viernes, 26 de febrero de 2016

Yo no soy tú {escrito por un invitado especial}

Hace un tiempo le pedí a alguien muy especial para mí, mi esposo, que escribiera un artículo para este blog. La perspectiva de él como hombre acerca del matrimonio nos ayudará mucho porque evidentemente, y como dice el título, somos muy diferentes. Y aprovecho para darle a él las gracias, en público, por haber accedido a esta petición mía de escribir para el blog, pero sobre todo, por hacerme una esposa muy feliz.


— No.
— ¿Por qué?
— Porque no.
— Pero, ¿por qué no?
— Porque yo soy tu padre y te estoy diciendo que no…

¿Por qué será que a los niños les resulta tan difícil aceptar un “no” por respuesta? Por qué no estarán diseñados para responder: —Está bien, papi. Lo que tú digas…

La verdad es que aún de adultos, nos queda un poco (o mucho) de ese “descontento” y/o rebelión contra lo que el Padre ha establecido, y queremos “arreglarlo” a nuestra manera. Claro, que, igual que los niños, la solución nos lleva a quitar al “Padre” del medio (haciéndolo a escondidas, huyendo de la casa, etc.) para poder establecer nuestras propias reglas… pero a la larga, no funciona.
El matrimonio no es la excepción.

Así que primero quiero compartirles el diseño original de Dios para el matrimonio y una de las verdades más sencillas y obvias de la Biblia: el hombre y la mujer fueron creados diferentes (Génesis 1:26). No hay que ser un científico para darse cuenta de que el hombre y la mujer son diferentes física, emocional y mentalmente. Los ejemplos de la vida diaria son innumerables: el cuerpo de la mujer está preparado para dar a luz, mientras que el del hombre está más apto para desarrollar fuerza física; las mujeres experimentan muchos más cambios de estados emocionales que los hombres; los hombres no encuentran lo que buscan en la casa ni aunque esté frente a sus narices, mientras que las mujeres pueden hacer multitarea con mayor facilidad que los hombres…

Claro, que nosotros hemos tratado de cambiar eso con varias de nuestras “propias” ideas: movimientos feministas, machismo, y otras tantas modificaciones del plan original de Dios, pero por si acaso no te habías dado cuenta, no funcionan.

Cuando entramos al matrimonio, estamos materializando la idea de Dios de que dos seres, completamente diferentes, se unieran para complementarse y funcionar como “uno solo”. Hace poco escuché en la radio a alguien que comparaba el matrimonio con un baile, y me pareció bien acertada la comparación. Si no me crees, trata de bailar un vals con una persona que está dando los pasos de un tango y entenderás la ilustración. Creo firmemente que uno de los principios más importantes que el esposo y la esposa deben aprender es que tú y él no son iguales, y eso es bueno.

Mujer, tu esposo no es como tú ni tiene las mismas necesidades que tú. Es muy probable que no entienda el amor de la misma manera que tú… quizá necesita tus palabras de aliento y afirmación de su hombría mucho más que tus caricias. A lo mejor no exterioriza sus emociones de la misma manera que tú, aunque por dentro llora… sé un apoyo y un hombro cuando sea necesario. Hay grandes posibilidades de que necesite más frecuencia en las relaciones se*uales que tú… aprende a disfrutarlo con él. Posiblemente no tiene las mismas características o cualidades de tu papá… pero eso no es malo, tú tampoco eres (y probablemente no quieras ser) como su mamá. Quizá no es nada bueno cuando va de compras al mercado, pero ten paciencia, él va al mercado porque te ama y no quiere que tú tengas que cargar las bolsas. Y no, no es adivino… en vez de mirarlo y esperar que mágicamente descubra lo que estás pensando, dile con la mayor claridad posible cómo te sientes y qué necesitas de él.

Estoy consciente de que estás pensando: “Pero ustedes los hombres también tienen que…”. Yo sé, yo sé, lo mismo aplica para nosotros… En el plan de Dios no existe ningún matrimonio de una sola persona, y es extremadamente importante que ambos se den cuenta de cómo es diferente su pareja, para poder satisfacer y complementar esas diferencias.

Termino con un fragmento de la canción “Uña y Carne” del cantautor español Marcos Vidal que expresa perfectamente la belleza de la unidad de nuestras diferencias:



Porque no somos dos, somos uno para siempre,
sin temor de fallar, simplemente inseparables,
como el fuego y el volcán, como el hierro y el imán,
como nube y monte, bosque y gavilán,
como el mar con el delfín, como Winnie Pooh y Robin,
como el sol bajo el cielo de Madrid.

Abel

Y antes de despedirme, te comparto un anuncio, una nueva serie que tendremos aquí durante el mes de marzo: Ellas y nosotras en la Biblia. Sí, ya que en marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer en varios países, decidí que exploráramos juntas lo que ellas y nosotras tenemos en común, lo que podemos aprender, cambiar, y más. ¡Estás invitada! Y también puedes invitar a tus amigas, hermanas, primas.... ¡a todas las ellas que quieras! 


Bendiciones,

Wendy 

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4 comentarios :

  1. Muchas gracias, me ha servido mucho, ver el matrimonio desde la perspectiva de un hombre, este articulo me ha sacado del pensamiento erroneo, de que el hombre y la mujer somos iguales, en mi matrimonio, muchas veces he querido que el se comportara como yo lo haria, me he dado cuenta que sentimos el amor de diferente forma, y yo no contemplaba eso, al fin y al cabo, es amor y ademas del de verdad.gracias

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  2. Me encantó el artículo! Y espero pronto ésa serie de mujeres!! <3

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  3. Muchas gracias por este articulo, a veces nosotras las mujeres nos encerramos en nuestros pensamientos y no abrimos nuestra mente para dejar que Dios por medio de su palabra nos muestre el camino correcto que debemos seguir y el rol importante que somos para nuestra familia, esa ayuda Idonea como nos muestra en la escrituras, artículos como este son un complemento para ayudarnos a entender el rol que debemos seguir, muchas gracias Wendy por compartirlos con nosotras. 😊

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