Si de actitud se trata... {Estudio de Filipenses, día 5}

Actitud. Esa fue mi palabra del año en 2011. {Puedes leerlo aquí.} La actitud es una de las poquísimas cosas que podemos controlar en nuestra vida. Y Pablo, una vez más oportuno, nos hace un llamado a la actitud. 
Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús. Filipenses 2:5


Hoy estaremos estudiando varios versículos del capítulo 2 de Filipenses. Claro, este llamado es más que eso, es un desafío… seguro ya te diste cuenta de que esta carta de Pablo está llena de desafíos. Y el primero de hoy es justo este versículo 5: “Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús”.

A veces creemos que la parte de la actitud es solo lo que viene después de ese versículo, pero en realidad, empieza desde antes.

No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. En un mundo donde todo gira alrededor del YO,  ¿cuántas veces hacemos cosas solo por egoísmo, para el beneficio propio? ¿Y cuántas para dejar una buena impresión, pero no por amor a Cristo sino por amor al yo? Queremos impresionar a otros para destacarnos entre la multitud que solicita un puesto de trabajo, entre las tantas chicas que buscan encontrar pareja, y en ocasiones hasta en nuestro servicio a Dios, solo para impresionar a otros. ¿Nos atrevemos a reconocerlo?

Sin embargo Pablo nos dice tengan la actitud de Jesús, consideren a los demás como mejores. “Ah, no, Pablo, ya eso es un poquito exagerado…” ¿Te pasó por la mente? Me ha pasado a mí. ¿Por qué me pide el Señor por mano de Pablo algo semejante? No se me ocurre otra cosa que esta: para que podamos tener la actitud de siervo que tuvo Cristo. Solo así nuestro corazón capta esa perspectiva y aprende a amar a los demás, como nos amamos a nosotros mismos.

Mira lo que viene después, en el versículo 6:

Aunque era Dios, no le importó. Renunció a sus privilegios. ¿A quién le gusta renunciar a sus privilegios? Nos pasamos la vida reclamando los derechos, pero rara vez nos ofrecemos voluntariamente a renunciar a nuestros privilegios. ¡Claro que es un desafío! Pero tal y como hablábamos la semana pasada, hemos sido llamadas a una ciudadanía diferente. DIFERENTE.

Cristo aprendió el secreto de la verdadera grandeza: Se humilló en obediencia a Dios (v. 8). Tantas veces no queremos humillarnos. Nos cuesta, la actitud de Cristo nos cuesta.

Sabemos que necesitamos dar perdón, pero nos negamos. Creemos ingenuamente que al hacerlo tenemos poder, control. ¡Cuánto nos engañamos! Quien único tiene poder así es el diablo, sobre nosotros, llenándonos de amargura y alejándonos de Dios.

O al revés. Sabemos que  tenemos que pedir perdón pero lo vemos como una humillación, y no queremos. El orgullo se enseñorea.

¿La actitud de Cristo? Humillarse en obediencia a Dios. Ahí está la clave: es una muestra de obediencia a Dios.

Y por si este desafío nos parece poco, Pablo nos lleva un poco más allá.

Hagan todo sin quejarse (v. 14).  La queja una de las enfermedades de estos tiempos. Vivimos quejándonos. Y no voy a extenderme en el tema, porque ya lo he tocado antes.

Para cerrar, como con broche de oro, Pablo nos ordena algo, siguiendo los pasos de Jesús quien también lo dijo a sus discípulos: ¡Brillen!

Cuando era pequeña en mi iglesia cantaban un himno que quizá hayas escuchado. El coro decía: “brilla en el sitio donde estés”. A eso nos ha llamado Dios. A ser luz en este mundo. ¿Fácil? Para nada. Es mucho más cómodo pasar inadvertidos, ir con la corriente, ser parte de la oscuridad. Pero Cristo no murió para que siguiéramos en oscuridad, sino para sacarnos de las tinieblas a la luz, y para que llevemos la luz a otros. 

Entonces, ¿cuál es la actitud que debemos cultivar tú y yo? La de Cristo Jesús: humilde, priorizando a los demás, en obediencia a Dios. Una actitud libre de quejas y que sirve de luz al mundo.

Bendiciones en tu semana,

Wendy 

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Comentarios

  1. Les doy tantas gracias por este estudio
    Dios me esta moldeando, esta quebrantando mi orgullo, y eso es un milagro !es la gracia de Dios solamente!

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  2. Gracias! Qué cada día podamos recordar esto: tener a los demás como más importantes para poder servir como lo hacía Jesús, de esta manera estaremos en realidad siendo siervas de Dios y huyendo de la vanagloria. Renunciar a los que creo que son mis derechos y no aferrarme a ellos tal como Jesús dejó su lugar para venir a salvar siendo obediente hasta la muerte, que no me enojé por creer que mis derechos son primero pues todo lo bueno que tenemos lo tenemos de parte de Dios -nada merecemos- y tenemos más de lo que nos falta por la misericordia de Dios. Obedecer sin quejarme y de esta manera brillar para la gloria de Dios. :D.

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  3. puf, me siento aplastada, hay tanto que debo aprender de Dios¡ lo amo, lo siento así, aunque siento en mi pecho algo que me oprime, algo que no me deja ser feliz totalmente, ya no quiero sentir como angustia o algo que no me deja sentirme en paz, que DIOS no ale el espíritu santo de mi¡ amén.

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