lunes, 7 de diciembre de 2015

Si las puertas se cierran

Hace poco conversaba con una amiga, o más bien “chateaba” y como parte de nuestra conversación me dio un mensaje muy sabio que se ha quedado prendido en mi mente: “Tú solo debes querer aquellas invitaciones que sean divinas”. ¡Cuánta sabiduría en sus palabras!

¿Sabes qué sucede, mi querida lectora? En muchas ocasiones estamos tan enfrascadas en algo o tan deseosas de ver un cierto plan hecho realidad que se nos olvida que las únicas citas, los únicos planes, las únicas invitaciones, etc., que debemos anhelar son aquellos que primero fueron escritos y diseñados por Dios, que tengan origen divino.

Y antes de que pienses que estoy súper espiritualizando la vida, déjame decirte algo: como hija de Dios debo estar convencida de que cada cosa que suceda, o que no suceda en mi vida, está bajo la soberanía de él y por lo tanto, en mi corazón siempre debe haber espacio para decir: No mi voluntad, Padre, sino la tuya. ¡Eso fue lo que nos enseñó Jesús!


Con este mensaje quiero que entendamos que no hay que desesperarse cuando la puerta no se abre o si la oportunidad pareciera escurrirse de tus manos. ¡Tú solo debes querer lo que primero haya sido escrito en el cielo porque eso simplemente es lo mejor!

Muchas veces nos comportamos como niñas caprichosas que patalean porque no les compraron el juguete que querían o su mamá no les dejó ponerse el vestido favorito simplemente para estar en casa. ¿Y sabes lo que semejante comportamiento dice de ti y de mí? ¡Justo eso! Que todavía somos niñas en la fe. Una mujer madura en la fe no deja que una puerta cerrada la derrumbe porque confía en el amor de su Padre celestial que sabe que no es conveniente abrirla.

Una mujer que quiere vivir conforme al diseño de Dios aprende a esperar en kairós, el tiempo perfecto de Dios. Y sí, puede tomar minutos, horas o días… pero también pudiera tomar años.

Al comienzo de 2015 el Señor me dio “perseverar” como mi palabra para el año. Hoy puedo decirte que realmente ha sido un año de perseverar. Perseverar creyendo en las promesas del Señor. Perseverar en el llamado de Dios a mi vida. Perseverar en la confianza de que el que comenzó la buena obra, la terminará. Algunas puertas se abrieron, otras se cerraron. Algunas cosas fueron como yo pensaba, otras no. Pero algo sí he entendido, hay bendición en perseverar. ¡Dios lo promete! Mira lo que dice en Hebreos 10:35-36, que fue mi versículo para 2015:

“Por lo tanto, no desechen la firme confianza que tienen en el Señor. ¡Tengan presente la gran recompensa que les traerá! Perseverar con paciencia es lo que necesitan ahora para seguir haciendo la voluntad de Dios. Entonces recibirán todo lo que él ha prometido” [cursivas de la autora].

Amiga querida, persigue las citas divinas, las invitaciones que vengan solo de parte de Dios. No te desanimes cuando algo no suceda como hubieras querido. ¡Confía! Él sabe y quiere lo mejor para ti y para mí. ¡Lo diseñó desde el comienzo! Solo nos pide: perseveren en confiar. De eso se trata.

Estoy muy agradecida a mi amiga que con sus palabras no solo me animó en un día medio gris sino que me recordó cuál es la agenda que yo tengo que seguir. Y por eso te lo comparto hoy.

Mi oración es que estas palabras edifiquen tu vida, te recuerden quién eres en Cristo y puedas vivir confiada en Dios.

Y un breve anuncio, por si todavía no sabes, mi nuevo devocional “El corazón de la Navidad” ya está a la venta en todos los mercados de amazon. Detalles aquí. Y cuando lo leas, agradezco mucho si compartes tu opinión en amazon. 


Bendiciones en tu semana, ¡vive como Dios lo diseñó!

Wendy

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2 comentarios :

  1. Una gran verdad!!! Gracias por esas palabras de sabiduría, a Dios sea la Gloria. Dtbm.

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  2. Algunas puertas se han cerrado, suavemente o en mis narices. Pero es cierto que la pataleta sólo muestra mi falta de madurez. Gracias a cada puerta cerrada he aprendido a obedecer y descansar. Pero también he podido agradecer que alguna puerta fue cerrada por Dios mismo para librarnos de un peligro espiritual muy grave; y al tiempo fue abierto el portón de la presencia de Dios. Gracias por el artículo.

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