Mamá, no puedes esperar por la iglesia (ni por la escuela)

El viernes pasado una noticia recorrió los medios aquí en los Estados Unidos y creó un estado de inconformidad, frustración y enojo en muchos círculos… entre ellos, las familias cristianas. ¿Qué noticia? El decreto del presidente para las escuelas públicas con relación al uso de los baños y la necesidad de acomodar estos de manera que puedan ser usados por estudiantes transexuales. Dicho con otras palabras, varones en los baños de las niñas y viceversa.


No pretendo politizar este blog pero a raíz de todo esto, con lo que por supuesto estoy en total desacuerdo, me puse a pensar más allá. Más allá de lo que la política implica. Me puse a pensar en nuestro rol como madres e instructoras.

El tema de los baños en realidad es solo una arista de algo mucho mayor, y como cristianos sabemos que en el centro de toda esta pelea hay un conflicto espiritual. Y ese conflicto espiritual tiene como meta llevar cuesta abajo a toda una generación, arrancándole todo tipo de valores morales y espirituales.  Y en esa generación están tus hijos, los míos, sobrinos, nietos, etc.

Por años, lamentablemente, el pueblo cristiano ha dependido de la iglesia e incluso de la escuela para la instrucción y la siembra de valores y moralidad. ¡Error craso! Y dadas las circunstancias que estamos viviendo, y que poco a poco irán alcanzando a cada rincón del planeta, corremos un grave peligro si continuamos dependiendo de estas dos instituciones para la crianza de nuestros hijos.

No me malentiendas. ¡Claro que la iglesia es importante! Y nadie puede ignorar el alcance de la educación académica. Pero ninguna de ellas puede sustituir el rol que Dios ha puesto en nuestras manos como madres, como familia. Y no te queden dudas, tendremos que dar cuentas de cómo desarrollamos este papel.

Poco a poco los currículos escolares han ido cambiando, y cambiarán todavía más, para dar espacio a un nuevo sistema que promueve todo lo contrario a lo que Dios enseña en su Palabra. ¿Qué vamos a hacer nosotros para contrarrestar todo esto?

Conversaba yo en mi mente con el Señor todos estos temas, pensando en los miles y miles de familias cristianas donde la educación privada, con valores también cristianos, no es una opción. Otras que por diversas circunstancias no pueden ni siquiera considerar la educación en casa. ¿Qué hacer? Tenemos que asumir la responsabilidad, ahora más que nunca, de convertirnos en maestras de la Palabra de Dios.

Enseñar a nuestros hijos la Biblia tiene que ser más importante que ver televisión, que dejar toda la casa limpia antes de irnos a dormir o pasar rato en las redes sociales. Igual que programamos otras cosas en nuestra agenda, tenemos que programar tiempo para enseñarles, para memorizar, para impregnar sus mentes y corazones de la verdad de modo que puedan identificar la mentira y saber contrarrestarla.

¿Por qué dije entonces que no puedes esperar por la iglesia? Porque la iglesia es como el postre, el complemento, pero tus hijos solo están allí un rato, un espacio de tiempo. ¡En la casa están siempre! La responsabilidad primera la tenemos nosotros los padres.

Fue por eso que Dios le dijo al pueblo de Israel: “Por lo tanto, comprométete de todo corazón a cumplir estas palabras que te doy. Átalas a tus manos y llévalas sobre la frente para recordarlas. Enséñalas a tus hijos. Habla de ellas en tus conversaciones cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes…” (Deuteronomio 11:18-19).  Y luego el apóstol Pablo nos exhorta en Efesios: “…críenlos con la disciplina e instrucción que proviene del Señor” (6:4).   

Mi querida lectora, no podemos depender solamente de la iglesia para que ellos aprendan lo que Dios enseña. Y en cuanto a valores morales y espirituales, ¡no podemos confiar en las escuelas! ¡Al contrario!

El enemigo de nuestras almas se ha propuesto borrar todo tipo de estándares y quiere empezar con los niños y jóvenes, desde muy pequeños. ¿Lo vamos a permitir? ¿Nos vamos a sentar a llorar y lamentarnos o nos vamos a parar firmes en la brecha para orar, interceder y enseñar? Esta tarea no es para gente temerosa ni de doble ánimo, es para valientes, para los que entienden que hay mucho en juego y nos toca dar el paso.

Sí, es un tema radical, pero Dios es radical, no de medias tintas. Lo tibio le causa repulsión (Ap 3:16). El diseño de Dios para ti y para mí implica que cumplamos con nuestro rol de instruir y ser obedientes y que enseñemos a nuestros hijos que aunque Dios es amor, también es justicia y juzgará de acuerdo a sus estándares no a los nuestros.

Amiga,  nos toca ajustarnos la falda y dar la pelea. “Estén alerta. Permanezcan firmes en la fe. Sean valientes. Sean fuertes” (1 Corintios 16:13, NTV).

Bendiciones en tu semana,


Wendy 

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Comentarios

  1. Wendy, gracias por tu artículo; estoy totalmente de acuerdo, estamos viviendo en un mundo que va de mal en peor y que biblicamente hablando no mejorará. En estos días estaba escuchando una predicación de Paul Washer, donde decía que los padres hoy en día nos conformamos con lo que el niño pueda aprender en la Escuela Dominical y que dejamos toda la responsabilidad espiritual en manos de la Iglesia; y que en ninguna parte de la Biblia se habla de escuela Dominical y si de ese pasaje que citastes; es una verdad que hemos ido perdiendo como pueblo de Cristo y que debemos de rescatar por el bien de nuestras futuras generaciones, para que puedan aprender a discernir todas estas cosas, muchas gracias y que Dios te continue dando sabiduría!

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  2. Gracias Wendy por esta reflexión!!
    Es verdad, como padres tenemos que estar firmes en la brecha por nuestros hijos.
    Lo compartiré con mis amistades, bendiciones!!

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  3. gracias Wendy por este post. Creo que este el corazón que tiene el Señor para estos tiempos. A llegado el momento de ser valientes, radicales y -como bien dijiste- de ajustarnos la falda para dar la pelea. Me anima saber que cristianos de distintas partes del mundo estamos dando la misma batalla. Me bendice tu blog.

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  4. Que articulazo Wendy, Dios te bendiga y siga dando sabiduría y valentía para edificarnos, quiera Dios que cada una de las madres aprendamos y cumplamos lo que el Señor nos manda, no encontraremos nada más claro que lo que la Palabra dice. Tenemos que dar la batalla, pelear por los derechos de nuestros pequeños. Apartarlos del mal que pulula por todos lados.

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