Para el [esposo] que quiere disfrutar el matrimonio

Este artículo forma parte de un material de estudio que escribí hace un tiempo basado en el libro de Efesios, y hoy quiero compartirlo con un público diferente al que normalmente lee este blog: los esposos.  

Pero antes de seguir, quiero exhortarte a ti, mujer. No tomes este artículo para convertirlo en una espada que esgrimas a tu esposo. Si crees que pudiera hablar a su corazón, compártelo con amor y gracia. Y si crees que, aunque pudiera hacerle bien, no esté listo para recibirlo, no te impongas. Lo mejor que puedes hacer es orar por ese hombre que tienes a tu lado. Recuerda: la función de cambiar a tu esposo, o a cualquier persona, es tarea del Espíritu Santo, no de ninguna de nosotras.


Bueno, ahora para ti, hombre y esposo que anhelas tener un matrimonio como Dios lo diseñó, y disfrutarlo.

El pasaje de Efesios dirigido a los esposos comienza en el versículo 25 del capítulo 5, pero no podemos entenderlo bien si obviamos que el 21 es lo que rige todo el pasaje.

El versículo 21 dice: “Es más, sométanse unos a otros por reverencia a Cristo”. De manera que no podemos obviar que el Señor quiere que el sometimiento sea mutuo. Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene directamente para los esposos? Veamos el texto bíblico:

Para los maridos, eso significa: ame cada uno a su esposa tal como Cristo amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella… De la misma manera, el marido debe amar a su esposa como ama a su propio cuerpo. Pues un hombre que ama a su esposa en realidad demuestra que se ama a sí mismo. (vv. 25 y 28)
Si me preguntaras a mí te diría sin pensarlo dos veces que lo que Dios espera de ti como hombre es mucho más difícil y profundo, ¿por qué? Desglosemos estos versículos.

Ama a tu esposa como Cristo amó a la iglesia. Nuestro idioma español está muy limitado cuando de traducir del griego se trata. En griego hay varios términos para hablar de amor. En este caso el que Pablo usó fue agapao, y aunque este era uno de los más comunes, similar al uso que damos a nuestra palabra amor, ¿qué significaba? Bueno, una de las acepciones sería “buscar el mayor bien de otra persona” (tomado de “The Bible Knowledge Commentary, Walvoord, John F., Zuck, Roy B., Dallas Theological Seminary). Es decir, podríamos parafrasearlo de esta manera: “esposo, ama a tu esposa sin egoísmo ninguno, buscando siempre lo mejor para ella”… ¡y es que fue de esa manera como Cristo amó a la iglesia!, ¿no es cierto? Filipenses 2 nos habla de todo a lo que Cristo renunció, por amor. Esposo, Dios te llama a que ames así, con una entrega total. 

Tu amor no puede depender de si ella cocina bien o no, de si la casa está súper limpia, tampoco de si siempre es cariñosa y responde a tus demostraciones físicas de amor. Si Cristo basara su amor por ti y por mí en nuestro comportamiento, hace mucho rato hubiera dejado de amarnos, ¿verdad? Eso es amar como Cristo amó a la iglesia, sin condiciones.

Sí, ya sé que estás pensando que es demasiado pedir, prácticamente imposible. Pero estoy convencida de que si está en la Biblia es porque Dios sabe que puedes lograrlo. Sí, también lleva mucha entrega diaria de tu propia agenda, de renunciar al orgullo, de caminar la milla extra. Soy mujer y sé que no siempre somos suaves ni dóciles ni amorosas, pero no se trata de eso, se trata de seguir el ejemplo maravilloso de Jesús, un ejemplo de sacrificio. De hecho, es la misma palabra griega que se usa en Juan 3:16. ¡Qué reto! 

Y bueno, el versículo 28 te “empuja” un poco más a esta clase de amor. La verdad es que no hay nada que amemos más que… a nosotros mismos. ¡Seamos sinceros todos! Cuidamos mucho nuestro cuerpo, nuestra vida, y aunque lo admitamos o no, le damos prioridad. Dios lo sabe y por eso te reta a ti esposo a que ames a tu esposa de la misma manera en que amas a tu propio cuerpo: lo cuidas, lo nutres, lo proteges. Ella necesita eso de ti. 

Y entiende bien, no porque en el sentido más estricto de la palabra sea más débil o menos capacitada para enfrentar la vida. ¡Al contrario! Dios nos ha hecho muy fuertes, de lo contrario no podríamos traer hijos a este mundo, ni ser todo lo que requiere la tarea de ser madres. No obstante, él puso en nostras algo que, aunque no sé cómo llamarle, necesita del complemento de un esposo que nos muestre su cuidado, su cariño, que nos haga ver que somos importantes en su mundo, ¡lo más importante! Te garantizo que una mujer que tenga esas necesidades cubiertas será una mujer feliz y dispuesta a amarte también con todo. ¿Estoy condicionando el amor de ella? No, estoy diciendo que cuando una mujer se siente amada así por naturaleza responde con amor y además sigue el liderazgo del esposo.

Fíjate cuánta importancia Dios le da al trato que le muestres a tu esposa que mira lo que dice aquí:
“…Trátala como es debido, para que nada estorbe tus oraciones”. (1 Pedro 3:7) ¡No es juego para Dios! Un esposo temeroso de Dios no puede maltratar a su esposa ni siquiera de palabras.

Cristo cuida de su iglesia, que es su cuerpo, y espera que tú hagas lo mismo con la esposa que tienes.  Pudiéramos hablar mucho más, pero el espacio no nos lo permite. No obstante, creo que si decides amar así, todo lo demás en la relación matrimonial mejorará.

Un esposo que anhela vivir en el diseño de Dios entiende que por reverencia a Cristo tiene que someterse en la relación matrimonial. El sometimiento del esposo se demuestra en el amor incondicional hacia su esposa. Amar como Cristo ama es amar dándolo todo.

Quizá hasta hoy no habías entendido todo lo que Dios espera de ti como esposo, o tal vez has faltado a tu responsabilidad de amar a tu esposa como Cristo. Comienza por pedirle al Señor que te ayude a ver si es el caso, y que te perdone si no las has tratado como lo que es, coheredera contigo de la gracia de Dios.  Pero no puedes quedarte ahí, necesitas hablar con ella, confesarle si fuera necesario tu actitud, y decidir en tu corazón que buscarás amar como Cristo, porque quieres reverenciarle también en este aspecto de tu vida. 

Bendiciones,

Wendy

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