lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Cuál es tu estándar?

La semana pasada estuve leyendo el libro de Jueces en la Biblia. Varias cosas me llaman siempre la atención en ese libro, como la extrema paciencia que Dios tiene con nosotros. Sí, porque la verdad es que aunque ahora pudiéramos juzgar a aquel pueblo duro de corazón, ingrato e idólatra, nosotros no somos muy diferentes.

Pero hubo una frase que se me quedó grabada en la mente: “En esos días, Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio” (Jueces 17:6, 21:25, cursivas de la autora). Al leerlo pudiera pensarse que fue escrito en estos tiempos, ¿verdad? Y fíjate que es interesante que incluso dice “correcto”, la gente hacía lo que creían que estaba bien, lo que les parecía correcto. ¿Cuál era el problema entonces? La norma, el estándar que estaban utilizando… su propio criterio.


Y ese es el mismo problema hoy. No todo el mundo decide que quiere hacer lo malo, directamente, sencillamente que en la mayoría de los casos no hay estándares, y cada quien hace lo que cree correcto según su propio criterio u opinión. Incluso dentro del mundo cristiano. ¿Por qué? Porque hemos decidido que podemos tener estándares propios, que acomoden nuestra manera de pensar.

 ¿Qué hay de malo en esto? Que cuando no existen estándares, viene el caos.

Imagina una ciudad sin leyes para el tránsito, sin señales, sin semáforos. ¿Qué pasaría? Accidentes constantes, demoras interminables, conflictos entre los choferes y los peatones. De hecho, incluso cuando tenemos leyes, a veces estas cosas suceden, ¡imagina entonces la diferencia! He visitado ciudades donde las cosas parecieran funcionar de esa manera porque las personas deciden ignorar las reglas del tránsito. ¡Asusta! No creo siquiera que me atrevería a manejar en esos lugares.

Entonces, ¿qué nos hace pensar que en el resto de las cosas de la vida podemos vivir sin estándares, sin normas?

Mi querida lectora, esto que estoy diciendo pudiera parecer muy obvio, pero de cierto modo no lo es. El mundo en que tú y yo vivimos ahora, y donde estamos criando a nuestros hijos, se levanta cada día con la misión de ir borrando cada vez más los estándares, las normas de Dios. ¡Y el caos está reinando a nivel social, moral, espiritual!

Primero, es necesario que entendamos que sí existen estándares, Dios los puso y esos no cambian. La Palabra de Dios es eterna, no hay que adaptarla a los nuevos tiempos. ¡No nos dejemos engañar! (2 Pedro 2 es un capítulo para pensar en todo esto.)

Segundo, no podemos sentir vergüenza de vivir según los estándares de Dios. No olvidemos que somos pueblo comprado por él, con el precio de la sangre de su Hijo,  Jesucristo. Si nos avergonzamos de obedecerle, nos avergonzamos de él… ¡y ya sabemos cuáles son las consecuencias!

Y por último, tenemos que enseñar esos estándares.  Tenemos una enorme responsabilidad pues estamos luchando contra una gran corriente. Sin embargo, eso no nos exonera. Dios nos ha llamado a vivir sabiamente, honrándole e instruyendo a nuestros hijos para que hagan lo mismo. Lo puedes leer en Tito 2.  

En esta nueva semana hagamos una evaluación sincera, ¿según cuáles estándares estamos viviendo, en cada aspecto de nuestra vida? Tenemos el manual en nuestras manos, se llama Biblia. Ahí está todo muy claro. ¿Qué estamos haciendo tú y yo?

No seamos como los israelitas del tiempo de Jueces, donde cada quien hacía lo que creía correcto  según su propio criterio. Imitemos mejor a los primeros cristianos que oraron diciendo: “Y ahora, oh Señor, escucha sus amenazas y danos a nosotros, tus siervos, mucho valor al predicar tu palabra” (Hechos 4:29).

Una mujer que vive según el diseño de Dios es una mujer valiente, con altos estándares, los de él.

Y antes de terminar, las ganadoras del sorteo de la semana pasada fueron Lucía F.T. y Alexis de los S. Por favor envíenme un mensaje con su correo electrónico.

Bendiciones en tu semana,


Wendy

Acabas de leer "¿Cuál es tu estándar? ", ¡te invito a dejar tu comentario 

No hay comentarios :

Publicar un comentario