiera imaginaba.
Hubo un tiempo en mi vida en que siempre escogía la segunda opción, y por supuesto, llenaba el día de muchos momentos infelices. Voy a salir y está lloviendo…me incomodaba. Esperábamos una visita que a última hora no pudo llegar…cómo me molestaba. Alguien o algo no cumplía con las expectativas que en mi mente yo había fabricado…se desataba una tormenta que me afectaba no solo a mí sino a los que estuvieran a mi alrededor. Y la lista pudiera continuar.
Hasta un día en que poco a poco, de manera muy sutil, Dios empezó a confrontarme usando diversos métodos. Incomodarme con la lluvia,…

La competencia

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Basta que se reúnan dos niños para escuchar una conversación más o menos así:
—Mi carro es más rápido que el tuyo. —Ah, sí pero yo puedo correr más rápido que tú. —A lo mejor, pero mi bicicleta es más linda que la tuya. —Y mi patineta es mejor que la tuya.
Un poco más tarde en una de las casas: —Mami…yo quiero un carro como el de fulanito.
Y en otra: —Papi, yo quiero una bicicleta como la de menganito.

Lo interesante de esta mentalidad de competencia y comparación es que no es exclusiva de la niñez, nos persigue toda la vida, solo que los temas cambian y tal vez no se expresen en voz alta. “Mi carro es mejor que el tuyo.” “Mi casa es más grande que la tuya.” “Yo quiero una casa como aquella.” “Si yo tuviera dinero como…”
El asunto es que la sociedad en la que vivimos es competitiva por excelencia. Me asombra como en los anuncios publicitarios incluso se comparan sin misericordia unas marcas con otras. Y la mentalidad de consumo nos lleva a competir porque queremos tener lo mismo que el vecino …

Calorías vacías

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Hace unos días conversaba con una amiga de lo que yo le diría a un entrenador personal que quisiera lograr para ponerme en mejor forma física. Hablamos también de lo que dicho entrenador me diría que debo dejar, y para mí lo más difícil sería el pan...especialmente el blanco, ¡me gusta mucho! Pero el pan es el enemigo número uno cuando se trata de eliminar ciertas redondeces.  El pan blanco es considerado por los nutricionistas un alimento de calorías vacías, es decir, calorías que no aportan nada.

Toda esa conversación me llevó a pensar en las calorías vacías que consumimos en la vida, y no precisamente en las que tienen que ver con la nutrición física. 
Pablo el apóstol escribió esto a sus amigos de la iglesia en Corinto: «Todo está permitido, pero no todo es provechoso. Todo está permitido, pero no todo es constructivo». Esa afirmación puede aplicarse a todas las cosas de nuestra vida. Yo puedo comer tanto pan como desee, pero eso no significa que sea provechoso para mi cuerpo. Es …

Cambia de espejo

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Vernos como Dios nos ve, es más fácil decirlo que hacerlo, como muchas otras cosas en la vida.
Él estaba muy tranquilo, haciendo su trabajo. Un trabajo que no tenía nada de extraordinario ni requería valentía alguna. Era un trabajo agrícola: trillar trigo.  Y fue allí, en medio de su normalidad, que Gedeón se encontró con Dios. ¿Acaso no debiera ser así cada día, encontrarnos con Dios en nuestra normalidad?
Si hacemos un análisis del diálogo es fácil llegar a la conclusión de que Gedeón andaba deprimido, dudaba de que realmente a Dios le interesara su situación, o la de los suyos. Léelo en Jueces 6: 13. Y ahora este ángel se le aparecía y, a manera de saludo, le llama guerrero valiente. A él, un campesino, que ni era hombre de guerra, no se consideraba valiente (de lo contrario, no hubiera estando trillando el trigo metido en el fondo del granero), y que no podía entender cómo era que Dios estaba con él si todo a su alrededor indicaba algo muy diferente…desde su punto de vista.
¿Sabes …

¡Quiero ser libre!

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Esto fue lo que escribí en mi diario una vez: “La trampa de la aprobación es uno de los lugares donde más detesto estar. Sin embargo, ¡lo visito tan a menudo! Pero hoy oré pidiéndole a Dios que así como él hace muchas cosas nuevas en mi vida y en las vidas de todos los que le buscan, que haga nuevo esto en mí y pueda librarme de esa esclavitud. ¡Quiero ser libre!”

No sé si alguna vez has tenido esa lucha. Cuando el reconocimiento de los demás es tan importante que si no lo escuchas, crees que nos ha hecho bien las cosas, que no eres suficiente, que no eres importante para ellos. Si tu lenguaje de amor (o uno de ellos) son las palabras de afirmación, como en mi caso, esto puede convertirse en un problema grande. Recibir el apoyo verbal de otros, su aprobación, es crucial para aquellos que tenemos este lenguaje de amor, pero también nos puede esclavizar.
He hablado mucho con Dios al respecto y a veces llegué a pensar que no tenía solución, que es una de esas cosas con las que tenemos que…